Se pasa la jornada entre olivos, subido a su tractor. El móvil no le abandona nunca. Entre labor y labor aprovecha para llamar a Barcelona. Repasa la lista que siempre lleva consigo. Las codiciadas piezas se reducen a un folio escrito por las dos caras. Nadie en el mundo tiene más que él. Le faltan tres o cuatro; esta vez son catalanas. Entre tanto, se desplaza hasta Porcuna, donde adquiere otras tantas. Se suman a su colección de 10.918 botellas de aceite de oliva en miniatura. Es la mayor del planeta y, como no podía ser de otra manera, está en la cuna del oro líquido, en Jaén.

Hay tantos tipos de coleccionismo como gustos de las personas que a ello se dedican. Filatelia, bibliofilia, numismástica, vitolfilia, conquiliofilia… Algunos no tienen ni nombre asignado. ¿Quién no recuerda el intercambio de cromos en el patio del colegio? Cámaras de fotos, billetes de transporte público, platos decorativos, series, discos, tazos. Este reportaje sería interminable si intentásemos repasar tan solo una mínima parte de las que existen. Pero a todos ellos les unen unas cualidades. Son ordenados, cuidadosos, pacientes e infinitamente disciplinados. Atesoran un valor que, como en el caso de los entrevistados de hoy, se convierten en un verdaderos patrimonio para la provincia.

Como en todo, estas pasiones han evolucionado con el tiempo e internet les ha abierto una puerta infinita. Canales de venta como Ebay o Todo Colección. En un repaso rápido a este último portal se pueden encontrar fácilmente objetos que los jiennenses ponen en el mercado. Una antigua fotografía de una dama con un precio de salida de 6,5 euros, una carta con matasellos de Andújar de 1950 a ocho euros, un ejemplar del Diario ABC de 1955 por 39,20 euros, o una tinaja con boca labrada de Diego Blasquez por 520. También miniaturas de aceite pero prácticamente ninguna que no tenga Antonio Almagro.

MINIATURAS DE ACEITE DE OLIVA

Antonio Almagro tiene una de las mayores colecciones del mundo de botellas de aceite en miniatura. Es de Villanueva de la Reina pero reside en Bailén hace muchos años. Desde pequeño ha vivido rodeado del oro líquido. Ha crecido entre olivos. No fue hasta que acudió a una feria y le obsequiaron con algunas muestras cuando le despertó la pasión por atesorarlas. Las primeras las fue poniendo en un armario y de eso hace ya 16 años.

—Como más crece la colección es con el intercambio. He canjeado botellitas de aceite con otros coleccionistas a cambio de otras cosas que me pidan.

Por citar un ejemplo de este trueque, en Chile tiene un conocido al que a cambio de miniaturas le manda objetos relacionados con Juan Pablo II. En total, cuenta con 10.918 botellas de menos de 150 mililitros y latas de 250 para abajo. Es mundialmente conocido y raro es el día que no le llegue un whatsApp, correo o mensaje con fotos de piezas que son susceptibles de incrementar su tesoro. Del total, 2.401 son extranjeras y de la provincia de Jaén provienen unas 3.500.

¿Dónde se guarda tan amplia colección? Hasta hace poco las tenía en una vitrina. Todas cuidadas y sin dañar las etiquetas. Limpiarlas era una tarea que requería de mucho más que paciencia. El temor a que se estropeen, sobre todo por el contacto con la luz, le ha hecho guardarlas en cajas. Su deseo es exponerlas, ya sea de mano de la Diputación u otra institución que ponga la ponga en valor. También baraja la posibilidad de adquirir un local y crear su propia exposición. Sería en Baeza, un enclave turístico por excelencia. Pero los recursos económicos no se lo permiten en estos momentos.

—Es una pena porque es digna de ver. Es la colección más grande del mundo y no hay nadie que quiera promocionarla.

Y es que el día que falte no sabe qué pasará con este oro líquido. Tiene una hija, pero no está muy seguro de que desee continuar con el legado familiar. Guarda miniaturas de Alemania, Rusia, Italia, Japón, Egipto, México, Marruecos, Libia y Arabia Saudí, entre otros países. Hasta cuenta con ejemplares de aceite de china salidos de olivos autóctonos chinos. Por algunas de ellas ha pagado precios desorbitados, como una botella argentina de 30 mililitros por 130 euros. Algunas de las piezas cuenta con un lingote de oro o con piedras de swarovski. Ni qué decir que también guarda todas las variedades. Es mucho el dinero que ha invertido, no lo quiere ni calcular. Tampoco los kilómetros que ha recorrido para conseguir alguna de las ansiadas piezas. De cada viaje se trae alguna. Le pasó en Italia, donde compró unas 500, con todos los problemas que eso supone para traerlas a España. Anécdotas tampoco le faltan después de 16 años. Recuerda una muy curiosa. Cuando apenas llevaba la mitad de la colección, unas 5.000 botellas, acudió a una feria de Madrid. Le enseñó el álbum de fotos a una persona a la que le llamó mucho la atención. Le llegó a ofrecer un talón en blanco para comprársela.

—Por menos de 60.000 euros no la podía vender y ella estaba dispuesta, pero al final no acepté el trato.

Como todo coleccionista, tiene algunas espinas clavadas. A la mente le viene alguna botella de una cooperativa de Ibros y otra de Canena. Por eso, hace un llamamiento a aquellas personas que cuenten con alguna en su casa para que se pongan en contacto con él. Porque nunca se sabe dónde puede estar esa joya que le falta. En su perfil de Facebook Mini Aoves puede perderse uno en el sinfín de ejemplares. Ahí aparece buena parte de su colección, pero no las más de 1.000 cápsulas de aceite que también guarda o las cinco mil etiquetas. En este caso, no las colecciona; son más bien un recuerdo.

EL PERIODISTA DE LOS DÉCIMOS DE LOTERÍA

Es de Úbeda y muchos lo conocerán por sus reportajes en los informativos de Canal Sur o por la retransmisión del Sorteo Extraordinario de Navidad para esta misma cadena. Es Alfonso Miranda y el día que pisó el Teatro Real se sintió “como un niño con zapatos nuevos”. Y no es para menos porque este periodista atesora una colección de medio millón de décimos de Lotería.

Todo arranca de pequeño. Su abuelo llegó a la ciudad patrimonial procedente de la provincia de Granada y se abonó al numero 28705, que todavía juega la madre de Alfonso Miranda. Su tía guardaba los que no tocaba y eso llamó la atención del pequeño y futuro periodista. No fue hasta que acabó su época de estudiante cuando regresó a casa de su tía y se topó con una minicolección que él seguiría hasta hoy.

—Es un mundo de muy pocos “locos”. Tenemos nuestra propia Asociación de Coleccionistas Españoles de Lotería, con sede en Calatayud.

En los años 90 empieza a intercambiar décimos. Al más puro trueque romano, se confeccionan listas de los boletos repetidos y se ponen en común con el resto de aficionados. Este acto conserva el romanticismo epistolar. Porque se las mandan por carta. Las posibilidades son infinitas. Pueden atesorar diferentes colecciones, desde la primitiva por un décimo de cada uno de los sorteos, la numérica, la colección que va entre 00000 al 99999… En el caso de Alfonso Miranda, tiene un décimo por sorteo, la númerica y el año pasado empezó la colección de todos los números terminados en 5. De los 100.000 que componen la numérica le faltan unos 100 nada más. Además, guarda otros 300.000 repetidos, que junto a la colección propia hacen cerca de medio millón de décimos. Están guardado en cajas, perfectamente organizadas en estanterías. En cada una de ellas caben 10.000 y los más bonitos se guardan en álbum. Entre tanto número nunca le ha tocado nada. Solo juega el número de su abuelo, el 28705 y el de su cofradía, Nuestra Señora de las Angustias y Desprendimiento de Cristo de Úbeda.

—Yo lo atesoro todo, porque tengo a tanta gente de coleccionistas de toda España que, siempre y cuando esté en condiciones, lo puedo intercambiar.

Este último matiz es importante porque en el coleccionismo se busca la perfección. Ni arrugado, ni roto, ni tachado, es decir, con ningún signo prácticamente de uso. Aunque hay gente que colecciona los sellos de las administraciones.

Alfonso Miranda confiesa que requiere muchas horas de dedicación.

—La familia lo respeta mucho. Te vas racionalizando un poco en el tiempo, sobre todo fines de semanas. El verano es una época extraordinaria. Éste, por ejemplo, he revisado mi propia colección décimo por décimo. Algunos llevo más de 20 años sin darle una vuelta. He hecho una lista de mejora para poder intercambiar los que tengo deteriorados por unos en mejor estado.

La colección más bonita que tiene es la de un décimo por sorteo. Guarda piezas a las que tiene mucho cariño como un décimo del sábado antes de declararse la Guerra Civil española.

Su pasión le ha llevado a colaborar en diferentes acontecimientos de la provincia, como es el caso de las celebraciones del 250 aniversario del Fuero de las Nuevas Poblaciones. Y es que en 1988, Loterías dedicó todos los décimos a Carlos III. Entre aquellos 51 décimos había uno de La Carolina.

—Me puse en contacto con el Fuero 250 para ofrecérselo y les hice el regalo para que pueda adjuntarse a la exposición itinerante por las treces localidades.

También metió otro de sus boletos en la cápsula del tiempo de Guarromán. Alfonso Miranda recuerda que en 1961 tocó en el municipio el Gordo de Navidad. Parte del primer premio se vendió en Linares pero llegó hasta el municipio gracias a participaciones. Así que localizó los décimos no premiados de aquella fecha, que junto a una colección de 1988 están enterrados en el monolito de homenaje a los colonos.

¿Qué pasará con su colección en un futuro? El periodista confía en que su hijo la proteja, aunque ahora, bromea, “le mira regular” cuando se lo dice.

—Espero sinceramente que sepa valorar lo que tenemos. Económicamente no vale mucho pero si se cuantificara las horas de trabajo, sí que vale.

UN GABINETE DE CURIOSIDADES EN MARTOS

No levantaba ni un metro del suelo, esta marteña ya era aficionada a coleccionar cosas naturales. Estefanía Romero guarda en su casa lo que ella llama un “gabinete de curiosidades”; un espacio que consiguió dejar sin palabras al técnico de Movistar cuando fue a instalar la fibra óptica. Es un verdadero museo de piezas naturales que empezó a acumular hace unos diez años. Cráneos, fósiles, conchas, corales, estrellas de mar, plumas minerales, peces disecados, deformaciones de plantas que se han metamorfoseados, piñas, cuernos, huevos de avestruz, semillas y plantas… Así hasta 3.000 piezas perfectamente ordenadas en un cuarto cuya entrada está prohibida a quienes no son amantes de la naturaleza.

Cualquiera podría pensar que la profesión de esta joven esta relacionada con las ciencias naturales, pero no. Estudió en la Escuela de Arte José Nogué. Hizo Escultura y Vaciado, y Moldeado. Además, culminó un curso de monitor ambiental pero nunca ha tenido la oportunidad de ejercer como tal.

—Nunca me he puesto a contarlas pero tendré más de tres mil piezas. Está todo en un cuarto dedicado para eso.

Muchas de las piezas las consigue por su propio medio, saliendo al campo, a la playa o la montaña. Eso sí, respetando al máximo la naturaleza y sin provocar la muerte de ningún ser vivo. Es más, lo repudia.

Internet es otra fuente de suministro. Como el resto de coleccionistas de este reportaje, para Estefanía Romero supone el medio de intercambio, principalmente a nivel nacional. Pero también hay mucha gente que la conoce de las redes sociales y le manda piezas. Son muchas las peticiones que ha tenido para que haga una exposición, pero le da cierto temor. Y es que, como relata, son objetos muy frágiles y de gran valor. Requiere de vitrinas especializadas porque no se pueden dejar al alcance de todo el mundo por el riesgo de deterioro que pueden sufrir. Además, para poderlo hacer debería tenerlo todo catalogado, un trabajo al que esta marteña se enfrenta con paciencia, porque no es fácil. De momento, tiene una cuarta parte documentada.

No sabe qué pasará en un futuro con su colección. Tiene depositadas las esperanzas en su sobrino, que comparte afición con su tía. No duda en llevarse a sus amigos para que vea ese museo que deja con la boca abierta a todo el que lo mira y del que esta marteña se siente tan orgullosa.

JAÉN EN PLASTILINA

¿Se imaginan los monumentos de Jaén levantados a escala con plastilina? No tienen que esforzarse mucho en dibujar esa imagen en su cabeza porque existe. Es una colección que ha nacido de las manos del jiennense Agustín Garzón. Catorce monumentos de la capital del Santo Reino que comenzó a crearlas allá por 2009 y que se han convertido en patrimonio de la ciudad. Pero no solo eso. Este joven atesora maquetas de casas modernistas, mucho más grandes, como las casas de muñecas, que las hace él mismo. Mima hasta el último detalle, no solo por fuera, sino también por dentro. No hay mueble que se resista a la perfección y cuidado de sus manos.

—Esta pasión la tengo desde siempre. De pequeño ya montaba cosas en miniatura aunque las maquetas más profesionales las empecé ya de adolescente.

Por si no fuera suficiente, en su casa guarda una colección de los monumentos de cada ciudad que visita. Normalmente, se lleva la réplica de la catedral o del monumento más simbólico. Así, en su casa atesora los 14 monumentos de Jaén y 33 miniaturas de suvenir que, al final, las acaba retocando porque, como él mismo confiesa, algunas están “mal hechas”.

Seguro que más de un lector habrá visto su colección porque ha sido expuesta en más de una ocasión. Durante varios años se mostró en la calle Cerón, también en las fiestas de La Glorieta o de Santa Isabel, en el mercado de Peñamefécit…

—Esto va por tiempos. En 2009 me dediqué a las de plastilina y a los palacios modernistas, que son como casas de muñecas. Las voy haciendo, también en función de los encargos.

Y es que a este diseñador de interiores y muebles le piden, de vez en cuando, hacer maquetas a escala de chalés o casas rurales, por citar algunos ejemplos. Lleva muchos años trabajando con arquitectos. Así ha permitido completar sus conocimientos y técnica. Hasta el punto de que se le conoce más como investigador que como diseñador de interiores. De hecho, se dedica a investigar la historia de Jaén desde hace seis años.

Entre las piezas especiales que han nacido de sus manos, una maqueta de la Sagrada Familia en plastilina (terminada tal y como la proyectó Gaudí) que donó a la Fundacion Ronald Mcdonald de niños con cáncer en la Vall d’Hebrón, Barcelona. Una obra de arte que llegó a ver la Infanta Cristina cuando visitó las instalaciones.

EN LA SIERRA SUR

La pasión por acumular es tan ilimitada como la imaginación. Lacontradejaén ha puesto sobre la mesa varios ejemplos. Uno de ellos, el alcalaíno José Luis Del Moral. Su “tesoro” de videojuegos ronda los 3.000. La más voluminosa del planeta superó los 10.000 y fue reconocida con el Récord Guinness mundial. En enero la pregunta era: ¿Llegará a los 13.000? De momento, no lo ha logrado.

José Luis del Moral, junto a su colección de videojuegos.
José Luis del Moral, junto a su colección de videojuegos.

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