Juan Molina, el pasado viernes, en Mancha Real, donde participó en un seminario sobre oleoturismo. Foto: Esperanza Calzado.
Juan Molina, el pasado viernes, en Mancha Real, donde participó en un seminario sobre oleoturismo. Foto: Esperanza Calzado.

Con su sombrero de paja y un grupo de visitantes que le escuche, es capaz de desconectar  del mundo. Es su pasión e intenta transmitirla con el mayor mimo. El mismo que pone a cada una de las palabras que utiliza para definir un modo de vida, más que un negocio. Que Jaén es tierra de gente apegada a sus olivos no es descubrir el mundo. Pero hay olivareros y olivareros. Y Juan Molina Martínez (Torreperogil, 1968) es de esos que nadan a contracorriente; de los que llevan en vena amar la tierra y luchar por lo suyo, sin pretensiones, con la verdad por delante y con el constante anhelo de hacer algo diferente.

Con el incomparable marco patrimonial de Úbeda como escenario, no le duelen prendas ir a recoger a sus “turistas” y “carrilear” por los seis kilómetros que llevan hasta un espacio donde las sensaciones juegan un papel fundamental. Mira a los ojos de cada uno de sus interlocutores, se adapta a sus exigencias hasta que logra que, por unas horas, aquel que nunca ha cogido una vara se marche con las ganas de plantar un olivo. Su experiencia la explica allí donde le invitan; la última vez en el Seminario sobre Oleoturismo celebrado en Mancha Real. Es el propietario y gerente de Cortijo Spíritu Santo, allí donde se elabora el aceite que una vez bautizaron como el más caro del mundo y donde día tras día, Juan Molina intenta hacer el mejor aceite del mundo.

—Su estreno en el mundo olivarero fue muy precoz, con apenas nueve años.

—Empecé con mi padre en el campo, ayudándole. Cuando tenía 14 años mi padre ya no sabía explicarme más cosas que no hubiera aprendido y fue entonces cuando pensé en irme a estudiar Agricultura. Hice Agrónomos, empecé a trabajar en una asociación agraria, a hacer proyectos, informes, valoraciones. Pero siempre seguía ayudando a mi padre en el campo, como hacemos aquí en Jaén muchos. Poco a poco me formé en temas de oleicultura más a fondo y en catas. Cuando en la Universidad de Jaén se hicieron los primeros másteres y cursos de especialización, los cursé y me fue surgiendo la inquietud de hacer algo diferente. En realidad, yo lo que he querido hacer siempre es el mejor aceite del mundo.

—¿Por qué Cortijo Spíritu Santo es diferente?

—Los diferentes somos nosotros. María y yo veíamos las cosas de una manera diferente, queríamos hacer un aceite que no fuera como los demás y una agricultura diferente a la que se venía haciendo. Hacemos agricultura ecológica o más bien natural, que intenta solucionar las cosas con ingenio y no con productos químicos. Eso al final se nota en el aceite. Hemos conseguido, también, adaptar perfectamente tanto la almazara como el olivar a una producción de mayor calidad. Intentamos explicárselo así a la gente y lo entiende de esa manera.

—Siempre se dice que hay que apostar por la calidad. ¿Lo estamos haciendo bien en Jaén?

—Mi opinión es que sí, pero que vamos un poco lento, en general. Ese fue el motivo por el que decidí salirme de la cooperativa y montar nuestra propia almazara en el Cortijo. Porque a la velocidad que íbamos en la cooperativa yo creo que no hubiésemos llegado nunca. Han pasado muchos años y las cosas van avanzando. ¿Cómo no van a avanzar…? Creo que lo estamos haciendo bien pero demasiado lento. Con esto hay que pisar un poco más el acelerador.

—¿El oleoturismo es una moda pasajera o tiene potencial de futuro?

—No cabe duda de que tiene potencial de futuro. Si el oleoturismo no existiera, habría que inventarlo. Porque realmente es la conexión que tenemos en Jaén con el mundo exterior. Es la herramienta que puede hacer que nos conozcan, que vean nuestros productos y que podamos vivir de esto. Si no, tendríamos que emigrar, como en el pasado.

—¿Cuán importante es para Cortijo Spíritu Santo todo lo que le rodea, como por ejemplo las infraestructuras de comunicación?

—Para nosotros como Cortijo Spíritu Santo tiene una importancia relativa. Es importante, pero relativo, porque recibimos un público minoritario. Por citar un ejemplo. Nosotros estamos en medio del campo y allí no entran los autobuses, porque estamos a seis kilómetros del asfalto. En mi caso, el que viene a buscarme llega. Pero entiendo que, en general, para la provincia de Jaén, unas mejores infraestructuras son fundamentales. La autovía que va de Jaén a Baeza se terminara, la A-32 es fundamental… Por supuesto. Pero en nuestro caso concreto somos muy minoritarios y tenemos un público que va a llegar allí sí o sí.

Viene gente con inquietudes diferentes. Son personas que van buscando algo mítico y eso es lo que a mi me gusta ofrecerles

—¿Cuál es ese tipo de turista?

—No lo sé, la verdad. Viene gente con inquietudes diferentes. Son personas que van buscando algo mítico y eso es lo que a mi me gusta ofrecerles.

—¿Mítico? ¿A qué se refiere?

—No lo sé. Las personas que creemos en la magia nos entendemos entre nosotros (sonríe). La gente piensa que nosotros en el Cortijo hacemos algo diferente, vienen y yo se lo explico (vuelve a sonreír).

—¿Qué es lo importante?

—Creo que, en general, en este sector nuestro, como en todos los sectores en nuestra provincia y en el mundo deberíamos hacer las cosas lo más de verdad posible y no de cara a la galería. Y eso es lo que hace que una idea o algo se aproveche al máximo. La gente entiende lo que es auténtico.

—En vuestro caso, además de visita a la almazara, también hay posibilidad de alojarse. Sin embargo, no todo el que reserva va expresamente a hacer oleoturismo. ¿Sorprende?

—Sí. Nosotros empezamos con la ilusión de que la casa rural tirara de la marca y nos hemos dado cuenta de que las visitas guiadas son más importantes, desde el punto de vista del oleoturismo, que lo que es el alojamiento en sí. La gente no viene al campo buscando el aceite, sino que viene al campo, simplemente. Incluso nos hemos vuelto a plantear este asunto. Tenemos suspendido el alojamiento porque estamos reformando la casa y estamos pensando en enfocarlo, de alguna manera, en algo específico para el olivar y el aceite. Es decir, para que la gente no se confunda. Para que vengan directamente a buscar el olivar y el aceite desde el principio.

—Internet para vosotros es la puerta al mundo…

—Es lo más importante, con las redes sociales. Todo suma. Hay que utilizar todas las herramientas. Cuando uno es pequeño tiene que utilizar todo lo que tenga a mano.

Cuando uno es pequeño tiene que utilizar todo lo que tenga a mano

—¿Está el sector olivarero anticuado en este aspecto?

—No te creas. En todos los sectores hay gente que se moderniza y gente que no. Personas que ven las cosas y otras que no. Lo que sí es verdad es que aquí en Jaén el sector agrícola está un poco acomodado, en general. Digo en general porque, luego, en muchos pueblos los hay que quieren hacer un buen aceite y se buscan la vida y son emprendedores. Pero supongo que esto ocurre en todo el mundo rural, no es algo específico de aquí.

—Otros de los aspectos de los que se habla mucho es de la unión del sector.

—La unión del sector lo veo más como algo que dicen los políticos. Yo creo que tenemos que estar unidos nosotros entre nosotros. Apoyarnos nosotros, unidos en la familia, unidos con los trabajadores, con los amigos. Pero eso de la unión del sector… ¿Para qué? ¿Con qué objetivo? Lo importante sería tener unos buenos objetivos antes de empezar.

—¿Te gustaría que tus hijos continúen con el negocio familiar?

—Me gustaría que hicieran lo que quisieran. Preparados para seguir con el negocio están, eso desde luego, pero yo quiero que hagan lo que ellos deseen.

—¿Dónde te ves dentro de veinte años?

—No tengo ni idea.

—Pero rodeados de olivos, ¿no?

—Pues tampoco lo sé.

 

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