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"Hasta de momentos tan difíciles como este se saca algo bueno"

Por Javier Cano - Marzo 25, 2020
"Hasta de momentos tan difíciles como este se saca algo bueno"
Ángel y Jesús Marín, ante las impresoras con las que fabrican las mascarillas, en su casa de Baeza.

Un padre y su hijo: Ángel, nacido en Tarrassa en 1966 pero de ascendencia jiennense, y Jesús Marín (Baeza, 2002); el primero, profesor de Ciencias Sociales en el instituto de Educación Secundaria Andrés de Vandelvira de la ciudad machadiana y el segundo, alumno del mismo centro. En pleno confinamiento por la pandemia, han convertido su casa baezana en una fábrica a escala desde la que salen mascarillas elaboradas en sus impresoras 3D con destino a centros sanitarios, residencias de mayores y allí donde hagan falta para evitar contraer el temido Covid-19. La idea de Jesús, que Ángel secunda desde el primer momento, ha contagiado con la misma velocidad que el coronavirus a toda la familia, a comerciantes del municipio y a vecinos que, como ellos, cuentan con esta tecnología en sus hogares. Solidaridad a manos llenas.

—¿Qué movió a su hijo a poner en marcha la fabricación de mascarillas desde su propia casa? 

—Jesús, normalmente, es curioso e inquieto; vio que existía esta iniciativa a través de un grupo de Telegram, donde se estaban diseñando una especie de viseras para poder montar unas pantallas sanitarias, y como tenemos una impresora en casa, la puso a punto; enseguida recordó que el instituto, donde estudia Bachillerato tecnológico, hay otras dos, y vimos la forma de poder traerlas a casa. Nos hemos juntado aquí con varias, que trabajan prácticamente día y noche para ofrecer mascarillas a las urgencias y a la gente que está directamente expuesta, en primera línea.

—¿Disponían desde el principio de los materiales necesarios para realizarlas?

—Teníamos el filamento de la impresora, pero hacían falta también acetatos, que son las transparencias, y gomas elásticas. Llamamos a los comercios locales, y se ofrecieron. Nos dieron los primeros acetatos y las gomas elásticas de mercería y empezamos a hacerlas. A partir de ahí, nos pusimos en contacto con el director del centro de salud y con el Ayuntamiento, para que fuese una distribución organizada. Lo poco que hemos salido de casa fue para conseguir ese material de la librería y la mercería. Todo empezó a difundirse por los grupos y desde entonces, personas de Baeza que tienen este tipo de impresoras trabajan de forma coordinada, para que no falte material y se organice la dsitribución con las directrices del Ayuntamiento y según las necesidades que haya.

—Una idea que empezó en la cabeza de un adolescente y que ha terminado creando toda una red de solidaridad...

—Sí. Nos gustaría surtir más; incluso el que tiene una impresora y no la usa mucho, lo que hace es llevarla a casas de personas que sí trabajan con ellas. En este sentido, la Guardia Urbana está facilitando mucho las cosas también, participa de este intercambio, porque nosotros no nos desplazamos; ellos echan una mano en el reparto de material, colaboran. Y el Ayuntamiento llama también a los comercios, para dotarnos de material.

—Una auténtica red... Y todo desde casa, ¿verdad?

—Sí; los centros están cerrados, todo el trabajo se hace desde casa, y cuando está hecho se mete todo en bolsas. Se ha hecho un comunicado para que la gente desinfecte los materiales porque, aunque trabajamos bien, siempre hay que tener prudencia; todo se higieniza ya en destino.

—¿Cuántas personas hay, a día de hoy, a pie de impresora 3D?

—Ahora mismo puede haber unas siete personas en el grupo. Lo que sí es muy importante es que todo el que tenga una de estas impresoras y pueda organizarse con su Ayuntamiento o con otra gente, que lo haga. Estamos detectando una necesidad bastante urgente en los centros hospitalarios, sientes estrés y dices: "¡Ojalá saliese esto un poco más rápido!"; y eso que tardamos una hora más o menos en sacarlas, y aquí está toda la familia, unos lijando, otros poniendo el acetato... La verdad es que te motiva echar una mano en lo que se pueda. 

—¿Cree que habrá mucha gente con este tipo de impresoras, para poder echar una mano?

—No están tan extendidas. Desconozco lo que puede haber, pero no es una impresora láser o de papel, como las que se pueden tener normalmente. 

—Una buena forma de ocupar el tiempo libre impuesto por la cuarentena...

—Parece que te olvidas hasta de los problemas del mundo, estás ahí con la atención centrada en el trabajo...

—No hubiera sido raro que su hijo, un adolescente de su tiempo, se hubiese dedicado a navegar por internet o a 'wasapear' con sus amigos, en lugar de dar un paso adelante para echar una mano en una situación como esta. Debió de ser una gran satisfacción para usted comprobar que tiene en su propia casa a alguien que, como escribió Machado, conoce "el secreto de la filantropía".  

—La verdad es que sí: me reconforta. Estoy contento, incluso cuando comentan cosas en los grupos sobre las mascarillas, lo veo muy implicado. Está en segundo de Bachillerato, tiene por delante un curso bastante exigente y estos dos o tres días, hasta que esto se ha lanzado, ha estado con todos los sentidos puestos ahí. No ha abandonado lo suyo, pero...

—¿Cambiará esta crisis la forma de vivir de la gente y, en especial, de las nuevas generaciones? 

—Nunca habíamos vivido (con los años que tenemos) algo así. Es la primera vez que todo se para de esta forma, para ellos y para los adultos también. Es como un toque de realidad, de valorar lo que tenemos, parar para despertar de muchas cosas. La verdad es que sí; yo, en mi trabajo como docente, cuando contesto a una duda desde casa y pregunto a mis alumnos cómo están, noto que me escriben con un afecto que no es el de un día a día normal, cuando vamos todos con la cabeza y el estrés de aquí para allá, sin saber muy bien adónde. Ahora, la gente es más receptiva; son cosas positivas dentro de lo malo, de los momentos difíciles que estamos viviendo, sobre todo las personas que puedan estar más afectadas por este tema. Pero de todo, hasta de lo malo, es verdad que se extraen cosas buenas, hasta de los momentos más dificiles.

 El resultado del trabajo, listo para ser distribuido. Foto: Ángel Marín
 El resultado del trabajo, listo para ser distribuido. Foto: Ángel Marín

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