Si apenas quedan personas sin móviles, menos verosímiles resultan hoy los ciudadanos que prescinden de las aplicaciones. Es más fácil responder a cuánto se puede hacer con el teléfono inteligente desde el planteamiento inverso: qué es imposible conseguir sin acudir a la pantalla de bolsillo.

Lo que se puede: mandar mensajes, escuchar música, comprar (casi) de todo, alquilar coche y pisos, conocer gente, apostar a tiempo real, leer publicaciones de (casi) cualquier parte del mundo, proyectar tu negocio, fotografiar al prójimo como a uno mismo…

Lo que no se puede: las tareas humanas aún no sustituidas: comer, ir al baño, tener relaciones… Y poco más. Resulta temerario señalar cosas que aún no se pueden hacer; el ritmo de las nuevas tecnologías traerá nuevas apps que cubrirán necesidades o agilizarán el modo de resolverlas. El ciudadano de hoy —y el de mañana— es usuario y consumidor en potencia.

ECONOMÍA COLABORATIVA, COMPARTIR EN EL MERCADO

Una de las primera aplicaciones para móvil y ordenador que levantó polvareda en el mercado fue BlaBlaCar, la consolidada plataforma para compartir viaje y costes. La patronal del autobús en Madrid perdió en los juzgados su propósito de imputarle competencia desleal.

BlaBlaCar acumula usuarios en todo el mundo. Desde el pasado miércoles hasta el resto de la semana había más de centenar y medio de viajes con origen Jaén y destino Madrid. El dato evidencia que los jiennenses conciben la app como una posibilidad diaria de traslado a la capital española. “BlaBlaCar ha cambiado la filosofía con su apuesta por el uso colaborativo, igual que ocurre con Airbnb a la hora de buscar alojamiento. Es la nueva sociedad, y hay que adaptarse”, señala Paco Roca, matemático y docente de la UJA.

El sector del transporte es objeto de constantes innovaciones destinadas para la población con móvil. Recientemente ardieron nueve coches en la feria de Sevilla. Eran automóviles de Cabify, una empresa dedicada al alquiler de coches con conductor, disponible para cualquiera desde Play Store (Android) o App Store (iOS). “Conflictos como este dan cuenta de la repercusión de la tecnología en el sector del taxi. Ya no sólo es el avance de la tecnología; la autoconducción del vehículo está al caer”. Quien habla es Francisco Martínez, funcionario de la administración de justicia, también coordinador del Partido Libertario en Jaén capital. Sus hijos viven en Madrid. Son usuarios de Uber y de mytaxi, la primera app de los taxistas.

El gremio ha entendido que puede innovar y ofrecer un servicio de calidad a la altura de sus nuevos competidores: “Lo dan, y ademas son profesionales”, dice Martínez. “Mis hijos utilizan una o otra en función de lo que les interesa. Si van a un concierto, igual les sale más barato Uber”, añade. Pueden elegir. “La economía colaborativa es un avance más para el consumidor”, reivindica.

Just Eat y BlaBlaCar, dos de las opciones para el consumo y la economía colaborativa, respectivamente. Fotos: Esperanza Calzado.
Just Eat y BlaBlaCar, dos de las opciones para el consumo y la economía colaborativa, respectivamente. Fotos: Esperanza Calzado.

COMPRAS A GOLPE DE CLIC: DESDE LA MULTINACIONAL HASTA LA TIENDA DE BARRIO

Rafael Martín es un desarrollador web jiennense afincado en Granada. Cuenta a Lacontradejaén que suele comprar la comida por internet. ¿Por qué? “Lo haces desde el sofá y controlas el gasto en todo momento”, contesta a este diario. Una de las app que utiliza para comprar comida es Just Eat. Ésta permite el servicio a domicilio por parte de los restaurantes que se registran. Por ejemplo, Telepizza y Burguer King.

Los productos de las grandes marcas están también a sólo un toquecito en la pantalla. Todo el arsenal de Amazon, Casa del Libro, Fnac, Ebay y demás multinacionales puede llegar a casa en cualquier momento, previo pago. Todas tienen aplicaciones para ‘smartphones’. Todas con descarga gratuita.

Al pequeño comercio no le queda otra que tomar nota. Si ya es normal que buena parte de las pymes apuesten por el comercio electrónico, el siguiente paso es previsible: crear aplicaciones de marca a la manera, por ejemplo, de algunos periódicos. Piel Wenceslada, de Alcaudete, oferta productos artesanos de bisutería desde su web. El profesor Javier Garrido Fernández ha ganado el sorteo de la campaña de promoción de los 15 días de la app Comercio Abierto de Andújar.

“Hay páginas en las que sí tiene más sentido tener app; en otras no. Lo que importa es que el usuario pueda entrar desde el móvil con la misma facilidad que con el ordenador”, detalla el desarrollador jiennense.

Existe Wallapop, que permite el intercambio de objetos entre particulares.

Y está también GearBest, que posibilita comprar artículos no disponibles en España.

CONOCER GENTE: COMPAÑÍA O AMOR

Rafael Martín, por cierto, conoció a su pareja por Tinder, una de las aplicaciones más punteras para nutrir el grupo social o hallar el amor vía teléfono. Tinder recuerda en su forma de funcionar a la extinta comunidad digital Tuenti: los usuarios publican fotos, breves descripciones personales y siguen y dejan de seguir a otros. La mayoría opera así, con sus matices. Hay versión para famosos y millonarios, Tinder Select.

Otra de las que tiene tirón es Snapchat. Permite enviar archivos que desaparecen en 24 horas. Las parejas la utilizan para mandarse fotos, algunas editadas con emoticonos, muy atractivos para adolescentes. ¿Hay riesgo en este tipo de experiencias? “No le veo, la verdad. Si quedas con la gente sin apenas hablar con ellos, pues habrá más riesgo”, apunta el jiennense.

En lo que respecta a mensajería instantánea, WhatsApp es hoy más popular que Telegram. La prueba más reciente fue el pasado miércoles: dos horas de apagón mundial de WhatsApp, y más de uno creyó en el fin del mundo.

El móvil es desde hace tiempo un objeto de compañía constante.
El móvil es desde hace tiempo un objeto de compañía constante.

LA ADICCIÓN AL MÓVIL

Raquel Salido Mota es psicóloga y trabaja en la Clínica de Rehabilitación de Adicciones y Superación Personal. Tampoco ve inconvenientes en las aplicaciones para conocer gente. “A personas retraídas o con problemas de soledad les recomiendo que las utilicen. Siempre les digo a mis pacientes que para avanzar hay que utilizar todo lo que esté en el camino”, cuenta a este medio.

Salido entiende que son utilidades para “gente adulta y madura”, nada que ver con los intercambios o cortejos de la adolescencia. Consejo a navegantes: “Somos animales sociales. Pero si conoces a alguien por una app no puedes luego recrearte y prolongar la comunicación por WhatsApp. Hay que quedar; las aplicaciones tienen que ser la antesala del encuentro físico”, remarca.

La psicóloga jiennense también subraya ese binomio usuario/consumidor que propicia el amplio abanico de ofertas desde el móvil: “No sé qué fue primero: si la sociedad es consumista y de ahí vienen las app, o si estas nos llevan a consumir más”, se cuestiona.

Lo que no es debate es la adicción ya consolidada de un sector de la población al teléfono. Se agudiza en los adolescentes. “Empecé a trabajar las adicciones a las tecnologías hace nueve años, entonces era algo emergente. Hoy ya se habla de ella en los institutos para prevenirlas”, cuenta. “Lo que no es normal es despertarse a mitad de la noche para consultar el móvil, o creer que te vibra cuando no lo llevas en el bolsillo“, dice Paco Roca, de la UJA. El matemático llama la atención sobre la tremenda oferta para apuestas desde el teléfono; otro foco de adicción.

EL IMPACTO EN LA DOCENCIA

Uno de los debates en el ámbito educativo y familiar es fijar la edad adecuada para que un menor tenga teléfono móvil. Si bien los psicólogos recomiendan los 16, hay contradicciones fuera y dentro del aula. Roca cree que la docencia irá más allá de las tutorías ‘online’: “Llegará el momento en que el profesor reciba mensajes directos por Twitter de sus alumnos para consultarle dudas. El profesorado tendrá que formarse para las aplicaciones”, interpreta. “Ya hay materias que se dan por internet y por aplicaciones en los institutos. Lo ideal es que los padres supervisan el uso del móvil por parte de los hijos”, tercia Salido.

Paco Roca, matemático de la UJA, es aficionado a las nuevas tecnologías.
Paco Roca, matemático de la UJA, es aficionado a las nuevas tecnologías.

¿MÁS LIBERTAD O MÁS CONSUMO ESTÉRIL?

Ana Pancorbo es una fotógrafa treintañera con residencia en Peñamefécit. Usa a diario siete aplicaciones: Instagram, WhatsApp, Feedly, YouTube, Twitter, Google y Photoshop Express. “Feedly por la gestión de información; Twitter por la inmediatez”, declara a este medio. ¿Cuáles no usaría? “Las que piden más información de lo normal o las que son de pago”, contesta. Instagram es la que más le ayuda para visibilizar y difundir su trabajo.

Tanta app invita a la gran pregunta: ¿dan más libertad al ciudadano o la mayoría induce al consumo estéril? El dato más reciente de compras de teléfonos de alta gama: Apple ha vendido 50,7 millones de iPhone 7 en el primer trimestre del año. El precio ronda los 700 euros; la versión plus traspasa los 1.100.

“Aun con los ‘peros’ que puedan tener, las apps sí nos dan más opciones”, expresa Francisco Martínez. Piensa lo mismo el desarrollador web Rafael Martín.

“La palabra libertad va asociada a la idea de responsabilidad. Tenemos ahora herramientas que nos facilitan la vida y nos dan más libertad para tomar decisiones”, valora Raquel Salido.

“Ha aparecido Be My Eyes. Es una app que ayuda a los ciegos: ellos usan el móvil y los voluntarios que dan sentido a la aplicación les describen qué hay a su paso, mientras apunta con la cármara del teléfono”, apunta Paco Roca una vertiente benéfica.

¿Cómo hacer para que el uso no se convierta en una fiebre contraproducente? Los expertos apuntan a la idea de desconectar los tiempos adecuados al día. La tarea exige educación. Lo llaman Just a time. Suena, sí, a nombre de app.

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