Un pupitre detrás de otro, en fila, sin comunicación visual. Un docente ceñido a un plan de estudios, tiza en mano, intenta no contar el número de bostezos que despierta una materia que en la mente de algunos alumnos a veces duraba el efímero segundo de pasar el borrador por la pizarra. Una mochila llena de libros que regalaban el mejor momento del curso, cuando había que forrarlos para evitar su deterioro. El resto del año, eran páginas de las que se intentaba memorizar su contenido antes de que sonara el timbre del recreo.

Los términos competencia social, cultura emprendedora o adaptación tecnológica eran desconocidos para padres e hijos. No se reflejaban en un cuaderno de notas que los progenitores guardaban, año tras año, para recordarlo en el momento en que los vástagos se van de casa. Cómo se veía la educación hace cuarenta años, por ejemplo, nada tiene que ver con la de hoy. El reto educativo es vertiginoso. Ya no es el 2.0. Estamos en la era del 3.0, en la que los modelos de aprendizaje de hace cuatro, cinco o seis décadas son un recuerdo, como una película en blanco y negro.

Emprendedores, críticos, competentes desde el punto de vista tecnológico, autónomos y con dotes sociales. Son aspectos que en un momento de transformación social pesan, y mucho, en el currículum educativo. Los estudiantes de hoy conocerán a Antonio Machado, sabrán solucionar una raíz cuadrada, diferenciar la tabla de elementos químicos o situar un país en el globo que recorría Willy Fog en 80 días. Pero también aprenderán a buscar herramientas para dar respuesta a aquello que desconocen. Un reto educativo en constante evolución, que navega en el punto de equilibrio entre las nuevas tecnologías y la enseñanza tradicional que ayuda a desarrollar habilidades como la memoria o el desarrollo motor. Camina entre la vorágine de las redes sociales, donde los hijos ya no llaman a sus padres, les mandan WhatsApp; y la importancia de pararse a escuchar y a dialogar en una sobremesa. La educación está cambiando y el día a día de un colegio cualquiera lo puede evidenciar.

Nos adentramos en el Centro de Educación Infantil y Primaria San Marcos de Mancha Real. En sus aulas, con pupitres enfrentados de manera que los chicos se vean las caras, se reúne todos los días el club de los 47. Este es un ejemplo, de los muchos que se pueden encontrar en los centros de la provincia, en el que innovación y educación van de la mano. Aplicamos la Contra a éste, en particular, para comprobar de primera mano cómo funciona.

UNA IDEA

Juan Carlos Chiachio Montilla es el jefe de estudios. Sentado en el comedor, que hace las veces de salón de actos, desborda ilusión al hablar de Las Pilas TV. Un proyecto que aúna todas esas competencias que reclama la revolución educativa pero que, a la par, regala compromiso a la sociedad.

—El centro desarrolla muchos proyectos de la Junta y nos faltaba una iniciativa de cultura emprendedora e innovación educativa. Pensamos en hacer algún tipo de actividad en el que se ‘vendiese’ todo lo que se hace dentro del colegio y que, al mismo tiempo, nuestros niños fueran los protagonistas.

Ante tal reto, se les ocurrió convertir a los 47 alumnos de sexto A y sexto B en periodistas y crear Las Pilas TV, un canal que retransmite por Facebook y que para estudiantes y tutores ha supuesto un antes y un después. Así es cómo nació una mini empresa en la que el club de los 47 hacen de reporteros, emprendedores, comerciales de publicidad y cronistas de lo que ocurre en Mancha Real. Para ello se valen de las redes sociales y de unos recursos limitados, pero que dan mucho de sí. Los móviles para grabar son del profesorado. Un proyecto que, además, ayuda a la AMPA para financiar el viaje de fin de curso y otra parte de los fondos se donan a la ONG Mensajeros por la Paz. Dinero recaudado a través de empresas locales que han decidido anunciarse en la televisión.

—La idea que tenemos para el año que viene es empezar a trabajar con editores de vídeo gratuitos en app del móvil. Es una manera de que se familiaricen con el lenguaje audiovisual y con las nuevas tecnologías.

Y lo harán reduciendo la edad de los reporteros. Porque, visto el éxito que ha tenido, la intención es ampliar el programa a alumnos de quinto e, incluso, de cuarto.

UNOS RESULTADOS

Los resultados de Las Pilas TV pueden verse en su canal de Facebook, que es capaz de generar 35.000 visualizaciones con las publicaciones de la X Semana de la Cultura y que un vídeo obtenga 3.000 reproducciones en dos horas. Hay mucho más que no se ve en internet, pero sí en las aulas y en los hogares.

—Uno de los objetivos es ‘vender’ lo que se hace en los colegios porque la figura del profesorado está un poco denostada. Pero no solo eso. Este proyecto repercute en la vida de los estudiantes en muchos niveles competenciales. Les hace competentes.

La televisión está integrada en todas las áreas, de manera que cualquier asignatura es susceptible de ser noticia. Con ello han logrado, por ejemplo, optimizar la competencia lingüística.

—La han mejorado cien por cien. Su expresión oral y de verbalizar una idea ha crecido de una forma enorme. Creo que hoy por hoy casi el cien por cien de los alumnos ha adquirido la habilidad de expresarse con total naturalidad con una cámara. Los padres comentan que sus hijos son capaces de hablar de todo con ellos, de dialogar, de debatir con opiniones y razonamientos adultos.

Otro de los efectos logrados es aprender lo que se denomina ‘cultura general’, además de habilidades para trabajar en equipo. Todo ello gracias al sistema en el que se articulan las entrevistas. Y es que el club de los 47 prepara, todos a una, las entrevistas. Investigan al personaje al que van a interpelar, para lo que internet es una gran fuente de información. Aprenden a diferenciar lo que es cierto y lo que no, porque no todo lo que está en la red es verdad absoluta. Organizan las preguntas entre todos y graban el vídeo al unísono.

—Utilizan las nuevas tecnologías con los recursos que tenemos en el centro, como portátiles y pizarras digitales. Han conseguido ponerse al día en competencia digital.

Y hacerlo de manera responsable. En una era en la que las redes sociales y los móviles están cuestionados por los efectos negativos que puede tener entre los más jóvenes, ellos le sacan provecho. Lo hacen, además, siguiendo los parámetros del Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad Escolar de la Guardia Civil; un programa para prevenir, detectar y resolver problemas de violencia dentro del instituto, acoso escolar a los alumnos, tráfico de droga o consumo de alcohol, entre otros aspectos.

—Están muy concienciados con el tema de los móviles, las redes sociales y tienen una formación muy buena. El paso que queremos dar es que ellos, con sus propios teléfonos, sean capaces de editar en clase y darle un sentido útil, no solo emplearlos para mandar WhatsApp o preguntar por los deberes de clase.

Y al igual que se crea conciencia con las redes y los smartphones, también lo hacen con lacras sociales como el maltrato. Hicieron un corto, junto con alumnos de tercero, sobre la violencia de género.

—La repercusión fuera del centro fue muy grande. En dos horas teníamos 3.000 reproducciones.

LOS NIÑOS OPINAN

Carmen Castillo Gómez tiene doce años y es alumna de sexto A. Apasionada del voleibol y el fútbol, aún no ha podido entrevistar a un deportista. Una asignatura pendiente a tan temprana edad.

Lo que más me gusta es cuando preparamos las entrevistas. Buscamos información, nos juntamos las dos clases y la recopilamos. Pero es lo más difícil porque somos muchos. Primero buscamos información en internet, preparamos las preguntas y las ordenamos según sean, personales, profesionales, etcétera.

En ese complicado trabajo en grupo repercute, por ejemplo, actividades como el taller de gestión de emociones. Esos ‘locos’ reporteros y editores de Las Pilas TV aprenden a canalizar sus sentimientos y sacar todo lo que, a veces, ni familias ni maestros son capaces.

Taller de gestión de emociones.

José Antonio Tello López también tiene 12 años y es de sexto B.  Le gusta el deporte, el trial, aunque su deseo es ser piloto de helicópteros de la Guardia Civil. Es “parlanchín” y “nervioso”, como él mismo se define. Su conocimiento de la actualidad le permite interpelar a la que hoy escribe este reportaje para avisarle de un error en una noticia que se publicó. Una muestra de que es joven, pero sobradamente preparado.

La gente nos felicita aunque cuando nos vemos en internet tenemos un nudo en el estómago. No solo te dicen que lo has hecho muy bien, también te pueden señalar los fallos.

Los mismos que ve en los periodistas de hoy en día.

PROGRAMA INNICIA

Desde que en 2011 se aprobara el Plan para el Fomento de la Cultura Emprendedora en el Sistema Educativo Público de Andalucía, se han desarrollado una serie de acciones encaminadas a la promoción de los valores de la innovación, la creatividad, la responsabilidad y el emprendimiento. Uno de ellos es el Programa Innicia, implantado por primera vez este curso y en el que se enmarca este proyecto del colegio San Marcos. Una iniciativa para trabajar el emprendimiento desde un punto de vista holístico, que ayude a la formación del alumnado para ser creativo, innovador y emprendedor desde todos los ángulos y áreas pedagógicas.

Cristina García Fernández es técnico del CADE de Mancha Real y ha seguido, muy de cerca, Las Pilas TV, una televisión de la que ya se siente parte. Explica que, en este caso concreto, el centro tenían en mente poner en marcha una televisión.

En este caso, no se trata de enseñarles emprendimiento empresarial, sino emprendimiento en su día a día.

Cuando llegó la fase de formación les enseñaron, por ejemplo, técnicas de venta o cómo hablar en público. Lo hizo acompañada de Mila López, del CADE de Martos.

Para nosotros, los técnicos, este programa ha supuesto salirnos del día a día. Es muy satisfactorio ayudar a las empresas que se crean nuevas, pero también trabajar con los niños. Es algo muy especial, sobre todo por ver cómo han aprendido a raíz de mucho trabajo. Lo que vemos es cómo trasladan la teoría de los mayores a los chavales.

Cristina García es una firme defensora de este tipo de programas porque considera que dan importancia y ponen en valor el esfuerzo y la valentía de los emprendedores.

Muchas veces, los jóvenes piensan que quieren ser funcionarios y tener un trabajo para siempre. No es que yo les anime a montar una empresa, pero sí a valorar a aquellos que tienen el espíritu de emprender, sobre todo en municipios como Mancha Real.

Y esa puesta en valor se ha visto en las aulas del colegio San Marcos gracias a este club de los 47. Pasará tiempo antes de comprobar si alguno de ellos será periodista o creará su propia empresa. Pero lo que es seguro es que lo aprendido durante este curso tendrá más de una aplicación en su día a día.

 

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