La filosofía oriental llevada a la miniatura

Vecinos de La Carolina se plantean crear un club para difundir el arte de cuidar bonsáis y explicar los numerosos beneficios que aporta

¿Quién no ha visto Karate Kid? ¿Quién no recuerda al mítico maestro Miyagi cultivar y mimar hasta el extremo sus bonsáis? A buen seguro, estos pequeños árboles ornamentales no habrían podido tener mejor embajador. Un arte de origen chino, pero que popularizó Japón, que tiene importantes beneficios terapéuticos. Lo saben bien en La Carolina, donde se acaba de clausurar la exposición del trabajo realizado por el alumnado del Taller de Bonsáis, una muestra que ha despertado un gran interés. Ha recogido árboles autóctonos tales como olivo, acebuche, higuera, pino mugo, picea o cedro. Pero también otros más tropicales como carmona, ficus, arces o veranera.

Además, se baraja la posibilidad de crear una especie de club o asociación para difundir un arte que pasa de generación en generación. Además, se da la circunstancia de que junto a Úbeda y Alcalá, La Carolina es de los pocos municipios jiennenses que hace este tipo de actividades.

FUNDADOR

Sergio de Manuel es de Linares, pero está afincado en La Carolina. Es ingeniero técnico industrial en Electricidad pero, a su vez, es el monitor del taller. Explica que se trata de un hobby impregnado de la filosofía oriental que, como a muchos, le llegó de verlo en televisión. Porque la comunión entre el pequeño árbol y su cuidador es total, hasta el punto que se traspasa de generación en generación.

—Es un camino que recorremos junto con el árbol. Conforme va creciendo y desarrollando, nosotros también. Son árboles que pasan de generación en generación.

Sergio de Manuel fue aprendiendo poco a poco de forma autodidacta hasta que hace unos siete años, aproximadamente, se formó más a través de los cursos online y de tutoriales de Youtube, entre otros métodos. Sin embargo, el que una afición pueda sustentarse no es fácil. Lo sabe bien porque este segundo curso que ha impartido, en el que participó una decena de personas, ya no se volverá a repetir por falta de recursos.

—El objetivo es crear una asociación o un club con el que consigamos más fondos y podamos compartir técnicas, aprender a podar, intercambiar conocimiento y difundir sus beneficios.

ALUMNADO

José Luis Romero es uno de los alumnos del curso y conoce bien cuáles son todos esos aspectos positivos que aporta una afición como es la de cuidar un pequeño árbol ornamental.

—Es una terapia relajante genial. Puedes sentarte tranquilamente a mirarlo, darle vueltas al torno y empezar a trabajar ajeno a todo. En mi caso, por ejemplo, me pongo música.

La delicadeza con la que se debe cuidar un bonsái obliga a su propietario a tener una disciplina. Por otro lado, es necesario que se adquieran conocimientos de Botánica, Química o Biología.

—Debemos saber qué nutrientes requiere en cada momento, el tipo de clima, la tierra que le viene bien, las plagas que le pueden atacar y ver cómo atajarlas. Son muchos aspectos a tener en cuenta y que ayudan a mejorar tu formación.

UN ARTE

Cuidar de los bonsáis es todo un arte. Cada alumno tiene unas directrices en función de la escuela o tendencia por la que se decante. Así, como explica Romero, se hace una alternancia entre ramas, se van cortando y podando. Mediante alambre de aluminio, para que no se oxide además de ser dúctil y maleable, se le va dando forma.

Este estudiante reconoce que, como en cualquier afición, puede llegar a ser muy cara o muy barata, depende de lo que uno se quiera gastar. En su caso, utiliza las herramientas que emplea para los trabajos de electricidad. Si se comprasen japonesas, por ejemplo, el precio se dispararía.

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