“Jaén necesita gente mediadora, no críticas que inyecten más veneno”

Esta es la historia de una voz templada por el blues… que da vida a la pasión. Pero también a la justicia, al equilibrio, a la inseguridad, a la locura, el amor, al llanto, a la alegría, al compromiso, la sinceridad, el orden; al hoy en forma de presente, porque el mañana ya vendrá. Un mundo de contrastes; una mezcla de sentimientos y cualidades que definen la música cuando canta por boca de mujer, por la de Alma Mesa Piqueras (Jaén, 1980). Vocalista de Costa del Soul, no pierde su candidez infantil cuando se tiene que desnudar, sin quitarse prenda alguna, ante Lacontradejaén. Habla sin tapujos de su pasado con los malos tratos, de las malas jugadas de la mente, de sus titubeos con la vida. Pero también de su fuerza para afrontar nuevos retos, de los momentos mágicos de estos 37 años de camino. No le tiembla el pulso si tiene que criticar, a la vez que aportar. Porque si algo la define, a ojos de esta entrevistadora, es su carácter mediador, de lo que adolece Jaén. Aparece por la esquina corriendo. No quiere llegar tarde. Los horarios son una de sus “manías”. Una taza de café del Restaurante Mazas queda marcada por el rojo de sus labios, queda impregnada de su alma de blues.

—¿Quién es Alma Mesa?

—Es una jovenzuela, bastante infantil todavía, pero a la vez bastante madura por ciertas circunstancias y que sigue viviendo pendiente de sueños por cumplir.

—Pendiente de sueños por cumplir… ¿Tienes muchas espinas clavadas?

—Sí, tengo bastantes, pero con el día a día y con la rutina se van enmascarando un poco. Es cierto que te acomodas y dejas relegados esos sueños que te obligarían a salirte de esa zona de confort. Al final, aprendes a compaginarlo pero siempre te queda esa cosa… ¿y si…? Y eso no me deja dormir bien por las noches. Pero yo lo mantengo como que es algo ilusionante y algo por lo que levantarte por las mañanas.

Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.
Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.

ALMA MESA, LA CANTANTE

—Tu faceta más conocida es la de cantante. El año pasado estabas aprendiendo a hacer música. ¿Lo has conseguido?

—Sigo. Tengo la suerte de compartir mi vida con Alberto Pérez y no solo es una pareja ideal sino un profesor de música estupendo. De su mano voy aprendiendo toda la parte fea, digamos, de la música que es aprender a leer partituras, a componer, saber cuándo estás poniendo un do, un re mayor… Esas cositas me las sigue enseñando él y todavía sacamos tiempo a lo largo de la semana para que me vaya enseñando e iluminando. Es impresionante.

—¿Ya no son palos y puntos como una vez dijiste en una entrevista a Rafa Rus en Onda Jaén RTV?

—No, ya no son palos y puntos (ríe). Ya empiezo a saber qué es una negra, una blanca, una corchea… Empieza a tomar todo un poco de forma en mi cabeza.

—¿Cómo decides ser cantante?

—No me lo planteé, surgió de pequeña. Estudié en un colegio de monjas y por aquel entonces se estilaban las actuaciones de Navidad y fin de curso. Como yo canturreaba todo el día en cualquier parte, además copla y canción española, ellas me decían que me hiciese cargo de una actuación. Yo me subí al escenario a partir de los cinco años. Luego, con siete, me llamaron de la agencia de publicidad Calero. Me conocieron, les gustó la voz, se pusieron en contacto con mi madre y empecé a trabajar con ellos grabando jingles y haciendo locuciones. Por eso digo que lo de ser cantante no fue una cosa ni planeada, ni esperada. Desde el principio salió así y lo mantengo… Subirme al escenario es como estar en el salón de mi casa; así lo entiendo.

—¿Serías capaz de decirme, de corrido, todos los grupos y gente con la que has trabajado?

—Imposible. Lo intentaría… pero me costaría muchísimo trabajo. Ahí me has pillado. A nivel más profesional, empecé con la Orquesta Zócalo. Después estuve con un grupo en el que ya estaba Alberto de integrante, Cruce de Caminos. Luego he pasado por Los besos de king, la Oven Vincent Band, Costa del Soul… Todo intercalado con colaboraciones con otros muchos grupos y con artistas a nivel nacional. Tuve la suerte de compartir escenario con Javier Vargas, Raimundo Amador, con guitarristas internacionales bastante conocidos, en festivales grandes. Esa fue la época en la que más saqué los pies del plato, por decirlo de alguna manera. Ahora estoy muy enfocada en el proyecto de Costa del Soul, que para nosotros ha sido como nuestro bebé, y con nuestro nuevo proyecto de blues, Pail Blues, con el que estamos muy entusiasmados. Pero si te tengo que relatar los eventos y demás, no soy capaz. Si se me olvida alguien, que me perdone, pero es que son muchos años.

—¿Cuéntanos esos nuevos proyectos?

Costa del Soul va a ser para nosotros siempre el estandarte. Tiene ya quince años de vida, está totalmente consolidado. La gente cuando viene a escucharnos ya sabe con lo que se va a encontrar y le gusta, cosa que a nosotros nos encanta. Ahora, hemos decidido hacer una formación más explícita para los festivales. Y es que hay algunos que son, digamos, un poco puristas en ese sentido. Por eso hemos decidido crear una formación exclusiva de blues pero, además, metiendo temas de composición propia. Y en ello andamos… componiendo, grabando y esas cosas raras que hacemos los músicos.

—¿Algún festival en concreto que os haga especial ilusión?

—Sí. Lo voy a decir siempre: el Blues Cazorla. Es mi objetivo. Desde que empezó a ser festival he sido público y para mí sería un honor tremendo. Lo que pasa es que me consta que han tardado un poco en darle cabida a la gente de Jaén. Ahora, poco a poco se va tomando conciencia de que en Jaén estamos unos cuantos que hacemos música y que se nos puede meter por medio. Ese sería el que con más ilusión apuntaría.

—Tu actuación en Nueva Orleans te ha marcado. ¿Cómo se dio?

—Como estoy un poco loca, aunque no siempre, se dio. Alberto y yo estábamos allí de luna de miel y había una banda de blues tocando, con sus señores negros del blues, porque no me cuesta decirlo así porque no es ofensivo, es la realidad y ellos lo aceptan bien, sobre todo en aquella zona, la más propia. En el descanso me presenté allí, con mi inglés perfecto (se ríe por la ironía) y le dije que era una blues woman, de Jaén, de España y olé. Aquel tipo se levantó, medía como un metro noventa, miré hacia arriba y me dijo que lo demostrara. Le respondí que me había traído un blues player guitar y allí que nos pusimos en la plaza llena de gente. Estábamos tocando blues a la cuna del blues, es decir, el público que más sabe del mundo. Recuerdo que no nos dejaban bajarnos del escenario porque cuando empezamos a tocar la gente nos echaba dinero y los músicos nos pedían que no nos fuéramos. No lo podía creer. Solo cerré los ojos y disfruté. Me dije a mí misma que si muriera en ese momento no me importaría, estaría en mi sitio. De hecho, nuestro sueño o proyecto de futuro es jubilarnos en Nueva Orleans y que nuestros últimos días sean allí.

—Es un sueño bonito…

—No sé si luego será práctico o si será posible, pero es nuestro plan.

MIRANDO A JAÉN

—Sois un matrimonio de músicos. ¿Se puede vivir de ello?

—No, lamentablemente no; por lo menos aquí en Jaén. Se puede vivir de la música si se compagina con dar clases, grabas cuñas publicitarias… Pero de dar conciertos hoy en día es muy complicado, ojalá se pudiera. Tenemos nuestros trabajos paralelos, vamos haciendo cosas… Al final se queda como un hobbie activo, al que dedicas mucho tiempo, le sacas rentabilidad, pero siempre te queda tu cosita.

—¿Se puede ser tímida y a la vez cantante?

—Yo soy tímida. La imagen que proyectas en ocasiones se cumple, pero en otras no. Sé que proyecto una imagen de mujer decidida, segura de sí misma, pero nada que ver con la realidad. Soy bastante tímida y siempre he dicho que sería feliz siendo la corista de algún gran artista. Sería mi papel porque estás en segunda fila, haces lo que te gusta, pero no tienes el peso ni la responsabilidad de llevar el rollo del directo encima de tus hombros. Pero cuando te subes al escenario y empiezas a disfrutar de la música… Quizás en la primera canción estás muy fría pero en la segunda te das cuenta que no deja de ser algo que te encanta, que estás rodeada de gente que te brinda la oportunidad de sentarse a escucharte y a prestarte atención. En ese momento es cuando pienso por qué me va a dar vergüenza. Los incluyo a ellos y se me va. Yo por lo menos me lo planteo siempre así. Una de las características que más sobresaltan en mí es que dicen que soy igual encima que debajo del escenario y quiero conservarlo así. Tengo que estarle agradecida a toda esa gente que me está acompañando y la timidez, al final, se quita con todo ese tipo de pensamientos.

—¿Alguna vez te has sentido juzgada por la imagen?

—Inevitablemente. Tú además sabes y coincidirás conmigo que viviendo dónde vivimos es inevitable que te juzguen por lo que llevas puesto. Soy muy dada a llevar un pendiente de cada forma, no me gustan llevarlos iguales, los tatuajes… Te das cuenta que la gente te mira, pero creo que forma parte de ti, de engrandecerte como persona y quizás, también, de ayudar a los demás a que se abran un poco de mente. Nada tiene que ver esa imagen que se pueda transmitir por el aspecto físico a cuando te conocen. Me sirve para reafirmarme a mí misma. Llevo tatuajes y cada uno significa algo importante, pero un tatuaje no me define, no soy rockera, ni expresidiaria, ni nada raro… Soy Alma y tiene un significado especial para mí. Pero sí, aquí en Jaén somos mucho de juzgar lo que nos entra por el ojo.

—¿Somos cerrados de mente, todavía?

—Sí. Empiezo a darme cuenta de que quizá no tenga tanto que ver las administraciones como con nosotros mismos. Inevitablemente influye que en ciudades más grandes, con más turismo, se ven más cosas y aquí, aunque cada día se va fomentando y proyectando más y mejor, nos queda mucho camino por andar. Creo que ese tipo de gente que viene de fuera, que trae otras culturas, para nosotros sería indispensable porque se nos sigue catalogando como un pueblo grande y eso duele un poco.

—Hasta ahora has vivido Jaén como su hija y como cantante. Ahora la estás viendo desde el punto de vista de la comunicación al empezar a colaborar con Onda Cero. ¿Cómo afrontas esta nueva etapa?

—De una forma apasionante. Es un mundo totalmente nuevo. Es verdad que en cuanto a contactos y gente que conoces ya tienes un camino andado, pero es apasionante. Es descubrir que no tienes hora de empezar ni de acabar, que tienes o quieres estar en muchos sitios, que la noticia no es como la vives como lector o como oyente, sino que he empezado a descubrir que para dar una noticia de forma objetiva hay que trabajar mucho. Quiero y deseo llegar a ser, en algún momento, ese perfil de persona encargada de dar una noticia lo más objetiva posible, pero te tengo que reconocer que es duro y muy difícil. Es un mundo muy curioso, que me apasiona, me encanta y al que voy a dedicar todo el esfuerzo posible.

—¿Empiezas a sentir ese sentimiento de responsabilidad? ¿De ser consciente de que lo que dices y cómo lo dices influye en la gente?

—Sí. Esto son las típicas cosas que desde fuera no se aprecian, pero una vez que estás dentro… te frenas al decir algunas cosas. Es cierto que ahora la gente te presta una atención distinta y además eres la responsable de transmitir una información lo más objetiva posible porque no deja de ser una información que está transmitiendo, en este caso, una casa como Onda Cero, que tiene que llegar al oyente totalmente limpia y sea él el que se forme la opinión. Es cierto que con esa presión no contaba, que cuando llegas te viene un poco de nuevas, pero también nos adaptaremos, claro que sí.

LA FACETA MÁS PERSONAL

—Hay un dicho que te caracteriza y es: “voy a romper una lanza a favor de…”. ¿Siempre intentas equilibrar?

—Sí, lo intento. La gente que me conoce de forma más profunda siempre ha dicho que tengo un gran sentido de la justicia. Creo que es cierto. Intento empatizar mucho y ponerme en las dos vertientes. Por poner un ejemplo, uno de los temas que tú y yo hemos hablado alguna vez son las relaciones entre empresario y trabajador; yo soy trabajador pero también intento ponerme en la piel del empresario. Creo que esa es la forma de funcionar y de equivocarte menos. Creo que hace falta mucha gente mediadora. Me parece que el papel del mediador se ha vuelto más irrelevante, cada vez hay menos personas así, lo que se lleva ahora es ser muy crítico y si puede ser más crítico mejor todavía, porque parece que te da mucha publicidad. Yo, en cambio, abogo más por el perfil de persona mediadora, creo que es más útil para la sociedad.

—¿Tus circunstancias personales, en alguna ocasión has comentado públicamente episodios de malos tratos en tu casa, han influenciado en esa manera de pensar?

—Totalmente. Es difícil no posicionarte de un lado o de otro. Pero, al final, te encuentras sumergida en una situación en la que intervienen dos personas, en mi caso eran mis padres, y cada uno de ellos vivían su situación de una forma distinta. También tuve la suerte de contar con una figura materna totalmente a la contra de lo que cabría esperar. Me inculcaba que tenía que ser justa, ecuánime, ser equitativa y no envenenarme, que es lo que se estila ahora. Quizás eso marcó mi personalidad de cara al futuro. Siempre me ha gustado decir que si el cuento lo cuenta Caperucita, el lobo siempre va a ser el malo. Eso hay que llevarlo a todos los ámbitos de tu vida.

—¿Se lo estás inculcando también a tu hijo?

—Desde pequeño, por supuesto. Hace poco ha grabado su primer videoclip. Ha hecho un rap, lo ha colgado en Youtube y está emocionado viendo que tiene muchas visitas y que los compañeros empiezan a verlo como me veían a mi con su edad, la típica niña que canta. Cuando salíamos a grabar me decía que lo iba a ver la gente con la gorra puesta hacia atrás en invierno y haciendo el tonto en la calle cantando. Yo le contesté: jamás te dejes llevar o influenciar por lo que la gente pueda pensar de ti. Al final, lo hagas bien o lo hagas mal, te van a criticar, y eso es cierto. Haz lo que quieras, disfruta de la vida y hazlo a tu forma, porque es lo único que te vas a llevar. Siempre vas a encontrar detractores y gente que te quiere mucho. Esos valores son los que me gusta inculcarle para que no tenga las carencias que nosotros hemos podido vivir. Me enfoco más en la educación de que no tenga carencias emocionales a las materiales. De hecho, intento apartarlo un poco de esa vía. Empiezo a entender que la vida no es lo que tienes, sino lo que eres.

—Más vale vivir el presente que el futuro ya vendrá…

—Hay que vivir el hoy, no sé qué pasará mañana, ni siquiera dónde voy a estar. Lo único que importa es el ahora y es rápido, se pasa en un minuto. Además esto también se lo traslado, mañana puede ser que no te levantes. He cometido el error de vivir muchos años de mi vida así, pensando mucho en el futuro y muchísimo en el pasado. No voy a caer en eso. Tengo un presente que es lo importante.

—En ese presente está el que te gusta ser ama de casa. ¿Parece que no casa con la mentalidad de hoy en día?

—Se lleva fatal de cara a las conversaciones porque la gente no está acostumbrada, pero es que me encanta ser ama de casa. Me encanta quitar las cortinas y lavarlas, coser, hacer ganchillo, punto, jerseys para mi hijo, empanadas, tartas, galletas, las habichuelas del día siguiente me gustan que estén cociendo como tres o cuatro horas a fuego lento… Soy así de antigua. Pienso que hemos dejado ese papel tan fundamental en manos de unas terceras personas que vienen a hacerlo a casa para que nosotros podamos salir a trabajar fuera y eso es algo que no me cuadra. Creo que te puede llenar tanto un trabajo de fuera como uno en casa, siempre que se le dé valor. Tengo la suerte de que a mi trabajo en casa se le da mucho valor, tanto Alberto como Izan valoran mucho mi labor en casa. Eso me llena, me hace sentirme bien. Sé que suena muy raro e, incluso, hasta machista… pero sí soy así.

—Con tu nueva profesión es complicado ser ama de casa.

—Estoy empezando a plantearme la forma de llevarlo a las ruedas de prensa y mientras los demás hablan y estamos grabando yo pueda sacar mi ganchillo. A lo mejor lo instauro como moda… y dentro de cinco o seis meses te veo con el ganchillo metido en el bolso.

—Lo dudo bastante, no se me da nada bien.

—Como decía mi abuela, el comer y el rascar todo es empezar. Con el ganchillo pasa lo mismo.

 —También te gustan las videoconsolas…

—Oh, es mi pasión. Los fines de semana el plan es mamá nos vamos a hacer un maratón de Minecraft con Izan. Compramos nuestras chucherías y nos podemos sentar perfectamente a las seis de la tarde y que nos dé la una de la madrugada. ¿Mala madre? Sí, soy una madre fatal. Los viernes por la noche o los sábados generalmente dedico ese tiempo a comer guarrerías con mi hijo, a cenar cualquier tipo de marranada que pidamos fuera y a jugar a la consola. Es nuestro momento de compenetración. Alberto no puede verlo porque se marea con las imágenes pero se ríe y se siente orgulloso de decir vaya dos niños que tengo en casa. Al final sigo siendo un poco una niña que me pongo a la altura de mi hijo de siete años.

—Veo que eres una persona de costumbres fijas.

—Muy fijas. El menú, por ejemplo. Se va variando pero siempre con el orden de que los lunes son potajes; martes, pescado; miércoles, carne; jueves, pasta, y los viernes, algo de plancha o algún frito. Eso es todas las semanas sí, sí o sí. Los horarios los tengo acotados. Es mi forma de organizarme.

—¿Un poco maniática?

—Muy maniática, mucho. De hecho, tengo un trastorno obsesivo compulsivo. Lo reconozco sin ningún tipo de problema y, además, está certificado por personal médico cualificado. Por ejemplo, los cuadros torcidos me ponen muy nerviosa. La simetría es mi obsesión. Esas cosas que tenemos…

—¿Hablar abiertamente de tu pasado de malos tratos o de este trastorno que mencionas no te supone ningún problema? Hay quienes prefieren ocultarlo.

—En mi caso ha servido de revulsivo para que cambiaran en mí ciertas actitudes o ciertos vicios que no llevaba bien, que me estaban haciendo mucho daño como puede ser mi inseguridad o mi falta de autoestima. Estaba todo escondido detrás de eso. A raíz de estar tratando con gente especializada, con psiquiatras y psicólogos, y hablar de ello abiertamente y hacerlo con naturalidad me he dado cuenta de que en lugar de perjudicarme, me ayuda. Como te van a juzgar, digas lo que digas, llega un momento que piensas y qué… Ya me he destrozado durante treinta años, por qué me voy a seguir destrozando. Me da igual. No pretendo ni caerle bien ni mal a nadie. Son temas que si se abordan desde la naturalidad o de forma abierta se llevan mucho mejor. Es mi opinión.

—Siempre van a juzgar, ahora te toca juzgar a ti. ¿Qué le falta a Jaén?

—¿Qué le falta a Jaén…? Lo primero y principal, que nosotros cambiemos, es fundamental. La crítica está muy bien, pero hay dos tipos. Una que sirve para mejorar las cosas y otra que lo único que hace es crear más disputas o inyectar más veneno. De esa última estamos hartos y sobra mucha. Tenemos que ser críticos positivos y si hay algo que nos gusta, decirlo y aportar una solución. Ahora hay plataformas como Jaén Merece Más que no tiene color político ni ambición partidista, ese tipo de crítica es la constructiva. Esa es la que nos hace falta. La de gente preparada que analicen la actualidad, que vean en qué se está fallando, en qué se puede mejorar pero, a su vez, planteen propuestas. Es cierto que las administraciones deben hacerlo, pero no están en todos los sitios ni llegan a todos lamentablemente. Por qué no echarle una mano a la administración. Eso es básico, aunque a otros niveles, como el cultural, falta mucho, mucho por andar. En instalaciones deportivas parece que no pero se están haciendo cosas. Pero es lo que decía, no se puede estar en todos sitios, está la cosa complicada. Pero, principalmente, lo que hace falta es un cambio de actitud por nuestra parte, sin duda. Lo de quejarse en la barra del bar ya no se estila.

—¿Han llamado a tu puerta para que colabores?

—Sí. No tengo inconveniente y voy a estar ahí para lo que se crea que yo puedo aportar. Me da igual de dónde vengan aunque, evidentemente, yo tengo mi inclinación política, igual que todo el mundo, pero entiendo que cuando te llaman para pedirte algo en concreto y ves que es racional, da igual cuál sea tu color.

—¿No te sientes utilizada?

—No. Me siento honrada en que la gente te reconozca como altavoz. Me llena de orgullo y satisfacción (imitando al Rey). Te das cuenta que esos problemas que has tenido durante tantos años quizás estabas equivocada y que vales para algo, aunque sea para echar una mano. Genial, ahí estoy yo, sin lugar a dudas.

—¿Algo que no te haya preguntado y quieras destacar?

—Me has preguntado todo. No me he quitado nada pero me he desnudado, en realidad. Aprovecho para felicitar las fiestas, que las tenemos encima, para invitar a todo el mundo a que disfrute de estos días que son maravillosos, sobre todo si tienen niños cerca. Aprovecho para recordar que tienen que seguir mucho Lacontradejáen y poner mucho el 90.9 de la FM y seguir mucho Onda Cero Jaén, que ahí estamos.

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