“Hago mi música de forma honesta”

Cerrar los ojos y escucharlo cantar letras de Juan Ramón Jiménez es, simplemente, un regalo para los oídos. Un presente que un día de Reyes, el 6 de enero de 1975, llegó en la mítica calle Ollerías de Andújar para hacer algo diferente dentro de la vorágine comercial que impera en el siglo XXI. Con apenas 14 años ya sabía que quería ser músico, contra viento y marea. En 1991 montó su primer grupo, Tentación, y hoy recorre España versionando un tiempo pasado, que para algunos siempre fue mejor, de la mano de Ruta 80. Andrés Berzosa saca adelante su trabajo en solitario como cantautor, su grupo, su estudio de grabación Atmósfera Rec y proyectos educativos para llevar la música y la poesía a los niños, entre otras cientos de ideas que se le pasan por la cabeza. Todas con un mismo propósito, contribuir a hacer un mundo mejor, en su caso, desde la cultura. Con honestidad, con tesón y sin dejarse llevar por las masas. Disfruta del lujo de hacer lo que le da la gana y el resultado es este:

—¿Tus inquietudes musicales vienen de familia?

—Muchas veces lo hablo con mis padres porque me resulta curioso saber de dónde me vendrá la pasión por la música. Porque, además, yo era muy obsesivo. No es que me gustara y ya está, sino que solo pensaba en ello. He tenido un tío que tocaba la guitarra en una rondalla, como casi todo el mundo, y otro la batería en un grupo. Pero ninguno de manera profesional. Me acuerdo que de pequeño me ponía cintas de mis padres y recuerdo una canción de Los Brincos, El pasaporte. Flipaba. Iba al cuarto de mi hermana con el casete, porque soy un tío muy tímido, y notaba que las canciones me llegaban y me emocionaban. Escuchaba algunas de El Dúo Dinámico, que era lo que tenían mis padres por aquella época, y yo sabía que quería hacer eso.

—¿Cómo se hace para ser tímido y a la misma vez subirse a un escenario a cantar?

—Porque me encanta. Mi madre no sabía ni que tenía grupo. Cuando le dije que iba a cantar me contestó eso: ¿cómo te vas a subir? Pero es que me gusta tanto, que no puedo evitarlo. Luego hay un montón de cosas que por tímido no puedo hacer, pero el momento de subirme es algo que me encanta.

—¿Recuerdas ese primer directo?

—Sí, en el colegio. Ya estaba en el instituto, pero en la fiesta de fin de curso de Los Trinitarios vimos la oportunidad de tocar como antiguos alumnos. Fue la primera actuación y me acuerdo perfectamente.

—De las incontables que has hecho desde entonces, ¿alguna la recuerdas con especial cariño?

—Uf… Es que recuerdo muchas, pero sobre todo por la sensación que me ha transmitido estar con la gente. Me acuerdo, por ejemplo, que con mi primer grupo era muy curioso, porque no sabíamos tocar. No existían las redes sociales que te ayudan a aprender de todo. En aquella época hasta las guitarras eléctricas era raro verlas. Cuando tuve la primera físicamente fue algo extraordinario. Y por aquel entonces no sabíamos tocar pero como era la época de estudiante, íbamos a los sitios y veíamos que la gente te daba calor. Era emocionante. Ya después, con el grupo Ruta 80, es alucinante. Primero por la cantidad de conciertos que damos y, segundo, por el cariño tan grande que hemos recibido en muchísimos sitios. Ver a la gente cantando contigo es el momento con el que me quedo. No con algo puntual, sino con algo generalizado.

PANORAMA MUSICAL

Ruta 80 es un grupo de versiones de una de las épocas doradas de la música española. ¿Aquel tiempo fue mejor?

—Más que época dorada, porque había mucha gente que tampoco casi sabía tocar, lo que sí veo como algo impresionante de esa generación son las melodías. Hoy en día hay grupos buenísimos pero no creo que tengan esa aceptación de que pasen 30 años te acuerdes de ellos como si fuera ayer. Fue por la creatividad que tuvieron y por la facilidad de quedarnos con las melodías. Por eso, a lo mejor, lo añoramos tanto. Creo que en aquel momento la gente hacía la música sin pretensiones, sin pensar en si iban a vender o no. Hacían lo que sentían. Hoy en día se mira más el estilo por eso, desde mi punto de vista, el panorama está como está: para mí es un desastre.

—¿Se busca el éxito fácil?

—Sí. Está el movimiento indie, aunque cada vez es menos indie (sonríe). Luego lo comercial, donde hay emisoras de radio en las que directamente no puedes entrar si haces otro estilo. Ni tan siquiera tienes acceso porque no tienes la fórmula que piden y que se lleva tanto ahora, el reggaeton y la música de baile. Así que es súper difícil.

—Entonces… ¿se puede vivir de la música sin ser súper famoso y sonar en las grandes radios?

—Yo vivo de la música y es un lujo. También es verdad que llevo muchos años y tengo varios proyectos. Hago actuaciones de poesía como, por ejemplo, el proyecto Viaje al interior, que es muy bonito. Lo hago en colegios y teatros. Además, tengo Ruta 80 que, afortunadamente, nos va fenomenal y hacemos muchísimas actuaciones al año. Y luego mi centro neurálgico (donde recibe a Lacontradejaén) que es mi estudio de grabación, Atmosfera Rec. Lo utilizo para mis proyectos, principalmente, pero hay momentos en que grabo a coros, chirigotas, grupos de sevillanas, etcétera. Por lo que también es una empresa. Con esto te quiero decir que yo sí, que yo estoy viviendo de la música. ¿Hasta cuándo? No lo sé. Lo que sí me puedo permitir es el lujo de hacer la música que me da la gana. Por ejemplo, grabé un disco en 2015, El mar olvidado, y ahora le estoy incorporando nuevos temas. No pienso si entraré o no en las emisoras, sino que hago lo que realmente siento. Eso es muy importante.

EL ANDRÉS BERZOSA MÁS PERSONAL

—Atmósfera Rec, Ruta 80, Viaje al interior, tu trabajo en solitario… ¿ves a tu familia?

—Sí, claro (se ríe).

—¿De dónde sacas tiempo para todo?

—Tienes que organizarte. Hay un día cada dos semanas que hago ensayos de Un viaje al interior, por ejemplo, otro de Ruta 80, otro día me dedico al solitario con El Mar olvidado… El tema de las actuaciones sí es diferente porque, por lo general, son fines de semana y va por temporadas. En verano es cuando más aprieta y ahí es verdad que no paramos.

—¿Cómo es vivir en la carretera?

—Muchos kilómetros. A veces hemos tenido tres conciertos seguidos o dobles y es verdad que terminas el fin de semana con la sensación es de haber estado todo el rato metido en la furgoneta. Tocas, te vas rápido para otro sitio y es muy cansado. Pero me merece la pena subirme al escenario.

—Entre vuestras particularidades está la de tocar en fechas importantes para una persona como, por ejemplo, una boda. ¿Qué te hace sentir?

—Me hace sentir fenomenal. Cada vez tenemos más bodas y fiestas privadas pero, además, luego nos escriben para decirnos que les ha encantado. Eso es una satisfacción. Hace años, en una boda, una mujer me explicó, una vez terminado el concierto, que no salían mucho. Se me acercó y me dijo que le habíamos hecho feliz durante esas dos horas. Cuando te dicen eso, que has hecho feliz a una persona, es muy importante. Si por lo menos el rato que tu cantas haces que se olviden de enfermedades, problemas que tengan en casa o lo que sea, pues bienvenido. Somos afortunados en ese sentido.

—¿Ese cariño lo sentís en Andújar? ¿Os sentís profetas en la tierra?

—Totalmente. Estamos muy agradecidos a Andújar, pero mucho. Es verdad que es difícil, pero nosotros tenemos la suerte de tocar en sitios en Andújar. Incluso hemos tenido veces que no ha podido entrar la gente. Hacerlo en tu tierra es una pasada. Me siento querido y afortunado.

CANTAUTOR Y POETA

—En tu trabajo en solitario, la literatura, la poesía y la música están muy ligadas. ¿Cuán importante es para ti la literatura?

—Ahora se hace una música que no voy a decir que sea ni fácil ni difícil, es lo que la gente está demandado. No es que vea mal la música que se hace, sino que se den más oportunidades, que nos escuchen a los que hacemos algo diferente. Y mi vinculación con la poesía va por ahí, por esas letras. He hecho canciones de letras de Juan Ramón Jiménez o de Federico García Loca y es alucinante. Son letras que sin la música ya emocionan, pero si le puedes aportar la melodía y darle tu rollo puede convertirse el algo muy interesante. De eso es de lo que me quejo de ahora, que todo es demasiado fácil en el sentido que las letras son sencillas.

—¿Hay una música que educa?

—Claro. El tema es que den paso a eso. No quiero decir que el resto esté mal, sino que haya una vía que dé la oportunidad. Nos pasa, por ejemplo, con Ruta 80, y eso que son versiones, que no es lo que hago realmente. Pero, por ejemplo, hemos ido a sitios con niños muy pequeños y se sabían las canciones. Lo cual demuestra que si son niños y les gusta nuestra música hay que darles la opción de que puedan acceder a las dos cosas. Que puedan elegir.

—¿En ese camino está Viaje al interior?

—Es una experiencia alucinante con niños. La poesía sabemos que es difícil y captar la atención de los niños es complicado. En este proyecto estamos Raúl Gómez y yo. Es una iniciativa donde mezclamos la música, la poesía y las imágenes, que van en relación con lo que estamos hablando. De esta manera, conseguimos que los niños permanezcan sentados escuchando la música pero, a la misma vez, viendo las imágenes y relacionadas con las poesías que cantamos. Les entra mucho mejor. Nos gusta hablar con profesores a ver qué opinan para desarrollar posibles proyectos nuevos y lo que nos dicen es que se quedan alucinados del silencio de los niños, de lo mucho que preguntan, etcétera. Ten en cuenta que eso en menores de ocho años hacia adelante es complicado. Que los profesores te digan eso es muy importante y deberíamos fomentar este tipo de actividades.

—¿Qué es El Bosque de los Sueños?

—Interesante… Este proyecto es artístico pero más encaminado al mundo de los audiolibros. Magdalena Rodríguez es psicóloga y hace cuentos de autoayuda chulísimos. Un día me los pasó y se me ocurrió grabarlo en audio, ponernos en una página web y que la gente los pueda escuchar. Lo hicimos el año pasado y este vamos a empezar a grabar dentro de relativamente poco. Yo creo que estamos aquí para algo, para aportar un grano para que la gente pueda disfrutar de otras cosas.

—¿En qué trabajas ahora?

—Como Andrés Berzosa hice un disco en solitario en 2015 con canciones propias. Porque yo, en realidad, lo que hago es componer. Así que ahora, en invierno, lo llevaremos a salas y algunos conciertos. Somos cuatro músicos y en lo que estoy inmerso es en un alargamiento. Estoy maquetando canciones nuevas para aumentar esos directos que tenemos en mente. Es el proceso que me encanta también. Me gusta mucho, mucho, encerrarme, sacar las canciones, pensarlas y hacerlas. Y ahora estoy en ese proceso.

—¿Hay mucho de ti en esas letras?

—Yo creo que sí. Hay muchas veces que escribes de amor o desamor o de la vida en general. No todas las canciones son de ti pero sí que llevan intrínseco lo que tú sientes, incluso cuando escuchas una noticia o ves una película. En realidad, tú lo escribes desde tu punto de vista, sobre tu experiencia, aunque sea equivocada.

—Cuando uno abre el corazón, está expuesto a las críticas.

—Tengo 42 años y ya me da igual. No le puedo gustar a todo el mundo. Ni los Beatles le gustaban a todo el mundo. Lo que sí soy es honesto. De hecho hay cosas antiguas que ahora las veo y soy crítico. Soy demasiado perfeccionista y hay veces que no se dónde parar. Simplemente hago las cosas de corazón, sin pensar en las repercusiones. Si al cien por cien me está gustando se queda, me da igual lo que me digan. Conforme está el mundo musical me da igual.

LA NUEVA ERA

—¿Qué suponen las plataformas digitales para un cantautor como tú?

—Si alguien me escucha es por ahí. Si tengo diez personas que les llega y les gusta es por ahí y estoy contento. También es verdad que internet ha hecho que todo el mundo sepa hacer de todo, sin ser profesional de lo suyo. Pasa con la música pero también en vuestro caso, con el periodismo. Con eso hay que tener cuidado. Es una oportunidad genial pero está tan masificado que no da tiempo a asentarse. Haces un buen tema, puede gustar, pero como estés tres o cuatro días que no estés, desaparece muy rápido porque hay mil temas más. Es lo bueno y lo malo de las redes. A mí me vienen bien porque si no existieran me escucharían menos todavía. Pero quizás se debería tener unos filtros, por lo menos a nivel profesional. No sé… Es un tema para pensarlo. Me ha gustado la pregunta.

—Tú fuiste de los que con 14 años dijiste: papá, mamá, quiero ser músico. ¿La crisis ha hecho que los jóvenes no se esfuercen en perseguir su sueño sino que busquen alternativas para tener un trabajo garantizado? ¿Son esclavos del paro y la crisis?

—La crisis no es solo económica, es social. Es una crisis global y de humanidad. Estamos llegando a niveles que no entiendo. Claro que les está pasando factura la crisis. Yo siempre he tenido el apoyo de mis padres al cien por cien, pero en todo. No se han metido en mi vida. Les ha preocupado lo que hago, como padres, pero me han respetado mucho. Pero yo lo tenía muy claro y te decían cosas. Pero la música es un oficio. Hay que currárselo mucho e influye mucho la pasión. Yo dejé un trabajo, creo que más o menos fijo, por esto. Pasé a ganar menos, monté mi empresa, no tenía un duro, las he pasado canutas, pero me seguía compensando. He llegado a aprender que si me vienen las cosas fenomenal, pero que no necesito tanto para vivir. En realidad, lo que me hace feliz es tocar y componer. No necesito tener muchas más cosas. Lo importante es que, hagas lo que hagas, que te lo curres y que te guste. Nadie te lo va a llevar al sillón. Aquí estamos cuatro días y mandan cuatro.

 

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