José Ríos: “Jaén tiene demasiado miedo a cambiar”

José Fernández Ríos (Orcera, 1962) es una persona introvertida, prudente, de una inteligencia pausada, casi reflexiva. Nos recibe en su casa, una antigua cantera abandonada de los años 60 que sigue rehabilitando y que hace las veces de vivienda, estudio y cajón de sastre. Nada más cruzar la puerta, sorprende un coche que parece cortado por la mitad o una araña creada a partir de piezas de automóviles. Todo tiene algo de teatral. Son los mundos de José Ríos, uno de los artistas jiennenses con más talento y más reconocidos del momento. Es el verso libre de la cultura de la capital. Un ‘rebelde sin causa’ que aborda la vida sin medias tintas, que cultiva desde la escultura hasta la restauración de inmuebles, pasando por el hiperrealismo o por el reciclaje. Un autor y un personaje difícilmente catalogable que a nadie deja indiferente.

–Pintor, escultor, restaurador de casas antiguas y hombre orquesta… ¿Quién es José Ríos?

—Es una persona nacida en la Sierra de Segura que desde pequeño se dedica al arte. Ya de niño tenía dotes artísticas, profundicé en ello y hasta hoy. Toda mi vida dedicada a la creatividad.

–¿Cuándo empezó todo?

—Sacaba buenas notas en la escuela y a los buenos estudiantes les regalaban cosas al final de curso. A mí me tocó una caja de pinturas. Y pensé, a esto le tengo que sacar partido, y empecé a pintar con el óleo. Y hasta hoy.

–Nunca ha pasado por una escuela de arte, si no me equivoco.

—Soy totalmente autodidacta. Nadie ha marcado mi camino.

José Ríos es un artista de Jaén.
José Ríos, en el estudio de su casa. Foto: Miguel. A. Rodríguez Cárdenas
–¿Cuál de las expresiones artísticas que practica es la que más le satisface?

—En realidad, todas. He hecho mis pinitos en todo y todo me ha gustado. Lo único que hago es aplicar la creatividad, sea cual sea la disciplina.

–¿Se puede ser artista y cuerdo al mismo tiempo?

—Cuerdo, no, hay que tener un espíritu rebelde, innovador, creador, distinto. La creatividad es intrínseca a la rebeldía, a lo innovador, a lo revolucionario. No sé si está dentro.

–Esa misma rebeldía que le hizo pegarse cientos de kilómetros en la Ruta 66 a los veinte años.

—Locuras de juventud. Eso fue con un amigo cuando éramos veinteañeros. Nos dio por irnos a los Estados Unidos, y a los tres días de estar en Nueva York no teníamos ni un duro. Sacamos bonos de autobús y nos recorrimos todo el país en dos meses, de norte a sur y viceversa. Fue una verdadera experiencia. Tuve la oportunidad de conocer a gente y de pintar. Hice un mural en Houston y creo que debe estar todavía allí.

–¿Qué le aportó aquel viaje?

—Ver Estados Unidos en aquella época y cómo lo hicimos deja un poso, claro. Fue ver un país más evolucionado que el nuestro. Me abrió la mente muchísimo. Me permitió, además, conocer a artistas, otro mundo hasta ese momento desconocido. Volví con ideas nuevas y mucha más creatividad. En definitiva, fue positivo. Viajar y conocer otras culturas siempre es positivo. Nada más que cambiar el paisaje, el entorno, el urbanismo, la gente, enriquece mucho y te da otra perspectiva de la realidad.

–¿Qué emociona a José Ríos?

—Me emociona ver realizados mis proyectos, mis ideas, todo lo que se me ocurre.

–¿Qué le ha dado el lugar en el que ha nacido para su faceta como creativo?

—Me aportó muchas cosas durante el tiempo que viví allí, en las décadas de los 80 y 90. Por ejemplo, el paisaje y también el paisanaje. Tenía la sensación de que en aquella zona, a pesar de ser recóndita, la gente estaba más evolucionada que en una capital. Allí éramos pueblerinos, pero aquí eran provincianos, que es peor todavía. Veía a la gente más evolucionada, porque los serranos siempre han sido muy viajeros, han emigrado y en los veranos volvían muchos amigos que estaban fuera, lo que te permitía tener un intercambio de ideas y de experiencias mucho más amplio. La sierra era mucho más dinámica que la capital. Por eso, me quedé allí para desarrollar mi trabajo. El problema es que la proyección es limitada y, si no sales de allí, no avanzas.

Tengo la sensación de que en la sierra la gente está más evolucionada que en una capital

–Y ahora qué es, ¿pueblerino, provinciano o capitalino?

—Ahora soy un ciudadano ambulante.

–¿Cree que a la sociedad le faltan los huevos del íbero del Cerro de los Lirios?

—Creo que sí. Veo una sociedad que no evoluciona, anclada, inmovilista, con miedo a los cambios, a renovarse… Esta ciudad, por ejemplo, tiene miedo a reinventarse, a cambiar su estética.

–¿Cuántas veces se ha reinventado José Ríos?

—Constantemente, porque hay veces que los caminos que elijo hacen que me choque contra un muro y me veo obligado a derivar a otros terrenos. Últimamente me demandan murales, cuando, de siempre, he sido pintor de cuadros. Hubo otro tiempo en el que hacía escultura en la calle… Dentro de unos años, no sé qué es lo que me pedirán. Por eso, tengo que estar constantemente renovándome.

He hecho obras no con la intención de ofender, pero sí de agitar las mentes anquilosadas

–¿Cree que sus obras han podido ofender a alguien?

—Yo he intentado que no, pero es cierto que, a veces, ha podido pasar. Esta ciudad es un poquito cainita y cuando alguien intenta levantar la cabeza se la vuelan. No sé si son envidias. Hay gente que le fastidia el éxito ajeno. Y, en ese sentido, he podido tener algún problema, pero como mi ámbito de trabajo no se ciñe a esta ciudad, pues me da igual. Dicho esto, hay obras que he hecho no con intención de ofender, pero sí de agitar las mentes anquilosadas o estáticas.

–Y a sus cincuenta y pocos, ¿qué le da ya igual?

—Me da igual ya lo que digan de mí. Estoy por encima de lo que piensen de mí o de mi obra. Estoy muy convencido de lo que hago y sé que a una inmensa mayoría le gusta. Me la traen floja ya las críticas.

José Rïos, artista de Orcera.
El artista de Orcera, en un rincón de su casa. Foto: Miguel A. Rodríguez Cárdenas
–¿A qué aspira?

—Aunque disfruto trabajando, aspiro, por ejemplo, a viajar más, a gozar más de la vida. También a que mi obra trascienda más allá de donde ha llegado.

–¿Qué epitafio pondría a su tumba?

—(Risas). No lo he pensado, pero bien podría ser: “No os preocupéis que ya me voy”.

–¿Se siente parte del movimiento cultural de Jaén?

—(Reflexiona). No es que me sienta, es que formo parte de él. Además, es el sitio donde vivo, donde trabajo y en el que está gran parte de mi obra.

No he pensado en mi epitafio, pero bien podría ser: “Tranquilos que ya me voy”

–¿Se está mordiendo la lengua?

—En cierta forma sí, porque Jaén tiene tarea. Es una ciudad que podría ser muchísimo más de lo que es, en la que se podrían hacer muchas más cosas y que estas trascendieran mucho más allá de sus murallas.

–¿Cree que los artistas jiennenses no están realmente valorados?

—Es curioso que los de la provincia sí, pero los de la capital no tanto.

–¿Por qué?

—No lo sé. Esta provincia tiene artistas muy buenos que han llegado muy lejos con sus obras y están considerados internacionalmente. Sin embargo, curiosamente, ninguno de la capital. Son todos de los municipios, como Santiago Ydáñez, Juan Francisco Casas, Belin, Cristina Lucas… Hay diez o quince autores que funcionan, pero pocos o ninguno de la capital. Y eso me da que pensar. Como he dicho antes, esta ciudad es inmovilista, con miedo a los cambios, con falta de imaginación. Creo que es una crítica positiva, porque estamos aquí para aportar ideas y soluciones, dentro del ámbito que a mí me corresponde, con el fin de que se proyecte al exterior. A esta ciudad le cuesta emprender.

El artista de Orcera, José Ríos.
José Ríos retoca uno de los bocetos en los que trabaja, Foto: Miguel A. Rodríguez Cárdenas.

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