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"Prometí a Dios ayudar a la gente con cáncer a cambio de vivir"

Por Javier Cano - Junio 05, 2022
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"Prometí a Dios ayudar a la gente con cáncer a cambio de vivir"
Enfundada en su camiseta color rosa, la protagonista de este reportaje posa en una foto de familia ante la torre del municipio.

Desde Mengíbar, Brígida Malo Cabezas dedica gran parte de su tiempo a apoyar a quienes, como ella, saben lo que es enfrentarse a la enfermedad

Algo falló en el inmemorial reparto de apellidos, si se tiene en cuenta lo alejado que está el primero de la protagonista de este reportaje con su personalidad, con su conducta cotidiana, con su compromiso con quienes, como ella, saben lo que es necesitar apoyo en el trance de asumir una de las enfermedades más temidas.

Sí, Brígida Malo Cuevas es uno de esos referentes en la lucha contra el cáncer en la provincia de Jaén que, aunque peroxileña de nacimiento (1961), se bate el cobre diariamente desde Mengíbar (su tierra adoptiva) para que quienes lo padecen lo lleven de la mejor forma posible, para aportarles su propia experiencia, tan dura como alentadora.

"Cuando me lo diagnosticaron me dijeron que estaba muy mal la cosa, mi hijo pequeño solo tenía siete años entonces, y dije: ¡Dios mío, a cambio de vivir, yo voy a dar todo lo que pueda dar a las personas". Y aquí estoy", confiesa esta mujer de hablar reposado que destila seguridad en cada una de sus palabras y hasta en sus silencios. 

"COCINERA ANTES QUE MONJA"

No es una intrusa, una advenediza, no; sabe de lo que va el asunto, ha sido 'cocinera antes que monja', su cuerpo y su alma conocen los efectos de recibir, primero, el indeseable diagnóstico y, después, de operaciones, tratamientos, días difíciles y horas en vilo con el miedo en la cabecera de su cama. 

"A mí no me lo detectaron, me lo noté yo, fui al médico de cabecera, se lo comenté y me dijo que no tenía importancia. Era julio, estaban todos de vacaciones y me citaron para septiembre. ¡Cuál fue mi gran suerte que me subí a Pamplona y, allí ya, con la última mamografía que me hicieron, me dijeron que ya tenía el tumor".

Corría el año 2007 y a esta madre entregada no le quedó otra que mirar por sí misma un poco más de lo acostumbrado, ponerse en manos de la ciencia y tirar para adelante sin darle vidilla a la desazón ni a la desilusión, con todas las ganas de vivir puestas en el asador. 

"No hay medicación más dura que esa, ha sido muy duro, pero he conseguido salir airosa", celebra, tan positiva que hasta le quita importancia a las secuelas que sus huesos arrastran desde que 'el bicho' la metió en su nómina.  

Todo lo contrario, rebosa vitalidad y, lo más importante, contagia su postura vital a quienes, ahora, más la necesitan. Vamos, que de olvidar lo pasado y disfrutar sin mirar alrededor no va con ella, ahora que está en el otro lado, en esa franja de la frontera que le permite animar al personal, ayudar a la gente: "La verdad es que me aporta una gran alegría poder servir", asegura. 

PUNTAL DE LA AECC EN MENGÍBAR

Dicho y hecho, se acercó a la Asociación Española Contra el Cáncer en su municipio (que preside) "desde el minuto 0" y se ofreció para trabajar codo con codo para ponerle al mal tiempo la mejor cara, para dejarle claro a este mal de males, y con acento mengibareño, que de tirar la toalla nada de nada: 

"Busque gente que me apoyara, no podía llevar la asociación yo sola, y desde entonces hemos hecho cuestaciones, una marcha (quitando los años de pandemia), venta de lotería, hemos vendido entradas para la corrida de toros contra el cáncer, en Jaén, algún partido solidario, obras de teatro...". Una tarea en la que (dice) el Ayuntamiento mengibareño pone su continuo grano de arena: "Le estamos muy agradecidos", sentencia. 

Lo que sea para arrimar fondos a la asociación española, cuyos beneficios (explica) redundan después en el resto de colectivos, a los que la matriz surte:

"Lo que más necesitamos es investigación, pero además hay personas que tienen que ir fuera porque no las pueden tratar en Jaén, necesitan vivienda y apoyo, y la AECC las ayuda, les ofrece vivienda donde se vaya a dar el tratamiento, tanto al enfermo como al acompañante", aclara.  

Todo un referente Brígida, a la que (en sus propias palabras) más de uno y de una buscan para recibir su aliento, su palabra experimentada y tranquilizadora:

"Se acercan a mí, vienen con un antifaz en los ojos y yo los tranquilizo, que es lo primero. Les explico que tienen que pasar un tiempo mal pero que todo se cura, que hay que poner de nuestra parte y ser fuertes". ¿No dijo Séneca que la adversidad es ocasión de virtud?

Sabe de lo que habla, vaya que sí: "Yo no tuve a nadie que pudiera tranquilizarme, me lo tuve que tragar solica. Gracias a luchadores como ella, al menos en Mengíbar eso ya no pasa.

 En una marcha de la Asociación Española Contra el Cáncer.
En una marcha de la Asociación Española Contra el Cáncer.

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