Antonio Pulido cuenta hoy la historia del gol que marcó Javi Orol con la selección española hace 17 años.
Antonio Pulido cuenta hoy la historia del gol que marcó Javi Orol con la selección española hace 17 años.

Queda poco tiempo. No hay goles. La selección española lleva sudando un buen rato, aunque ahora las gotas se vuelven heladas al resbalar por la piel. Enfrente está Ucrania, un equipo crudo y físico, al que le gusta el contacto y destruir todo lo que su oponente propone. Les beneficia el empate y crece la preocupación en el combinado nacional dirigido por Javier Lozano si tenemos en cuenta que tal resultado les dejaría fuera del Mundial de Guatemala, justo cuatro años después de llenar el Palau Sant Jordi con más de 15.000 personas y perder ante Brasil. La caída desde la plata hasta ausentarse es tan brusco que la única consecuencia pasa por cercenar algo. O a alguien.

“Robo la pelota en una banda de nuestro campo y conduzco por el medio. Tengo la suerte de que Javi Sánchez está de pívot, entonces le hago el pase interior y voy hacia él para chutar a puerta. Me la deja muy bien con la planta y disparo con la puntera, que es lo que mejor sé utilizar. El remate es limpio, raso y un poco centrado, pero hay tantos jugadores por medio que el portero no la ve. Podía haber salido adonde fuera, pero fue allí. Lo celebramos, nada, dos segundos, porque teníamos que defender su portero-jugador”, cuenta Javi Orol más de 17 años después de ese gol, uno de los más importantes de la historia de la selección española. Y no lo dice el que suscribe estas líneas, sino la propia historia. Sin esa conversión, la primer estrella en Guatemala no hubiera existido ni quién sabe lo que habría pasado con el fútbol sala con ese borrón en su trayectoria.

Coincide con este pensamiento José Manuel Blanco, “Tote”, miembro del cuerpo técnico del combinado nacional durante más de ocho años y que se personó como segundo de a bordo en aquel premundial de Eslovenia. “Uno de los goles más relevantes, sin duda. Cambió la historia. Teníamos que ganar sí o sí. Fue un partido épico. Ucrania era un equipo muy correoso, nos había dado mucha guerra, y en el autobús íbamos muy concentrados. Fue muy duro y las pasamos canutas. Podríamos haber ganado mucho antes, pero ellos aguantaron y aguantaron porque también se jugaban la clasificación. Piensa que, cada año que pasaba, todas las selecciones se reforzaban y empezaban a jugar más y mejor. Se fijaban mucho en Brasil, Rusia y nosotros”, recuerda Tote.

¿De dónde venía tanta angustia? La fase de clasificación consistía en un grupo con seis selecciones y un único billete hacia Guatemala. El resto, sin posibilidad alguna de repesca. España había ganado a Armenia (17-1), Eslovaquia (5-2) y Francia (9-1), pero Ucrania había mejorado tales guarismos hasta el punto de que el empate le era suficiente para quedar por encima de los hombres de Javier Lozano. “Aumentó la tensión durante el partido. Habíamos estudiado al rival, ellos iban a jugar en su cancha y fuerte. Nos iba a costar meter el primer gol. Nuestro objetivo era meterlo antes para que se abrieran. En estos partidos suele pasar que ocurre lo que no quieres, se estaba enrareciendo con muchas interrupciones y lentitud, faltas. Ves que pasan los minutos y, aunque en el fútbol sala el gol es un momento, se hizo de rogar”, continúa Orol, siempre con la seguridad de que lo sacarían adelante. “Nunca se me pasó por la cabeza que no nos clasificaríamos. Es verdad que, en los últimos cinco minutos, miras el marcador y por dentro dices: ‘Cada vez queda menos’. Si te detienes diez segundos en pensar en eso, pierdes el tiempo en intentar solucionarlo. Era la actitud que teníamos. Aquel día tuvimos la suerte de encontrarlo”, afirma.

La prensa deportiva recogió la importancia de aquellas fechas para España en fútbol sala.
La prensa deportiva recogió la importancia de aquellas fechas para España en fútbol sala.

Tote confiesa, una vez pasados los años, que Orol es “uno de los mejores jugadores españoles”. Lo dice de corrido, sin pararse a pensar, como si lo hubiera dicho tantas veces que le sale automático: “Serio, defendía muy bien, sabía lo que hacía, con una muy buena zurda. Bastante completo. En su club hacía goles, pero en la selección había otra forma de jugar”. En otras palabras, era extraño que Orol anotara. “A veces me equivocaba”, se ríe el exjugador madrileño. El pitido final, se lo pueden imaginar, fue una explosión de alivio. “Los jugadores fueron a por él después de lo que nos jugábamos. Aunque en aquella época éramos una familia y todos eran importantes. El buen ambiente es el que, a la larga, te da buenos resultados”, asevera Tote. Después de soltar nervios, también hubo bromas, ¿cómo si no sobreviviría un vestuario? “Como yo no era un goleador, al final hubo risas, sensación de alegría, chistes, humor, ese día y el resto que nos quedaban allí. Era rarísimo y gracioso que yo metiera gol. Tenía que ser yo para darle un cariz más cómico. Me decían de todo, me llamaban ‘goleador’, ‘vaya tela que la selección dependa de ti’, todo de buen rollo”, prosigue Orol.

No había demasiados medios de comunicación en aquella época que trasladaran el instante de agobio que ocurrió, con Alejandro Alcázar o Eduardo Navarrete como principales estiletes periodísticos, por eso Orol admite que la trascendencia de ello se lo dio el contexto de los siguientes años. “Sin ese gol, quizá la historia hubiese sido diferente”, reconoce. El último encuentro fue un trámite contra el equipo local: un 0-7 encajaron los eslovenos. Lo peor ya había pasado. Nueve meses después, en la previa de la final contra Brasil en el país centroamericano, volvió a relucir ese “punterazo” como elemento motivacional. Aquel equipo era casi el mismo, sabía de la dureza mental de esa situación puntual y lo aprovecharon para alzar el primer Mundial. “Ese gol queda marcado más que si hubiéramos goleado. Por eso recurres a momentos duros y bonitos para que se te revuelvan cosas por dentro. Prefiero ese a meter diez en partidos de menos importancia”, añade.

¿Y quién no?

“Soy muy malo para recordar, incluso he vivido muchas situaciones, momentos, celebraciones, campeonatos después de lo que pasó, pero hay ocasiones que tienes grabadas como si las estuvieras viviendo ahora mismo”, rememora Orol. Imagínense estar en aquella pista eslovena, con el cronómetro agarrando de pies y manos, y sacar la templanza suficiente para batir a todos. Incluso al futuro. Un gol con estrella.

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