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"Es el momento perfecto para alojamientos como El Asno Azul en Ribera Baja"

Por Fran Cano - Julio 18, 2021
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Carmen Baena Moreno (Granada, 1961) cambió de vida hace más de un año, cuando llegó a Ribera Baja (Alcalá la Real) y asumió la rutina de El Asno Azul, un alojamiento rural con una inclinación cultural muy pronunciada y respaldado por la Fundación Inquietarte liderada por Jesús Pozo. Baena disfruta de un oasis de tranquilidad junto con sus perros Nessie y Juncal, y está encantada porque el establecimiento suma clientes y acumula valoraciones positivas en las plataformas turísticas.

La responsable recibe a este periódico en las instalaciones de El Asno Azul con la ilusión de acoger cuando se pueda más eventos, como el torneo de ajedrez impulsado recientemente por los institutos Antonio de Mendoza y Alfonso XI de Alcalá la Real. "Aquí se pueden hacer muchas cosas y yo tengo ganas", admite. La entrevista es en una terraza, junto a la barra de bar desde donde ella gestiona todo. Detrás de Carmen Baena están los libros de una biblioteca que acumula títulos. Hay tiempo para una limonada marca de la casa.

—¿Por qué decidió asumir la dirección de El Asno Azul?

—Fue por diferentes vicisitudes laborales. Estuve en Almería, luego me fui a Barcelona y entré a una productora de publicidad sustituyendo a gente. La empresa abrió una oficina en Madrid y me preguntó si me quería ir. Como en Barcelona no tenía nada fijo y nadie se quería ir, yo me fui para llevar la administración y la contabilidad. Así llegué a Madrid y ahí me quedé durante trece años. Cerró la empresa y al final decidí volver a Granada. Pese a que tengo un buen currículo, la edad fue un problema para encontrar trabajado. Una amiga, Yolanda Cruz, me habló de El Asno Azul. A Jesús Pozo, de la Fundación Inquietarte, también le pareció buena idea y me vine a Ribera Baja el 7 de marzo de 2020.

—Ha asumido el alojamiento en un momento complicado, con la pandemia. ¿Cómo ha llevado los dos últimos años?

—Muy bien si me comparo con el resto de la gente. Aquí prácticamente no había ni confinamiento ni toque de queda, porque hay poca población y yo estaba sola, con mis perros y con mi compañera y vecina Elizabeth Wagner. Podíamos ir a Alcalá la Real a comprar. Aquí había muchísimas cosas que hacer y he aprendido cantidad. Wagner me tenía de lunes a domingo trabajando y ya le tuve que preguntar si a Ribera Baja iba a llegar el confinamiento (ríe). Es una mujer muy activa.

—¿Cree que es el momento turístico más propicio para los alojamientos rurales?

—Yo creo que sí. Aun cuando a la gente le gusta la playa, aquí ofertamos tranquilidad. Cuando me llaman para alquilar es lo que siempre digo. Si es un grupo grande, procuro que no haya más gente y que tengan libertad para bañarse y evitar compartir zonas comunes con otros clientes. Eso es algo que la gente valora.

—Es una idea muy familiar.

—Sí, totalmente. También vienen ahora grupos de amigos, pero durante el confinamiento los visitantes eran familias. La semana pasada hubo un cumpleaños.

—Hace unas semanas se celebró un torneo de ajedrez con jugadores de la comarca. La línea de apostar por la cultura e incluso por eventos deportivos será más sencilla ahora, ¿no?

—Vamos a ver. Poco a poco. Tenemos todos los fines de semana ocupados y es una tranquilidad. En septiembre se celebrará el Festival de Senderismo en Alcalá la Real, y será otra gran oportunidad. En verano el asunto cultural aún es complicado por la pandemia.

—¿Qué tipo de eventos tiene previsto celebrar cuando se pueda?

—Cualquier cosa. Se pueden hacer muchas actividades. Tenemos una pantalla para proyectar cortos y películas. Yo aquí me imaginaba un cine de verano, pero, como le digo, todavía hay que tener cuidado con el coronavirus. El miedo aún está ahí. Incluso recibimos clientes para temas como las despedidas de solteras. Afortunadamente, ya voy diciendo que no hay más espacio. Las casas rurales se están moviendo mucho a través de plataformas como Booking. Todos mis últimos clientes han llegado vía Booking. Después, cuando tienen mi teléfono, ya la relación es más directa.

"ME SIENTO MUY BIEN AQUÍ: NO ESTOY SOLA NUNCA"

—¿Cómo lo lleva en Ribera Baja? ¿Le gusta el sur de Jaén?

—Lo llevo muy bien. Creí que me iba a agobiar. Es cierto que tuve una racha que me quería ir. Pero después de estar una semana en Granada con los amigos y la familia volví a estar feliz de regresar a Ribera Baja. Tengo muy buena relación con los vecinos, y cada vez conozco a más gente que viene los fines de semana y en verano.

—Y con tanto libro...

—Imagínese en invierno. Me saco el sillón de Jesús Pozo junto a la estufa de leña y estoy tan feliz con mis perros y con mis libros. Aquí para sacar a mis animales es más sencillo que en Granada. Aun cuando llueve, basta con abrir la puerta. Es diferente. Sé lo que es vivir en ciudades grandes y no hay comparación. También me atrae este lugar por mi edad.

—¿Por qué cree que este lugar seduce tanto a los escritores?

—Hay que poner en valor el trabajo de Jesús Pozo y de Nieves Concostrina, que conocen a mucha gente y suponen una base increíble. No han dejado de mover esto. Retomaremos el tema cultural en cuanto la crisis sanitaria lo permita. Queremos hacer exposiciones y eventos. Ya nos dimos cuenta con el torneo de ajedrez de la importancia de tener un espacio amplio. El campeonato se celebró fuera, junto a la piscina. Hubo mucha gente y Elizabeth Wagner hizo una paella estupenda. Una amiga y yo nos encargamos de una barra de bar y todo el mundo estuvo encantado. Los niños se bañaron. Fue un día de fiesta.

—La Fundación Michael Jacobs tiene sinergía con la Fundación Inquietarte para dar alojamientos a los ganadores de la beca periodística del escritor inglés. Quizá el año que viene tengamos por aquí al próximo ganador.

—Claro. Precisamente los ganadores del torneo de ajedrez ganaron una estancia El Asno Azul de San José (Almería). Yo espero que sí, que todo vuelva a la normalidad. Tengo ganas de hacer cosas diferentes. Y tengo muy claro que quiero estar aquí una temporada más. Mi familia viene a menudo. Están en Granada, que está muy cerca.

—Ha mencionado varias veces a Elizabeth Wagner, la primera guardiana de El Asno Azul. Qué mujer.

—Sí (ríe). Ahora mismo ya no está en primera línea con el alojamiento, pero me sigue ayudando si la necesito. Somos buenas amigas y vecinas. A ella le encanta limpiar la piscina.

"BUSCO TRANQUILIDAD Y HE ENCONTRADO EL PARAÍSO"

—Fue directora financiera y de publicidad durante más de una década. ¿Qué aprendió?

—Muchas cosas. También me encargué de gestionar al personal. La gente siempre me ha gustado mucho, ya sea trato directo o por teléfono. Aprendí mucho, porque la empresa empezó desde cero y subimos bien alto. Luego llegó el declive y no me gustó verlo. Cerré el año contable y ya entendí que era el momento de irme. Es una alegría ver algo nacer y ahora tengo la ilusión de que El Asno Azul siga evolucionando. Tenemos que seguir ofertando calidad, porque hay mucha competencia en alojamientos rurales. No se puede ofrecer cualquier cosa. Habrá que buscar atractivos. Aquí la gente cuando viene sale contenta, y como prueba están los comentarios en Booking. Si alguien pone un 8, llamo y pregunto. Para mejorar.

—Ha vivido en Madrid, en Barcelona y en Granada. ¿Echa de menos la ciudad?

—Ahora mismo no. Voy a Granada y los primeros días estoy cómoda. Hace poco fui a vacunarme. Me di un paseo con un amiga, nos tomamos un helado y cuando llegó la hora de comer preferí ir a casa. Recuerdo cuando mi hermana me mandaba fotos de Granada completamente desierta durante los meses del confinamiento. Daba pena. Quizá dentro de un año tenga ganas de ciudad, pero ahora mismo no. Yo no soy muy urbana, me gusta más la tranquilidad. En Madrid viví durante cinco años en la calle Carretas, en La Puerta del Sol. Luego me fui otro lustro a Majadahonda y más tarde a Valdemorillo, que está cerca de El Escorial. Cada vez me iba más lejos, aunque trabajaba en Madrid. Ahora busco más tranquilidad. He encontrado el paraíso.

—Me dijo que ya tiene la pauta completa. ¿Entiende a quien no quiera vacunarse?

—Respeto a todo el mundo, pero me parece irresponsable no hacerlo de cara a los demás. Si tus actos afectan a otras personas, como es el caso, ya sí que lo veo irresponsable. Cada uno es libre. Yo ni me lo planteé. Hay que hacerlo. He procurado respetar la distancia social y el resto de medidas.

—¿Quiere añadir algo más?

—Nada. Hay una señora que me quieres buscar un novio, porque le gustan muchos los perros, pero le he dicho que nada, que estoy bien así, muy cómoda.

Fotos y vídeo: Fran Cano.

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