—Los sueños no se cumplen, se entrenan.

104 maratones, más de 15 ganados, una treintena de países visitados, 14 empresas patrocinadoras. Sus entrenamientos son duros y dependiendo de las temporadas, se ejercita más o menos. Hoy por hoy está inmerso en plena vorágine de competiciones. Un día puede entrenar una hora y, sin embargo, al siguiente cinco. Su día a día es relativamente “normal”, solo que sus calendarios son totalmente distintos. En noviembre tiene vacaciones y cuando más se entrena es cuando “la gente normal” está de descanso. La vida del deportista de élite es sacrificio, exigencia mental y física, disciplina, cuidados nutricionales, estabilidad emocional, y un largo etcétera que lleva a una misma meta. Todo influye para obtener un buen resultado. No conoce límites.

Correr, montar en bicicleta, fútbol amateur o kickboxing. Nada se le resistía. El 29 de agosto de 2002 entrenaba con su bicicleta para un duatlón de alta montaña cuando le cambió la vida radicalmente. Un accidente le causó una lesión que le dejó el cuerpo inmovilizado desde la primera abdominal hacia abajo. El mundo se giró del revés para Rafael Botello (Vic, 1979). Empezó a ser feliz.

—Está claro que a lo primero se pasa mal. Es un cambio muy grande en tu vida. Esperas lo peor cuando te dicen que no volverás a caminar. Pero es aquí cuando la actitud en la vida es lo más importante.

Hasta ese día, trabajaba en la construcción y ni tan siquiera se había montado en un avión. Con una capacidad de superación sin límites y con el apoyo de la familia, ahora ha recorrido una treintena de países con su silla de ruedas y ha participado en dos juegos paralímpicos. Lo ha hecho con una peculiaridad. Hijo de emigrantes andaluces, está orgulloso de llevar el nombre de Jaén y de Arquillos por todo el mundo.

—Para mí es un honor decir que mi madre es de Arquillos.

EL DÍA QUE EMPEZÓ A SER MÁS FELIZ

“La diferencia respecto a mi vida anterior era que no podía mover mis piernas, sin embargo, un esfuerzo incluso mayor se reflejaba en las durezas de mis manos. A lo largo de estos 12 años de mi nueva vida —14 en el momento de esta entrevista— no he dejado de crecer como atleta e ir adquiriendo experiencia respecto al deporte adaptado, además del enriquecimiento personal que me han aportado decenas de amigos y situaciones vividas por todo el mundo”. Es parte del relato que Botello hace de su experiencia en su página web. Es la gran clave de su éxito, no venirse abajo, sino todo lo contrario. Este catalán de raíces jiennenses hace grande la frase “crecerse ante las adversidades”. Pero es humilde, además de divertido, generoso, exigente consigo mismo y realista, como se desprende de la primera toma de contacto con LaContracrónica a través del Messenger. No es capaz de aconsejar a nadie que se pueda ver en su misma tesitura. Es un tema muy personal, confiesa.

—Cada persona es diferente. Hay gente a la que le deja la novia y entra en depresión. Otros se van de fiesta para buscar a otra. En mi caso, solo puedo decir que gracias a una silla he sido más feliz.

COMPETICIÓN

Nada más salir del hospital, Rafael Botello quería seguir haciendo deporte. Y eso hizo. Disputó su primer maratón en Berlín en 2003 y desde entonces ya lleva más de cien en 14 años. Entre ellas la de Nueva York, que ha disputado en varias ocasiones. Si tiene que quedarse con alguna competición, lo tiene claro:

—¡Sin duda la de París de 2016! Ahora mismo llevo 104 maratones y habré ganado unas 15 o más.

Boston y Londres son las otras citas del calendario que tiene este mes. ¿Cuál es su reto de futuro? Lo tiene meridianamente claro: seguir mejorando a pesar de la edad.

—Nos hacemos viejo pero más listos en carreras. Me gustaría acercarme a la hora y veinte minutos en maratón.

Eso lo dice ahora, cuando echa la vista atrás y recuerda que la primera vez que se montó en la silla de atletismo iba solo a 10 kilómetros por hora o 12, como ha confesado en alguna que otra entrevista. Cuando se retire tiene claro que hará la misma vida de ahora pero sin competir. “Solo disfrutar”, dice. Y es que, aunque mal, del deporte se puede vivir, como confiesa.

“Todo este bagaje me ha servido para poder compartir mis experiencias en juegos paralímpicos, mundiales, europeos y centenares de eventos deportivos con diferentes personas, colegios o entidades privadas o públicas. También he tenido la oportunidad de organizar varios eventos deportivos relacionados siempre con el deporte adaptado, como la Maratón de Lanzarote de 2009 a 2012, la Media Maratón de Cali (Colombia) entre 2008 y 2010, o el campamento para mejorar el rendimiento de los atletas en sillas de ruedas de Costa Rica gracias a la invitación del Comité Paralímpico de Costa Rica”, relata en su web. Le queda toda una carrera por delante.

ARQUILLOS

Rafael Botello se siente orgulloso de decir que su madre es de Arquillos. Aunque lleva mucho años en Cataluña nunca perdieron sus raíces del pueblo. Además, dos hermanas viven aquí. “Siempre que hemos podido hemos ido al pueblo”. No lo dice por decir, no. Su vinculación es tal que el deportista fue pregonero de San Antón, unas celebraciones extendidas, entre otros muchos aspectos, por la figura del ‘Pelotero’.

—Fue un honor ser el pregonero de la fiesta más importante del pueblo y, encima, con toda mi familia presente.

Tiene una pequeña espinita clavada. “Me hubiera gustado que el alcalde me ayudara con una silla de competir a cambio de llevar el nombre por el mundo, pero no ha sido así”. Pero no cambia que es y será un orgullo para él decir por todo el mundo que su madre es de Arquillos. De hecho, ya planifica su próxima visita, que confía que sea pronto. “Espero ir para julio, ya que me comentan que me tienen preparado mis amigos alguna cosilla”, bromea.

“Lo más importante en mi vida ha sido no fallar”. Es una de las frases que recoge en su web. No fallar en la competición, no fallar a la familia, no fallar a sus tierras (la de nacimiento y la de acogida), no fallar a los amigos y, por encima de todo, no fallarse a sí mismo. Con tal capacidad de superación y con una voluntad sin límites, no sabemos si algún día considerará que ha fallado. Para el resto del mundo, seguro que no.

2015. Maratón de Chicago

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