Es viernes. A las puertas del aula 5 del edificio B4, conocido como Aulario Flores de Lemus, de la Universidad de Jaén empiezan a llegar los primeros estudiantes. Tímidos, miran el móvil para disimular. El castellano no se escucha. Predomina el francés. Algunos se conocen entre ellos. Hace una semana que están por la capital del Santo Reino y para ellos, el Campus es como uno de Estados Unidos. Están muy sorprendidos. Laura Dona no pierde la sonrisa. Ha logrado un sueño. Su segundo apellido, García, le delata. Su madre es de Granada y cursa Filología Hispánica en Nancy, en el noreste de Francia. Ella es una de las estudiantes que han decidido cursar su beca Erasmus en Jaén. Es una de las miles y miles de estudiantes que engrosarán la lista de esos 30 años de historia. Tres décadas de movilidad internacional que supusieron un antes y un después para el sistema educativo español.

El programa original, ahora conocido como Erasmus+, comenzó en 1987. ¿Se acuerdan? Ese año las páginas de España se vistieron de negro con el atentado terrorista de ETA en el Hipercor de Barcelona, con el resultado de 21 muertos y unos 40 heridos. Fallecieron los artistas Andy Warhol o Margarita Carmen Cansino, más conocida como Rita Hayworth. Nació Lionel Messi. Green Day o Nirvana ‘pegaban fuerte’ en la radio y U2 daba su primer concierto en España. El Un, dos, tres de Mayra Gómez Kemp se ‘comía’ la audiencia televisiva. En clave de humor, fue cuando miles de españoles sucumbieron a los encantos de la cantante Sabrina Salerno en la gala de Nochevieja. Y ya en aspectos más serios, cuando el Ministerio de Sanidad impone la aplicación de la prueba del sida a todas las donaciones de sangre.

En el ámbito educativo se marcó un antes y un después. Un cambio de rumbo. Comenzó el programa Erasmus, una iniciativa de intercambio que ofrecía a estudiantes universitarios la posibilidad de aprender y enriquecerse estudiando en el extranjero. Hoy Erasmus+ ofrece un mayor número de oportunidades tanto a personas como a organizaciones, como por ejemplo ir de voluntario o aprendiz a países extranjeros y cooperar en proyectos conjuntos. El deporte también se ha convertido en una parte importante de Erasmus+ y, además, actualmente el programa se extiende a países de fuera de Europa.

La Universidad de Jaén ni siquiera se había fundado por aquel entonces. En 1993 fue cuando inició su andadura como institución autónoma. Cada año, entre 300 y 400 estudiantes salen fuera a participar en una experiencia que cambia sus vidas. En el curso 2015/16, por ejemplo, fueron 341 los que salieron gracias a este programa. Desde 2016, han sido 3.416 los jiennenses beneficiados, según los datos del Anuario Estadístico de la UJA. Pero tampoco hay que olvidarse de los que llegan: 2.839 se han recibido en diez años.

OPORTUNIDAD

Lo que se fraguó como una cooperación voluntaria entre 11 países europeos se ha convertido en una red mundial única. Con el 17% del presupuesto Erasmus+ destinado a proyectos y becas con un enfoque mundial, en el periodo 2014-2020 se verá cómo esta financiación se traduce en la movilidad de 180.000 estudiantes y personal entre Europa y el resto del mundo, 1.000 proyectos de desarrollo de capacidades para la educación superior y 30.000 becas para que estudiantes de todo el mundo participen en programas del Máster Conjunto Erasmus Mundus.

¿Cómo lo viven ellos? Los protagonistas. Se lo preguntamos.

FRANCIA

Estudiantes de Francia y Bélgica que, este año, cursarán su beca Erasmus en la Universidad de Jaén. Laura Dona, en el centro, con mono vaquero. Fotografía: Esperanza Calzado.
Estudiantes de Francia y Bélgica que, este año, cursarán su beca Erasmus en la Universidad de Jaén. Laura Dona, en el centro, con mono vaquero. Fotografía: Esperanza Calzado.

Los estudiantes de movilidad internacional han sido recibidos durante toda esta semana. Los últimos fueron los procedentes de Francia y Bélgica, entre los que se encuentra Laura Dona.

—Para mí es una oportunidad participar en el programa Erasmus para practicar la lengua. Yo quiero ser profesora de español y, como mínimo, hay que visitar el país. Opté por Jaén porque quería una pequeña ciudad de Andalucía y mi universidad me lo propuso.

Llegó la semana pasada y están encantada, lo confiesa. Encontrar piso le ha resultado relativamente fácil. Internet le ha sido de gran ayuda.

—La Universidad de Jaén parece un campus americano. En Francia todo está separado. El campus de Derecho está muy lejos, por ejemplo, del de Letras. Aquí está todo junto y me gusta muchísimo.

Solo confía que los nervios de la novedad, de su primera estancia internacional, merezcan la pena. De momento, no puede parar de sonreír.

ITALIA

Javier Vicioso, a la izquierda, durante una visita a San Marino.
Javier Vicioso, a la izquierda, durante una visita a San Marino.

Javier Vicioso es de Mengíbar. Actualmente trabaja como arquitecto en MCW Architects, un pequeño estudio de arquitectura situado en Cambridge, Reino Unido. Fundamentalmente, se dedican a realizar proyectos de gran escala en el ámbito universitario, aunque también diseñan viviendas. Antes de eso, él fue otro de los cientos de jiennenses que participó en el veterano programa. Desarrolló su beca Erasmus en el año académico 2010/11 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Ferrara, Italia. Es una ciudad muy poco conocida en España, pero es un lugar, según sus palabras, increíble, con un gran ambiente cultural, llena de estudiantes y con una bonita atmósfera medieval gracias a su centro histórico, bastante bien conservado.

—Me atraía mucho la idea de especializarme en Conservación del Patrimonio en Italia, que es donde hay una mayor cultura en este aspecto, y ser capaz de estudiar en la universidad en otro idioma era un enorme reto para mí.

Esa fue su motivación. Y no se arrepiente. Reconoce que fue una gran experiencia personal, a la vez que académica. Se llevó grandes amigos para toda la vida y la satisfacción de haber sido capaz de estudiar en otro país.

—Fue un aprendizaje continuo que me hizo mejorar en todos los aspectos de mi vida.

Como a todos, los primeros días y semanas fueron duros. El mengibareño se marchó sin conocer a nadie y sin saber nada de italiano. Pero como él mismo explica, siempre hay gente dispuesta a echarte una mano y se adaptó rápido al idioma y a la ciudad.

—Creo que los programas de movilidad internacional deberían ser obligatorios. Es una experiencia única que te hace crecer en todos los sentidos. Hoy en día, hay que estar preparado para salir del país, ya sea por ocio o por trabajo, y hay que dominar más de un idioma si no queremos quedarnos atrás.

REPÚBLICA CHECA

Daniel Soria, en el centro, junto con sus compañeros en Usti nad Labem, en la República Checa.
Daniel Soria, en el centro, junto con sus compañeros en Usti nad Labem, en la República Checa.

Daniel Soria tiene 30 años. Trabaja en Martos y fue estudiante de la Universidad de Jaén. Cursó Magisterio y es uno de los cientos que, a lo largo de estas décadas, decidió hacer las maletas. Participó en el programa Erasmus en el año 2011-2012 y se fue a la República Checa. Concretamente, hasta la ciudad de Usti nad Labem.

—Desde siempre me ha atraído la idea de salir fuera. Me hacía ilusión tener una experiencia nueva, conocer otros países y enfrentarme al desafío del idioma.

Este último aspecto es, sin duda, la principal barrera con la que se topan los universitarios jiennenses cuando participan en un programa de movilidad internacional.

—Te crees que sabes bien inglés, pero cuando llegas allí te das cuenta de que no es así.

En el caso de este marteño, tres semanas, un mes a lo sumo, le bastaron para aclimatarse. Fue de gran ayuda el estar rodeado de otros españoles. Pero el muro del checo no lo llegó a sortear. La mayoría de los profesores le dieron facilidades para seguir las asignaturas y hacer los exámenes, lo que le permitió aprobar.

¿Por qué la República Checa?

—Porque el país tiene un nivel de vida más barato. Los 600 euros que me daban de beca me permitían vivir bien. Además, viendo los destinos que ofertaban en mi carrera, Centroeuropa me gustó.

Si tiene que poner en una balanza todo lo bueno y malo a lo que se enfrentó, pesa más, sin lugar a dudas, lo positivo. Eso, a pesar de que llegó a soportar temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. Pero aquello quedó en una anécdota. Lo que ganó fue mucho más. Por eso, Daniel Soria lo tiene claro. Recomienza, al cien por cien, participar en este tipo de programas.

—Te permite abrir la mente y salir del cascarón. Romper con prejuicios e ideas estereotipadas. Te ves en situaciones en las que nunca creías que estarías y, al final, aprendes a desenvolverte.

Laura, Daniel, Javier. Tres nombres propios que han hecho del lema del programa Erasmus una máxima. No es una experiencia académica más, es un cambio en el rumbo de sus vidas.

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