Jesús Tíscar presentó anoche, en el Bar Mazas, La Japonesa Calva. Fotografías: Esperanza Calzado

“La novela posee una estructura chulísima en la que todo tiene sentido, todo, aunque al principio no lo parezca. Es una novela de vasos comunicantes, como cuando te sientas en esos cacharritos de la feria, te ponen el seguro, y te empiezan a dar vueltas alrededor de un tema y, al final, todo tiene mucho sentido, aunque te maree. Y Tíscar ha hecho algo que está muy bien. Parece que nos invita a jugar una partida de ajedrez, pero el que juega es él”. La complicidad de dos décadas de amistad, desde el 70 veces puta, se notó en una conversación que diseccionó La Japonesa Calva sin medias tintas. El también escritor Joaquín Fabrellas acompañó a Jesús Tiscar en la presentación de su novela, ganadora del XXI Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe 2017. Y lo hizo en un concurrido Bar Restaurante Mazas.

—¿Cómo se siente Jesús Tíscar tras recoger el Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe y unas semanas de mucho ajetreo?

—La verdad es que estoy feliz, estoy bien. No solo por el premio en sí, que también, porque los 10.000 euros vienen muy bien. Estoy feliz porque ha quedado una edición bastante buena. Estoy contento con la distribución. Eso de estar en El Corte Inglés, en la FNAC y en casi todas las librerías importantes te hace sentir bien.

—¿Qué críticas estás recibiendo?

—Hasta ahora me están llegando las mejores críticas. Luego ya vendrán, supongo, las chungas. Hay mucha gente que me está diciendo que es lo mejor que he escrito hasta ahora.

—¿Lo crees así?

—Sí. Es lo que me he currado, además ininterrumpidamente. En otras novelas mías, que yo no digo que sean malas, he tenido interrupciones, he tardado más en escribirlas, ya sea por temas personales, por mudanzas y otras veces porque no me daba la gana de seguir. Pero esta me la he currado muchísimo durante nueve meses. Ha sido un embarazo y creo que he conseguido una novela distinta dentro del género negro y sin perder mi estilo.

—En la última entrevista que concediste a Lacontradejaén reconociste que algunas editoriales confesaban no poder poner su sello a un tipo de obra así. ¿Qué les dices ahora?

—Qué le voy a decir yo a las editoriales. Normalmente son muy timoratas, asustadizas y, a veces, muy cabronas. Pero no olvido nunca que son un negocio, son una empresa. Las editoriales no te hacen caso si eres un desconocido, excepto que destaques de una manera… Empiezan a hacerte caso si logras destacar tu nombre. Pero no solo las editoriales, también los agentes literarios. Por ejemplo, La Japonesa Calva la envíe a tres agencias literarias antes del concurso. Me lo habían recomendado y decidí apostar con estas tres que están funcionando bien. No me hicieron caso. No me dijeron ni sí ni no. Pasaron tres meses, que es el tiempo que uno espera, y no obtuve respuesta. Fue cuando dije que se acabaron las agencias y lo presenté al premio literario. Ganó entre doscientas y pico que se presentaron. Entonces, qué le diría yo a las editoriales… aquí sigo. Memorias de un gusano les gustó muchísimo, pero no ponían el sello porque les daba vergüencilla. Pero bueno, tampoco estoy pendiente de ellos ni nada, sino de quien me quiera.

—¿Quién es la japonesa calva y qué se va a encontrar el lector?

—La japonesa calva es el personaje principal pero tampoco se puede decir que sea la protagonista absoluta. Más bien es una anciana, de 71 años. La novela empieza con ella, se llama Luciana Crespillo. Empieza atravesando un barrio muy chungo, buscando a una japonesa calva que ha conocido la noche anterior en un kebab pringoso porque quiere que le alivie el dolor de piernas. Esa japonesa se dedica a dar masajes eróticos. Además, tiene un poder en las manos que la distingue de otras. Se conocen de una manera casual y ella atraviesa ese barrio buscándola. A partir de ahí, surgen una serie de personajes, con asesinatos, con psicópatas de barrio medio tontos que se peinan como los Chunguitos. Porque yo tengo mis asesinos en mi novela pero son tontos. Es un psicópata de barrio que lo único que quiere es salir en el telediario. Está llena de personajes peculiares y curiosos que no tiene nada que ver con la novela negra al uso y creo que es lo que ha llamado la atención del jurado.

—¿Tiene algo de ti?

—Tiene mucho. Hay quien me ha dicho que cuando se enteró que Jesús Tíscar había ganado el Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe pensó que me había vendido, que ya iba a ser el Tíscar de siempre. Pero se han quedado tranquilos, sigue habiendo mucho de mi. Pero voy a confesar una cosa, y esto no lo hacen mucho los escritores y mucho menos los artistas: me corté un poquito. Quería llegar y sé que con mi literatura demasiado mía no iba a llegar, por eso pulí algo. De todas formas, la novela tiene mi sello. Tiene unas partes durísimas que no cualquier escritor se hubiera atrevido a firmar. Sin embargo, esas partes las vemos en los periódicos. Yo no me invento nada, no soy un enfermo que se inventa extrañas circunstancias, no. Hay partes muy duras de la novela que, desgraciadamente, las vemos en los periódicos con bastante frecuencia.

—¿Te sientes, ahora, profeta en tu tierra al estar de moda?

—No. Esto dura poco. No me siento profeta en mi tierra. Aquí todavía hay que pedir que te presenten el libro y depende de la gente que venga. Si es poca no presento en Jaén ni una vez más. Yo creo que no debemos ser profetas en nuestra tierra, y mucho menos en Jaén. Aquí hace falta que uno publique en el Facebook cosas como que mi tía ha dicho que los periódicos no me hacen caso para que empiecen a llamarte. Es verdad que yo soy el Tíscar y doy quebraderos de cabeza. Tengo enemigos y hay veces que ponerlo bien te puede enfrentar con otras personas. Pero yo soy así.

—¿Qué hará ahora Jesús Tíscar: disfrutar o sumergirse en el próximo trabajo?

—Estoy con la promoción de la novela, que la voy a llevar hasta donde pueda. Es verdad que el cuerpo me pide encerrarme en mi tierra murciana y escribir. Tengo buenas vibraciones y creo que me van a pedir otra novela pronto. Encima tengo el germen… Es lo que debe hacer un escritor, encerrarse a escribir, pero de momento le estoy dando un empujón a esta novela e intentando que llegue a gente que la lea y le pueda dar el empujón definitivo. Yo confío mucho en el boca a boca y por ahí ya me ha llegado algo. Me han llegado buenas noticias de gente de cierto nivel, que no puedo revelar, que le ha gustado. Ya depende de que algún día se le escape en prensa o en alguna tertulia que esta novela existe. Por lo demás, con ganas de encerrarme a escribir.

—¿Te ves con posibilidad de vivir de la literatura?

—No. Podría ser porque hay quien lo hace, pero es difícil. Excepto las estrellas de la literatura, los autores normaluchos cobramos el 10% de las ventas sin IVA. Hay que vender muchísimo. Pero bueno, están las conferencias y esas cosas…

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