Blumm habla de cierta actitud del ciudadano barcelonés, que ni es chicha ni es limoná, que siente según sople el viento, más la bandera del aborto independentista que la bandera del país del que mama.
Blumm habla de cierta actitud del ciudadano barcelonés, que ni es chicha ni es limoná, que siente según sople el viento, más la bandera del aborto independentista que la bandera del país del que mama.

Esta semana estuve dándole vueltas a un texto de Corazón tan blanco, la deslumbrante novela que Javier Marías escribió con cuarenta y uno. Se la recomiendo. Su comienzo es devastador. Le influirá en sus vidas. Lean solo el comienzo y abandónenla, pero lean ese comienzo. A esa edad Javier Marías escribía una novela interesante y no se pasaba el día haciéndose selfis.

Yo no sé si a ustedes les pasa. Cuando localizo un fragmento o un texto deslumbrante, además de deslumbrarme, retumba durante un par de días dentro de mi cabeza. Va a ser imposible trascribir el texto completo aquí porque si así lo hiciera se quedarían sin artículo. Pero trascribo parte de su esencia para ilustrar lo que quiero ilustrar, que es cierta actitud del ciudadano barcelonés, que ni es chicha ni es limoná, que siente según sople el viento, más la bandera del aborto independentista que la bandera del país del que mama. Es una actitud cobarde, tibia, de vómito fácil, muy similar a ese mientras tenga lentejas y tetica caliente dime qué tengo que decir, si independencia en vena o español por la gloria de mi abuelo extremeño.

Son sus cerebros. Yo pienso que son sus cerebros. Sus cerebros están enfermos y argumentan a favor de la independencia sentados en el sofá mientras succionan con tetina española. Y aquí es cuando saco la cita de Javier Marías, el trocico de texto de Corazón tan blanco, para ilustrar y apoyar mi hipótesis, puesto que solo es una hipótesis rebosante de intuición. ¿Se acuerdan cuando Macbeth asesina al rey Duncan mientras duerme? ¿Recuerdan que Macbeth revela lo malísima que es la ambición política para los que buscan el poder por sí mismos? Lady Macbeth, en la obra, empieza a intercalar frases sueltas, argumentos dispersos para quitarle hierro a lo que su marido ha hecho o acaba de hacer y ya es irreversible, y entre otras cosas le dice que no debe pensar ‘so brainsickly of things’, de difícil traducción, pues la palabra ‘brain’ significa ‘cerebro’ y la palabra ‘sickly’ quiere decir ‘enfermizo’ o ‘enfermo’, aunque aquí es un adverbio; así que literalmente le dice que no debe pensar en las cosas con tan enfermo cerebro o tan enfermizamente con el cerebro.

¡Esta es la expresión que quería rescatar!, el jugo que quería ofrecerles era ese rotundo ‘so brainsickly of things’ con que Javier Marías cualifica al asesino y ¡a Lady Macbeth! ¿Dónde les quiero llevar? A que con cabezas enfermas, con cerebros enfermizos, con sesos secos y tiesos no se alcanza ningún objetivo.

Es una primera interpretación, la más evidente: los cerebros enfermos de los dirigentes catalanes han contagiado y han sintonizado con esos otros miles de enfermizos cerebros que aplauden al jefe de los cerebros enfermos, al Jefe Brainsickly, el líder de la banda. De entre esos miles existe un ciudadano juguetón que tira tímidamente darditos, solo darditos, al proceso de aborto independetista pero que vocifera cuando tres españoles se reúnen para enarbolar evidencias: que Cataluña es tan España como Jaén y como Úbeda, tan España como Extremadura y Salamanca.

Y es aquí cuando salto y acabo. Lo que me cuesta tolerar de ese grupo de personajes tibios, que ni se sienten españoles (no le han cogido el paso a la Historia de España) ni quieren dejar de comer de lo que le ofrece la Generalidad y el Estado del que maman, diga lo que diga Jefe Brainsickly, es que no se posicionen. Por eso son tan vomitivos, porque son taimados, bellacos. Mentes enfermas que por respeto humano y por miedo, o por vergüenza, son más tibios que el café que se me ha quedado encima de la mesa mientras escribía este artículo. Hay quien a este café, bebérselo, le encuentra todo, hasta sabor y placer. Y hay quien piensa que lo tibio, mantener una posición ambigüa es como estar dormido, y muerto y ser como una pintura. Como escribe Marías dos líneas más abajo: «Los dormidos, y los muertos, no son sino como pinturas». Despierta, catalán, te quieren pintar la España que tienen en sus cerebros; enfermos.

Blumm escribe en Lacontra y en su blog.

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