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Bala de Dios

Por Antonio Pulido Casas - Enero 10, 2019
Bala de Dios
Beto, en acción. Foto: Diario de Córdoba.

El coche iba reduciendo la velocidad hasta el paso de peatones en el tranquilo barrio de Ilha do Governador, en Río de Janeiro. Su hermano iba conduciendo y él, en el asiento de copiloto, vio cómo una sombra lo oscureció de forma repentina. Apenas pasaron unas milésimas de segundo antes de dar el grito: "¡Acelera!". Un grupo armado de unos ocho o diez atracadores quedaron tras el vehículo, cuya reacción no fue otra que presionar el gatillo con la intención de que, de alguna forma, el coche se detuviera y pudieran robarles el transporte. Una de esas balas atravesó el cristal y también el asiento en el que se encontraba. El instinto hizo que adquiriera una postura casi fetal, con la cabeza agachada a la altura del salpicadero, que no fue suficiente para evitar el impacto. El proyectil le atravesó el hombro y, ya sin fuerza, se quedó enredado en el cuero cabelludo tras topar con el cráneo.

"Paró en el hueso más fuerte del cuerpo: mi cabeza dura", recuerda hoy, casi con tono cómico, Carlos Alberto de Siqueira Lima Aranha, más conocido como "Beto". Fue el 31 de octubre de 2003: Halloween. Toda una pesadilla.
Los delincuentes no consiguieron frenarles, si bien la mala suerte se cernió sobre el vehículo que venía detrás antes de que la policía lograra detenerlos. "No dio tiempo a pensar, fue todo muy rápido y yo noté como un capón cerca de la oreja", continúa el brasileño. La sangre fue lo que le alertó. Un golpe, un porrazo, un chichón, nada que lamentar hasta que el médico que le atendió constató la suerte de aquel día: un poco más arriba o un poco más abajo podría haber supuesto una paraplejia, una tetraplejia o la muerte. Sin embargo, apenas se lesionó uno de los tendones del brazo y necesitó un poco de rehabilitación.

 La alineación del Caja Sur Córdoba. Foto: Diario Córdoba.
La alineación del Caja Sur Córdoba. Foto: Diario Córdoba.

"No era el día para irme, seguro, o, según cómo se mire, fue mi día de suerte", reconoce Beto más de 15 años después del suceso. Sostiene que en aquella trayectoria Dios intercedió a que no produjera males mayores para no detener su vida a los 44 años: "Jamás había sido atracado en Río, nunca me había pasado nada y ese barrio está muy vigilado. Fue la casualidad de estar en el lugar y en el momento equivocados".

A los pocos días estaba de vuelta en España, donde le extrajeron la bala, para entrenar al Caja Segovia. La llegada al aeropuerto estuvo repleta de incredulidad, nadie se creía que podía haber sobrevivido al escupitajo de una pistola si no fuera por el aparatoso esparadrapo que decoraba su cabeza. "Me hicieron las curas y a trabajar", rememora. Como si nada. Como un renacimiento.
Beto pudo continuar con su trayectoria en España, adonde había llegado en 1982 para hacer unas pruebas en el Atlético de Madrid gracias a otro brasileño, Dirceu, que pronto marcharía al Hellas Verona italiano. Ante la imposibilidad de continuar en el fútbol, acompañó a un amigo a hacer unas pruebas para el Caja Toledo. Fue su primera parada en España, donde coincidió, por sorpresa, con "SúperMauro", al que conocía del Flamengo, y fueron capaces de vencer la mayoría de los partidos e incluso golear al todopoderoso Interviú. Ya había probado la disciplina en Brasi, pero fue en la península ibérica donde disfrutó de la competición al alto nivel. "Desde entonces fue una fiebre y no conseguí salir del fútbol sala", admite tras casi cuatro décadas.

 Beto, al frente del Tymen Ruso.
Beto, al frente del Tymen Ruso.

Después contribuyó con su juego en el CajaSur de Córdoba o el Algón, entre otros, hasta que en 1992 dejó a un lado las botas, cogió la pizarra y sustituyó a un destituido Javier Lozano en el Caja Toledo para hacerlo campeón de la LNFS. Comenzó entonces a hacerse un nombre cada vez más brillante en los banquillos: campeón de Supercopa con el ElPozo Murcia (1995), triplete FIFUSA con el Miramar portugués en la 1996/1997, ascenso a División de Honor con el Alcantarilla (2000), varios títulos más con el Sporting de Portugal y el Benfica, además de hacer progresar al Tyumen ruso, que jamás había ganado un partido en la máxima categoría, hasta hacerlo subcampeón de Liga y Copa varias veces, como también haría con el Dina de Moscú. Todo el que sepa de fútbol sala ha oído hablar de Beto. Sin duda.

Durante tres años fue secretario municipal de deportes en la prefectura municipal de Itaguai (Río de Janeiro), en la que ayudó a que más de 20.000 niños fueran apartados de las calles a través del deporte para que, como a él, no le alcanzara una bala perdida. Esa que le sacó Dios.

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