Juan Porcel anima a los jugadores del Linares durante el clásico frente al Real Jaén.
Juan Porcel anima a los jugadores del Linares durante el clásico frente al Real Jaén. Foto: Antonio del Arco

Juan Porcel, hincha del Linares desde hace más de 50 años, fue el único aficionado azulillo en el fondo habilitado por Real Jaén para los seguidores visitantes

Juan Porcel Martos representa la esencia del fútbol y del sentimiento hacia unos colores. Los clásicos dejan imágenes e historias para el recuerdo y la suya merece ser contada. Fue el único aficionado del Linares que ocupó su lugar en la zona habilitada por el Real Jaén para la afición visitante. Enfundado con su camiseta azulilla y con una bufanda atada en la muñeca de su mano derecha, llegó al Estadio de La Victoria con tiempo suficiente para presenciar su enésimo derbi jiennense. Allí estaba, imperturbable, con la mirada fija en el césped, soportando el fuerte calor y aplaudiendo sin parar a los jugadores.

Miraba una y otra vez hacia la puerta de acceso, a la espera de refuerzos. De hordas azulillas que lo acompañaran en un partido de especial sensibilidad para mineros y lagartos. Pasaban los minutos y la soledad de Juan Porcel en la grada de fondo-preferencia de La Victoria era cada vez mayor. Ni un alma a su lado. Pero él no desfallecía, seguía vitoreando a los suyos en el calentamiento. “¿Vendrá alguien más?”, se preguntaba mientras el equipo embocaba el túnel de vestuarios. La mayoría de los hinchas del Real Jaén lo observaban impertérritos. “¿Se habrá confundido ese hombre?” “¿Qué hace allí?”, “Tiene valor”, comentaban dos seguidores blancos en tribuna ante la sorprendente estampa. Todo el mundo sabía que la afición del Linares había decidido no viajar como medida de protesta ante el “abusivo” precio de las entradas. No estaba ni la directiva. A Juan Porcel, por el que corre sangre azulilla desde que era niño, le daba igual. Subía y bajaba las escaleras. Los nervios lo comían por dentro. De vez en cuando, algún aficionado blanco le llamaba la atención e, incluso, dialogaba con él. Personas caritativas que comprendían su incómoda posición. “Eso es sentir los colores”, asentaba otro seguidor del Real Jaén en tribuna.

Juan Porcel colocó cuidadosamente la bufanda en la valla, quería estar cómodo. Tenía toda una grada para él solo. Las primeras ocasiones del Real Jaén comenzaron a llegar. El buen seguidor del Linares se llevaba las manos a la cabeza y, de vez en cuando, gritaba. “Vamos chicos, podemos ganar”, arengaba de manera ingenua. El equipo estaba descompuesto y apenas ofrecía oposición a un rival mucho más motivado y con el cuchillo entre los dientes. Aprovechó el descanso para refrescarse y soñar con un triunfo en el campo del eterno rival, como tantos ha visto a lo largo de su dilatada trayectoria como sufridor linarense. Su penitencia llegó en el segundo tiempo. No sabía ya cómo colocarse. El Real Jaén atacaba en oleadas ante un Linares en retirada. Los goles de Migue Montes y Manolillo acabaron con la paciencia de Juan Porcel. “Es el primero y el último partido que veo del Linares esta temporada”, exclamaba encabritado camino del coche para regresar a casa, donde le esperaba su mujer, otra apasionada del Linares, que, en esta ocasión, decidió no acompañar a su marido en una nueva tarde de padecimiento. Juan Porcel no se ha perdido un derbi desde que tiene uso de razón. “Los he visto todos, en Segunda B, Tercera y Copa”, asegura con orgullo. Dice que ya no volverá al fútbol. “Me han quemado”, lamenta. Es un ejemplo de lo que representa el Linares para la ciudad minera, donde desborda pasiones.

Un joven aficionado con su padre en la grada de tribuna del Estadio de la Victoria.
Un joven aficionado con su padre en la grada de tribuna del Estadio de la Victoria. Foto: Javier Esturillo

Juan Porcel es el paradigma del seguidor de un equipo de fútbol, al igual que un niño, cuyo nombre desconocemos, que asistió al clásico como si de una peregrinación se tratara. Zamarra, bufanda y bandera. El kit completo de un hincha como Dios manda. Sentado junto con su padre, siguió el partido emocionado, con el orgullo a flor de piel. Para él, el Linares es el Real Madrid, el FC Barcelona, el Atlético…. No hay más. El dolor de la derrota le amargó la fiesta del fútbol jiennense, pero como diría Vujadin Boskov: “Fútbol es fútbol” -en el sentido más maravilloso y hermoso de la palabra-.

 

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