“Marroquíes Bajos son el gran engaño y un robo a Jaén”

Escuchar a Rafael Cámara Expósito (Jaén, 1967) tiene algo de sesión hipnótica. No solo por sus conocimientos profundos sobre el patrimonio, las leyendas o las costumbres de Jaén, sino por la franqueza con la que dice las cosas. Y también por esa forma tan suya que tiene de procesar la información infinita que guarda su memoria. Nos espera en una cafetería de la calle Navas de Tolosa, donde hace un frío que pela en la terraza. Se sube la cremallera del plumón hasta la barbilla, mientras con sus dos manos agarra el café con leche para entrar en calor. Frunce el ceño cuando toca hablar de la Judería, del casco antiguo o de la enorme falta de autoestima del jiennense. “No somos un pueblo grande”, protesta, antes dar un mordisco a la tostada de aceite y tomate. En cambio, los ojos le brillan intensamente cuando el tema de conversación es el Museo de Arte Íbero. Ahí saca pecho y orgullo jaenero. Rafael Cámara, hijo de un pintor de brocha gorda -y de pincel fino- y de madre trabajadora, es un tipo divertido, con clase. El presidente de la Asociación Cultural Iuventa se siente con fuerzas e ilusión para seguir guerreando por salvaguardar la cultura, el patrimonio y la tradición de la ciudad que lo vio nacer.

—Vayamos directamente a la polémica. ¿Qué opina que la calle Fernando IV se cubra de asfalto impreso?

—Vamos a esperar a que la terminen para extraer una valoración general, aunque ya le digo de antemano que no estoy de acuerdo porque no deja de ser asfalto lo que quieren poner. Nosotros defendemos los materiales nobles que corresponden a un conjunto histórico. Puntualmente, y de manera excepcional, podemos aceptar la utilización de este tipo de asfalto, pero debe estar muy justificado y argumentado.

—No solo el PP ha optado por esta alternativa, también el PSOE, en su momento, sustituyó el adoquinado por el asfalto impreso en otras calles del casco antiguo.

—A nuestra asociación, ni antes ni ahora se nos ha preguntado. En el caso de Almendros Aguilar, defendimos el mantenimiento del empedrado, porque a veces hay adoquines que tienen su valor patrimonial y es una pena perderlos. Ningún equipo de Gobierno ha respetado el casco antiguo. Solo la Diputación ha sido capaz de hacerlo, como demuestran sus actuaciones en el Palacio Provincial o en el de Villadompardo (Baños Árabes), donde ha cuidado la imagen del entorno. Por el contrario, vemos edificaciones de Somuvisa (Sociedad Municipal de la Vivienda) que no tienen ese cuidado. Tenemos el caso de las viviendas en la calle Los Caños, donde solo se respeta una parte. Pero lo mismo ocurre con otras administraciones, como la Junta de Andalucía. Hay colegios con persianas blancas que no corresponden al entorno en el que se ubican del casco antiguo. ¿Quién respeta? Pues como ya le he dicho, solo la Diputación.

Lo preocupante del casco histórico de Jaén no es la opinión que prime, sino el incumplimiento de la legalidad

—¿Qué prima más en una intervención: la opinión del vecino, la del defensor del patrimonio, la de los técnicos…?

—Lo preocupante del casco histórico de Jaén no es la opinión que prime, sino el incumplimiento de la legalidad. Que vivamos en una democracia, en la que el derecho debe ser respetado y que, sin embargo, sigamos viendo elementos que distorsionan la visión o edificios catalogados como Bienes de Interés Culturas (BIC) que se vienen abajo, sin que nadie intervenga. Eso es lo realmente preocupante. A todo esto sumamos, claramente, que existe un desinterés, como cuando se hace un PGOU y no se piensa en el conjunto histórico, que sigue sin su nuevo plan (Peprich). Por lo tanto, tenemos un plan incumplido y, además, obsoleto, puesto que debe ser actualizado en muchas cuestiones. Pienso que todo se hace a salto de mata, repitiendo los mismos errores, las mismas dudas… desde hace mucho tiempo. Se habla de un plan integral, pero no se actúa. Hemos llegado a un extremo en el que ya no podemos planificar. Solo nos queda intervenir porque estamos en una situación de emergencia, como en los restos de la iglesia de San Miguel, el baño del Naranjo, el cementerio de San Eufrasio… No cabe planificación alguna, hay que intervenir pero de forma urgente.

—Califique la situación del casco antiguo.

—Solo le puedo decir que hace un tiempo visité una medina en el norte de África, de un país con un nivel económico bastante inferior al nuestro, y se me vino el alma al suelo. Tal como está ahora, el casco antiguo de un 1,5 no pasa. No solo lo suspendo, sino que, además, con una nota de muy deficiente. Y decirle que vino el delegado de Icomos para el tema del expediente de la Catedral y ni siquiera se encendieron las fuentes de agua de la Plaza de Santa María. Eso, no es normal.

Quiero también hablar de los solares. Un problema al que se le da vueltas y vueltas y no se le encuentra solución, a pesar de que se hayan puesto encima de la mesa infinidad de iniciativas como los jardines secretos o huertos para los vecinos. Pero no vamos a la raíz del problema que son las declaraciones de ruina. Lo primero que hay que hacer es paralizar estas declaraciones y para eso hay mecanismos legales y medios, por lo que no hay que inventarse nada porque lo hacen otras ciudades, como Toledo, Córdoba, Gerona, Úbeda… Todo está inventado, lo único que podemos hacer nosotros es innovar algo. Por eso, no podemos seguir mareando la perdiz. Llevamos 20 años dándole vueltas al mismo asunto, cuando la solución ya se sabe.

Llevamos 20 años mareando la perdiz, cuando la solución para el casco antiguo ya se sabe

—Le pido que sea sincero y responda sin guiarse con el corazón, ¿si de usted dependiera el expediente de la Catedral para que sea Patrimonio de la Humanidad, lo firmaría?

—Lo condicionaría el entorno. Obviamente si la Catedral quiere ser Patrimonio de la Humanidad necesita proteger y respetar su entorno.

—En estos momentos, ¿cuáles son sus posibilidades?

—Tiene posibilidades, pero… [silencio largo y reflexivo] El expediente de la Catedral no estuvo bien fundamentado o no se entendió por parte del Icomos, por encima del entorno. Son puntos, pero no es obligatorio. La declaración no se da a lo bonito, sino a lo que es universal o excepcional y en el caso de la Catedral tiene una universalidad que no quedó patente o bien reflejada en el expediente. No sé si fue acertado, además, presentarlo con la ampliación con Úbeda y Baeza. Dicho esto, para mí lo importante es la conciencia que ha tomado la ciudadanía de su Catedral porque hace 20 años, en Jaén se buscaban edificios representativos (tipo Guggenheim) para situarla en el mapa, y yo me llevaba las manos a la cabeza y pensaba si ya lo tenemos, si es la Catedral.

Por regla general, lo que he notado siempre es que nos falta autoestima

—¿Por qué el jiennense no aprecia el valor patrimonial de su ciudad?

—Por regla general, lo que he notado siempre es que nos falta autoestima. No creemos en lo nuestro. Por fortuna, esta percepción ha ido cambiando poco a poco con mucho esfuerzo por parte de asociaciones como la nuestra, de guías locales, de actividades promovidas por las administraciones públicas, etcétera. A mí me molesta cuando dicen que Jaén es un pueblo grande. ¿Ha ido a Guadalajara, a Segivia, a Toledo, a Santiago de Compostela? Hay capitales de comunidades autónomas que son más pequeñas que Jaén. Hay una idea colectiva de que Jaén es un pueblo grande, de que aquí todos nos conocemos y no es así: Jaen es una ciudad en toda regla.

—Sin embargo, tuvo que ser una asociación -Iuventa- y otros colectivos los que reivindicaran algo tan jiennense como la leyenda del Lagarto de Jaén.

—En honor a la verdad fue una votación popular, y lo que nosotros hicimos fue contribuir en la difusión de la leyenda. El objetivo era ‘lagartizar’ la ciudad y poner en valor esta y otras leyendas de la ciudad. Así, en las jornadas que celebramos sobre las tres culturas alguien nos apuntó la posibilidad de crear unas jornadas sobre las leyendas y, a partir de ahí, fuimos rescatando esa parte del inmaterial de la ciudad.

—Es un buen paso.

—Es que en Jaén hay muchas cosas que avanzan por la presión y la fuerza de los ciudadanos. No existe una conciencia ni una sensibilidad sobre este tipo de cuestiones en la clase política. Ahora bien, no olvidemos tampoco que los políticos que nos gobiernan son el reflejo de la ciudad. Una vez que acaban en el Ayuntamiento, vuelven a la calle y ven las cosas como los ciudadanos. Y, para mí, eso es lo paradójico y enigmático. ¿Qué es lo que ocurre cuándo gobiernan? ¿Qué les sucede para que se produzca esa desconexión con el sentido común? Porque no se entiende que se asfalte el casco antiguo, que se ponga una escalera mecánica para bajar en la calle Nueva. ¿Eso es sentido común?

Rafael Cámara es el presidente de la Asociación Iuventa.
Rafael Cámara es el presidente de la Asociación Iuventa.
—¿Usted hubiera catalogado Las Protegidas como BIC?

—Nosotros en su momento, junto con otros colectivos, pensamos que era importante la catalogación y la protección del barrio de Las Protegidas, porque ya había un documento previo que las incluía. Después, hubo unas maniobras de la Junta, previas a unas municipales, para que no se catalogaran. Nosotros entonces nos echamos para atrás, y, con el paso del tiempo, con más motivo porque si catalogas Las Protegidas porqué no la fachada de la Escuela de Magisterio, porqué se hizo desaparecer el campo de fútbol y Peritos. Curiosamente se ha ido destrozando el entorno de Las Protegidas y se ha mantenido solo esa parte. De todas formas es un tema complejo y difícil de abordar. Merece un debate profundo porque ha sido como aplicar la ley del embudo pequeño. Echando la vista atrás me parece injusto que la Universidad de Jaén revista la Escuela de Magisterio que sí está protegida y catalogada en el nuevo PGOU de Jaén. Y ojo que Las Protegidas tienen unos valores como construcción dentro del movimiento modernista. Otra cosa es el nivel de protección que puedan tener.

—Hablemos de Marroquíes Bajos.

—Lo primero que pienso es que nos han engañado y que nos están robando un patrimonio importantísimo a la ciudadanía. Nos prometieron que, con la construcción de un barrio nuevo, se haría el parque temático de Marroquíes Bajos y no han hecho nada. Esos espacios son de la ciudad y están sin aprovechar. Lo único que hicieron fue poner una excusa para construir libremente.

—¿Tiene solución?

—Por supuesto.

—¿Cuál?

—Inversión, dinero. Una discriminación positiva para la ciudad de Jaén en los presupuestos en materia de patrimonio histórico. Jaén ha sido siempre la gran olvidada. Cuando veo cantidad de pueblos andaluces cuidados y protegidos y ves esta ciudad no le encuentras explicación. La única solución es una discriminación positiva. No queremos que nos prometan nada nuevo, solo que hagan lo que hay pendiente, con eso es suficiente.

Jaén necesita una discriminación positiva en los presupuestos en materia de patrimonio histórico, y urgente

—De Marroquíes Bajos nos trasladamos a la Judería. ¿Cuál es su diagnóstico?

—Mal, y hablamos de temas tan básicos como vallar los solares -con belleza y sentido común- o un poco de limpieza. Con eso, cambiaría radicalmente la imagen de ese barrio. Un responsable de la Red de Juderías se llevaba las manos a la cabeza y me decía: ¿Rafa, no lo ven? Detalles como este mucho. Falta muchísimo sentido común en esta ciudad.

—¿Qué puede aportar el Premio Ben Saprut a la Judería?

—Fama y prestigio. La idea me parece muy buena, pero debe ir acompañada de unas mínimas intervenciones. De la Judería, hay un tema que nos preocupa mucho que es la parcela del APA III, porque el proyecto del instituto nos parece aberrante. Va a distorsionar mucho la imagen de las callejuelas de la Judería. Doctores tiene la Iglesia, y cuenta con el visto bueno de los expertos. Nosotros le tememos mucho.

—Por lo que veo, lo que necesita Jaén es la ejecución con urgencia de un plan estratégico en materia de patrimonio histórico y artístico.

—Es que es un problema de dejadez, porque personal hay en el Ayuntamiento para ejecutarlo. No sé si la Junta tiene potestad para reclamarlo, pero lo cierto es que es dejadez. No entiendo cómo no se está solicitando el 1 por ciento cultural. Falta sentido común, falta sensibilidad y hay mucha dejadez. Todo ello, mezclado, da como resultado lo que tenemos en estos momentos.

El día de la inauguración -del Museo de Arte Íbero- me sentí orgulloso de la potencialidad que encierra mi ciudad

—¿Qué sintió cuando cruzó la puerta del Museo de Arte Íbero?

—Mucha alegría y mucho orgullo como jiennense. Fue un día muy especial porque, por fin, ese proyecto tan demandado era una realidad. Ojo que solo se ha inaugurado el continente, y vamos a flipar, como dijo Pilar Palazón, cuando esté el contenido. Tengo la fortuna de haber visto el edificio entero y es una pasada. El día de la inauguración me sentí orgulloso de la potencialidad que encierra mi ciudad. Sigo expectante y con muchísimas ganas de verlo completo. No esperaba estar en la zona privada con el Rey. Todavía no me lo creo. También he de reconocer que la clase política tiene detalles que no te esperas, aunque seas molesto porque reivindicas. Pero cuando esa crítica es constructiva, ellos lo saben entender. Fue muy bonito personalmente, pero lo que más me enorgulleció fue ver abierto un museo a la altura que merece Jaén, una capital y una de las ciudades más antiguas de Europa. Jaén no es un pueblo grande en el que no hay nada qué ver. Esta idea la debemos erradicar por completo. Infraestructuras como el Museo de Arte Íbero dignifican a Jaén y Jaén es digno de tenerlo, aunque faltan algunas cosillas, como el apeadero para los autobuses o que se cree un gran parque a sus espaldas.

Y si bonito y especial fue lo del Rey, por la tarde aún más, cuando tuve la posibilidad de visitarlo por completo, gracias a mi amiga Pilar Palazón y a la Asociación de Amigos de los Íberos. Ahí fue cuando más disfruté, porque estábamos los ‘anónimos’, sin autoridades. Me emocionó mucho ver a la gente de la asociación contenta, satisfecha y orgullosa porque su lucha había merecido la pena.

—¿A Iuventa le queda cuerda para rato?

—Lamentablemente. Nos gustaría dedicarnos a otras cosas, pero nos queda mucho trabajo por delante, sobre todo en el tema de la concienciación a pide de calle, en la que colaboramos con más colectivos de la ciudad. Es verdad que hemos movilizado a cientos de personas recorriendo el casco antiguo, con sus leyendas y su patrimonio tangible, y vamos a seguir porque tenemos proyectos novedosos para seguir mostrando las singularidades. También continuaremos con la reivindicación para que se cumpla con las intervenciones que nos han prometido los propios políticos, unas por iniciativa de ellos y otras pedidas por nosotros. El problema es que no cumplen ni unas ni otras. Jaén es la ciudad de las promesas incumplidas.

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado

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