El alemán Leon Bernsdorg acaba de terminar su interpretación sobre el escenario del Nuevo Teatro Infanta Leonor. Elegante, como su piano, viste un traje oscuro y una camisa blanca. Es rubio y tiene la mirada fija, primero en su arma de sonidos envolventes y refinados y después en el albergue juvenil de la capital. Frente a la puerta por la que el alemán sale del teatro. Guarda unos papeles en su mochila azulona que la Diputación de Jaén le regala a los participantes como parte de un ‘kit’ de supervivivencia en esta tierra. Enfila los escasos metros que separan el teatro del albergue mientras piensa, en alemán, cómo le ha salido la prueba. Aquí mejor, allí peor, parece decirse. Horas después está en la final. Y tiene una cita hoy, a las 19:00 horas, en el Nuevo Teatro Infanta Leonor con el chino Chung Wang y el ruso Dmitry Mayboroda, que actuarán junto con la Orquesta ‘Ciudad de Granada’. Son tres pianistas, tres países luchando por que su nombre reluzca junto al de los ganadores de las 58 ediciones anteriores. Todo está listo, en orden, para que comience la actuación final. Pero hasta este punto todo es trabajo y más trabajo, tanto por parte de los artistas como de la organización del Concurso Internacional de Piano Premio Jaén.

El pianista ruso Dmitry Mayboroda, finalista de esta edición, durante una de sus actuaciones.
El pianista ruso Dmitry Mayboroda, finalista de esta edición, durante una de sus actuaciones.

Por los pasillos de los camerinos del teatro jiennense pasea rápido una mujer. Parecen, los pasillos, una pista de carreras en la que Ursula Calvi-Fah circula a paso lento pero con las prisas en el interior de quien quiere que todo salga bien. Es la coordinadora del certamen, una sueca de mirada penetrante y sonrisa conquistadora que no se separa de sus dos teléfonos móviles. “Ahora, con las nuevas tecnologías, estamos en contacto continuo con los artistas, para llevar una organización de cuándo actúan o cuándo se quieren ir a pasear, pero es mucho más estresante que hace veinte años, cuando no había móviles, pero siempre teníamos localizados igualmente a los concursantes”. Ursula habla con el poso de la experiencia; son 25 años, 24 ediciones, las que lleva a cargo de la organización del concurso y todo han sido buenos momentos. Buenos y estresantes momentos, tanto antes, como durante y después de la celebración del premio. Acaba una edición y ya comienza la siguiente. Es una rueda que siempre se repite y cuyo engranaje es la calidad. Así lo atestigua que es “el más antiguo de España y uno de los más antiguos de Europa”. Es Pedro Jiménez Caballé quien habla. Otra voz experimentada, otras décadas en el corazón del premio. Hoy es secretario del jurado, pero comenzó viéndolo desde fuera y se sabe la historia, como se dice popularmente, de ‘pe a pa’.

La coordinadora del Premio 'Jaén' de Piano atiende sus móviles sobre uno de los instrumentos con los que ensayan los artistas.
La coordinadora del Premio ‘Jaén’ de Piano atiende sus móviles sobre uno de los instrumentos con los que ensayan los artistas.

DEL PRIMERO AL ÚLTIMO

Dos rostros que se esconden detrás de los cientos de concursantes que han pasado por este longevo certamen, pero que son esenciales para entender por qué el ‘Jaén de Piano’ es uno de los premios de mayor prestigio. Algo que se ha ganado a pulso desde su creación en 1953, cuando el pianista Joaquín Reyes Cabrera y el arquitecto Pablo Castillo García-Negrete, donante de los dos primeros premios, unieron fuerzas para sacar adelante un sueño que ahora es una realidad que hace las delicias de artistas internacionales.

Pedro Jiménez ya paseaba por el premio en sus primeros años y lo recuerda con nostalgia y alegría al mismo tiempo. Se mezclan los sentimientos en sus ojos experimentados y suelta las palabras con la quietud que le dan sus años y el haber crecido entre los pianos del premio jiennense. “La fuerza del certamen ha variado durante los 59 años que se ha celebrado. La calidad siempre ha sido su seña de identidad, pero la ilusión fue un factor esencial en el primer momento. Los organizadores de los primeros años paliaban la falta de recursos económicos y materiales con grandes dosis de ilusión y creatividad”, explica el secretario del jurado, un tesoro de anécdotas que no se esconde bajo ningún océano, sino bajo la normalidad de un jersey y una camisa. Y continúa: “Los primeros años, el premio era de solo 10.000 pesetas y no había ni pianos, y el creador tenía que traerse su propio piano de cola para tocar. Las situaciones se salvaban con imaginación e ilusión”.

Pedro Jiménez Caballé, primero por la izquierda, durante la presentación de la obra obligada de este año, Fantasía Jiennense.
Pedro Jiménez Caballé, primero por la izquierda, durante la presentación de la obra obligada de este año, Fantasía Jiennense.

Pedro lo recuerda todo. Su memoria falla poco y este año lo ha vuelto a comprobar. Fluyen por su mente multitud de anécdotas, historias y amigos. Con una sonrisa recuerda cómo entre los miembros del jurado de esta edición –no da nombres– se encuentran dos que formaban parte de un trío “inolvidable”. “Había tres miembros del jurado que hacían su trabajo excelentemente pero que, una vez terminado el mismo, se divertían de una manera bárbara. A algunos me los he encontrado este año y nos alegramos mucho cada vez que lo recordamos”, señala Pedro al tiempo que una música acompañada de una voz en ‘off’ avisa de que solo quedan tres minutos para volver a las audiciones de la tercera y última prueba antes de la final. Pero no se acaban las anécdotas y el secretario del Jurado las relata: “Al artista francés que ha ofrecido el concierto de esta edición, me acerqué y le dije que yo estaba cuando él participó en el concurso y muchos de los espectadores decían que era mejor un compatriota suyo que tocaba muy rápido. Pero ganó él y le he recordado que el jurado tomó una muy buena decisión”.

LOS ARTISTAS

Este catedrático de Música de la Universidad de Jaén figura como secretario este año en el jurado. Un puesto que le somete a “mucha presión” pero que le llena de satisfacciones. La única salvedad son los premios que han quedado desiertos, aunque remarca: “Cuando no hay calidad, es justo que quede desierto, pero cuando sí la hay, es una verdadera pena”. Una pena para el jurado y para la organización. Una pena también para Ursula, que comprueba cómo sus “hijos” de cada año se desviven por ser los mejores y, en muchas ocasiones, no lo consiguen. Ella sabe el trabajo que hay detrás de cada artista, horas y horas de entrenamiento de los dedos a base de golpes a teclas blancas y negras. El mi, el sol, el la, el fa. Todo es trabajo. Lo dice Ursula, coordinadora, psicóloga y asesora de los concursantes, con los que trata para que hagan turismo por la ciudad, para practicar o para tomar un “paracetamol” por un resfriado. Sobre todo para practicar. “Los artistas que llegan aquí son de mucho nivel y eso solo se consigue con trabajo. Lo primero por lo que se interesan es por cómo van a poder estudiar y practicar antes y durante su participación en el certamen”. Es su obsesión y, en muchas ocasiones, se pierden en ella y Ursula es su brújula. Lo lleva todo anotado entre los móviles, su agenda y su cabeza. Y cuenta con la ayuda de unas nueve personas para que en el Infanta Leonor nada falle. “Lo que más le molesta a un concursante es la falta de compromiso, que se le diga una hora para tocar y no sea esa. Y, como sin concursantes no hay concurso, los mimamos con el máximo cariño”, señala.

Los tres finalistas de la edición de 2017.
Los tres finalistas de la edición de 2017.

Todos quieren ser ganadores y se lo toman muy en serio. Porque el ‘Jaen de Piano’ no es un premio más, sino ‘El Premio’. Una lanzadera a la fama dentro del mundo del piano para los jóvenes pianistas menores de 32 años y que llegan hasta el concurso después de una ardua criba. “Son muchísimos los pianistas que se quieren presentar a este concurso y tenemos que seleccionar cada año a los que creemos que son los mejores. Muchos se quedan en el camino, pero la trayectoria de este premio exige una calidad muy alta y, sobre todo, impone respeto“, explica Ursula. El secretario del jurado también es consciente de ello: “Ganar este certamen es un salto muy grande para cualquier pianista. Yo he visto como después de ganar aquí, algunos artistas han disfrutado de una plaza en los mejores conservatorios del mundo solo por presentar el certificado de que han ganado el Premio Jaén de Piano”.

INTERÉS DE LOS JIENNENSES

Así, en busca de una victoria que les sitúe en el Olimpo de los pianistas, los artistas llegan de todo el mundo y se entienden a la perfección con la coordinadora, que habla cinco idiomas y no tiene problemas para hacer la estancia de los concursantes lo más plácida posible. También sabe español, aunque no son muchos los pianistas nacionales que han inscrito su nombre en el certamen, aunque hay otros como el onubense Javier Perianes que tras ganar el premio han dado un salto “general” en su carrera artística. Pero la falta de producto nacional no es “ni bueno, ni malo”, ya que la llegada de tantos pianistas de todo el mundo tiene un beneficio sin igual. “El nombre de Jaén viaja a todos los países, porque los artistas siempre se llevan un buen sabor de boca, y en China, Estados Unidos, Japón, así como en todos los países de Europa, Jaén es conocido, en gran medida, gracias a su premio de piano. Una consciencia de los habitantes de otras tierras que también cala ya en la sociedad jiennense, algo que Ursula ha comprobado año tras año. “Al principio sí es cierto que la ciudadanía no se había interesado por este concurso, por tratarse de un instrumento como el piano, cuyo interés, en muchas ocasiones, se queda en círculos más cerrados. Pero en los últimos años, y cada vez más, los jiennenses y, también, todos los andaluces son plenamente conscientes de la importancia de este certamen y se interesan por asistir y conocer más acerca del mismo y de la música de piano”, apunta la organizadora.

El público jiennense responde a la llamada del certamen más antiguo de España.
El público jiennense responde a la llamada del certamen más antiguo de España.

Hoy, Chopin, Ravel y Beethoven serán el ‘terreno de juego’ en el que, esta tarde, a las 19:00 horas en el nuevo Teatro Infanta Leonor, el alemán Leon Bernsdorf, el chino Chun Wang y el ruso Dmitry Mayboroda se disputen ser el mejor de la edición número 59 del Concurso Internacional de Piano Premio ‘Jaén’. Todo está en orden, nada falla en la cabeza de Ursula y tampoco lo hace en ningún aspecto de la organización. Son 25 años de trabajo y cada edición es “como un hijo”, dice, y solo espera que lo “rápido” que pasa cada año el certamen vuelva a pasar otros 60 años o más. Es el éxito del trabajo bien hecho. Ya solo queda que suene el piano.

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