Un colegio. Cinco aldeas. Tres municipios. Dos provincias. Así es la vida en el colegio público rural (CPR) de nombre Sierra Sur, como parte de la comarca de Jaén a la que cubre; porque también alcanza a Granada. La rutina en un centro de este tipo tiene otro ritmo, hay más silencio y en las clases con menos alumnos el profesor asume un reto: cómo dar varias clases dentro de una clase con diferentes niveles. Cómo lograr la enseñanza individualizada. Los consultados por Lacontradejaén coinciden: es un desafío tan maravilloso como exigente.

Hay 91 alumnos matriculados en el Colegio Sierra Sur. El centro cuenta con cinco sedes. La distribución es la siguiente:

a)Santa Ana (Alcalá). Es la sede principal. Hay 46 menores. Cuatro aulas: Infantil, Primero-Segundo, Tercero-Cuarto y Quinto-Sexto. La sede cuenta con tres tutoras y un tutor.

b)Charilla (Alcalá). Hay 24 estudiantes agrupados en cuatro tres aulas: Infantil, Primero-Segundo y Tercero-Cuarto-Quinto-Sexto. Hay dos tutoras y un tutor que también imparte Educación Física en Charilla y Santa Ana.

c)Ribera Alta (Alcalá). Clase unitaria de siete menores que cursan Infantil, Primero, Cuarto, Quinto y Sexto de Primaria. Aquí, el tutor es especialista de Música e imparte esta materia en las cinco aldeas.

d)Hoya del Salobral (Noalejo). Clase unitaria de 10 menores que comprende todos los niveles —salvo Primero— hasta Sexto de Primaria. Hay una tutora.

e)Trujillos (Montillana, Granada). Clase unitaria de cuatro alumnos (más un quinto que se incorpora sólo en la temporada del olivar). Hay una menor de Infantil, otro de Tercero, otro de Cuarto y otro de Quinto. El tutor imparte Educación Física en Ribera, Hoya y Trujillos.

El despliegue del profesorado —15 más dos de Religión— exige máxima coordinación. Si uno falla, otro debe estar al quite. Es un mundo educativo diferente.

El centro tiene dos especialista de Inglés itinerantes y una de Francés que da clase en las cinco aldeas. También cuenta con una especialista en Pedagogía Terapéutica para el alumnado con necesidades de apoyo.

El alumnado de Santa Ana en el patio. Fotos: Fran Cano.
El alumnado de Santa Ana en el patio. Fotos: Fran Cano.

MIÉRCOLES: SANTA ANA

—Yo quería un CPR. Cuando conseguí el puesto fijo en el ‘Sierra Sur’ me alegré más que al lograr la primera adjudicación.

Habla Isabel Marañón (51), directora de uno de los trece colegios rurales que hay en la provincia. Es miércoles 24 de mayo, y atiende a Lacontradejaén en el despacho del centro en Santa Ana. La utilidad del despacho sigue la filosofía del centro: hoy lo comparte con Susana Castro, jefa de estudios.

Isabel Marañón vive en Alcalá la Real, la ciudad a la que van a estudiar los menores del ‘Sierra Sur’ cuando completan la Enseñanza Primaria. La directora invierte unos cinco minutos de coche desde su municipio hasta la pedanía alcalaína.

Ella lleva en el cargo en funciones desde hace tres cursos. Lo normal es que continue el ejercicio que viene. Se ha adaptado a la tarea, y no es fácil.

—Trabajamos en tres municipios. Eso implica un esfuerzo de coordinación con tres alcaldes y tres ayuntamientos cada vez que queremos hacer una actividad.

Los profesores se reúnen una vez a la semana para abordar desde cuestiones elementales, como la programación, hasta el asunto de los horarios o las actividades extraescolares.

Después de catorce años en el centro, Isabel Marañón ha llegado a algunas conclusiones:

1)El asunto de dar clase con varios niveles —a veces hasta siete distintos— es el más complicado para un docente, un escenario complejo para quienes aterrizan en el centro. En Santa Ana, los niveles están adaptados por ciclos.

2)Pese al punto anterior, el contexto educativo es “un lujo”. Así se lo hace saber a las madres preocupadas por la idiosincrasia del centro: los profesores rozan —con las evidentes complicaciones– la enseñanza individualizada.

3)El profesor debe tener un perfil “diferente“. La vocación no basta. Hay que querer estar en un entorno rural y aceptar el vínculo tan fuerte con las familias de las aldeas.

4)La administración andaluza cuida a los centros rurales. Hay una partida ‘ad hoc’ que ronda los 5.000 euros, y el presupuesto anual varía en función del año y de cada centro. El ‘Sierra Sur’ recibió unos 10.000 euros el curso pasado; ahora cuenta con 8.000, aparte de la partida de Apoyo a la Escuela Rural. El año que viene abrirán otros dos colegios rurales en Jaén. Serán quince.

Susana Castro (jefa de estudios) e Isabel Marañón (directora) en Santa Ana (Alcalá). Fotos: Fran Cano.
Susana Castro (jefa de estudios) e Isabel Marañón (directora) en Santa Ana (Alcalá).

JUEVES: CHARILLA

Desde Santa Ana a Charilla el trayecto es corto, no más de diez minutos en coche. A Charilla se accede tras subir una cuesta empinada que desde arriba parece un tobogán. Es jueves 25 de mayo, y la aldea está envuelta en una atmósfera de paz. Los únicos sonidos vienen del patio del colegio. Allí está Roberto Baena Herrera con sus alumnos. Junto al patio está el huerto escolar que han iniciado de la mano la Diputación, el Ayuntamiento y la Ampa El Columpio. A simple vista, los menores parecen de la misma edad: nada que ver.

Roberto Baena habla del “silencio” que el profesor recibe cuando se aclimata a la vida de un centro rural. A la segunda planta del centro se accede a través de unas escaleras. El inmueble fue antes una vivienda.

—Yo tengo un alumno de Sexto, dos de Cuarto y uno de Tercero. Es complicado, pero más difícil aún sería tener ocho alumnos cada uno de un curso —explica. Está sentado en una de las aulas del centro.

Baena cuenta que la interacción de chicos de diferentes edades propicia efectos interesantes: los más pequeños empiezan a familiarizarse con conceptos que abordarán en cursos superiores, como si el aprendizaje dibujase otros caminos.

—El problema es que no tienes todo el tiempo para enseñar. Que tengas sólo tres alumnos no implica que lo vayas a hacer mejor. Te tienes que dividir —señala.

La profesora Loli García lleva tres años en Charilla. También había dado clases en Hoya del Salobral y en Ribera Alta. Ahora sus alumnos son de Infantil, desde los tres hasta los cinco años. Lleva un sexenio en el hábitat de la escuela rural, y reafirma la impresión de su compañero Roberto Baena:

—Los pequeños aprenden de los mayores.

Estudiantes en Charilla con el profesor Roberto Baena.
Estudiantes en Charilla con el profesor Roberto Baena.

VIERNES: HOYA DEL SALOBRAL, TRUJILLOS Y RIBERA ALTA

Susana Castro, la jefa de estudios, está hoy —viernes 26 de mayo— en la sede del ‘Sierra Sur’ de Hoya del Salobral. Pronto tendrá que coger el coche para desplazarse a Trujillos.

Castro reconoce que en la universidad no pudo imaginar lo que supondría ser docente en un colegio de estas características.

—La metodología la aprendes cuando empiezas. No hay otra manera —señala.

Ella, como la directora, también ha llegado a algunas conclusiones: una es que los menores tienden a ser más generosos; otra es que los profesores deben preparar las clases fuera del horario lectivo, pues ‘in situ’ no hay tiempo, dado el hándicap de la heterogeneidad de los niveles.

La heterogeneidad de edades en la clase de Hoya del Salobral (Noalejo).
La heterogeneidad de edades en la clase de Hoya del Salobral (Noalejo).

LA AMENAZA DE LA BAJA NATALIDAD

Susana Castro arranca el coche y en apenas veinte minutos pasa de Hoya del Salobral a Trujillos. La itinerancia suele coincidir con el recreo.

En Trujillos está Javier Ruiz Carrillo. Sus alumnos son Érik, Valeriano, Antonio y Elena. Los dos últimos, hermanos. En la temporada de la recolecta olivarera al grupo se une Hugo.

Javier Ruiz va por su segundo año en el centro. Está más tranquilo, porque el año pasado tuvo seis niveles en el aula. Una locura. Éste es más sencillo: ha agrupado a Valeriano, Érik y Antonio para agilizar el ritmo de aprendizaje. Así tiene una miniclase. Ruiz espera repetir como profesor el año que viene.

El asunto de la natalidad preocupa, porque puede vaciar las aulas con el paso del tiempo.

—Está claro que hacen falta más nacimientos, pero está difícil —dice.

Según señala, en Trujillo ha nacido una niña que tardaría aún dos o tres años en incorporarse al aula. No le constan más nacimientos, futuros alumnos.

“Ya no sólo es el tema de la natalidad, sino que hay familias que emigran a las ciudades por trabajo. Aunque también está el camino contrario: padres cansados del ruido de las ciudades que buscan la tranquilidad en las aldeas”, tercia Roberto Baena.

Javier Ruiz y sus estudiantes de Trujillo (Montillana, Granada).
Javier Ruiz y sus estudiantes de Trujillos (Montillana, Granada).

EL ENTORNO COMO RECURSO

No sólo Susana Castro ha cogido el coche esta mañana. Miguel Ángel Guzmán ya está en Ribera Alta después de haber impartido clase en Hoya del Salobral.

Sus alumnos son Érik (Infantil), Claudia, Yeray (Primero), Pedro (Cuarto), Javi (Quinto), Naroa y Esther (Sexto). Guzmán está encantado con las infraestructuras en Ribera Alta; hay tres aulas estupendas, bien habilitadas y amplias. La más utilizada es en la que ahora están los menores. Todos aceptan encantados posar para una foto. En especial Yeray, muy bromista en el momento de la instantánea. Javi, Naroa y Esther son una suerte de padres, los mayores del colegio.

Miguel Ángel Guzmán quiere seguir el año que viene. Hay aspectos de la enseñanza en zonas rurales que lo han marcado:

1)La posibilidad de aprovechar el entorno natural de las aldeas para realizar actividades.

2)La independencia y la mayor flexibilidad de la enseñanza en el centro gracias al ritmo tan particular que hay.

3)El contacto tan directo con alumnos, padres y el resto de la comunidad educativa.

El grupo de alumnos de Ribera Alta (Alcalá).
El grupo de alumnos de Ribera Alta (Alcalá).

—La proximidad de la naturaleza me parece una gran ventaja —subraya.

La directora cuenta que ha visto pasar a profesores muy buenos por el colegio. Ese carácter provisional de quienes van y vienen impide que el proyecto educativo crezca más, que se expanda hacia objetivos aún más ambiciosos. Queda claro que hay educadores dispuestos a ello.

Los niños abandonarán su colegio rural cuando inicien la Secundaria.

“Y pueden llegar a donde quieran, como cualquier alumno, pero nunca olvidarán de dónde vienen”, concluye Marañón.

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