“En Jaén hay mucho talento y atrae talento de fuera”

Pasan las seis de la tarde y Manuel Caballero Águila (Martos, 1972) le da vueltas a la cucharilla dentro de su taza de café. Nos espera en la Cafetería Mónaco 2 donde prácticamente todos lo conocen. Un hijo, un sobrino, un primo o un nieto puede que haya pasado por sus manos casi apóstoles de la Formación Profesional Dual. Ingeniero Industrial de formación, eligió la enseñanza por vocación. Todavía recuerda su primer día de clase. Sonríe al explicar la revolución que vio al entrar, el crucifijo bocabajo, el cuadro del Rey tirado por el suelo. Para un tecnólogo empezar sin ni tan siquiera hacer un curso de adaptación pedagógica era un reto. Tan solo unas clases particulares en Madrid o en la Marina Armada, donde hizo el servicio militar, le avalaban.

Gracias a su tesón, y al de amigos de camino como Manolo Jaén, la comunidad educativa del IES Fernando III y la propia Junta, ha conseguido convertir a Martos y a su relación con Valeo en un referente educativo andaluz. Que sea un microsistema dentro del mar de olivos donde hay empleo. Con un cien por cien de inserción laboral, sus ciclos han dado la vuelta a la tortilla y hacer que Jaén deje de ser el “patito feo”. Alcanza metas como que talento de fuera quiera ir a estudiar a la Ciudad de la Peña y romper con el prototipo de una provincia ligada a la aceituna. ¿Dónde está la clave del éxito? En esta entrevista desgranamos las raíces, el desarrollo y los retos de futuro de la FP Dual.

—Ingeniero industrial de formación, pero profesor de profesión y vocación.

—Efectivamente. Estudié en Madrid Ingeniería Industrial Mecánica. Sin embargo, siempre he tenido un componente de enseñanza muy fuerte. Mis padres son docentes, mi hermana también, además de tener tradición familiar… Siempre me ha llamado la atención. Estando en Madrid me cogió una pequeña crisis de trabajo, con mucha presión, y decidí preparar unas oposiciones. Tuve la suerte de aprobarlas y conseguir plaza en Andalucía para dar clase de Tecnología en Secundaria. Además, con la fortuna de que cuando pedí destino me dan Mengíbar. Pero me enteré que el que estaba aquí en Martos prefería irse allí, así que hicimos una permuta. Por lo que empecé en mi pueblo a trabajar.

Fotografías: Juan Carlos Fernández.
Fotografías: Juan Carlos Fernández.
—Eso es tener mucha suerte.

—(Ríe) Eso en enseñanza es lo nunca visto. Corría el año 96 y desde entonces ya han llovido 21 años. Además, empecé en el IES Fernando III y de ahí no me he movido. Lo que sí ha ocurrido es una evolución tanto en mi vocación como en mi especialidad. De la Tecnología general paso a volcarme mucho en la Robótica educativa, con la puesta en marcha de proyectos y concursos de gran repercusión internacional. Hemos estado en Los Ángeles, en California, Holanda… Es una tradición muy bonita que en Martos suena mucho porque antes no se tenía esa capacidad ni en colegios ni en institutos. Estoy muy orgulloso y quizás sea mi proyecto bandera. Pero, en paralelo, el Fernando III, que era un instituto de Bachillerato, se transformó en IES y debía tener formación profesional.

—Empieza a fraguarse el actual sistema de Formación Profesional Dual en ese momento.

—Pensamos que Martos lo que necesitaba era una Formación Profesional para el polígono de empresas que tiene; ligada al plástico. No había nada de esos, solo áreas como Informática o Administrativo. Siendo un instituto de Bachillerato, sin tener talleres, estando en aulas prefabricadas porque se cayó… conseguimos empezar los ciclos formativos. Lo hicimos con una tiza y una pizarra, prácticamente, y una colaboración con Andaltec. Pero por aquel entonces, todavía la FP, hace unos diez años, no tenía herramientas para llevarla a la empresa; sólo las prácticas a final de ciclo.

—¿Con qué especialidades comenzó?

—Comenzamos con una especialidad de Grado Medio enfocado al plástico de Martos. Se llama Operaciones de Transformación de Plástico y Caucho.

—¿Con ese nombre se lograba llamar la atención de los alumnos?

—No. Pero en Martos siempre ha sido el ciclo medio del plástico. Y eso sí llamaba la atención porque sabían que tenían una acceso fácil al trabajo. Al principio, se llevó a cabo con los proveedores de Valeo, a ellos todavía no les interesaba. Estamos hablando de la época de la crisis y era cuando se contrataban a ingenieros por el salario mínimo. Por eso, la FP tampoco les interesaba mucho. De eso hace solo diez años.

—Empieza a funcionar…

—Sí. Nace bien, los ciclos funcionan bien, nuestros alumnos se empiezan a colocar e, incluso, tenemos gente fuera, en Madrid, en Valencia… Entonces Valeo ya se fijó en nosotros para hacer algo juntos. Aunque tuvieran muchos ingenieros, necesitaban gente que supiera el oficio. La respuesta fue hacer un ciclo de Grado Superior con prácticas en Valeo. Pero quería más. Requería una maquinaria y unos talleres que nosotros en el instituto no teníamos y no podíamos mandar a los alumnos a prácticas sin haber tocado una máquina o un robot industrial nunca. Entonces supimos que teníamos que ser como el modelo Alemán.

—Ahí nació la FP Dual.

—En ese momento no existía. Curiosamente, salió un Real Decreto del Gobierno central muy escueto, que apenas decía nada, pero que por lo menos abría la posibilidad. La Junta apostó por eso. Se implantaron diez ciclos en Andalucía y nosotros fuimos uno de los primeros. No pudimos el primer año por un problema burocrático porque tuvimos que adaptarnos de la LOGSE a la LOE. Finalmente, hicimos la definición del título para toda Andalucía, junto a mi compañero Manolo Jaén, que ha estado conmigo desde el principio. Entre los dos adaptamos el título, tanto de Grado Medio como Superior, a Andalucía y nos lo concedieron. Así empezamos a desarrollar el modelo, sin haber una normativa cerrada. De hecho, se va a lanzar este año.

—¿Pero lo hicisteis sin apenas recursos?

—No teníamos talleres, ni profesores formados… Manolo y yo nos sacamos una nueva especialidad para poder impartir estos ciclos industriales y nos echamos el peso encima. Así, hace cuatro años empezamos a formar un equipo. De esta manera desarrollamos estos dos ciclos, el superior y el medio, uno para Valeo y otro para sus proveedores, y la verdad es que encajan muy bien. Fue cuando Valeo se desengañó y apostó por la FP.

CINCO CICLOS DE FP DUAL CON 100% DE INSERCIÓN LABORAL

—Entonces, ¿si no es por las empresas la FP Dual no existiría?

—No. Pero es evidente, porque es el destinatario final de esta formación. Quintando unos sectores muy concretos que puedan ir a la función pública o a autónomo, la Formación Profesional está destinada en su 95% a la empresa. Hay una simbiosis muy bonita. El caso es que Valeo se convenció de que era la salvación. Tanto es así que nos pidió un nuevo ciclo de Electrónica. La Junta planteó sus dudas pero se montó el ciclo de Mantenimiento Electrónico. A Valeo le fue tan bien que al año siguiente volvió a pedir otros dos más y se los concedieron. Son Diseño y Fabricación Mecánica, que lo hacemos nosotros, y ya el otro centro de Martos pidió hacer uno de Mantenimiento Industrial. Así que de no haber nada de FP Dual en Martos, en la provincia y en Andalucía, de repente hay cinco ciclos, cuatro para Valeo y uno para proveedores, con cien por cien de inserción laboral en estos momentos.

—¿De cuántos alumnos hablamos?

—Son 20 por ciclo, excepto Electrónica que son doce y Diseño también. Estamos hablando de unos 70 estudiantes con trabajo con cada promoción. Porque hay algunos trasvases del Grado Medio al Superior, porque son muy jóvenes todavía porque no quieren trabajar.

—¿Cuál es la media de edad?

—Hay de todo. En el Grado Medio suele estar entre 17 y 18 años, mientras que en el Superior pasan de 20 y llegan hasta los 24. Pero, luego, hay un pequeño porcentaje que pasan de 30 y de 40, lo cual es muy bueno, pero con un matiz. No tendría sentido que se llenara el ciclo todo de gente mayor porque cerraríamos la puerta a los que empiezan e incluso Valeo no estaría de acuerdo porque quiere sangre nueva. Pero que haya un 20% es perfecto porque dan un equilibrio perfecto para las clases.

—Cuando estos jóvenes llegan a las empresas no cobran. ¿Deberían? ¿Se consideraría mano de obra barata?

—Vamos a matizar eso porque lo piensa todo el mundo. La FP tradicional tenía unas prácticas al final. Como el alumno ya estaba formado, en realidad lo que iba era a desempeñar un trabajo por un periodo corto. En la FP Dual están en la empresa desde el primer año, quitando los tres primeros meses de mínima formación inicial. Desde enero, empiezan a estar en Valeo y eso no son prácticas, es formación en la empresa. Por principio, vemos más correcto no pagarles para no llevar al equívoco de que es mano de obra barata o están quitando un puesto de trabajo. Los sindicatos, al principio, estuvieron un poco ariscos pero, en cuanto vieron el proyecto, fueron nuestros primeros aliados.

—Pero no en todas las comunidades autónomas es igual…

—No. La tendencia en otras comunidades es por pagarles. Ahora se quiere regular a nivel estatal y, seguramente, sea obligatorio el pequeño pago al alumno. Personalmente no me gusta, prefiero mucho más como lo hacemos en Martos: el estudiante no cobra pero hay un compromiso de la empresa, que es discrecional, para que a los que le vaya bien tenga un contrato de verano de sustitución. Normalmente son todos. Eso es una remuneración no directa, pero es un aliciente. Sabemos que muchas pequeñas y medianas empresas se nos caerán porque no querrán pagar y, sin embargo, sí quieren formar. Vemos la medida más negativa que positiva.

LA FP YA NO ES PARA LOS QUE NO QUIEREN ESTUDIAR. DESMONTANDO MITOS

—Eres padre de mellizas, de 12 años. ¿Cuándo tengan que elegir qué les vas a recomendar: carrera universitaria o formación profesional?

—Como soy un apóstol casi de la formación profesional (ríe)… si van a hacer una carrera técnica les voy a recomendar que primero prueben un ciclo formativo y después pasen a la universidad. La FP es la gran desconocida, incluso entre nosotros los docentes durante los primeros años. Yo soy de la opinión de formarse dualmente, estar en la empresas y si eso es lo que te gusta, entonces hacer la carrera. Hoy en día el problema es que le preguntamos a los jóvenes qué quieren estudiar cuando, en realidad, la cuestión debería ser en qué quieres trabajar los próximos 35 años de tu vida.

—¿Se les da a elegir demasiado jóvenes?

—Se les da a elegir sin probar. Yo la FP la veo tan aplicada desde el primer momento que si no te gusta no pasa nada, solo has perdido cuatro meses. De hecho, hay que recordar que el grado superior da a acceso a la universidad con una convalidación muy potente, y eso la gente no lo sabe.

—¿Por qué es tan desconocida?

—Es por un conjunto de motivos. Todo esto que estamos hablando, como por ejemplo la homologación, no lo sabe mucha gente. Hay que hacer difusión. Los padres tienen que saber que un hijo que hace un grado superior después del bachillerato tiene la misma categoría que uno que hace grado en Física.

—¿A la FP ya no van los jóvenes que no quieren estudiar?

—No. De hecho, hay que estudiar. Sí mandaría a los jóvenes que quieren tocar, que quieren hacer cosas, que quieren ver en qué se aplica el conocimiento. Es como si empezarás a estudiar Medicina pero antes ya hubieras tocado un bisturí, ya hubieras estado en un hospital… Es una ventaja tremenda. Pero esa mentalidad ya está cambiando.

—Se cubre perfectamente la demanda de puestos que requieren las empresas.

—Sí. Qué es lo que no tiene la administración: flexibilidad para adaptarse a la demanda. Uno de los cuello de botella que tenemos es, por un lado, los espacios, que no hemos sido capaces de construir un taller todavía. Por otro, es el profesorado y la administración, que no es tan flexible para adaptarse a los ciclos que requieren las empresas con rapidez.

—¿Se necesita una FP Dual para los profesores también?

—(Sonríe). Sí y de hecho es una de las salidas de la FP. Cuando estudias un ciclo puedes dar clases en ese ciclo.

—¿Cuáles son los retos de futuro?

—(Suspira) Si es que está todo por hacer.

—Pero después de hablar contigo la sensación es de que está muy consolidado.

—Pues no. Mi equipo de profesores no está definitivo ninguno, por ejemplo. Hay una incertidumbre todos los años. No hay taller. Las empresas responden bien pero no terminan de tener conciencia de qué es una FP Dual, de que tiene que formar.

—Pero hablamos de empresas “modernas”. ¿Todavía cuesta hacerles entender que es bueno que “pierdan el tiempo” en formar alumnos?

—Lo has dicho muy bien. Hablamos de empresas modernas entre comillas. Realmente, mentalidad de que la FP es un buen camino está en la alta dirección y en el maestro de taller que tiene FP. Pero la empresa en general no cree que valga para nada. La clave del éxito está en los tutores laborales, que están en contacto diario con el alumno y ellos no creen en la FP de primera. Hay que hacer una labor de seguimiento diario. Cuesta mucho llegar… La mentalidad moderna se queda en los directivos pero en la realidad no es así. Otro de los retos es reducir la burocracia y simplificar los sistemas de evaluación, además de formar a estos tutores. La mujer es otro de los grandes retos.

EL MUNDO DE LA INDUSTRIA SE HA PERDIDO UN GRAN TALENTO AL NO INCORPORAR A LA MUJER

—La mujer…

—La mujer en la industria está empezando. Tenemos un 50%, lo cual es un éxito. Nuestros ciclos se venden bien entre las chicas, pero en los talleres hay que recordarles a las empresas que hacen el mismo trabajo. En muchos casos, contratarlas le mejora su ambiente laboral, sus procesos, sus reuniones, aportan otro punto de vista… Voy a muerte con ese, no solo porque tenga dos hijas. La industria se ha estado perdiendo un 50% de la población, de talento y de saber hacer las cosas bien hechas por “tradición”… Nuestras primeras estudiantes han arrasado. Están valoradas y encantadas. Ahí queda mucho por hacer.

—¿Jaén tiene talento?

—En la FP Dual hay mucho nivel, entran alumnos muy buenos. Ya se ha roto esa imagen entre la juventud de que la FP es el camino de los quieren estudiar. Ahora hay que romperlo entre nuestra generación. Jaén tiene tradición, con Linares, y tiene una industria que la ha montado gente de Jaén, como en Martos o Alcalá la Real, que busca gente de aquí para trabajar y, además, atrae talento y se necesita aún más.

—¿Se necesita más?

—No podemos dar más porque no hay más puestos formativos en las empresas, más tutores, más profesores… Jaén ahora mismo atrae talento. Tenemos alumnos de Huelva, Sevilla, Córdoba, Granada… Vienen aquí porque saben que tienen una salida profesional. De alguna manera le hemos dado la vuelta a la tortilla a la imagen de que los de Jaén siempre nos hemos tenido que ir fuera a estudiar. Eso como marteño y jiennense te llena.

—¿Algún apunte que quieras hacer?

—Quisiera bajar un poco las expectativas que se han generado. Esto son unos estudios que hoy tienen cien por cien de inserción laboral, pero no siempre tiene por qué ser así. De hecho, ahora es un poco frustrante, porque hay empresas, incluso en Madrid y en Barcelona, que nos llaman para que les mandemos alumnos pero no podemos. Por eso, la FP hay que apoyarla y si Martos, por lo que sea, no pueda dar más puestos formativos, a lo mejor hay que apostar por un centro integrado de FP. Eso me gustaría verlo en Martos alguna vez…

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