UNA MUERTE ENTRE LA REALIDAD Y LA FANTASÍA

La muerte de Francisco de la H. M., el 11 de julio de 2006, desató tras de sí un sinfín de historias de misterio en las que el entorno, la Catedral de Jaén y la Plaza Santa María, y la estampa que dejó tras su muerte, con el cuerpo desnudo y cubierto por excrementos y plumas de paloma, tuvieron mucho que ver para que, a pesar de que la Policía Nacional asegura que no fue un crimen, haya pasado a la historia como tal

Cuando se le pregunta a los agentes de la Policía Nacional acerca de lo que ocurrió el 11 de julio de 2006 a los pies de la Catedral de la Asunción de Jaén la respuesta es muy clara: “No fue un crimen”. Eso, a pesar de que aquel día pasó a la historia como el del conocido “crimen de la Catedral”. Era de madrugada, alrededor de las 03:30 horas, cuando el cuerpo sin vida de Francisco de la H. M., de 59 años, apareció desnudo y cubierto por excrementos y plumas de paloma y desató un reguero de historias y misterio que, para los investigadores de la Policía Nacional, no se corresponden con la realidad. Pero el lugar en el que acontecieron los hechos de aquella madrugada veraniega, la emblemática plaza de Santa María, envuelta por la inmensidad del templo jiennense, ha dado pie a que “la muerte natural” a la que se refieren los investigadores aún sea, para muchos, fruto de algo llegado del exterior. Puede que del infierno.

“Ven aquí, Satanás, que soy tu hermano”. Las palabras que, supuestamente, resonaron en los muros de las viviendas de la calle Campanas aquel 11 de julio fueron la clave para que, después, se desatara la intriga en torno a la muerte de este hombre alcohólico, que vivía en la más absoluta soledad en una vivienda de la calle José Solís, en el barrio de Peñamefécit. En el informe policial, tal y como explican fuentes oficiales, esta sentencia no aparece ni es una pieza clave para resolver todo lo que aquella noche sucedió. “La muerte de este hombre ha dado para mucha literatura”. Y no es para menos. Desde que aquel 11 de julio la sala operativa del 091 recibiera una llamada del servicio de Emergencias 112 en la que se explicaba que unos jóvenes habían descubierto la dantesca escena, en la que el cuerpo desnudo y sin vida de Francisco reposaba sobre el suelo de la Plaza de Santa María cubierto de excrementos y plumas de paloma, la aparición de sectas y ritos satánicos han servido como hipótesis a la hora de ofrecer una explicación extraoficial a esta muerte que trastocó el imaginario social de los jiennenses.

Imagen del archivo policial de la situación en la que quedó el cuerpo de Francisco de la H. M.
Imagen del archivo policial de la situación en la que quedó el cuerpo de Francisco de la H. M.

Pero la versión oficial es que la muerte natural de este indigente, producida por una “insuficiencia cardiaca” que ocasionó que el hombre cayera al suelo y se golpeara la cabeza, tal y como reza en el informe del forense, da para tanta ficción por una serie de hechos en los que un amigo de la víctima tenía mucho que decir. Una persona que podía ser la misma que, supuestamente, vieron las cámaras de seguridad instaladas en el Ayuntamiento de Jaén, pero que nunca se pudo comprobar ya que el paisaje que por aquel entonces presentaba la Plaza Santa María era bien distinto al actual. En lugar de un espacio diáfano, en 2006 la remodelación aún no había llegado a este espacio de la capital y una arboleda cubría parte del mismo, lo que impidió que las escasas cámaras de videovigilancia que por aquel entonces había en las paredes exteriores del Consistorio jiennense pudieran recoger una imagen nítida de lo que podía haber pasado aquella noche de verano. La búsqueda de la persona que, según el relato de los jóvenes, habían visto salir corriendo de la Plaza de Santa María después de oír los gritos que les llevaron hasta el cuerpo del fallecido, dio sus frutos y un amigo, y habitual compañero de parranda, de Francisco de la H. M. tenía la clave para explicar qué había sucedido. Una declaración que rompía de un solo golpe todos los relatos de terror y misterio que florecieron en torno al caso.

Según relató este hombre, antes del aviso de los jóvenes al 112 y de que los investigadores de la policía científica y de la UDEF se presentaran en el lugar de los hechos para recoger las pesquisas, él mismo se había encargado de configurar todo para dejar la escena que quedó para el recuerdo. Este hombre descubrió el cuerpo sin vida de Francisco y, según sus explicaciones, lo desnudó para intentar reanimarlo, pero al ver que no lo conseguía, quiso cubrir “sus vergüenzas” con restos de plumas y excrementos de palomas que había recogidos en una bolsa cercana al lugar de los hechos, y que, según las crónicas de la época, un vecino de la zona reconoció haber dejado aquel día en un contenedor. Fue un acto de inocencia y lleno de inconsciencia y buena intención, pero que dio pie a todo el misterio que se ha desatado tras los hechos y en los que se han configurado realidades muy distintas a la versión oficial de la Policía Nacional para explicar la escena aterradora que incluso quedó recogida en una instantánea en blanco y negro que se reserva en el archivo policial.

La verdad del suceso era más terrenal de lo que pudiera parecer, pero, a pesar de la insistencia de la Policía Nacional en que el ‘crimen de la Catedral’ deje de ser tal, el imaginario social y colectivo de la ciudad aún lo recuerda más cercano a las hipótesis extraoficiales. Kevin Izquierdo, historiador del arte experto en patrimonio y creador de la empresa Cláritas Turismo, palpa en muchas ocasiones como el aciago suceso que aconteció en julio de 2006 perdura en la mente de muchos jiennenses como uno de los relatos más misteriosos de los ocurridos en la capital. La ‘culpa’, más allá de la estampa que dejó la muerte de Francisco de la H. M., la tiene también el entorno “misterioso” que envuelve al centro histórico de la capital y, en especial, a la Catedral de la Asunción. “Si esta muerte hubiese sucedido en otro barrio, en el Bulevar o en San Roque, por poner un ejemplo, no hubiese dado para tanta literatura de leyenda y misterio. Muchos jiennenses que participan en las rutas de misterio que hacemos sí nos han preguntado por este caso y casi todos siempre recuerdan que decían que podía ser una secta, que podía ser un rito satánico… Pero a todos también le contamos la versión oficial y muchos se sorprenden porque la desconocen por completo”, explica Izquierdo.

El Hombre de Vitruvio, imagen icónica de Leonardo Da Vinci.
El Hombre de Vitruvio, imagen icónica de Leonardo Da Vinci.

La historia de terror alrededor de la muerte de Francisco cala, pero también asusta. Su cercanía en el tiempo, la estampa que dejó para el recuerdo y el lugar de los hechos retiene en muchas ocasiones a los curiosos, que, cuando cogen fuerza, preguntan durante sus paseos sobre lo que allí sucedió. Y aunque no tiene nada que ver con sectas ni rituales satánicos, estas siempre sobrevuelan las conversaciones. Porque Jaén es una tierra llena de misterios y las historias en torno a la Catedral y todo el centro histórico de la capital, el epicentro de muchos de ellos. Por eso no es de extrañar que, tal y como explica el historiador del arte, las sectas masónicas o satánicas hayan estado relacionadas desde el primer momento con el caso, que adquirió dimensión nacional y sobre el que investigadores del misterio de diversos puntos del país llegaron a afirmar que era obra de una secta conocida como La Hermandad del Gorrión, cuyo modus operandi coincidía con la exposición del cuerpo de Francisco de la H. M., desnudo y cubierto por plumas y excrementos de ave.

Asimismo, la muerte de este vecino de la capital se llegó a relacionar con un posible juego de rol y hasta con un ritual propio de la escena que sirve de apertura para la historia El Código Da Vinci, de Dan Brown, en la que un hombre aparece muerto y colocado como el conocido como Hombre de Vitruvio. Una imagen que se puede encontrar en forma de escudo en un bloque de la calle Almendros aguilar y que es solo un componente de los muchos que conforman el ‘atrezzo’ perfecto para una historia de terror y misterio. Kevin Izquierdo conoce las leyendas a la perfección y son muchos los jiennenses y turistas que se interesan por ellas. “Las historias de los niños que, supuestamente, se aparecen en la Catedral de Jaén y en el Ayuntamiento llaman mucho la atención de los participantes en nuestras guías, porque nuestra ciudad tiene un aire místico que no tienen todas”. Un aire que se da gracias a las historias de supuestos niños, pero también a la del obispo insepulto Alonso Suárez de la Fuente del Sauce y a la de la figura de la mona de la Catedral, una supuesta estatua que representa, según el relato de investigadores como el escritor jiennense Juan Eslava Galán, a Baphomet, una deidad que adoraban en la antigua Babilonia y que siempre estuvo relacionada con el misterio.

Existe una leyenda alrededor de la figura de La Mona.
Existe una leyenda alrededor de la figura de La Mona.

Aunque, la realidad, como ocurre con la muerte de Francisco de la H. M., es muchas veces menos estrambótica, aunque en el imaginario social las historias envueltas en terror calen más y sean muchos los que no se atrevan a mirar o retar a esta figura que se sostiene en una de las paredes traseras de la Catedral de la Asunción por si mueren como el niño de la leyenda. “En el caso de la mona, por ejemplo, las historias de misterio y la posible realidad se mezclan. Puede ser que fuera una representación de un dios de la antigüedad, pero también puede ser que ocurriera como en otros templos de Europa en los que las figuras más sobrecogedoras y espeluznantes que se han creado, por ejemplo en forma de gárgolas, responden a la imaginación de los obreros nada más”, explica el historiador del arte.

Una ciudad llena de misterio y leyendas en la que la muerte, el 11 de julio de 2006, de Francisco de la H. M. ha pasado a la historia como un oscuro y siniestro suceso, pero que fue fruto de la naturaleza, que decidió que hasta ese momento había llegado este jiennense alcohólico y que, presuntamente, estuvo ingresado en Salud Mental. El hombre estaba en estado de embriaguez y el fallo cardíaco le ocasionó la caída en la que se daño la cabeza, después, la intervención de su amigo desató todas las historias y en la mente de los jiennenses aún resuenan esa sentencia llegada de quién sabe dónde: “Ven aquí, Satanás, que soy tu hermano”.

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