“Jaén es la provincia más solidaria de España”

Cuando le propusieron ser presidente de Cruz Roja Jaén apenas llevaba tres meses en la organización y no sabía nada. Lo confiesa el mismo que hoy relata con orgullo datos tan desconocidos para la sociedad como que la organización en la provincia se creó cuando Bernabé Soriano, que era voluntario, atendió a un soldado que venía de Cuba. O que en Andújar cuenta con uno de los mejores equipos de expertos en embarcaciones tipo pateras. Las colas de personas a las puertas de la sede en la capital para recoger alimentos le impactaron durante su primer día.

Cuando hacemos la entrevista a José Boyano Martínez (Mancha Real, 1948) es jueves. Faltan unos minutos para que den las diez de la mañana y no hay cola alguna. Gente que se saluda con alegría y voluntarios que ultiman los detalles de la jornada. Su reto de dignificar la difícil situación por la que atraviesan numerosas familias es una realidad. En un despacho humilde como es él, sin estridencias ni decoraciones grandilocuentes, no tiene más que palabras de gratitud. Para los voluntarios, para los socios, para las empresas, para los medios de comunicación, para la sociedad en general. Optimista por convicción es de la firme idea de que la unión hace la fuerza. Y cada día lucha por ello.

—¿Cómo llega José Boyano, o Pepe como le llaman todos, a Cruz Roja en 2011?

—A finales de 2010 me llamó Javier García-Villoslada, presidente autonómico, para formar parte. Mi primera respuesta fue que no conocía Cruz Roja. Era socio y conocía lo que la mayoría de la gente, lo relacionado con socorrer emergencias o los puestos de socorro… Me llamó para nombrarme miembro de la Comisión de Finanzas a nivel andaluz. Eso formaba parte, se puede decir, de mi anterior trabajo, porque domino el tema de las finanzas, de los presupuestos, de la entidad financiera. Pero a los tres o cuatro meses lo nombraron presidente autonómico y a mí de Cruz Roja Jaén. No tenía ni idea, llevaba solo tres meses. Así empezó mi andadura.

—¿Ha cambiado mucho Cruz Roja y la sociedad que lo rodea desde entonces hasta ahora?

—Muchísimo. Anteriormente, lo que más se daba era la atención a las personas. Aunque es cierto que este último año atendimos a 53.000 personas. Por eso, cuando me hablan de que la crisis se está acabando, yo siempre digo que solo para algunas personas. Pero para las que acuden con asiduidad a Cruz Roja no se está acabando, entre otras cosas porque no encuentran puestos de trabajo o no tienen formación adecuada. Por eso, una de las mayores satisfacciones es en materia de empleo, que lo considero vital. Son 539 personas las atendidas, algunas con escasa cualificación, y que están trabajando. Es gracias a esos empresarios de la provincia, a esas 225 empresas que han confiado en nosotros. A su vez, nosotros los formamos y los orientamos en temas de capacitación. Esta semana hemos tenido la oportunidad de presentar la labor realizada en 2016 y en lo que va de 2017 en este apartado, y los números son muy satisfactorios. Hasta el punto de que hablamos de que en el cierre de los dos ejercicios superemos las 1.200 personas.

Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.
Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.
—Ese primer día…

—Cuando llegué a Cruz Roja me encontré con una fila de personas en la calle. Fue el primer día y pregunté quienes eran. Me comentaron que pedían alimentos. Automáticamente les dije que ni una sola cola más. A la gente se le atendía en los despachos, entre otras cosas porque lo primero que hay que ver es la dignidad de las personas.

—¿Busca, entonces, dignificar las situaciones extremas y complicadas por las que pasa alguna gente?

—Efectivamente. Hay personas que hasta ahora habían estado en una situación normalizada y que se ven obligados, desgraciadamente, a pedir alimentos. Con los juguetes pasaba igual. Venían los padres con los niños para que se les entregaran. Decidimos que vendrían los progenitores, se les da, pero los ponen bajo el balcón el día de los Reyes Magos en su casa, como cualquier niño. Es uno de nuestros objetivos, la dignificación. Para mi es lo más importante, porque lo necesitan. Y seguimos atendiendo, porque aunque dicen que la crisis se ha acabado, para estos colectivos no. Este año, por ejemplo, llevamos 4.000 atenciones más que el anterior. Es verdad que no está creciendo al ritmo de años anteriores, cuando estaba la verdadera crisis, pero sigue todavía.

—¿Ha cambiado el perfil de la gente que llega a pedir ayuda a Cruz Roja dando paso a familias de clase media?

—Claro. Por eso, lo que queremos no es solo darles alimentos. Afortunadamente hay muchas ONGs que lo hacen. Pero hay otro problema añadido que es la pobreza energética. Me decía una persona que su problema es que tenía que acostar a su hijo a las ocho de la tarde porque no podía encender el brasero. Eso es preocupante y llega un momento en que se me saltan las lágrimas cuando hablo de este tema. Desgraciadamente hay muchas personas que necesitan el apoyo. Por eso destaco, también, la unión que tenemos entre las organizaciones.

—¿Cómo se coordinan?

—Cuando vine hablé con el presidente de Cáritas para ponernos de acuerdo para ver los días que salimos cada uno para no solaparnos y hacer las atenciones. Así lo estamos haciendo y nos entendemos perfectamente. No tiene sentido que vaya Cruz Roja a un cajero, por ejemplo, porque hay gente que, por la circunstancia que sea, no quiere estar en los albergues, y justo detrás llegue Cáritas u otras organizaciones. Ahora ya está coordinado por días a las semana. Nosotros, además, en materia de asistencia sanitaria ya sí estamos saliendo todos los días.

—¿Ya están empezando las atenciones?

—Sí. Sobre todo porque los hay, repito, que no quieren estar en los albergues y siguen durmiendo en cajeros. Nos podemos encontrar gente con malas circunstancias. El año pasado, por ejemplo, nos encontramos con un hipertenso, que tenía la máxima a 25 y lo tuvimos que llevar directamente al hospital. Desde aquí quiero, además, mostrar mi agradecimiento a esos 3.900 voluntarios que tenemos y a esos casi 13.000 socios, que son los que nos mantienen. Porque toda la parte económica llega, en cerca de un 60%, a través de las distintas administraciones y otra por los socios, la venta de lotería y de las donaciones que nos hacen.

—Yo soy socia de Cruz Roja. La cuota no es excesiva y muchas veces me he preguntado si realmente lo que aporto servirá de algo.

—Muchas gracias, lo primero. Por muy poca cantidad que se aporte es de agradecer porque, como yo digo, la unión hace la fuerza. A pesar de la crisis, los socios no se han dado de baja. Han venido algunos diciéndonos que no podían hacer frente a la cuota porque prácticamente no podían ni comer en casa. Les dije que dejaran de pagar su cuota y cuando regrese a su situación anterior puede volver. Y efectivamente ha pasado así, incluso aumentando a la cuota.

—¿Existe un cierto orgullo entre los socios de llevar el carné en el monedero o en la cartera?

—Sí. Tenemos una aceptación por parte de la sociedad y, como hemos dicho al principio, Cruz Roja ha cambiado muchísimo. En Jaén se inauguró en el año 1896, cuando el ilustre médico Bernabé Soriano, que era voluntario, atendió a un soldado que venía de Cuba. Eso lo sabe muy poquita gente. Anteriormente nos conocían por los puestos de socorro y nos hemos ido adaptando a los tiempos. Es una de las muchas virtudes que tiene Cruz Roja. Ahora, socorro y emergencias, que es por lo que nos conocen, solo representa el 8% del trabajo.

—¿Cuáles son los puntos fuertes?

—Inclusión social, atender a los mayores para que no estén solos y empleo. Esto último es vital y vamos a seguir en esa línea con esas 200 empresas a las que quiero transmitirle mi más cordial felicitación. Gracias a ellos es posible que estas personas estén trabajando y no lo hacen con contratos precarios. Puedo decir que los hay muy buenos con empresas de primer nivel. Porque lo que queremos es no seguir dándoles alimentos, sino que trabajen y que se sientan dignos.

—Se puede pensar que en época de crisis, las empresas podrían cerrar el grifo de la solidaridad. ¿En este caso no ha sido así?

—Ahí es cuando se demuestra la responsabilidad social corporativa de las empresas, desde las de primer nivel hasta las más pequeñas. Desde aquí mi agradecimiento más profundo. Y la respuesta que tuvimos esta semana, tanto de las distintas administraciones, como empresas demuestra que la unión de todos es en lo que debemos seguir trabajando. Y, por supuesto, potenciar la juventud. Creo que tenemos un conjunto de voluntarios en juventud que hace un gran trabajo. Teníamos un absentismo escolar en la provincia en torno al 6% en algunas localidades. Hemos logrado bajarlo, gracias a ellos, al 1%. Había colegios en los que en época de aceituna solo iban dos o tres niños porque los padres se los tenían que llevar. Eso, hemos logrado bajarlo hasta el 1%. Pero también damos clases particulares, el año pasado entregamos 13.500 meriendas. Curiosamente, algunos de esos niños ya trabajan como voluntarios de juventud de Cruz Roja.

—3.956 voluntarios. ¿Cómo se organizan?

—Cuando llegan le relatamos todas las secciones que tenemos. Vemos su perfil porque no podemos meter a emergencias a una persona que se maree cuando ve la sangre. En función del perfil, les damos unos cursos de formación. Buscamos que estén contentos y lo que no puede quedarse es sin hacer nada. Nos da igual que esté una hora, que esté diez, siete o cuatro. Lo único que queremos es que nos ayude. Ellos muestran una satisfacción interior enorme cuando han podido auxiliar a una persona o formar a otra, etcétera. Queremos que el voluntario se sienta como en su casa.

—Jaén es solidaria. Cuando se le pide hacer un esfuerzo a la sociedad, lo hace. ¿Es así?

—Veo que está bien informada. En relación al número de habitantes, es la provincia más solidaria de España.

—¿Eso lo sabe la gente?

—No, y es lo que intento transmitir. Cuando ves personas que siguen de socios y vienen a recoger alimentos te quedas sin palabras. Los datos avalan que somos la provincia más solidaria de España. Cuando yo llegué aquí, nos encontramos con una veintena de asambleas que se abrían dos o cuatro horas a la semana. Pedí autorización porque era un plan novedoso que comenzó en Jaén y que luego se ha ido extendiendo. Planteé la posibilidad de comarcalizar las asambleas y recibí la autorización del presidente nacional. Al final, lo que tenemos son diez asambleas comarcales, que tienen que estar abiertas todo el día, y en torno a ellas puntos de actividad. Con ese sistema, de atender a 20 municipios, hemos pasado a prácticamente 70. Y vamos a seguir ampliando. Dentro de un par de años queremos cumplir, si no los 97 municipios, 90. La labor de Cruz Roja de ayudar a las personas, que es lo más importante, tiene que llegar hasta el último rincón de la provincia.

—¿Cuál es la labor más desconocida de Cruz Roja?

—Quizás cooperación internacional y la formación. No lo sabe mucha gente y tenemos cursos de toda índole. En el primer apartado, por ejemplo, cuando el terremoto de Lorca nos llamaron a las dos de la mañana y a las ocho ya estaban allí todos. Otro ejemplo: tenemos unos especialistas en el tema de embarcaciones de pateras. Están en Andújar, son de los mejores que hay y los llaman, precisamente, cuando hay problemas en la costa, porque se han especializado.

—Cruz Roja también es una “empresa” que genera empleo per se. ¿Cuánta gente compone la plantilla?

—Hablamos de 116 trabajadores.

—Es una “empresa” importante en la provincia.

—Sí. Además, como saben hubo un problema económico cuando yo me incorporé que se solventó. Pero, ahora mismo, tenemos un magnífico equipo de trabajo y de voluntariado. Si no fuera por ellos sería imposible. Le recuerdo que prácticamente el 60% de los fondos son de administraciones, el resto viene de las personas. Gracias a la solidaridad seguimos avanzando y lo que queremos es que cada día vengan menos personas. Será señal de que estamos haciendo las cosas bien.

—Llega el invierno y es inevitable hablar de los temporeros. ¿Funciona el Foro Provincial de la Inmigración y la forma de atenderlos?

—Se está mejorando. Años atrás venían muchos más inmigrantes que ahora y la muestra es que casi ninguna localidad han abierto los albergues. En el caso de Jaén, había unas 40, cuando tiene una cabida de 170. Se le suma que ya tenemos una experiencia de coordinación, que es muy importante.

—¿Volverán a darse esas imágenes de llegadas numerosas de inmigrantes?

—A través del Foro Provincial de Inmigración estamos preparados, pero yo no creo que volvamos otra vez a aquella época. Además, hemos conseguido la dignificación de las personas, que dejen de dormir en los cajeros y al día siguiente ir a la aceituna. Para eso hemos de coordinarnos. Estamos todos preparados para que no vuelva a ocurrir y creo que no lo hará.

—¿Alguna espina clavada en tu labor al frente de Cruz Roja Jaén?

—Muchas. Un objetivo que me pondría es que nadie tuviera que venir a recoger alimentos. Soy optimista. Esas 225 empresas con las que trabajamos están muy mentalizadas. La sensación es que vamos por la buena línea de buscar empleo a la gente. Pero que nadie tuviera que pedir alimentos sería mi mayor satisfacción.

—Te pido que dejes de ser presidente de Cruz Roja Jaén por unos minutos y te pongas el traje de financiero. ¿Cómo ves Jaén?

—Somos conformistas. Entre todos, tenemos que poner un granito de arena para que cambien y no dependa exclusivamente del olivar. Hay que buscar como sea empresas y que la gente no se nos vaya. Quizás un gran foro de trabajo para hacerlo poco a poco sea la solución. Esto se arregla ayudando a las empresas y aquellos que quieran trabajar. Se nos está yendo el tejido industrial de Jaén y esa es labor de todos, no solo de las administraciones. Además, hay un problema de infraestructuras muy grande.

—Entiendo, de tus palabras, que ves con buenos ojos las plataformas ciudadanas nacidas en Jaén y en Linares.

—Sí, totalmente.

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