La iliturgitana Rafi López, residente en México, se vuelca con la campaña solidaria para ayudar a los damnificados por el terremoto.
La iliturgitana Rafi López, residente en México, se vuelca con la campaña solidaria para ayudar a los damnificados por el terremoto.

La iliturgitana Rafi López, residente en México, se vuelca con la campaña solidaria para ayudar a los damnificados por el terremoto

Desgracias como el terremoto de México hacen que las personas saquen lo mejor de sí. En situaciones límites, la bondad del ser humano y su capacidad de superación llegan a sorprender. Marta Millán, de La Puerta de Segura, lo explicaba hace unos días en Lacontradejaén: unidos saldrán de la tragedia. Y en medio de esa inmensa unidad, una iliturgitana, Rafi López. Ella vive en Chihuahua, al norte del país. No ha sufrido las consecuencias de los dos seísmos, al menos no físicamente. Porque por dentro está destrozada. Pero su dolor no le impide ponerse manos a la obra y colaborar en las labores solidarias para ayudar a los damnificados.

Colabora en los trabajos de acopio de víveres y dinero en efectivo para los mexicanos damnificados del centro y sur del país. En su caso, todo lo recaudado va directo a las zonas rurales de Morelos, los más necesitados. Se han unido todos. Siné-Comunarr, Comunidad Educativa Tamujé Iwigara, Hotel Temazcal, Refaccionaria Daniel, Comunidad de mujeres de Creel, Restaurante Simple, Mercado de la tierra, Grupo de Zumba, alumnos y maestros de la UPENECH Campus Creel, y de la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México, Extensión Creel, etcétera. Pero en especial, gente anónima que quiere aportar su grano de arena, como Rafi López.

La jiennense trabaja en la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México. Funciona como centro de acopio oficial, en coordinación con la Cruz Roja Mexicana. Allí reciben donativos en especie (artículos de limpieza, higiene y de bebé, y alimentos no perecederos). “Ayudemos a nuestros hermanos en desgracia”, pide.

UNIDA AL DOLOR

“Hay un gran silencio en la calle y en el trabajo. Me siento muy triste. Siento un gran dolor por todas las personas fallecidas, muchos de ellos niños”, relataba horas después del suceso. “Aunque yo estoy lejos (de nuevo, como con el anterior terremoto) conocemos a muchas personas que viven en México DF. Muchos de los profesores que vienen a dar clase en la escuela de Antropología de Creel son procedentes de México DF”, confiesa. Apenas sí le salían las palabras.

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