“Tengo deseos de cambios en la Iglesia”

Vive Julio Segurado Cobos (Albanchez de Mágina, 1968) encima de la Iglesia San Pedro Poveda, comunidad católica que no conoce más párrocos que él, sacerdote en ejercicio desde hace casi un cuarto de siglo. La iglesia, aún sin un templo ortodoxo, parece una extraña y original mezcla de residencia juvenil y de palacio infinito, con salas llamadas Corintio y Galilea. Segurado cree en el mensaje de Jesús, y entiende que el Papa Francisco ha ubicado a la Iglesia. Desde el Bulevar, la  parroquia más grande de la Diócesis de Jaén, transmite aquello que lo mueve. Él puede, dice, ayudar a los vecinos. Escucharlos.

SEMANA SANTA

—Lo primero, la actualidad: ¿qué opinión tiene de la Semana Santa de Jaén?

—Es bastante completa. Aquí hay una profunda religiosidad: se ve tanto en las parroquias como en la calle. No somos una ciudad como Sevilla, que está demasiado congestionada, sino que tenemos una Semana Santa bastante equilibrada. Se puede disfrutar de la calle y de las celebraciones.

—Los periodistas hemos escrito mucho sobre las dichosas vallas. Usted tiene cuenta de Facebook. ¿Era para tanto o las redes sociales exageran?

—Creo que se ha exagerado un poco. Son las cosas de las redes: todos opinan. Y también creo que hay un punto de humor, porque en Jaén somos así, humoristas, nos gusta la broma y el chiste. Hay una cierta crítica con parte de razón, pero el problema está exagerado. Y se ha creado una alarma innecesaria. Yo no he entrado al trapo en redes. Claramente, me parece que se ha sobredimensionado.

—Su parroquia no tiene cofradía. ¿Cómo han vivido estos días?

—Somos una comunidad joven, y tenemos muchas celebraciones en la parroquia: las oraciones, las reflexiones, y preparamos muy bien los oficios. Lo vivimos intensamente. La gente del barrio participa en cofradías y se ha ido a ver las procesiones, claro. Nosotros estamos muy centrados en lo esencial, estar en torno a los oficios y a las misas.

Segurado Cobos repasa la incesante actividad en su parroquia. Vídeo y fotos: Esperanza Calzado.
Segurado Cobos repasa la incesante actividad en su parroquia. Vídeo y fotos: Esperanza Calzado.
—¿Hay predilección en el barrio por un paso?

—No, he visto de todo. Hay gente en La Estrella; Nuestro Padre Jesús, por supuesto. Es un barrio joven, y la gente que se ha trasladado sigue siendo devota de sus imágenes. También hay vecinos que se han ido a sus pueblos de origen en Semana Santa.

—Esta entrevista se publica en Domingo de Resurrección. ¿Es el día más importante del año en la vida de un cristiano?

—Tenemos la tradición barroca que exalta el sufrimiento y la Pasión de Cristo, y ciertamente nos identificamos cuando lo vemos en la cruz. Pero un cristiano no puede quedarse solo con la pasión y la muerte; nos falta lo esencial: la esperanza de que el mal no va a triunfar. La Resurrección es la prueba. A Jesús lo quisieron quitar de en medio porque estorbaba. Pero al final triunfó el bien. La Resurrección simboliza la victoria.

LA PARROQUIA

—El salón multiusos de la parroquia es un espacio importante en el barrio. ¿Cuántas actividades se suelen celebrar aquí a lo largo de la semana?

—Tenemos una cantidad de grupos que la gente no se puede ni imaginar. Nuestra parroquia es muy grande, como el barrio. Además, tenemos muchos salones aparte del multiusos. Hay en torno a 100 grupos semanales; nadie tiene un espacio propio. Nos queda terminar las instalaciones. Esperamos acometer pronto la segunda parte. Nos falta el templo, porque lo que ahora hace de templo es el salón de actos.

—¿Qué hacen esos 100 grupos aquí?

—Fundamentalmente catequesis, formación, aprendizaje de adultos… También hay actividades sociales organizadas por Cáritas y Manos Unidas. En catequesis participan 70 grupos. Aquí hay, además, encuentros de vecinos en clave cristiana. Mucha variedad.

Ha sido párroco en Villacarrilo, Jamilena y Cazalilla, entre otros municipios.
Ha sido párroco en Villacarrillo, Jamilena y Cazalilla, entre otros municipios.
—En los pueblos los sacerdotes son agentes dinamizadores de la vida social. ¿Ocurre igual en las ciudades?

—Una ciudad es diferente a un pueblo. Yo he estado en bastantes municipios pequeños. La gente me confundía con el concejal de Festejos. Me decían: ‘Usted siempre está haciendo cosas’. En Jaén, la ciudad, es distinto. En el Bulevar sí que somos un lugar de reunión, de encuentro, porque la gente apenas se conoce: está empezando a llegar. Se hacen muchas amistades en torno a la parroquia. Desde el principio nos planteamos hacer la Cruz de Mayo, la lumbre de San Antón, y no hemos fallado. Así aglutinamos a mucha gente. Nuestra lumbre atrae a 1.000 personas. Es una de las más grandes de Jaén.

—Usted se preocupa por el barrio, según nos han comentado desde ‘Bulevar Noreste’. ¿De qué se siente más orgulloso?

—Hemos hecho todas las actividades con ilusión, y con un plan. Las primeras eran para contactar con el barrio, para hacernos presentes. Apostamos, al principio, por citas culturales. Ahora que tenemos ese campo mucho más trabajado creamos parroquia, creamos la dimensión de iglesia. No perdemos nunca esa doble dimensión de salir fuera y trabajar dentro. Si me preguntas como sacerdote qué me ilusiona más, pues me quedo con los grupos de oración, de encuentro, de reflexión y de evangelio.

La parroquia de San Pedro Poveda es la más grande de la Diócesis de Jaén.
La parroquia de San Pedro Poveda es la más grande de la Diócesis de Jaén.
—¿Crece la fe en el Bulevar?

—Tengo la impresión de que sí. Las cifras nuestras aluden a personas jóvenes, pues tratamos más con niños y con sus familias. En catequesis tenemos a 1.100 menores. Es la parroquia más grande de la diócesis, tanto de la ciudad como de la provincia. Nuestro segundo campo es tocar a los padres, que están maduros en el ámbito religioso.

—¿Qué sensación tiene en Jaén? En la ciudad en general.

—Creo que es una ciudad religiosa, pero que está estancada. No se complica para creer, aunque sí es cierto que está parada.

“NO ERA UNA PERSONA TRADICIONAL EN EL SEMINARIO”

—¿Cuándo y cómo supo que sería sacerdote?

—Tuve los primeros indicios desde muy pequeño. Era monaguillo en la parroquia, y me gustaba aquella vida. Me lo planteaba como algo lejano. Tuve mis novias y mis relaciones hasta los 15 años. Entré en Nuevos Sarmientos, y ahí fue el segundo impacto fuerte que viví. Ingresé en el Seminario con 17 años haciendo COU. Estuve un año de prueba: salía fuera a estudiar, pero vivía dentro. Y me quedé. Es cierto que los de dentro me veían como alguien poco tradicional. Hubo ciertas dudas, y algunos apostaban poco por mí. Luego, gracias a Dios, me he sentido muy a gusto en la Iglesia con todas las dificultades. A raíz del Papa Francisco tengo mucho deseo de cambio, de cambiar la Iglesia, de mejorar muchas cosas y de que la Iglesia sea actual y activa. Que preste servicio a la sociedad, el que Dios le ha encomendado.

—¿Cómo se tomó su familia la decisión de ser sacerdote?

—Muy bien. Me apoyaron. Mi padre era una persona muy creyente, y nunca me ha puesto ninguna pega. Incluso sé que mis padres han sentido cierto orgullo y alegría de que yo esté por aquí. La experiencia ha sido distinta para otros compañeros, que han tenido problemas. Personas con hijos únicos, por ejemplo, igual lo aceptan peor. No fue mi caso. Somos cinco hermanos.

—¿La vocación se puede perder?

—En todos los campos hay problemas y es difícil mantener la ilusión del primer día. Yo he pasado por una época de crisis. La dificultad más grande es que, a veces, uno tiene expectativas y en cambio la sociedad y la Iglesia tienen otras. Uno espera hacer cambios, y después te encuentras que la sociedad te pide que hagas una serie de cosas que no son las que uno propone. Ahí hay un choque fuerte. A la gente le interesa la comunión del chiquillo, la boda y el entierro. Del resto te dicen: ‘No me cuentes cuentos’. Eso frustra. Con el tiempo, yo he aguantado y he superado esa crisis. He encontrado mi lugar para darle a la gente lo que pide y, al mismo tiempo, proponer lo que quiero.

Segurado Cobos habla sin filtros en su entrevista con LaContracrónica.
Segurado Cobos habla sin filtros en su entrevista con LaContracrónica.

CÓMO RECIBE LA SOCIEDAD LOS MENSAJES RELIGIOSOS

—La Biblia es, quizá, el gran libro de la historia de Occidente. ¿Con qué mensaje se queda?

—Con el perdón de Dios, con el amor. Es el más grande que el mundo puede escuchar, y sigue siendo actual. En nuestra parroquia veo muchas personas que lo pasan mal. Veo sufrimiento, muchas vidas rotas. Transmitir ese amor de Dios y comprobar que las personas se transforman es una gozada.

—Dice ‘vidas rotas’ en sentido más espiritual que económico.

—Sí, son problemas sentimentales, afectivos, psicológicos, fracasos de vida, rupturas matrimoniales…

—¿Depresión?

—Sí, también depresión. Sufrimiento. La gente sufre mucho. No somos conscientes del sufrimiento que hay en cada persona. Un cura se da cuenta de eso. Hay amargura y soledad detrás de todo el maquillaje. Poder tocar eso y ver cómo Dios lo cura, y la gente mejora, es una alegría.

El párroco está a la espera de tener un templo 'oficial'. Ahora emplea un salón.
El párroco está a la espera de tener un templo ‘oficial’. Ahora emplea un salón.
—¿Hay algún pasaje del Evangelio que le haga sentir incómodo?

—En el Antiguo Testamento hay muchos pasajes que son incómodos, en el sentido de que hablan de un Dios muy lejano a nuestra mentalidad: un Dios que castiga.

—Tirano más bien.

—Y sobre todo que toma parte por un pueblo contra los demás. Nosotros cuando seguimos leyendo la Biblia, comprobamos que Jesús deja esa parte corregida. Creo que el mensaje de Jesús es el más elevado que pueda existir religiosamente. Conozco el islam y el budismo, y creo que no hay mensaje superior al de Jesús. De sensible, profundo y humano.

—¿Tiene algún libro o película de referencia sobre el cristianismo?

La Pasión, de Mel Gibson, es durísima. Y es para verla si uno tiene aguante. Como libro, me quedo con Documentos del Papa Francisco y, sobre todo, con la Biblia. Hay gente no cristiana que no lo ha leído.

LAS TENSIONES IMPUTADAS A LA IGLESIA

—Uno no se imagina a Jesús diciéndole a dos hombres o a dos mujeres: ‘Ustedes se pueden querer, pero no tocar’. ¿Se lo imagina?

—La pregunta es muy delicada —dice—. No, no me imagino al Señor machacando a la gente. Es que este tema está muy crispado. A la Iglesia se le acusa de homófoba, y no es cierto: hay muchos homosexuales. No es ningún secreto. Los hay. Nosotros conocemos y acogemos a personales homosexuales. Yo tengo amigos, y están en la Iglesia con toda la naturalidad del mundo. Lo que pasa es que hay de fondo una ideología de género que pretende fomentar la homosexualidad como ideología, y eso sí que nos incomoda. Choca con el Evangelio. Pero la persona no, en absoluto. Son hijos de Dios y participan en la Iglesia. Hay, por otro lado, una ideología que va echando en cara, presumiendo e imponiendo, eso nos incomoda.

—¿No es la respuesta a la represión vivida? En España fueron 40 años.

—Posiblemente sí, pero la veo muy agresiva. Creo que le hace daño a la causa. Por una parte, ellos quieren integrarse, pero luego después ves comportamientos que no son normales. Por ejemplo, la marcha del orgullo gay. A mí no se me ocurre ir empelotas por la calle. A veces hay una agresividad por parte de ciertos colectivos que dificultan la integración. Con la persona como tal no tengo problema. El Papa Francisco ha hecho gestos preciosos hacia los homosexuales. Ha dicho que Jesús los abrazaría sin ninguna duda.

La segunda fase del templo está por hacer.
La segunda fase del templo está por hacer.

EL IMPACTO DEL PAPA FRANCISCO

—Le pregunté a la periodista Paloma Gómez Borrero si Francisco era el Papa más liberal de la historia. Lo negó.

—No sé qué decirte. Estos términos de liberal y comunista son muy relativos.

—Digo liberal en cuanto a promulgar libertades individuales.

—Yo creo que el Papa Francisco ha centrado a la Iglesia muy bien. Cuando llegó nos encontrábamos en callejones sin salida. No podemos olvidar el tema de la pederastia. Le explotó a Benedicto XVI. Recuerdo que en el año 2012 el ambiente era irrespirable. Había otros asuntos que nos tenían acorralados. Francisco ha introducido un aire nuevo y nos ha sacado de esos callejones. Ha centrado a la Iglesia, que está para la misericordia, no para condenar. Está para ayudar el mundo y no para condenarlo, no para crear un poder ‘antimundo’. El Papa Juan Pablo II estuvo 27 años; Francisco no lleva cuatro. Y en poco tiempo ha conseguido un giro de mentalidad profundo. Nos ha puesto en el centro del Evangelio.

EL ORIGEN ES EL FUTURO

—¿Cáritas es la mejor marca de la Iglesia?

—Sí, es una buena marca. Manos Unidas también. Aunque no me gusta la palabra ‘marca’, porque parece que vendemos la cara bonita. Cáritas siempre ha ayudado. Ahora con la crisis se ha notado más. Recuerdo una experiencia de la madre Teresa de Calcuta cuando empezaron a echar a las religiosas de los hospitales y de los centros sociales. Fue un momento en que el Estado se hizo con el control de todo. Recuerdo una expresión de Teresa de Calcuta cuando estaban perdiendo casas. Dijo a las hermanas: ‘No os preocupéis. Siempre habrá pobres que no querrá nadie. Esos son los nuestros’. La Iglesia debe estar donde no quiera nadie. Necesitados hay siempre. Los refugiados, por ejemplo. Hay un plan de la UE que establece que unos sí tienen derechos por entrar por un sitio, a diferencia de otros. La Iglesia deberá atender a los que no son atendidos. Teresa de Calcuta se centró en el Sida. Yo veo un campo de actuación muy grande en el asunto de los ancianos que viven solos. Hay muchas personas solas, abandonadas. Algunos me piden confesión, y no es un problema de confesión; están solos. Cáritas deberá afrontar este tema, que no es pobreza material.

—Estamos acabando. ¿Algo más?

—La Iglesia ha cambiado. Hay unos estereotipos de hace 50 ó 60 años que hoy son injustos. Tacharnos de franquistas, por ejemplo. Yo veo que la Guardia Civil ya es respetada, y no se recuerda lo que hacía hace 70 años. Todos sabemos lo que hacía. Pero no estamos constantemente echándole en cara su pasado. Tampoco a la Monarquía ni a otras instituciones. Y a la Iglesia parece que no se le perdona ni una. Nosotros queremos aportar en la sociedad. Solo pedimos esa aceptación y pluralidad. Puede haber temas de conflicto, pero en otras cosas seguro que aportamos. Hay sectores de la sociedad a los que les cuesta encajar a la Iglesia y al cristianismo. Merecemos nuestro espacio como cualquier otro colectivo.

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