Blumm nos habla de los palíndromos en 'Échele leche'.
Blumm nos habla de los palíndromos en 'Échele leche'.

No tenía pensado escribir sobre palíndromos, mire usted. Y menos aquí, en un medio digital. Tiene que creer que no, que nunca había pensado decir qué es un palíndromo y para qué sirve en estas circunstancias, en mitad de Internet. A cuento de qué vengo yo ahora con una palabrota como «palíndromo» a construir y disponer párrafos. Pero es necesario, estimado lector. Hoy es necesario que revele por qué lo estoy haciendo y por qué lo utilizo como comodín para escribir este artículo.

Lo primero que voy a hacer es definir el término, por si alguien faltó ese día a clase. Un palíndromo era para los griegos algo que se recorre otra vez en sentido contrario. Así leído parece una definición muy seria pero verán, déjenme entrar en detalles. Un palíndromo es una expresión, en ocasiones solo es una palabra, que resulta lo mismo leída en un sentido que en otro, son frases de ida y vuelta, esto es, frases que, leídas al revés, de derecha a izquierda, dicen lo mismo que cuando las leemos de la manera normal, de izquierda a derecha. Es necesario un ejemplo, y rápido. Un palíndromo es «Échele leche». Y también «Anita lava la tina» y la archiconocida «Dábale arroz a la zorra el abad» y «Adán no cede con nada» o esta, que no es verdad «Yo hago yoga hoy». «Amad a la dama», «Al reparto sacas otra perla» y «Amor, a Roma yo voy, amor, a Roma». Qué ¿sorprendidos? Juegos de la lengua. Fascinantes.

Algunos, a estas alturas del artículo, pensarán si estoy de papalina o qué, o si todo esto no es más que palique de tío plasta que no tiene nada que hacer. Que no, que no, que hay una razón, existe un motivo por el cual les estoy dando la murga con los palíndromos. Y lo van a entender. A la primera. Que yo haya traído al párrafo anterior un ejército de palíndromos tiene un porqué peripuesto y arreglado, una razón primera y evidente, clara y hasta distinta, bien articulada. El por qué es lo primero. Allá voy.

Hace algunos días, desde Lacontra, me pidieron que titulase mi sección, o el sitio donde quedan archivados para su deleite, estimado lector, los artículos que escribo para este periódico. Además, me sugerían que expresara en pocas palabras de qué iría la sección. Querían actualizar el panel. Así pues me puse a pensar y me arrojé a mis libros, a buscar frases y palabras que hiciesen chispa.

Tenía claro que seguiría escribiendo sobre Jaén, porque a mí Jaén me duele, pero también a opinar, y a señalar algunos libros que a mí me ayudan a calibrar la cabeza, me apasionan y se dejan devorar. Así estaba, revolviendo mi biblioteca, cuando se acercó uno de mis hijos con un librito en la mano: Arroyo claro, fuente serena. Antología lírica infantil. «Mira papá, a lo mejor te sirve». Lo abrí al azar y emergieron, como si de un chorro de agua a presión se tratara, los ocho palíndromos que he escrito más arriba. Los leí y releí y uno empezó a brillar como un solecito en la página. Ese palíndromo tuvo la capacidad de relacionar todo lo que tenía mi seso pensado sobre el contenido de mis columnas. Finalmente será el título elegido para mi sección: «ÉCHELE LECHE».

Échele leche a la actualidad, a lo que le pueda escocer de mis artículos, no se tome nada a pecho, disuelva el malhumor, diluya el café, ¡échele leche!, más leche a lo que le molesta, a lo que le pica de la vida, sulfura, y sobre todo, a la realidad, que está para que sea interpretada como quieran los de derechas y como les dé la gana a los de izquierdas, para leerla de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, como el palíndromo «Échele leche». Borre esa fea conducta suya, impropia de tipo adulto con seso, tome leche y échele (más) leche, sin parar, a sus días; tórnelos blancos y pacíficos, saboréelos de otro modo, deje de pelear por tonterías, cállese y piense un poco antes de hablar, o piense y no diga nada, siempre gana. Dulcifique el color, ponga blanco, enleche, ¡leche!, échele leche, cuanta más, mejor.

Y esta era la razón. Que una expresión pueda leerse de igual manera de derecha a izquierda que de izquierda a derecha me demuestra que puede descubrirse, porque existe, un punto de vista en el que estemos la mayoría de acuerdo. Jaén ahora, por ejemplo, necesita más palíndromos que olivos para rescatarla de donde está. Así que, mientras tomo café —a mí me gusta cortado—, leo libros y leo artículos de otros que me enseñen a entretener a mis lectores porque yo gasto el tiempo así, mire usted, leyendo y escribiendo, o es que no lo saben: la tele, letal.

Blumm además de escribir en Lacontradejaén escribe en blumm.blog

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