Año 1944. Las Ocho Puertas. Todo el mundo lleva sombrero. Una foto en blanco y negro, arrugada y con los bordes raídos capta la esencia de una ciudad donde la minería decae. En el horizonte aún no se vislumbra el que será el buque insignia, Santana Motor. El gris de los filones de plomo todavía tiñe Linares. Cabrias, chimeneas y fundiciones se entremezclan con el hollín y el sonido del ferrocarril. Cerramos los ojos y viajamos siete décadas después. Nos dejamos llevar por el sonido de un soplete en un local de Notting Nill. La combustión de las llamas y el calor evocan a la metalurgia.

Estaño, plata y plomo son arrancados de las entrañas del distrito minero linarense para darles vida en uno de los barrios más cosmopolitas de Londres, ahora azotado por el incendio de la torre Grenfell en el que numerosas personas han perdido la vida. Justo enfrente de esa imagen de dolor, el agua fresca de un botijo negro como el hollín alivia su sed mientras el vapor sale de la plancha para dejar perfecto el ala de un sombrero. Sus manos tatuadas recrean el duro trabajo de esos hombres sudorosos y manchados de negro como el tizón que cada día se adentraban en el túnel. Un mundo de fantasía e ilusión de un hatter de Arrayanes, que con solo 32 años coloca una de las señas de identidad de Linares en Tokyo o en la pasarela de la Fashion Week de Nueva York. Él es Curro Coronel, el sombrerero.

Fotografías del reportaje: Elias Fersan (@eliasfersan), Pablo Di Prima (@pablodiprima), Tomás Fernández (@bytomasfernandez) y Bryvn J. Luis Aseya (@b_aseya).

Su imagen es potente, transgresora, diferente, atrevida, lo mismo que sus sombreros. Pero si uno se detiene a analizarlos encuentra infinitos guiños cómplices a la esencia de su tierra. El palillo que servía para saber cuándo el gas se hacía transpirable al oscurecerse, las gafas de soldador, el metal representado en clavos, los pañuelos para secarse el sudor rodeando el sombrero, amén del negro, color básico en su look y en el de sus sombreros. El dólar, símbolo del cuantioso sueldo de los mineros de la época, y el cigarro, reflejo de una buena posición social. Pero en lo que no se ve en una instantánea -su forma de ser-, también se vislumbra la fuerza, el tesón y la valentía. Las ganas de luchar y de defender lo suyo, de reinventarse y de no rendirse nunca tan característica de los santaneros corre por sus venas. No en vano su padre, Carlos, es uno de ellos. Una personalidad, la de Curro Coronel, dispuesta a comerse el mundo.

PROMESA DEL BALONCESTO

Atrás queda esa época de entrenamientos de baloncesto bajo el sol de justicia sevillano. En el recuerdo, los triples con el Caja San Fernando, o las jugadas codo con codo con José Manuel Calderón en el Jabones Pardo Fuenlabrada. Durante su época deportiva se enfrentó a estrellas de la canasta como Raúl López o Juan Carlos Navarro. Pero su destino no estaba ahí. Al menos en parte, porque muy pronto el base de los Oklahoma City Thunder y flamante ‘MVP’ de la NBA, Russell Westbrook, llevará uno de sus sombreros.

—Son cosas que pasan en la vida y pasan por algo porque, al final, han desembocado en esto.

A las once de la noche (hora española), vía Skype, desde el taller, que es su casa, y sin quitarse el sombrero que tanto marca su estilo y modo de vida, Curro Coronel analiza con Lacontradejaén estos tres años y medio de locura. Recuerda ese tiempo en que vivió en Granada, donde empezó en el mundo de la moda con una tienda multimarca.

—Fue tan bien que la tuve que cerrar (ríe).

Labrarse un porvenir y ser bueno en lo tuyo no es fácil. El secreto es trabajar, trabajar y trabajar. El linarense lo tiene más que claro:

—Hay que comer barro primero, ya llegará el momento de comer flores.

Junto con Sara (su mujer) y después de barajar varias opciones, dejaron Granada para hacerse un hueco en Londres con la intención, en un principio, de abrir otra tienda multimarca. Pero tampoco le fue bien. Su socio se marchó a Miami y Curro se quedó con las cuentas hechas para un negocio que nunca llegó a ver la luz.

—El primer año fue duro, pero me salió la posibilidad de hacer sombreros, a la gente le gustaba y para mí era lo más económico para empezar. Era una vía para expresarme como me da la gana.

No solo fue duro, también se convirtió en un punto de inflexión. Le explosionó la creatividad en una ciudad donde la moda lo envuelve todo. Donde la superficialidad plasmada en una revista deviene sentimiento puro en las manos del creador. Hoy, sus sombreros son piezas cotizadas en el mercado asiático y en medio mundo. Lo ha logrado en apenas tres años y medio. Su imagen personal fuerte y la de su marca han jugado un papel muy importante, sin olvidar internet, que para él lo es todo: Instagram es su principal canal de venta.

UNA IMAGEN

—Reflejo las vivencias que he tenido. Lo más importante es cuando te das cuenta delo que tienes en casa. Y eso pasa cuando estás lejos.

La imagen del hatter y la de sus sombreros lo es todo. Por muy transgresora que parezca, en el fondo esconde su gran amor por la familia. Por eso, no es de extrañar que una de sus primeras colecciones se la dedicara a su padre. Pero la imagen también hace marca y la suya se consolida con la ayuda de personajes reconocidos como el actor Óscar Jaenada.

—Hice un sombrero, publiqué un post en Instagram aludiendo a los españoles que inspiran como él y me contestó. Mi trabajo le pareció brutal y le encantó. Tanto que a los meses me llamó para decirme que iba a salir en una película de Hollywood.

Se refiere al film de Terry Gilliam El hombre que mató a Don Quijote, donde participa el actor español y en el que uno de sus sombreros ha formado parte. Así, casi por casualidad, conoce a gente y entabla lazos de unión que le abren puertas. Es el caso del diseñador y fashion consultants Mr.Hat, que le ha abierto las puertas de Nueva York. O de los primeros amigos que hizo nada más llegar a Londres, eran japoneses. A ellos les debe su incursión en el mercado asiático, que fue un “desfase”. Para hacerse una idea, su primer pedido provino de la marca CA4LA, que mueve todo el mercado de accesorios de sombrerería en Asia.

—Con ese encargo ya mereció el viaje a Tokyo. Ese y tres más.

Pero no en todo el mundo se acepta igual. Para este linarense es un poco frustrante que en España no se vean igual. Le está constando, como él mismo reconoce, sudores y lágrimas.

—Me da pena porque ves una foto de los años 30 en una plaza de toros, en una feria o en una plaza y no hay nadie sin sombrero. Te extraña cómo evoluciona la moda. Todas vuelven pero a esta le cuesta y es porque en España tenemos un sentido del ridículo muy grande.

Lo dice una persona que no sabe caminar sin su sombrero, que deviene en una extensión de su persona.

—Me ves en la calle sin sombrero y me cambia entero el look. Ves a gente de básico, le pones un sombrero y es portada de revista Marie Claire.

FUTURO

A Curro Coronel siempre le gustó la moda, incluso cuando jugaba a baloncesto. Sus intentos frustrados de tener dos tiendas se verán recompensados en breve. En septiembre viajará a Nueva York para participar en la Fashion Week. A su regreso le aguardan los patronistas. Empezará a crear su propia colección.

—Puedo ser muy malo en muchas cosas; de hecho, soy terrible en muchas, pero creo que tengo gusto haciendo las cosas, lo digo sinceramente. Creo que lo veo cuando alguien va bien o va mal. Me gusta creer que la gente que ve mi trabajo se emociona y lo siento así. He hecho cosas en directo que cuando lo han visto se han preguntado: ¿pero esto qué es?

Y con ese gusto se prepara para adentrarse en uno de los numerosos proyectos que guarda en una cabeza despistada pero “bien amueblada”. Siempre con los pies en la tierra, consciente de que solo lleva tres años y medio, cinco cuando el Brexit entre en vigor, algo que no le preocupa porque no le afectará. En su futuro se vislumbra Los Ángeles, una ciudad en la que no descarta vivir. Pero el objetivo es claro:

—A los 40 quiero saber dónde vamos a asentarnos definitivamente mi mujer y yo. Mientras tanto, deseo viajar, pasarlo bien, disfrutar y trabajar, trabajar y trabajar. Trabajo más de quince horas al día porque lo hago en casa. Mi jefe soy yo y los pedidos.

REGRESO TEMPORAL A CASA

La semana que viene regresará a su hogar, donde Carlos y Maribel (sus padres), sus hermanos Carolina y David, y el resto de la familia le aguardan “orgullosos”. Vuelve para participar en ModaADNJaén, una iniciativa que le interesa, sobre todo porque cree en la importancia de explotar la riqueza artística de tantos y tantos artistas que da el mar de olivos. Bajo el brazo traerá uno de sus sombreros, vendido a través de la tienda de Belin.

Cogerá un avión rumbo al distrito minero dejando atrás una cita importante. Ese mismo fin de semana, la cantante Erykah Badu lucirá una de sus piezas en sus conciertos. Además, en la exhibición previa y en la presentación del álbum, la única marca que estará presente será la suya. Se perderá esta “movida”, término que caracteriza su forma de hablar. Pero por delante le quedan mil “movidas”. Porque no flaquea y esa es la clave de su éxito. Nada de términos grandilocuentes como externalización, globalización o estudios de mercado. No. Trabajar, reinventarse y no cansarse nunca. Ese es Curro Coronel.

CRÉDITOS:

Fotografías: Elias Fersan (@eliasfersan), Pablo Di Prima (@pablodiprima), Tomás Fernández (@bytomasfernandez) y Bryvn J. Luis Aseya (@b_aseya).

Curro Coronel: www.currocoronel.com

@currocoronel

https://www.facebook.com/curro.coronel

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