Francisco José Ibáñez Nieto (La Pedriza, Alcalá, 49 años) lleva más tiempo de actividad en el Seprona que el propio Cuerpo, originado como tal en 1988, hace casi tres décadas. Ibáñez protege la naturaleza como agente desde hace 32 años, cuando él tenía 17. Entonces, el servicio se llamaba Patrulla Rural Motorizada. Aquellas motos que vigilaban el campo hoy hacen lo propio con toda actividad que implique al ser humano en el contexto natural; además incluye flora y fauna, vigilancia de agua —aprovechamiento de riego, vertido en los ríos, extracciones–, control de alimentos fitosanitarios y de restos arqueológicos. Las competencias han crecido con el paso del tiempo; el volumen del Cuerpo no tanto. En Jaén el número de componentes ronda el medio centenar, y la patrulla en Alcalá la integran Ibáñez y otros tres compañeros. Que aumente la variedad de actuaciones propicia que el Servicio de Protección de la Naturaleza sea, de facto, un  equipo multiservicios. Casi siempre a pie de campo, a la espera de una llamada o de un correo para atender al ciudadano.

Hoy es viernes 29 de junio, y en una oficina del Cuartel de la Guardia Civil de Alcalá están Ibáñez y su compañero Francisco Javier Fernández (Villacarrillo, 39), con 21 años de servicio. Toca trabajo de oficina. A los dos les gusta más la calle, que en su caso es tanto la carretera —actúan hasta en gasolineras— como el campo. La patrulla de Alcalá cubre tres cuartas partes de la Sierra Sur de Jaén, incluido Hoya del Salobral (Noalejo), que no es de la comarca, pero entra en el campo de actuación por operatividad geográfica.

Francisco Javier Fernández señala el mapa de actuación del Seprona en la Sierra Sur. Foto: Fran Cano.
Francisco Javier Fernández señala el mapa de actuación del Seprona en la Sierra Sur. Foto: Fran Cano.

En la oficina hay dos mesas con ordenadores, y en las paredes lucen cuadros de especies protegidas. La labor en la oficina es tan importante como salir a resolver demandas de todo tipo. Ibáñez y Fernández explican que cada actuación se resume en un acta. En función de la importancia deriva o no en sanción o falta administrativa. Las escenas que viven los agentes del Seprona poco tienen que ver con las que protagonizan agentes de la Guardia Civil, de la Policía o de Bomberos. Nada de asesinatos ni de peleas, normalmente. Es otra violencia. Por más que la faena no cese.

—No damos con criminales; es otro tipo de delincuente —dice Fernández.

Detrás de la silla donde se sienta Fernández hay un mapa con los puntos ordinarios que cubre la patrulla. ¿Qué hace falta para ser agente? Para empezar interpretar el mapa, controlar las distancias, tener cierta cultura de cartografía. Y lo más importante: hay que montar en moto, conducir en terrenos poco amables y bajo condiciones meteorológicas a menudo hostiles. La moto es sine quanon.

Un agente en el Humedal El Sapillo, en Alcalá.

LA RELACIÓN CON LOS COTOS DE CAZA

La ganadería sigue dando de comer a un buen número de familias en la Sierra Sur. El Seprona también pone sus ojos en las cuestiones sanitarias de la alimentación. Tanto que lo mismo puede intervenir en una carnicería como llamar la atención de los fabricantes de kebab si el rollo de la carne —o pollo— no está a la temperatura adecuada. Hasta en el traslado de alimentos hay unos parámetros que los dueños deben cumplir. A la sombra del Seprona no le queda más remedio que ser alargada.

Dicen Ibáñez y Fernández que la atmósfera de trabajo es más pacífica que la de otros agentes del orden. Quizá hay un punto más de tensión en la vigilancia de los cotos. En la supervisión de la actividad cinegética, muy poblada en Alcalá, Frailes y el resto de la comarca.

—Tenemos control documental de todos los cotos. Vigilamos cuestiones técnicas: cualquier autorización que se la haya dado al coto.Y hacemos control de daños —señala Ibáñez.

¿Puede ocurrir que un cazador mate a un animal y no supiese que estaba protegido?

La respuesta es no.

No, porque en cada cacería hay indicadores técnicos que delimitan qué especie se puede matar.

No, porque, por ejemplo, una cabra montés no se puede matar en una batida o en una montería, sólo es posible en acecho legal.

No existe la ignorancia (legal).

—Los cazadores deben pasar exámenes para tener licencia. No tienen excusa. Si dicen que dispararon a tal cosa creyendo que era otra, imagínate si en lugar de un animal disparan y hay una persona —zanja Fernández.

El control de los cotos es intenso en invierno, desde finales de octubre hasta principios de febrero. Sábados y domingos, sobre todo.

Por cierta lógica, es la actividad en la que no se demande el servicio del Seprona a diferencia de en otra cuestiones, como proteger a un animal herido. Los cazadores no avisan, claro.

Agentes indentifican a moteros. Foto: Archivo Seprona.
Agentes indentifican a moteros. Foto: Archivo Seprona.

VÍNCULO SOCIAL, VALORACIÓN ALTA

La demanda de la sociedad hacia el Cuerpo ha cambiado “un 100 por 100” en palabras del veterano Ibáñez desde comienzos de la década de los ochenta hasta la actualidad. En parte por desconocimiento anterior de la gente. En parte porque cada vez el abanicos de servicios abarca más.

¿Para qué llamar al Seprona?

Los agentes pueden plantearse la pregunta al revés para contestarla antes, para qué no llamarlos. Hasta un cambio de aceite de un vehículo está vinculado al medio ambiente, aunque la actuación no se dé en el propio entorno natural.

La gente llama o manda correos para alertar al Seprona o pedirle ayuda. Llama hasta para cuestiones complicadas de dirimir, como denunciar que el olor de la casa del vecino es insufrible.

Luego están las cuestiones que cualquiera asociaría a estos señores de vestimenta verde y boina llamativa: liberar animales en peligro, identificar a motoristas en el campo y colaborar en la prevención y evacuación de incendios.

La pareja alcalaína que atiende a Lacontradejaén coincide: la gente valora el Seprona.

—Al final hasta con los cazadores hay buena relación: los mismos que nos pueden rechazar nos necesitan —sostiene Fernández.

QUIERO SER DEL SEPRONA

Fuera del despacho, en el patio del cuartel de la Guardia Civil hay una cochera con objetos intervenidos por el Cuerpo. Abundan las jaulas.

Jaulas para atrapar jabalíes. Para atrapar aves. Qué no querrá atrapar el hombre.

Quienes lo impiden son personas como Fernández e Ibáñez.

El veterano explica por qué le gusta su trabajo:

—Yo vengo del entorno natural, y siempre me ha llamado la atención. Me gusta trabajar en la naturaleza. Lo normal es no estar en la oficina. Y pasar frío, calor, tragar polvo —dice.

Ibáñez tiene un tutorial de poda de oliva en Youtube.

Fernández es hijo de guardia civil. Tenía claro qué sería de mayor.

—He vivido toda mi vida en un cuartel. Me crié en Siles y desde pequeño me atraía la motocicleta. Después me interesaron mucho los temas cinegéticos y de agua.

Económicamente, la diferencia entre ser bombero y agente del Seprona no es significativa, según cuentan.

Y entre sus competencias está hasta intervenir en caso de plagios de semillas. Impedir que haya comercializaciones de semillas que tienen patente, como una canción o un libro.

—Cada tema es un mundo, como la ordenación del territorio —reconocen.

Fernández señalas las jaulas intervenidas, en una cochera del Cuartel de Alcalá. Foto: Fran Cano.
Fernández señalas las jaulas intervenidas, en una cochera del Cuartel de Alcalá. Foto: Fran Cano.

MÁS CONCIENCIACIÓN AMBIENTAL

Qué ha cambiado en casi treinta años aparte de esa polivalencia necesaria para proteger la naturaleza y lo que no es la naturaleza. Ha cambiado, cuentan, la mentalidad de la gente. La sociedad es más limpia que a comienzos de los ochenta. Llegan los veranos y los incendios, pero las despreocupaciones de algunos no manchan las buenas prácticas de la mayoría, recalca Ibáñez. Los puntos limpios municipales y la información de los ayuntamientos han ayudado.

Murciélagos en una casa.

Molestias de vecinos por quema de plásticos.

Quejas de anónimos por animales abandonados o en condiciones paupérrimas.

El telefóno suena. Los mails llegan a la bandeja de entrada.

Las demandas ciudadanas en el medio rural, con poblaciones pequeñas, continúan.

Y ahí está el Seprona. A las motos ‘multiservicios’ no se les acaba nunca la gasolina.

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