Pitote, petenera y petate

Venga, hoy, tres sueltos y rápidos:

1. Pitote

Cada vez que salgo de un banco, salgo con muchísima inritación y con muchísimas ganas de hacer con espray amarilloso la siguiente pintada en la puerta: «Sois una bandas de ladrones muy bien organizada, perfectamente localizada y tan legal que hasta os anunciáis en la tele y en los periódicos, y lo hacéis con tanto primor, con unas musiquillas y unas tintas tan bellas, que raro es el ciudadano que no acude a entregaros los dineros para que sigáis funcionando. El Gobierno os consiente, la Justicia os protege y el Estado no puede vivir sin vosotras. Es más, la Justicia obliga al ciudadano a que su dinero, mucho o poco, pase por vuestras manos». Aquí pondría un asterisco, pero ya con espray negro, y escribiría más abajo, con espray lila: «Una vez se dio un caso raro, raro, raro: en 2013 el Tribunal de Justicia de Cataluña reconoció el derecho de un ciudadano a cobrar su paro en metálico, por ventanilla, «hola, buenas», y no a través de vosotros, asquerosos. Pero ya se sabe que, en casa del pobre, la alegría dura lo que dura el cuesco de un poeta, o sea dos minutos y medio, chispa más o menos, porque en 2016 un tío de Segovia acudió a la justicia reclamando lo mismo —¡yo no quiero bancos, copón, yo no quiero bancos!— y también le dio la razón, mire usted, lo que pasa es que después el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León dijo que nanay, que hasta ahí podíamos llegar, que si tú no quieres bancos te los vas a comer por mis cojones y, si no, no cobras el paro, desgraciao, que eres un desgraciao y un churrete. ¡Un ser humano sin cuenta corriente, ¿habrase visto?!». Lo que pasa es que nunca la hago, la pintada, nunca la hago porque soy un cobarde y me falta anticapitalismo y afán de pitote en sangre, que si no…

2. Petenera

Ya no me gusta Podemos. He votado a Podemos desde que Podemos existe. Al 15-M la verdad es que fui poco, más que nada por la de jóvenes coñazo que había, de esos que cogen la hebra y te ponen la cabeza como un bombo mientras se dan piquitos con todo el mundo y luego quieren que los invites a un tercio. Pero, ya digo, los he votado siempre, a Podemos, siempre. Incluso escribí en su revista y fui a Madrid a la presentación, a pesar a lo que me dolía un pie, porque me dolía mucho un pie. Sin embargo, ya no me gusta Podemos. Casi podría decir, casi, que ya no me gusta ni Rita Maestre, pero bueno, no nos precipitemos, mejor no decir las cosas en caliente, que luego vienen los arrepentimientos y las piruletas de mora. En fin. Podemos es un ejemplo claro y actual de la corrupción de las formas, y la corrupción de las formas empieza por eludir respuestas a preguntas claras. El otro día, esa grandísima periodista de La Sexta que se llama Cristina Pardo (grandísima porque en las entrevistas coge los balones fuera de los políticos y se los vuelve a poner en las manos, y les cierra la tangente, y les protesta las peteneras, y les hace saber claramente y con una sonrisa de choteo que no han respondido a nada y que son unos caraduras) puso contra las cuerdas a Espinar el Cocacolas y Espinar el Cocacolas, bisoño en cinismo y artimañas, prefirió jiñarse en directo antes que opinar subjetivamente y arriesgarse a una bronca de Pablo, o de Maestre, aunque eso de que te regañe Rita debe de ser un gustazo, las cosas como son, ahí toa loca. Bueno, que eso, que ya no me gusta Podemos y me ha parecido oportuno comunicarlo.

3. Petate

A la catalanofobia, que es fea y probablemente injusta, se le ha sumado la catalanhostiaquecansinos, que es de lo más natural cuando las emisiones de su panorama político son las mismas día tras día, día tras día, día tras día, un día sí y otro también, y dale, y toma, y venga, y otra vez, y mañana más… Se la han buscado, la catalanhostiaquecansinos se la han buscado con toda la paciencia, la constancia y la dedicación que eso de buscársela bien buscada requiere. El catalanófobo dirá, muy digno: «¡Pues hale, irsus de España, ya estáis tardando, humo, humo, caquí no queremos a quienes no nos quieren!» Y no podrá evitar pensar en tanques. El catalanhostiacansineado, en cambio, derrengado, sin ganas de vivir, lo que dice es: «Si te quieres ir, vete, pero con una sola condición: ¡cállate! Y si te quieres quedar, quédate, pero con otra sola condición: ¡cállate!» Y es entonces cuando al catalanhostiacansineado le da un ataque de nervios y ya no puede parar y pierde los papeles, chorreando lágrimas y mocos y baba: «¡Cállate, cállate, cállate, por el amor de dios, cállate, me cago en mis muertos a cuatro patas, me cago en mi alma hinchá de pus, cállate, coge el petate o no lo cojas, pero cállate, cállate, cállate, no te soporto más, me estás pudriendo la sangre, me estás pudriendo la vida, cállate, cállate, cállate, es lo único que te pido: que te calles!» Y no podrá evitar pensar en el silencio, tan preciado, tan escaso, tan caro, tal vez también en el suicidio, en un suicidio gracioso, de esos que te meas de risa, y seguramente en las drogas malas.

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