(RE)DESCUBRIENDO EL ‘CARMEN DE MICHELENA’

El equipo del centro de acogida inmediata reivindica su labor educativa con menores nacionales y extranjeros; el último año atendió a un centenar de casos

Cambiar es una opción, pero hace falta que alguien esté dispuesto a dar una segunda oportunidad. El Centro de Protección de Menores Carmen de Michelena se la ha dado a 100 jóvenes —83 niños y 17 niñas— en 2017. Lo ha hecho con el esfuerzo de los trabajadores. Ellos reivindican la naturaleza del centro al tiempo que piden apoyo y comprensión social: cada día es una conquista, y cada menor atendido, un desafío. No hay nada constructivo en los prejuicios y la falta de sensibilidad, denuncian los adultos encargados de velar por los menores. Dieciocho años después, el equipo educativo cree en lo que hace y en cómo lo hace. Hay ahora 24 internos.

El ‘Carmen de Michelena’, dependiente de la Consejería de Salud, Igualdad y Políticas Sociales de la Junta, abrió las puertas en el año 2000. Lo hizo en pleno casco histórico de la capital, en La Merced. No es posible saber dónde está vía Google Map: en internet no hay rastro de dirección ni contacto telefónico. En cambio, todos en el barrio saben que está justo enfrente de la Plaza de los Naranjos.

“SOMOS UN SUSTITUTIVO DEL HOGAR”

Silvia Cazalilla es la directora desde septiembre del año pasado. Cuando recibe al equipo de Lacontradejaén en su despacho, antes de dar respuestas, tiene una pregunta:

—¿Cómo os han dejado venir aquí?

Por más que sea un centro abierto, todo está controlado. Hay una cámara de videovigilancia justo antes de entrar. Hace falta tocar al timbre para que alguien dé luz verde al ingreso. Y hay puertas y puertas. Cuatro casas de diferentes colores —roja, amarilla, azul (para ellas) y verde— integran el centro. La roja y amarilla son puertas de entradas para observación. Cuando adquieren normas de convivencia y buena actitud suben a la planta tercera.

El centro cuenta con cámaras y un horario para que los internos entren y salgan. Foto: Fran Cano.
El centro cuenta con cámaras y un horario para que los internos entren y salgan. Foto: Fran Cano.

Cazalilla es trabajadora social, licenciada en Ciencias del Trabajo y especialista en Recursos Humanos. Lleva pocos meses en el cargo. Sabe dónde está, qué es el centro y qué no es.

No es, por ejemplo, un reformatorio ni un espacio destinado para modificar la conducta de los internos.

—Es un centro de acogida inmediata para menores de entre 12 y 18 años. Nos enmarcamos en la protección —define.

Ella y el subdirector forman el equipo directivo; la psicóloga y la trabajadora social, el técnico, y los educadores y el monitor, el educativo. El personal son una directora, un subdirector, una psicóloga, una trabajadora social, nueve educadores, once monitores, una auxiliar administrativa, seis cocineros, cuatro vigilantes, seis limpiadoras y un técnico de mantenimiento.

En el centro confluyen tres perfiles de internos: los menores nacionales cuyos padres no tienen competencias paternales por diversas circunstancias; los menores no acompañados (Menas) que son inmigrantes legal o ilegalmente, y los menores que ingresan en el centro por orden judicial de la Fiscalía. Estos últimos son protagonistas de casos de violencia intrafamiliar: padres que denuncian a sus hijos.

El ‘Carmen de Michelena’, subraya Cazalilla, es el único centro de acogida inmediata de estas características en la provincia; hay dos más, pero son para menores de entre 0 y 12 años.

La vida en el centro exige normas. No obstante, todo se despliega desde un enfoque personal y académico, sobre todo en el caso de los internos nacionales.

—Las plazas para ellos son más ahora porque ha aumentado la violencia intrafamiliar —apunta la directora.

En 2017 pasaron por el centro 25 españoles, 50 marroquíes, 21 subsaharianos y cuatro menores de orígenes distintos a los anteriores.

El reto del equipo con los extranjeros es que aprendan cuanto antes el idioma y que poco a poco hagan cursos de formación para ganar opciones en el mercado. El apoyo escolar es obligatorio. Los internos que estudian van, por cuestión de cercanía, a los institutos Juan Bosco y García Lorca. Quienes no siguen el ritmo convencional de escolarización pueden salir del centro entre las 13:00 y las 14:00 horas. También hay un fragmento general para que todos hagan vida fuera. La cena es entre las 19:00 las 21:00. Y la recena, como toque de queda, llega poco después, antes de dormir.

—Empezamos sobre las 07:00 con el desayuno. Somos un sustitutivo del hogar. Queremos que los niños aprovechen la estancia para estar capacitados personal y profesionalmente.

Silvia Cazalilla alaba la labor educativa y social de los profesionales. Foto: Esperanza Calzado.
Silvia Cazalilla alaba la labor educativa y social de los profesionales. Foto: Esperanza Calzado.

MÁS CERCA DEL BARRIO

Algo ha cambiado en La Merced. Es la noticia que celebran en el centro. Los colectivos del barrio ya no alzan la voz para que el ‘Carmen de Michelena’ sea trasladado a otro lugar de la capital. Era lo que pedían en prensa sectores del movimiento vecinal a comienzos de 2016.

¿Qué ha cambiado? Había que abrir las puertas. Literalmente. Aparte de las citas consolidadas en el centro —el Día de Andalucía y el Día Internacional Contra la Violencia de Género, entre otras—, la dirección apostó en junio por una jornada de puertas abiertas. El equipo entiende que es la vía adecuada para generar empatía con los vecinos.

La cosa ha funcionado: gente que antes quería el cambio de emplazamiento del centro ahora implica a los usuarios del ‘Carmen de Michelena’ en cursos formativos canalizados por colectivos vecinales, como ‘Unidos por la Merced’, presidida por Guadalupe Espinosa.

—También hubo colectivos que lucharon en el año 2000 para que el centro esté en La Merced.

La conexión con la asociación de vecinos se hizo notar en el segundo torneo de fútbol sala organizado por el centro el pasado mes de diciembre. Participaron jóvenes del barrio, los internos y estudiantes de Jaén.

El promotor de la iniciativa es Francisco Badillo, monitor del ‘Carmen de Michelena’ desde su fundación. Lleva más de tres décadas trabajando con menores. “La relación con vecinos y colectivos de La Merced siempre ha sido buena. Es cierto que cada año mejora”, apunta en conversación telefónica con este diario.

Cruz Roja, Jaén Acoge, Poblado Mundo y Cre-siendo también han abierto sus puertas a los jóvenes tutelados por la Junta.

LA CARA QUE MENOS SE CUENTA

Hubo un caso especialmente agresivo para los trabajadores este año, en marzo. Un chico precisó vigilancia mañana, tarde y noche durante diez días. Solo la seguridad privada puede reducir con legalidad a un joven altamente agresivo, como era el caso. Consumía tóxicos y necesitó atención mental.

En febrero de 2012, el diario nacional ABC se hizo eco de la atmósfera violenta que desataron varios internos. Violencia y vejaciones en el Carmen de Michelena tituló el periódico de Vocento. Fue así.

Antes, en 2001, 34 trabajadoras se encerraron como protesta por el clima que desataron tres jóvenes. El episodio, que alteró la vida del centro durante al menos dos meses, fue publicado por El País.

Los tres casos tienen un denominador común: los menores precisaban otros tipos de centro, no uno de atención inmediata. ¿Por qué tardaron en salir del ‘Carmen de Michelena’?

—A veces simplemente no hay plazas, y por aquí pasan menores cuyo perfil requiere de tareas para modificar la conducta —explica Cazalilla.

Defiende la directora que este tipo de situaciones representan el 10 por ciento del total. Pide que se hable del 90 por ciento. De gente que aprovecha la estancia para cambiar su vida.

Como Ayoub Saika. Responde a la llamada telefónica de su exdirectora enseguida. Dice ‘sí’ a colaborar en este reportaje. Por qué no va a contar su historia. Hoy es peluquero en prácticas en la capital

Cuenta que pasó “algo más de un año” en el ‘Carmen de Michelena’, y recuerda la experiencia como positiva: “Todo el equipo me trató muy bien. No me faltó de nada en ese tiempo”, reconoce en declaraciones a este periódico.

Saika apura sus prácticas en una academia. Ya lleva dos años inmerso en un ámbito que le interesa como futuro laboral. Porque muy pronto necesitará encontrar un trabajo. “Quiero que esté relacionado con peluquería o barbería”, apunta.

Su nivel de castellano ha mejorado notablemente. Él es modesto. Dice que aún le falta para hablarlo mejor. “La verdad es que mi paso por el centro fue estupendo”, concluye.

El RETO SIEMPRE ES EL RETO

2017 supuso 78 salidas de menores del centro. Hubo 14 por reinserción familiar, ocho por mayoría de edad, seis por modificación de conducta y 29 ausencias voluntarias, entre otros motivos.

Cuenta Badillo que la vida normal en el centro pasa por esas idas y venidas. Hay casos de internos que rápidamente cambian Jaén por Bilbao o por Francia.

Rara vez alguien completa el tiempo máximo, desde los 12 años hasta la mayoría de edad. “Solo recuerdo tres casos en 18 años”, apunta.

“El éxito del trabajo con quienes se quedan tiempo sí que es elevado. Trabajamos para la reinserción, para solucionar problemas con los padres y que los chicos y chicas vuelvan al entorno familiar”, apostilla el monitor.

—Los menores son muy agradecidos. Si se sienten escuchados y formas parte de la historia de su vida, te lo agradecen siempre —tercia Cazalilla. En la pared junto a la puerta de su despacho hay cartulinas de agradecimiento de niños que ya salieron.

Los menores agradecen el esfuerzo al equipo directivo. En la imagen, palabras dedicadas a Silvia Cazalilla, la directora.
Palabras dedicadas a Silvia Cazalilla, la directora. Foto: Fran Cano.

Los retos futuros del ‘Carmen de Michelena’ pasan dotar de un recurso específico a las niñas; garantizar el trámite de los permisos de residencias a los ‘Menas’; conseguir una plaza de vigilante de la garita; mejorar y estabilizar el servicio de vigilancia; lograr que haya una menor entrada de niños en la acogida inmediata, y optimizar la diligencia en el traslado de los chicos.

El reto mayúsculo no cambia. “Aquí llegan como juguetes rotos, y hacemos lo que podemos para arreglarlos. No son chorizos. Son niños iguales que otros”, razona Badillo.

El reto propicia que esa segunda oportunidad sea posible año tras año. Y, con trabajo, funciona.

Vídeo: Esperanza Calzado

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