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Africaneando. Una oportunidad para abrir la mente

Por Patricia Castillo - Abril 17, 2021
Africaneando. Una oportunidad para abrir la mente
Imagen de recurso. Foto: Pixabay.

Seamos: la comunicación mundial se desvirtúa y no llevamos su verdadera imagen en las redes sociales hacia la liberación colonial. A pesar de que se supone que ha habido un periodo significativo de crecimiento y de transformaciones sociales y culturales, en un plano de igualdad en el que todas las zonas se nutren, seguimos sin estar a la altura de una perspectiva feminista; siendo ejes de debate las categorías de género y raciales, básicas para el desarrollo de los intereses de cambio, necesario para el crecimiento humano; pero siguen existiendo despreocupaciones, prejuicios, desigualdad... entre otros problemas.

Desde el análisis de los comportamientos humanos de una cultura categorizada como euroamericana, como modelo a seguir en todo el mundo, se hace difícil apartar las necesidades mundiales y existencialistas, así como las diversas formas atípicas de vivir y conceptualizar cada persona en cada familia. Desde una visión global y analítica, tan real como esencial, el privilegio masculino se sigue consagrando en la cultura de la modernidad. En el caso de los contextos africanos, la visión centrada en el género y la forma de vivir que tienen los enfoques feministas abren al mundo una puerta académica: se cuestiona la identidad social, los intereses, las preocupaciones por comprender el mundo desde las mujeres, sus conocimientos; la posición que ocupan en las familias y en cada comunidad; las jerarquías de género y la búsqueda de soluciones desde una política de cambio y asuntos políticos, una perspectiva africana, no común, cuestiona las soluciones actuales.

Siento que los problemas que tiene la sociedad y tenemos las mujeres son asuntos públicos políticos, de políticas comunes, obligatoriamente con un tema de “enseñar a pensar” sin olvidarse de los conceptos, aprendiendo desde la eficacia y la conexión.

Las políticas educativas se exponen en todas las escuelas del mundo con copias de manuscritos, reproduciendo contenidos sistemáticamente que dicen servir a todos por igual y con un concepto paternalista, fuera de las necesidades feministas, equitativas y que nos lleven a una construcción universal de género en la sociedad.

Las mujeres somos energía que aporta al mundo vida, a la sociedad y no meros juguetes con instrucciones y programación social nada más nacer. Se hace necesaria la existencia de género como principio organizador de la familia (sin entrar en jerarquías de posición superior, sin convencionalismos ni tradiciones que dañen la integridad). En tanto, también debemos romper los esquemas a través de la descolonización: conocer las distintas perspectivas de género de cada sociedad puede ser una gran fuente de sabiduría ante la opresión y el logro del trato equitativo.

Desde las investigadoras africanas, es interesante cómo la igualdad de género identifica un apoyo de mujer a mujer, de madres y apoyo entre hermanas, siendo la fuente principal de solidaridad. También, me sigue pareciendo curioso y a la vez arcaico, cómo desde siempre se ha proyectado en nuestra sociedad el concepto de “familia perfecta” siendo la mujer posicionada sin pedirlo; adivinando sus necesidades, configurando su vida desde lo materno, a lo social y laboral, desestabilizando su propia economía con la desigualdad incansable, con los supuestos avances existentes en el S. XXI, sin obviar los grandes logros feministas.

Metodológicamente, desde un aspecto educativo, los estereotipos dañan la forma de ser y lo que importa realmente en los informes de cada infante son datos descalabrados que no ofertan la oportunidad de conocerse: búsqueda de identidad- existencialismo; de dónde vengo (historia mundial); cómo puedo comunicarme y cómo puedo expresarme y entender este mundo, y gestionar mis emociones, así como a las personas que lo habitan; pues no solo lo que hay que aprender curricularmente. Claro es el ejemplo del punto de vista de la socióloga Nancy Chodorow, donde indica que se pueden experimentar profundas implicaciones al desarrollo psicosocial de los hijos: la madre es un ser con género, es decir, la esposa del padre. Sin embargo, desde una educación universal, la maternidad ha de ser el elemento que determine su naturaleza, como dar a luz una vida si es lo que realmente se quiere, protegiendo a ese ser, a lo que es natural en su condición humana. Esto, sin necesidad de vincular a la mujer hacia una responsabilidad impuesta, como tener que ser esposa para ser madre; tener que casarse para serlo, tener que... tener pareja para concebir o estar limitada a una organización familiar; por el mero hecho de nacer en un ámbito social y cultural, dejando de lado opiniones y experiencias, y ateniéndose a una tradición o cultura concreta sin la oportunidad de decidir.

Las mujeres creamos y tenemos el derecho a la libertad de nuestro propio ser, como mujer, humana, persona, madre, ser vivo... Aprendí de la familia Yoruba: me pareció un enclave exitoso para quien quiera elegir su propia lógica familiar: ponen en relieve la maternidad como institución. Esta apuesta familiar es parte del aprendizaje y la cultura, contando con una perspectiva feminista, empoderando la sociedad desde la igualdad para todas de forma que se pueda elegir la forma de ser, única e individual. Así, jugando al presente desde la raíz del fenómeno de la cultura africana se puede entender una convivencia, al parecer más centrada en la defensa de la mujer, pudiendo elegir una residencia grupal o co-grupal, individual... cualquiera que sea válida, siempre que sea desde el respeto del derecho de ser, sin abusos de género (por ser mujer... o ...) y, por supuesto, sin ir en contra de los derechos humanos: abriendo bien los ojos y el corazón a otras posibilidades más allá de lo que nos han enseñado en cada una de las culturas existentes.

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