“La música es como la vida, una carrera de fondo”

Sergio Albacete no tiene dobleces. Es directo. Sus palabras brotan de sus labios sin parar. Algunas de ellas son dardos envenenados que agitan la conciencia del más pintado. Conversar con este torrecampeño de 42 años es un golpe de realidad. Llegamos antes a la hora al café donde nos ha citado, la Peña Flamenca, en la jiennense calle Maestra. Nos hace esperar unos minutos. Tiene poco tiempo. Debe regresar pronto al Conservatorio Superior de Jaén, en el que da clases. Sergio Albacete es uno de los saxofonistas más revelantes del país y alma máter de la Asociación Cultural Jaén Jazzy. Como la mayoría de los músicos, salió de la prolífica cantera de las bandas municipales, que él defiende a capa y espada, aunque ponga algún que otro pero al modelo de gestión de más de una. Casado y padre de Pablo y Noa, Sergio Albacete es un tipo como Dios manda, como diría mi madre.

—¿Qué es lo que le gusta a Sergio Albacete?

—Me gustan muchas cosas, pero, sobre todo, vivir, como todo el mundo. No tengo ninguna pasión oculta, ni erudito en nada, aunque, eso sí, tengo contacto con muchísimas cosas.

—¿Es un hombre sencillo?

—Pienso que sí, pero no vulgar.

—¿Y qué es para usted la vulgaridad?

—Es lo que vemos todos los días, el mundo en el que vivimos, el país, la ciudad, la escala de valores. Es muy complicado encontrar una persona con la que establecer una conversación decente. La vulgaridad es la falta de cultura, de preparación ante la vida y el entorno que nos rodea. Paradójicamente somos cada vez más analfabetos, aunque estemos en la sociedad de la información y del conocimiento.

La vulgaridad es lo que vemos todos los días, el mundo en el que vivimos, el país, la ciudad, la escala de valores

—¿Desde la música se puede combatir lo que dice?

—Evidentemente intento que mi música no sea vulgar. Para eso estudio y trabajo mucho, y viajo, y escucho muchos discos con el fin de aprender de los que saben más que yo. Comparto escenario con músicos muy importantes a nivel nacional e internacional de los que he aprendido, aprendo y aprenderé. Somos producto de una influencia que a mí me lleva hacia el jazz, la música improvisada, del siglo XXI. Cada uno analiza su vida y sus sentimientos en base a algo.

Sergio Albacete sonríe mientras se deja fotografiar por lacontradejaen.es.
Sergio Albacete sonríe mientras se deja fotografiar por lacontradejaen.com. Foto: Miguel Á. Rodríguez Cárdenas
—¿Cómo y cuándo le llega el primer contacto con la música?

—No tengo antecedentes musicales en la familia, por lo que me llegó de casualidad, como tantas cosas en la vida. Fue a través de una actividad extraescolar. Tenía 7 años y podía elegir entre el Inglés o clases de Música. Mis amigos se apuntaron a estas últimas y yo también. Ese fue mi primer contacto. Tuvimos la suerte, además, de caer en muy buenas manos, las de Pedro Benito Pancorbo. De ahí, pasamos a la Banda Municipal de Torredelcampo y nos preparó para realizar las pruebas de acceso al conservatorio, y logramos entrar. Curiosamente, de aquel grupo de siete amigos, cinco somos profesores superiores.

—¿Por qué se decanta por el jazz?

—Es un estilo complejo, si lo comparamos con la música tan banal que escuchamos ahora. Hablamos de un estilo con mucha riqueza métrica, como pasa con el flamenco o la música contemporánea. Y entro en el jazz también por casualidad. Mi profesor de piano en el conservatorio, Loren Moya, un gran músico y pianista de jazz, fue el que me metió, el que me dejó los primeros discos. A partir de ese momento, mi interés creció y empecé a conocer gente, como Pedro Peinado. Una cosa te va llevando a la otra.

—¿En qué momento está el jazz?

—Creo que en el mejor de la historia, sin duda alguna. Gracias a la aparición de la Federación de Asociaciones de Jazz de Andalucía (Andajazz), a la que pertenece Jaén Jazzy, de la que soy su presidente e impulsor, y al circuito que tenemos, hemos conseguido llevarlo a muchos rincones y que el público aprecie nuestro trabajo. En estos momentos, estamos siete asociaciones y pronto entrarán dos más. Nunca ha pasado esto antes. Ahora puedes girar y tocar nueve días seguidos a unos precios muy decentes. Estamos dignificando la profesión, el sector y todo de manera privada. Vamos todos a una, con unas programaciones de una calidad extraordinaria, gracias al trabajo desinteresado de las personas que integramos este proyecto. Yo, por ejemplo, en Jaén empecé solo y ahora somos un grupo de quince músicos que estamos trabajando.

El jazz está en el mejor momento de su historia, gracias a la aparición de colectivos que lo defienden

—¿El público es receptivo?

—La verdad es que tarda en reaccionar. Por ejemplo, aquí en Jaén no ha terminado de calar. Van bien los festivales, pero duran lo que duran y cuando se acaban no hay más. Es una vez al año y ya está. Por desgracia no solo pasa con el jazz. Ocurre lo mismo con la Banda Municipal de Jaén, que está haciendo un trabajo impresionante y solo va gente mayor a verla. Creo que no hay difusión, ni espíritu educativo, ni cultural en la ciudad, eso está más claro que el agua. Al no haber programaciones constantes, al estar prohibida la música en los bares, al no existir centros culturales y al no tengo dinero para pagar a músicos, pues evidentemente la gente se enfría. Se calienta cuando hay una rutina, una continuidad. Estuve esta semana en un club de Córdoba, en el que había entre cincuenta y setenta personas que son fieles y van cada semana. Es una forma de hacer las cosas de la que deberíamos aprender.

Lo que no puedes pretender es hacer público con un concierto al mes. Así no haces parroquia. Esto está en manos de cada uno. Los políticos tienen su culpa, pero nosotros también porque no nos engañemos, España no ha sido históricamente un gran consumidor de cultura. Tengo un amigo en Almería que dice con mucha razón: “El andaluz se tira a la cultura como el gato al agua”. Y es verdad. El andaluz de a pie no se preocupa por la cultura.

El saxofonista Sergio Albacete conversa con lacontradejaen.com.
El saxofonista Sergio Albacete conversa con lacontradejaen.com. Foto: Miguel Á. Rodríguez Cárdenas
—Sin embargo, hay muy buenos artistas en nuestra tierra y cada vez salen más.

—Siempre sale gente buena de todos los sitios. Pero seguimos siendo islas.

—¿Culturamente cree que Jaén es otra isla?

—Totalmente. Y, además, de esas aisladas en el mar.

—Entonces, ¿hace falta culturizar a la gente?

—Falta una apuesta real. La solución es complicada, pero yo la tengo clara y pasa por una mayor implicación de las autoridades municipales, que no dejan hacer cosas a la iniciativa privada. Conozco a propietarios de establecimientos que me contratarían todas las semanas, pero no se fían porque piensan que los van a multar. Como yo, hay muchos más profesionales, como el propio Pedro Peinado. Tenemos el público asegurado. Solo basta con recordar las actuaciones en El Bodegón, donde reuníamos a más de cien personas. El tema es que no se puede tocar y ese es el principal problema. Lo tienen que resolver ellos. Antes de que nacieran las últimas plataformas de defensa de la cultura, nosotros impulsamos otras. Gastamos mucho tiempo y energía en reuniones en la Gerencia de Urbanismo para nada porque los mandatarios no querían arreglarlo. Los políticos no deben olvidar que cobran para solucionar los problemas de la gente, no tú o yo, sino ellos. Y quiero recordarles que no hubo denuncia alguna de vecinos por la música. Eso es una leyenda urbana. Los que se denuncian son los dueños de los bares entre ellos para que ninguno llene. Esa es la realidad, le pongamos todos los lazos que queramos. Los ciudadanos no somos sensibles con lo que pide un sector importante de la sociedad. Estoy seguro de que si se creara esa rutina de la que hablábamos antes, la gente acudiría. Costaría tiempo, pero al final saldría adelante. Es necesario arrancar.

Los políticos no deben olvidar que cobran para solucionar los problemas de la gente, no tú o yo

—Ha hablado durante la entrevista de las bandas de música municipales, ¿cree que hay que ponerlas en valor?

—Muchísimo. La banda de música es la única forma que tienen en muchos pueblos para ver música en directo. Fíjate su importancia. Todos los músicos, o la gran mayoría, hemos salido de las bandas municipales. Yo soy músico gracias a la banda de mi pueblo. Hacen una labor encomiable. También es cierto que yo las gestionaría de otra manera. Creo que hay poca seriedad por parte de los músicos, no del director. Pienso que la gestión de los recursos humanos está mal gestionado. ¿Por qué? Porque no se le puede pagar a la gente por tocar mal. Los chavales quieren cobrar antes de tocar o saber hacer algo. La gente quiere cobrar por no hacer nada y ese rollo no vale. Otro de los problemas es que no hay objetivos artísticos. Hay que meterles en la cabeza que son artistas, aunque seas fontanero, carpintero o jornalero. Es necesaria una reconversión mental del músico aficionado, al margen de la sensacional labor que hace para la sociedad. Hasta tal punto de que creo que hay músicos aficionados que son mejores que muchos profesionales.

—¿Qué consejo le da al músico que empieza?

—Que tenga mucha pasión por lo que hace y que sepa que la música, como la vida, es una carrera de fondo. Que no espere resultados inmediatos. Esto es un proyecto de vida y el que no entienda que debe invertir en ello que se dedique a otra profesión. La música tiene un componente de sufrimiento bastante importante. Aquí dos y dos no son cuatro. Esto te tiene que gustar mucho. Si no te gusta, la música es un auténtico calvario, sobre todo a nivel psicológico porque es de altibajos y te puede llevar a la depresión. Te impones una serie de cosas que hasta que tienes una cierta edad te pueden dañar. Uno piensa que trabajando 24 horas al día puede llegar al sitio, y no ocurre siempre, por lo que te llevas muchos desengaños. Pero, al mismo tiempo, esto te va curtiendo y dando experiencia. Es un proceso en el que hay sufrimiento. Es que la vida, en definitiva, es así. He encontrado en la música mi mejor terapia, mi psiquiatra. En el único momento en el que soy yo es cuando toco o cuando escribo.

La música tiene un componente de sufrimiento bastante importante. Aquí dos y dos no son cuatro

—Háblenos de sus proyectos. ¿Qué hace ahora?

—Estoy enfrascado en muchas cosas. Tengo la gira de presentación del disco “Ahora”. Hicimos doce conciertos antes de grabar y por delante tengo otros diez o doce. También acabo de grabar otro en Almería con Kenny Werner y la Clasijazz Big Band, que saldrá en junio o julio. Tengo otro proyecto de grabar a dúo con Darío Moreno. Bueno, y muchas clases. 

—¿Con la edad ha aprendido a relativizar?

—Sigo trabajando mucho porque no sé vivir de otra manera. Lo que sí tengo claro es que ahora soy selectivo, no cojo todo lo que viene. Me tiene que interesar mucho los músicos y el proyecto para que acepte. Cada vez soy más exclusivo a la hora de elegir la gente con la que me relaciono. Con un músico que no me dé buena onda, por muy bueno que sea, no quiero trabajar porque me hace sentir mal. También me guardo mucho de a quién llamo. Me estoy haciendo muy exigente con este tema. Me relaciono con la gente que simpatiza y confluimos juntos en muchas cosas, sino prefiero no relacionarme poque me hacen daño. Y no puedo permitir que la gente me haga daño porque tengo muchas cosas que hacer. Me quita mucha energía. Ya he malgastado bastante.

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