“Prácticamente todas las religiones apoyan la donación”

¿Me permitirá mi religión donar? ¿Cómo será la intervención? ¿Podré conocer a la persona que llevará uno de los órganos de mi familiar fallecido? Son preguntas muy frecuentes a las que se enfrenta una familia en el momento de tomar la decisión. Al dolor de ver morir a un ser querido, al duelo de enterrarlo, se le puede unir la belleza de dar vida. Así lo ve Francisco Javier Moya Domínguez (Jaén, 1980), enfermero y coordinador del Centro de Trasplantes en Jaén. Ha trabajado en Linares, Úbeda, Toledo y, desde 2010, tiene plaza en el Complejo Hospitalario. Él lo tiene claro: “No hay forma más bonita de dejar esta vida que regalando vida”. Pero para lograrlo hay que normalizar este paso. Es partidario de hablarlo en casa, de debatir cómo se quiere morir.

—2016 se cerró con 15 donantes en la provincia, 14 en el Complejo Hospitalario y uno en Linares. Desde 1991, son más de 260. ¿Jaén está por encima o por debajo de la media?

—Jaén está por debajo de la media andaluza. Mis compañeros anteriores lo han estado analizando y se trabaja en concienciar a la población. Estamos valorando si hacer especial hincapié en las zonas rurales, que es donde hace falta una mayor información. Pero hay que reconocer que la aceptación ya va mejor. El año pasado fue de un 87% y este es de un 100%. Es decir, de todos los posibles donantes que hemos tenido este año, todas las familias han aceptado donar los órganos.

—¿Cuántas donaciones van en 2017?

—Llevamos nueve. Cinco en el Complejo Hospitalario, dos en Linares, uno en Úbeda y uno en Andújar.

—Más que el año pasado.

—Sí. En el primer trimestre las cifras eran superiores a las del año pasado. Ahora se ha parado un poco.

—¿Todavía hay cierto tabú sobre ser donante y el testamento vital, por ejemplo?

—Sí. Todavía hay ciertos tabúes, sobre todo en las zonas rurales, donde se habla menos de estos temas. Por eso, una de nuestras labores es concienciar a la gente de que hable de ello ahora, no cuando llegue ese momento tan duro de perder a un familiar. Se debería hacer en el seno familiar como algo normalizado. Igual que determinamos cómo queremos vivir, también deberíamos decidir cómo queremos morir.

—¿Se dan casos de negativas por motivos religiosos?

—Sí, se dan casos. Pero cuando lo dicen es más bien por desconocimiento. Todas las religiones apoyan la donación de órganos, excepto alguna oriental como el budismo o el sintoísmo. Hay personas que alegan eso pero nuestra labor también es hablar con líderes espirituales, como podría ser el caso de Testigos de Jehová, y apoyan la donación. Es importante que esto se conozca porque no todo el mundo lo sabe.

—¿Los jóvenes están más mentalizados?

—Sí, creo que sí. Más que nada porque tienen más conocimiento.

—¿Qué le diría al que está dudoso?

—Es una forma muy bonita de dejar esta vida, regalando vida. Hay personas que necesitan órganos y tú puedes ser su última oportunidad. Lo más bonito de este mundo es regalar vida.

Francisco Javier Moya Domínguez, en su despacho en el Hospital Neurotraumatológico. Fotografías: Fran Cano.
Francisco Javier Moya Domínguez, en su despacho en el Hospital Neurotraumatológico. Fotografías: Fran Cano.

El DOLOR DE UNA FAMILIA

—El proceso de solicitar a la familia la donación es el más complicado. ¿Cómo se gestiona?

—Sí. Es un momento doloroso y es difícil pedir los órganos una vez que el médico responsable comunica el fallecimiento. Es un momento delicado, pero de empatía con la familia. Le intentamos explicar que tiene la oportunidad de morir de una manera bonita, dejando vida más allá de la suya.

—¿Cuáles son las dudas que plantean las familias?

—Principalmente preguntan cómo va a ser la intervención y si van a quedar cicatrices. Le explicamos que es como una cirugía normal y que el cuerpo queda perfecto. Otro de los interrogantes que se plantean es cuánto vamos a tardar, para saber si lo podrán enterrar a tiempo. Es verdad que tardamos un poco más, pero no supone problema ni retraso para el enterramiento.

—¿Se da el caso de que quieran saber quién es el beneficiario?

—No se puede dar la información. No me ha pasado personalmente pero sé que compañeros anteriores se han visto en esa tesitura. Pero debemos hacerles entender que no se les puede facilitar esos datos.

—¿Cómo se suelen sentir las familias después?

—El hecho de donar suele ayudar a las familias en su duelo. Es algo que tienen que superar, atraviesan unas fases y las familias nos comentan que les ayuda bastante acceder a la donación.

MENOS ACCIDENTES, MENOS DONACIONES

—Se da la circunstancia de que uno de los motivos por los que puede haber menos donaciones es porque se reduce la mortalidad en accidentes de tráfico. ¿Eso se ha notado?

—Allá por los años noventa, el 40% de los donantes eran por accidentes de tráfico. Luego se introdujo la ley de mejora de la seguridad vial y actualmente la cifra de donantes por accidentes de tráfico está en torno al 4,5%.

—¿Cuál es el porcentaje mayor ahora?

—Ahora, la mayoría son por enfermedades cerebro vasculares como hemorragias, ictus o infartos. Suelen ser pacientes de mayor edad que antes, de 70 e, incluso, de 80. Tienen otras dolencias, como puede ser diabetes, pero no contraindican la donación. Lo que estamos haciendo es una serie de estrategias para incrementar las donaciones, como es el caso de la asistolia, que en Andalucía representa ahora mismo el 25% del total.

—¿Qué órganos son viables?

—Riñones, hígado, páncreas, pulmones, corazón o retina. Esos son los más conocidos. Pero también está la donación de tejidos.

—¿Existe desconocimiento con ese tipo de donaciones?

—Sí. Implantar una córnea, huesos o tendones es algo más desconocido. Pero imagina implantar una córnea y hacer que alguien pueda ver; es indescriptible. Se hacen muchos implantes de tejidos y es muy desconocido, como puede ser el caso de deportistas que se rompen el ligamento cruzado y llevan una vida totalmente normal.

—¿Los donantes en vida son otra de las vías en las que se trabaja?

—No sé decirte cuántos hay, pero se dan casos. Sobre todo de riñón o de hígado, como podría ser el caso de una madre a un hijo, por ejemplo. En este apartado hay que tener en cuenta diferentes intervenciones, como es el caso del trasplante birrenal. Son riñones de pacientes que tienen mucho daño, con uno solo no se cumple con las funciones y por eso se hace el implante de los dos riñones. El tercer caso es el trasplante cruzado, que se da cuando hay incompatibilidades de grupos. Por citar un ejemplo: una persona necesita un riñón, alguien no se lo puede dar porque no es compatible pero se busca a otra persona que sí lo sea y se hace un cruzado entre los tres. Se buscan muchas estrategias para lograr donaciones.

ELEGIR AL PACIENTE BENEFICIARIO

—¿Qué sistema de coordinación hay para elegir al paciente que se beneficia de un trasplante?

—Cuando hay una donación el órgano se oferta, normalmente, a la zona donde pertenezca. Sin embargo, hay unos códigos y prioridades. Si existe un código 0 en España, es alguien que necesita el órgano en 24 horas y ese paciente lo tendrá primero. Todo este sistema lo coordina la Organización Nacional de Trasplantes. Cuando hay una donación se habla con la organización, se le da toda la información de los órganos que son viables o podrían serlo y ellos determinan a dónde va cada uno.

—En Jaén no se realizan los trasplantes. No podéis ver la satisfacción de cómo se da vida.

—Aquí solo hacemos implantes de tejidos, córnea, huesos y ligamentos. Esa es la parte bonita de esta profesión que aquí en Jaén no la podemos ver. Los pacientes de Jaén se trasplantan en Granada o Córdoba.

LA LABOR DEL COORDINADOR

—¿Cómo surge la posibilidad de ser nombrado coordinador del área de trasplantes?

—No me lo esperaba. Siempre he estado muy implicado en todo lo relacionado con las donaciones. El antiguo coordinador, Cristóbal Liébanas, llevaba diez años pero yo empecé a trabajar en la Unidad de Cuidados Intensivos allá por el 2013. En marzo dejó la coordinación, me propuso y aquí estoy.

—¿Cuáles son las funciones exactas de un coordinador? ¿Cómo es el día a día?

—Una de las funciones que tenemos es la formación del personal. También me dedico a la promoción de la donación dando charlas en colegios o colaborando con asociaciones, por ejemplo. En nuestro día a día tenemos que estar pendientes de los pacientes. Mantener contacto con los internistas para detectar a aquellas personas que puedan ser donantes.

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