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"Soy alcalde pedáneo, un vecino más, y no engaño a nadie"

Por Fran Cano - Diciembre 16, 2018

La pasión de Miguel Ortega Esteo (Jaén, 1964) es Santa Ana, la aldea de Alcalá la Real donde siempre quería ir de niño. Desde el verano pasado es alcalde pedáneo, y dice que el encanto con su tierra continúa. Es cierto que Ortega, supervisor de obras empleado en la Diputación de Jaén, ya sabe que el cargo da y quita, como le advirtieron sus familiares.

La casa de él está en la calle Nuestra Abuela. Es una vivienda preciosa, de atmósfera rural, construida en parte con elementos reciclados. Sentado en una silla, junto a la chimenea, Ortega tiene algo de El hombre tranquilo, pese a que en realidad es una persona inquieta. Uno le escucha hablar y no tiene la sensación de estar enfrente de un político. Porque no lo es. Este medio le pregunta sobre varios temas, incluido la proyección de la zona como punto neurálgico del sector del plástico.

—¿Se imaginaba de albañil cuando era niño?

—Sí, ya me gustaba. De siempre he sido muy manitas. Los oficios manuales me han gustado mucho.

—¿Usted no sería de aquellos paletas que con 16 años ganaban más de 2.000 euros?

—No, qué va. Por desgracia me pilló una época en la que se ganaba muy poco dinero de peón en la construcción. Empecé en la década de los años 80, y los sueldos entonces eran muy bajos. Tampoco había derechos laborales reconocidos. Tengo un problema en la piel, porque antes nadie advertía sobre los peligros de la exposición continuada al sol. Y sobre los sueldos, por desgracia, parece que ahora también es la realidad que vive la gente joven, y no nos damos cuenta.

—Me parece un trabajo muy difícil el de la construcción. ¿Es así o no es para tanto?

—El mundo de la construcción evoluciona muy deprisa. Hay temas que desconozco. En la Diputación hacemos cursos para adentrarnos en nuevos ámbitos, para adaptarnos. Una obra de carretera siempre es lo mismo: refuerzos de firme o acondicionamientos generales. El trabajo se repite: explanación del terreno, compactación, levantar terraplenes, el paquete de firmas y la rodadura. Sí ha cambiado el asunto en temas como las pavimentaciones de calle. Ahora ha salido el hormigón impreso, que es bastante innovador. He visto catálogos y me parece que queda muy bien.

"DISFRUTO CON MI TRABAJO EN LAS CARRETERAS"

—Y un día se hizo inspector de obras de la Diputación.

—Yo siempre estuve en carreteras, cerca del área de topografía. Empecé en la construcción vertical y más tarde me pasé a carreteras, donde hice el trabajo propio de un peón de obra. Entonces no había tantos medios. Últimamente, como decía, me acerqué a la topografía. De hecho, cuando salí de una empresa, el técnico de otra me conocía y sabía que tenía conocimientos en la materia. Me propuso para ser el encargado de la carretera de Las Grajeras, en Alcalá. Le hablo del año 1991 más o menos.

—¿Cómo es su jornada de trabajo?

—Depende del momento. Si se trata de una obra de edificación vertical, tenemos que estar pendientes de la cimentación: que los pozos estén limpios; que las armaduras estén aisladas de la tierra, y que el hormigón sea de la dosificación de cemento que pide el director de obras, entre otras tareas. Hay que llevar también el control de laboratorio. Y si se le soy sincero, este es el tipo de trabajo que menos me gusta.

—¿Y qué es lo que más le gusta?

—Yo disfruto más con las carreteras. Nos encargamos del proceso de expropiaciones: vamos con los propietarios para contar los metros cuadrados que se ocuparán. Este proceso implica asumir el desbroce del terreno y medir la base de los terraplenes para que esté en condiciones. Una vez que se levanta la carretera, donde van los desmontes hay que comprobar la anchura de plataforma, para que los taludes tengan el tendido correspondiente que se pide en el proyecto. Si hay anomalías, se comunican a la dirección de la obra. Ese es nuestro trabajo, y hay que estar pendiente de lo que se hace en el laboratorio. La fase final es echar un suelo seleccionado y una zahorra artificial, con la capa del aglomerado. En Jaén, por culpa de las arcillas, el terreno se suele hinchar y deshinchar cuando se moja. Los aglomerados en caliente pueden partirse si hay fallos en el proceso, dado que el firme es semirígido.

—Por lo que describe, usted pasa muchas horas en la calle.

—Sí, sí. Y cuando no hay construcción de carreteras, nos dedicamos a la Policía de Caminos. La Diputación tiene una red muy extensa de carreteras, y siempre hay gestiones por hacer, como los permisos para accesos a fincas. También medimos si hay anomalías en puentes.

"LA FAMILIA NO QUERÍA QUE FUESE ALCALDE PEDÁNEO"

—Es alcalde pedáneo desde el pasado verano. ¿Cómo fue el proceso?

—Estoy en la ejecutiva del PSOE de Alcalá la Real. Carlos Hinojosa, alcalde, sabía que yo soy de Santa Ana, y él pensó en mí. Yo soy una persona que no me valoro mucho, y tenía mi recelo sobre coger el puesto. Mi familia me lo desaconsejaba por completo: 'Estás loco. ¿Dónde te vas meter? Tendrás follones con los vecinos', me decían. Pero la verdad es que se me está dando muy bien. Soy funcionario y me gusta mucho mi trabajo, que consiste en el trato con el público. Cuando hago cosas en Santa Ana, disfruto de desempeñar mi trabajo en mi aldea. Los vecinos saben hasta dónde puedo llegar. Llego hasta el máximo. Me gustaría que cuando tengan cualquier problema, me lo comuniquen. Un alcalde pedáneo, sí, pero ante todo soy vecino.

—Los pedáneos tienen menos poder que los alcaldes normales o electos del municipio. ¿Qué hace falta para hacerlo bien?

—No sé por qué se me está dando tan bien, pero quizá sea porque me entrego mucho al trabajo. Cuando tengo que hacer algo, lo hago. A veces no hay medios, y lo hago. Antes de tener la patrulla verde en las aldeas, en las fases de tiempo en la que no hay personal del PER, me ocupaba de hacer algunos trabajos. Le digo la verdad, lo hacía con gusto. Soy una persona que me gusta hacer bien las cosas.

Hay asuntos más complejos que implican comunicarme con el equipo de Gobierno de Alcalá. Conmigo los concejales se están portando muy bien. Sin el apoyo del Ayuntamiento es imposible, por muy trabajador que seas. Tenemos varios proyectos en el municipio. Quiero incidir en la conservación y en el mantenimiento del pueblo: todo tiene que funcionar perfectamente. Hay que evitar los baches, que los acerados estén condiciones y que no falle la luz —lo dice y ríe, porque justo el día de la entrevista la aldea ha tenido un apagón de casi siete horas—, aunque esto último no depende de mí. La limpieza es fundamental.

"LA VARIANTE DE LOS POLÍGONOS ES LA OBRA ESTRELLA"

En cuanto a grandes proyectos, la obra estrella que necesita Santa Ana es la variante de los polígonos, para quitar el tráfico pesado de la travesía y que los trabajadores tengan la comunicación con Alcalá más ágil. Es una de mis ilusiones como pedáneo. Cuando esté hecho eso, que entre gente nueva en el cargo. No es cuestión de eternizarse aun cuando te vaya bien. Yo no engaño a la gente. Si veo que algo se puede hacer, aunque sea tarde, se lo digo y lo cumplo. Pero si es imposible de hacer algo, no tengo por qué engañar. Quizá es una de mis claves: no engaño al pueblo. Eso es lo que hay, qué vamos a hacer.

—¿Es más difícil la política que la construcción?

—¿Sabe qué pasa? Cuando entré en política me lo tomé de otra manera. Ahora me doy cuenta de que es verdad que no merece la pena pelearse con nadie. Yo soy del PSOE, pero en mi trabajo me desempeño igual para cualquier persona. A mí Hinojosa me ha designado como pedáneo, soy el enlace entre el Ayuntamiento y Santa Ana, y me da igual el signo político de la gente. Estoy para servir al pueblo.

Cuando mi oficio se mezcla con la política noto que hay gente que actúa de mala fe. Le cuento un episodio que dio mucho que hablar: la rotonda de El Chaparral. Trabajé como supervisor de la obra. Se dieron unas circunstancias muy particulares. La balsa de la almazara de una fábrica de aceite tuvo que ser modificada. Hasta que no hubo presupuesto, no se pudo iniciar la obra. Empezaron los trabajos y vino el problema de la bomba que podía estar vinculada a un conflicto bélico. Los obreros tuvieron cierta reticencia a tocar en la zona donde supuestamente había caído la bomba. Hubo que esperar a que viniese la Guardia Civil. Al final, no había bomba. La obra se retrasó. Llegó el invierno y los accesos provisionales estaban diseñados para que aguantasen un tiempo determinado, irrumpió la época de la lluvia y todo se puso imposible. Cada día había que tapar los baches. Llovía todos los días. Algunas personas se quejaban con razón, porque tenían que esquivar los baches. Pero otros lo decían con mala intención. Sabían que yo soy del PSOE y que la obra fue promovida por la Diputación provincial. Si esta obra hubiese sido en otro pueblo, me hubiese dado igual. En este caso había mala intención por parte de algunas personas, porque el retraso era algo inevitable. La lluvia solo permitía hacer algunos arreglos. Y esa obra se hizo en condiciones. Todo se ha hecho con zahorra artificial. No se hundirá en la vida.

—¿Se ve muchos años de pedáneo?

—Me gustaría, como decía antes, estar en el periodo que incluya la construcción de la variante de los polígonos. Después será sencillo, porque aquí lo único que importa es estar pendiente de las personas. La colaboración de la aldea es fundamental de mi trabajo. Santa Ana es muy particular. Está el propio núcleo, Fuente del Rey y los tres polígonos: Llano Mazuelos, El Chaparral y El Retamal. Si los vecinos no colaborasen, tendría que dedicarme solo al pueblo y dejar mi trabajo. Agradezco que me comuniquen cualquier mejora, sea cual sea. Y yo no tengo horarios, que vengan y me lo digan. No me molesta. Tengo dos teléfonos. Siempre estoy dispuesto a escuchar a mis vecinos si tienen algún problema. Ahora quiero arreglar acerados que llevan bastante tiempo rotos. El asunto de los contenedores ha cambiado: antes me encontraba incluso muebles tirados en la calle. El grupo de Facebook Nuestra Aldea Santa Ana sirve para concienciar a la gente. Cada dos días doy una vuelta para comprobar los contenedores, y si veo que hay algo fuera y puedo, lo meto dentro. Si es algo que no puedo por mí solo, aviso al Ayuntamiento. Se ha notado el cambio.

"HAY QUE VALORAR A LOS EMPRESARIOS QUE APUESTAN POR LA TIERRA"

—Santa Ana es admirada por la cantidad de empleos que generan los polígonos. ¿Por qué ha ido tan bien esta zona y qué pueden aprender otros polígonos de municipios próximos?

—Uno de los principales factores es que los propietarios de algunas fábricas son vecinos de Santa Ana. Eso hay que valorarlo, que alguien apueste por su tierra y dé puestos de trabajo. La zona se está convirtiendo en un punto neurálgico del sector del plástico conocido incluso en el ámbito nacional. Hay que agradecérselo a esos empresarios. Es una de las causas que más ha influido en la industrialización de Santa Ana.

—¿Crecerá aún más el sector del plástico?

—Sí, puede hacerlo. En torno al plástico pueden florecer otras industrias, como la del reciclaje. Cómo no aprovechar la cercanía de las fábricas en ese proceso. Es un círculo vicioso. Podemos juntar en el mismo sitio a las fábricas de plástico con las de reciclaje.

—Vive a caballo entre Jaén, Alcalá y Santa Ana. ¿Dónde está más cómodo?

—Soy de Jaén, pero desde pequeño, desde que tengo uso de razón, mis padres me traían a Santa Ana a casa de mis abuelos. Siempre he dicho que soy de Santa Ana, y mi madre me decía de niño que no, que yo era de Jaén. Y yo contestaba y volvía a reivindicarme como de Santa Ana. Desde chico he sido santanero. He vivido en Jaén seis años a partir de casarme. Como no había nadie de mi ámbito en esta zona, se lo propuse a mis jefes y no lo vieron mal. La ilusión de mi vida era vivir aquí. Y más aún lo sería que mi mujer quisiera también. La gente que me conoce sabe que solo voy a Alcalá a dormir. El resto del tiempo estoy aquí. Mi mujer sabe que Santa Ana es mi pasión.

—La forma de ser de la gente no cambia mucho si comparamos Jaén y Alcalá.

—Sí, es cierto. A Jaén le tengo mucho cariño. Aunque ahora no me apetece mucho volver, porque soy feliz aquí, en Santa Ana. No me hace falta otra cosa. Voy al cortijo de Veinte Novias, cuido mis animales, vuelvo a tomar una cerveza con mis amigos, y así es mi vida. Soy autosuficiente aquí. No tengo interés en ir a otra parte.

—Jaén pierde población. ¿Qué se puede hacer para evitar que desaparezcan aldeas y municipios?

—Hay que potenciar el turismo rural. Está claro que no puedes hacer un gran negocio y dar puestos de trabajo en aldeas como Villalobos, por citar alguna. Lo fundamental para anclar a la gente a esta tierra es cuidar la agricultura. Hay que incentivar a la gente joven para que se pueda quedar en las aldeas; es la manera de contrarrestar las desventajas de no tener cerca consultorio o colegio. Necesitan ayudas para trabajar las tierras y así evitar desplazarse.

Me gustan mucho las aldeas de Alcalá, y las conozco bien, pero es una pena que la gente las abandone. Cuando vas por la calle y ves la cantidad de casas cerradas, te da una pena muy grande, porque recuerdas que antes hubo mucha vida. En Santa Ana, por la industrialización, sí puedes hacerte una casa estupenda y tener tu trabajo al lado. Cuando concluyamos el asunto de la variante, Santa Ana será un residencial.

Fotografías y vídeo: Antono Anguita.

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