“No podemos estar como viejas del visillo”

Licenciada en Sociología, en Investigación y Técnicas de Mercados, Máster en Dirección de Marketing, bla bla bla. No, a esta redactora no se le ha escapado un corta y pega comprometedor. La presentación que Chris Aparicio Barroso (Jaén, 1976) hace de sí misma en su página web la define a la perfección. Arriesgada, valiente, divertida, irreverente, con un punto de locura y, por encima de todo, alegre. Así es esta community manager a la que la gente reconoce por la calle como si fuera una famosa 2.0. Pero detrás de un post, de una foto en Instagram o de un tuit, hay un mundo por descubrir. Como reza en su page, no solo gestiona proyectos en la red o investiga mercados, sino que forma a futuros community managers en uno de los cursos de mayor prestigio a nivel nacional, Curso Community Management de Fundación UNED. Empresaria y madre de tres hijos, a sus 40 años ha madurado. Aprende a no usar el móvil “26 horas al día”, a dedicar tiempo a los suyos y a crear una empresa de éxito con su nuevo salto profesional. Ella logra lo que otros envidian, ser feliz trabajando. ¿Cómo le da tiempo a todo?

—¿Qué es Chris Aparicio? ¿Persona o marca?

—Persona que ha derivado a marca. Soy Cristina Aparicio y mis amigos me llamaban Chris. Con respecto a la h, cuando empecé a ir a la academia, desde pequeña, me dijeron que mi nombre en inglés era con h y a partir de ahí empecé a escribirla. En EGB los profesores me la tachaban. En BUP me ponían puntos negativos y yo seguí insistiendo. Con lo cual, es persona. No he inventado la h ni Chris Aparicio por una marca, sino más bien al revés. Cristina Aparicio ha derivado en una marca.

—Esa h demuestra que eres una persona persistente y de ideas claras.

—Sí, totalmente. Como me prohíban algo o me digan que no se tiene que hacer, me dan más ganas y, al final, intento conseguirlo.

—¿Cuáles fueron tus principios dentro del mundo del marketing tradicional?

—He experimentado una evolución tanto académica como profesional. Empecé a estudiar Sociología cuando descubrí esa palabra llamada marketing. Me empezó a apasionar y a generar interés. En realidad empecé Sociología para marcharme de casa a Granada y porque molaba. Siempre he sido social y me llamaba la atención. Pero cuando descubrí el marketing ya no nos separamos nunca. Lo que sí he hecho es derivar a la investigación de mercados y el comportamiento del consumidor, que me apasiona. Hice un máster y comencé a trabajar en marketing tradicional puro y duro. Diseñar monopósters, vallas, campañas de buzoneo, parabriseo, televisión, radio, fidelización… Y hasta hoy. De eso hace ya más de 15 años.

—¿Marketing es más que un anuncio?

—El anuncio, al final, es el escenario; el escaparate. Pero antes has tenido que abrir la tienda, pensar qué producto vas a ofrecer, pensar un precio, cómo lo vas a distribuir… En definitiva, las cuatro P del marketing.

—¿Cuando te contrata una empresa, te involucras tanto que llegas a sentirla como tuya?

—Correcto. Sin meterme en las entrañas de la marca no me gusta avanzar porque no lo comprendo. Si no vivo los valores de la empresa que me contrata, su identidad, sus gentes, sus consumidores y su mercado, me cuesta mucho diseñar estrategias para poder avanzar. Si un community manager, que es una parcela más del departamento de Comunicación, no conoce esa historia, audita esa marca y vive la empresa hasta el punto de saber las relaciones entre los trabajadores, es arriesgado ponerte a hacer un post en Facebook. Es importante a la hora de transmitir y comunicar.

—En 2009 tu vida cambió con las redes. ¿Cómo lo hizo?

—Fue un típico día de verano en el que estaba aburridísima. Ya antes me aburría como una ostra en los trabajos porque me faltaba chispa y la adrenalina en el día a día. Ese día me metí en Facebook y observé que allí estaban las marcas, que la gente hablaba, había conversación. En ese momento me di cuenta de que estábamos en la época de los dinosaurios, rancios. Descubrí un mundo digital, un matrix en el que había que meterse. En ese mismo momento me puse a ahondar más en ese terreno y a informarme por Google. Solicité a mis jefes de entonces un curso en Barcelona de Community Management y a partir de ahí no nos separamos. Y estoy muy agradecida a mis jefes de esa época por darme la oportunidad.

—¿Cualquiera puede ser community manager?

—No. Y aunque digamos que es algo transversal a cualquier puesto de trabajo, no es cierto que cualquiera puede dedicarse a eso. Ahora mismo vivimos en una burbuja, y como todas las burbujas explotará, se desinflará y quedarán los que verdaderamente están cualificados. Porque un community manager no es periodista, ni a la inversa. Son perfiles muy complementarios, que van al unísono, pero no son lo mismo. Por ejemplo, el community manager debe tener aptitudes y unas características especiales. No puedes ser community manager y ser una persona introvertida, ni muy celosa de tu intimidad, ni querer estar en las redes sociales.

—¿Dónde está el límite entre tu trabajo y tu vida personal?

—No lo tenía claro. Pero desde que he cumplido 40 años es como que todo me ha cambiado. He madurado, nunca es tarde (risas). Ahora sí intento separar más esa parcela. Pero porque me he convertido en una marca personal y, a veces, puede llegar a ser personaje. Me da un poco de miedo gente que yo no controlo en el día a día en mi círculo cercano y que, sin embargo, ellos sí conozcan a mi familia o mi vida personal. No me importa, a la gente que conozco, mostrar que estoy en la playa o en un evento familiar. Pero el miedo que me da que personas que no conozco de nada y ellos sí a mí es lo que me está haciendo separar un poco la vida personal de la profesional. Pero es por mi marca. Yo, como Cristina Aparicio, no tengo nada que ocultar y comparto. Las redes sociales son un espacio para compartir. No podemos estar como viejas del visillo, continuamente mirando y viendo lo que hacen los demás y tú no contar nada. Pero creo que es importante separar algo.

—¿En alguna ocasión se te ha ido de las manos?

—Sí, miles de veces. Y se me irá. Pero en el momento en que deje de tener ese control dejaré de ser Chris y seré una persona normal, entre comillas. Tengo que tener mis idas de olla y salidas de tono. Es cierto que cada vez te van poniendo obstáculos y censurando lo que piensas y cómo comunicas. Si dependiera de mi persona me daría igual, me la pelaría. Pero cuando de ello depende mi familia, mi trabajo, mis clientes y mis compañeros, entonces me tengo que guardar porque ya no soy yo nada más. Y cuando entras en un entramado de este tipo hay muchos agentes que intervienen y ya no puedes ser tan revolucionaria, ni ir diciendo barbaridades. Pero a lo que me preguntabas, sí, he metido la pata muchas veces.

Chris Aparicio en su despacho del Paseo de la Estación. Fotografías: Esperanza Calzado.
Chris Aparicio en su despacho del Paseo de la Estación. Fotografías: Esperanza Calzado.
—¿A tus hijos o a tu marido le han hecho referencias sobre ti?

—Sí. El otro día la conversación con dos de mis hijas era que le habían dicho que su madre era famosa. Le dicen que soy famosa de internet. Ahí te das cuenta de cómo van cambiando las cosas. El concepto famoso era el que salía en las revistas o en las noticias de corazón, o un personaje que saliera en los medios de comunicación tradicionales. Pero ahora ya existe esa figura del famoseo en internet. Podemos hasta diferenciar tipos como los casposos, los celebrities, gurús. Son famosos del mundo 2.0, porque internet está poniendo en la cresta a personajes o marcas que pueden ser más visibles que otros.

—Pero tu sí eres famosa en internet…

—En internet de Jaén (risas). Cuando me encuentro con gente por la calle que yo no conozco y ellos a mí sí, me da a entender que me conoce gente que yo no controlo. Es chulo y divertido. Mola si lo sabes llevar y sabes diferenciar las cosas. Está bien. Cuando ya se te meten en tu terreno un poco más personal o te molestan ya no mola tanto.

—¿Te has sentido ‘utilizada’, en el sentido de que te invitan a eventos para ganar difusión?

—Sí. Pero yo también los he utilizado. Más que utilizar vamos a poner la palabra colaborar. Aunque veas que te llaman porque tú les vas a poner un post en Facebook, un tuit o una foto en Instagram que va a tener alcance y la gente lo va a ver, eso me da a mí una exposición social y una forma de hacer marca. Lo que sí es verdad es que voy seleccionando cada vez más. Cuando estás recién aterrizada tienes que hacerte con el terreno, con el lugar y aprender. Ahora, ya estoy en el proceso de que todo no vale. No por nada, sino porque tengo tres hijos y un marido que me lo aguantan. Pero llega el momento en que tienes que sacar tiempo para los tuyos.

Y hay mucha gente con mucha cara dura, pero ya no porque me inviten a un evento, que no me importa tanto. Lo que me fastidia es que te llamen para hacerte una preguntilla. Yo soy consultora y asesora. Cuando uno va a un psicólogo o a un abogado, no le haces una pregunta y te sales por la puerta sin haber pasado por caja. Pues aquí pasa igual. No se me puede hacer una pregunta de si tu marca lo hace bien o no. Me han llegado a llamar para preguntarme el nombre que le ponen a una tienda, y eso requiere un trabajo serio y profesional. Hay que ver a qué público nos dirigimos, qué imagen corporativa se proyecta, en qué zona está… Es que al final, con esas llamadas, ves que tu día se ha consumido y no has tenido tiempo para tus clientes, que son la razón por la que estoy aquí. Al final das tu transmisión de conocimientos de forma altruista y, con perdón, todos estamos aquí para trabajar, llevar un sueldo a la casa y ser felices.

—¿Cómo es ese día a día, entre madre, esposa y empresaria?

—Me levanto a las siete y siete de la mañana. Lo primero es el café porque las personas que tenemos estos ritmos de vida, sin cafeína no sé como lo hacen. Mientras veo la prensa digital, me meto en Twitter y LinkedIn. Intento contestar correos y hablo con Mónica. Levanto a mis hijos, les preparo el desayuno y las mochilas para el colegio. Los llevo, porque intento llevarlos cada vez que puedo porque es un momento muy chulo. Y ya empieza la vorágine de oficina, reuniones, viajes, visita de clientes, también soy profesora y tengo que atender a los mil y pico alumnos que están en una plataforma online. Intento comer en casa cada día. Intento tener esa hora con la familia, sentados los cinco, porque es importante. Luego recojo como todas las amas de casa y me subo otra vez a trabajar a las tres y media. Sentarme en el sofá y dar una cabezada no existe en mi vocabulario. Trabajo toda la tarde hasta por la noche.

—¿Cuántas horas al día estás conectada con el móvil?

—26. Sé que tengo que poner límites y lo consigo con trucos como silenciar las notificaciones. Me siento un poco culpable si doy la vuelta al móvil para no ver todas las notificaciones porque parece que no estoy atendiendo. Pero, claro, cualquier trabajador sale de su oficina y cierra. Internet es un canal que no cierra, está 24 horas. A un cliente cómo le dices que no lo atiendes, por supuesto que no. Pero cuando es algo que es para aprovecharse y a horas a destiempo, sí me molesta enormemente.

—¿Eres exigente con tus clientes?

—A veces demasiado y sé que tengo que darme un punto en la boca. Pero el día que lo haga voy a dejar de ser yo. Cuando veo que se puede mejorar procesos, detalles y ves que no se hace por falta de tiempo o de ganas me enfado mucho, porque veo que en esa empresa se podrían hacer las cosas mejor. Además, algunas veces cuando se lanza una mejora sin que te hayan preguntado puede considerarse como una crítica. Entonces hay que tener mucho cuidado con eso, hay que saber callar y dar tu opinión cuando te pregunten o decirlo en el momento adecuado. Pero es que si yo no me meto ahí, que soy como parte del equipo, quién se va a meter. Además, los que trabajamos en investigación de mercados debemos contar lo que hay que contar, no lo que el cliente quiere oír. Si yo estoy para dorarle la píldora y decirle que lo hace bien, me convierto en una mercenaria.

—¿Recuerdas alguna crisis importante?

—Sí.

—¿Cómo se gestiona?

—Al principio me da pereza. Los que nos dedicamos al mundo de los medios sociales una de las asignaturas que nos enseñan es la resolución de un conflicto online, cómo anteponerse a una crisis, cómo estar preparado; un plan de contingencia, básicamente. Y cuando lo ves venir y al final la tienes, te da pereza. Pero, por otra parte, me pone. Porque es uno de los momentos en los que verdaderamente demuestras si eres profesional o no. Tienes que hacer una reunión para ver qué respuesta dar, cómo argumentarlo, cómo quitar al troll, cómo ir al influencers, cómo monitorizar. Ahí empieza el profesional.

—Como profesional acabas de dar un salto. ¿En qué consiste?

—Más que profesional, es empresarial. Vamos a seguir luchando en la misma línea y ofreciendo servicios que hasta ahora ofrecemos, pero el salto va a ser porque voy a meter personal en plantilla. Dicen por ahí que no eres empresaria hasta que no pagas seguros sociales (risas) y voy a descubrir ese apasionante mundo. He trabajado hasta ahora con colaboradores porque, evidentemente, no hubiera podido llegar sola hasta aquí. Pero quiero avanzar e integrar. Hablo ya en plural porque ya hablo de forma corporativa, donde Chris será un poco la embajadora, la gerente CEO. Pero yo quiero que esto sea una entidad, que no esperen que siempre vaya Chris Aparicio sino que seamos un equipo. Estoy muy contenta porque vienen a contarme y a ofrecer sus servicios para que los contrate, pero poco a poco. Si puedo compartir mi éxito con más gente mejor. El éxito compartido es mejor.

—¿Ha despertado envidia tu éxito?

—Sí. No me gusta ser rancia con la frase de que Jaén es especial, pero es que verdaderamente a veces lo somos. Mi amigo David Navarro lo dijo en uno de sus monólogos. En Jaén, para que te vaya bien tienes que decir que te va mal. Despiertas envidias y desean que no te vaya bien. Ahora, como digas que estás malo, todo el mundo te dice pobrecito. Además, ya ves que la gente le quiere buscar tres pies al gato. Me ven como competencia y no es así. Yo quiero montar mi empresa en lo que yo soy experta, no me voy a meter en fregados que no me corresponden. Pero te digo una cosa: me da igual.

—¿Empresaria o docente?

—Uh, difícil elección. Todo en su justa medida. La balanza tiene que estar equilibrada. Ni todos los días transmitiendo conocimientos, porque acabo agotada. Pero la parte profesional exactamente igual. No podría seguir sin una de las dos.

—Permítenos que te utilicemos, en el buen sentido de la palabra. ¿Un consejo para emprendedores noveles como LaContracrónica?

—No es porque seáis vosotros, ni estemos delante de una cámara, pero creo que lo estáis haciendo muy bien. Porque estáis empezando a aprovechar lo bueno que ya existe. Estáis empezando desde cero un medio, que no es fácil. Estáis siendo profesionales en lo vuestro, que es el periodismo de rigor y en el que se ve que hay gente preparada y cualificada. Pero, a la misma vez, estáis teniendo esa gracia y esa frescura al utilizar los medios sociales. Las estáis trabajando, sobre todo tú, Esperanza, con tu marca personal también y lo estás enlazando bien. Y sobre todo, que estáis ofreciendo algo diferente. Mi consejo es que tengáis mucha constancia y mucha rutina. Que no es poner un post porque me ha dado la gana, no. Tomadlo como un trabajo. Lo mismo que cada día te levantas, te arreglas y te pones guapa, lo mismo tienes que hacerlo en redes. Tienes que ser guapa en tus redes y para ello tienes que dar siempre lo mejor de ti. Y trabajar mucho vuestra marca corporativa. El producto y el servicio ya lo tenéis diseñado en el laboratorio previo que habéis estado haciendo. Ahora es comunicar, pero de forma profesional, aportando valor. Ni por ser más rápidos ni con más cantidad de seguidores seréis mejores. No os tenéis que poner nerviosos, cada uno tiene su marca y en el río hay muchos peces. Finalmente, os aconsejo segmentar vuestro público objetivo. Vuestro lector no es todo el mundo. Tenéis que definir qué características tiene, qué variables psicodemográficas, su estilo, etcétera. Divide y vencerás.

 

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