La primera vez fue porque no hubo beca, y había que conseguir dinero para pagar un año de estudios y residencia en Málaga.

La primera vez fue con la familia, y hasta resultó un viaje para descubrir, porque todo era nuevo en aquel lugar tranquilo de Francia.

A la primera vez le han seguido once, década y dos años consecutivos como vendimiador. Antonio Anguita Lebrón —Frailes, 30 años, agricultor y documentalista— llegó el martes a Villemagne (Lagrasse, Francia). Es otra parada más once meses después en un sitio que se ha convertido en su hogar galo.

Anguita no es un vendimiador al uso, pero sí tiene rasgos que caracterizan a los que buscan tajo en el país de Zidane: tiene tradición de jornalero, no falta a la recolecta de la aceituna en Jaén y se hizo vendimiador gracias al vínculo de su familia con quien aún es su patrón.

El frailero es uno de los 3.500 jiennenses que aprovechan entre una quincena y viente días de septiembre para conseguir dinero fuero de España. La cifra ha descendido en los últimos años, según los propios jornaleros y según el sindicato CC OO: hay menos vendimia de mano. Además, el sector se ha convertido en una vía de escape para la crisis.

MARTES, EL VIAJE

Es martes 5 de septiembre. Son las 13:15 horas.

—Iniciamos viaje. Destino a Bailén para reorganizar viajeros. Y a partir de ahí la vendimia.

Escribe Antonio Anguita, colaborador de Lacontradejaén, vía WhatsApp. En el autobús viaja con su cuadrilla: su hermana Lucía y otro grupo reducido de jornaleros que vienen de Frailes y Ribera Alta (Alcalá). La Sierra Sur es una de las comarcas que más vendimiadores aporta a Francia. Jódar y Jabalquinto destacan en este ámbito, según CC OO.

El viaje es con la empresa de transporte Bibiano Juanes, de Vilches.

El viaje es muy largo, de 17 ó 18 horas, mucho más que un trayecto en avión desde Madrid a Miami.

Decíamos que Antonio Anguita —como su hermana, que ya lleva ocho años cortando uvas septiembre— no encarna al jornalero ‘convencional’.

Porque el hombre de unos 40 y algo años que se va, deja atrás por un tiempo a su familia. Extraña a los hijos, y a la mujer salvo en los casos en que, como los padres de Antonio Anguita hacían años atrás, el matrimonio emigra para ser dos y regresar con más euros.

—Yo no dejo atrás a nadie. No tengo hijos. Para mí es una oportunidad de desconexión. Ganar dinero y hacer un viaje. Son unas vacaciones pagadas —explica a viva voz, vía audio.

Sí, han leído bien: «Unas vacaciones pagadas»-

—Son unas vacaciones pagadas en las que trabajo duro. Respiro aire puro, hago ejercicio, disfruto de la naturaleza y hasta hacemos caminos para senderistas. Y además me pagan. Yo le doy ese enfoque —añade.

El viaje en bus llega a ser de 17 ó 18 horas
El viaje en bus llega a ser de 17 ó 18 horas

“NO ABUNDAN LOS DEBUTANTES, SOMOS LA MISMA GENTE”

Algunas de las risas en el viaje llegan con una pregunta ingenua. ¿Qué consejo darle a un joven que por primera vez debuta en Francia?

El grupo de la Sierra Sur se parte con la pregunta porque, dicen, no hay debutantes. Esta migración laboral varía muy poco, está como encorsetada. Casi inmóvil. Quien entra es porque alguien del grupo le abre las puertas y media con el patrón. Quien entra es también porque otro jornalero tradicional se cayó de la lista en el último momento y así apareció una vacante.

—Por aquí dicen que a la gente joven no le gusta trabajar —habla desde el bus; se escucha ruido de fondo—. Vamos quienes ya llevamos muchos años. Debutantes hay pocos. Además, ahora va menos gente y normalmente va la misma gente a los mismos lugares —explica.

MIÉRCOLES, LA LLEGADA

Son las 09:56 horas del miércoles 6 de septiembre. Los vendimiadores llegan. Y nuestro protagonista siente eso de ‘otra vez en casa’.

Anguita tiene que saludar en breve a Roger Carboneau. El patrón. Hay tanta sintonía que Carboneau no tiene problemas en que este periódico cuente qué es Chateau Villemagne: un viñedo cuyo alojamiento se convierte en un alojamiento rural el resto del año, cuando hay turistas que quieren disfrutar de la basta producción de vinos que elabora y comercializa Carboneau.

Apunta el frailero que la construcción donde se aloja —hay habitaciones individuales y otras compartidas— data del siglo XII.

En la maleta de Antonio Anguita hay comida: legumbres y lentejas, por ejemplo. Una idea importante domina la temporada, ahorrar. Por eso la comida también viaja.

Javier Aranda, un joven de Hoya del Salobral (Noalejo) cuenta que en La Mancha hay patrones que acostumbran a cocinar arroz en pleno campo. La comida del descanso.

La llegada de Antonio Anguita supone reorganizar todo, como si tuviese que colocar en una habitación esas cosas que te habías llevado a otro parte. Una pequeña mudanza. Y listo.

—No creo que mañana cortemos uvas. Haremos otras tareas —escribe por el móvil.

No, el día después a la llegada no habrá uvas.

Antonio Anguita, en el que es su hogar de la temporada de septiembre desde hace doce años.
Antonio Anguita, en el que es su hogar de la temporada de septiembre desde hace doce años.

“HAY AYUDAS PARA LAS FAMILIAS”

Mariano Chichilla, secretario general del sindicato provincial de Industria de CC OO, afirma que la vendimia se ha convertido en un sector refugio. De ahí que sea tan complicado conseguir trabajo desde España si no acumulas cierta tradición jornalera.

Los jiennenses acuden a CC OO a últimos de mayo o a primeros de junio para preguntar si hay posibilidades de ir a Francia a trabajar. La demanda es muy superior a la oferta desde hace años.

Chinchilla dice que el promedio de edad del vendimiador es “incierto”. “Suelen irse familias completas, trabajadores habituales de la agricultura. El universitario que se va no es un perfil representativo”, apunta.

El salario varía en función de los departamentos (regiones). El jornal se paga a 9,65 euros la hora. “Las familias tienen una serie de ayudas complementarias al sueldo”, añade Chinchilla. Hace 30 años, dice, Francia recibía 80.000 vendimiadores; en los últimos años la cifra ha descendido hasta los 15.000.

VIERNES, LLEGÓ EL MOMENTO DE CORTAR UVAS

Después de un jueves tranquilo, el viernes, ayer, llegó el momento de cortar uvas en Villemagne.

—Ha sido en la montaña —dice Anguita.

Es un trabajo muy físico, exigente. El frailero recuerda que el primer año le resultó algo más complicado; tenía que adaptarse a las condiciones climatológicas. De pronto un día hacía frío y otro calor. Ya se ha acostumbrado.

La jornada comienza a las 07:30 hasta las 11:30. Luego prosigue desde las 13:30 hasta las 17:30 horas. Cuenta Anguita que las parras son “un poco altas y curvadas”, de manera que hay que abrazarlas, meter la mano y cortar.

La cuadrilla de la Sierra Sur, en sus primeros días de faena.
La cuadrilla de la Sierra Sur, en sus primeros días de faena. Antonio Anguita se ha detenido para hacer la foto.

Los días que no se cortan uvas —si llueve mucho, por ejemplo— hay otras tareas, como preparar las máquinas, los tractores.

—A mí me gusta trabajar en medio de la naturaleza. Me sirve para estimular la condición física. Aunque es cierto que los últimos días ya sí que hay ganas de acabar y volver a casa.

Aún queda para esos últimos días.

—Lo que hago aquí me sirve para mis proyectos. Seré vendimiador hasta que no encuentre algo más acorde a mis intereses, relacionado con mis metas.

La temporada de 2017 acaba de empezar. Por suerte hay uva en el horizonte.

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