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Los cincuenta años de una cruz con casi dos siglos 'a la espalda'

Por Javier Cano - Abril 16, 2021
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Los cincuenta años de una cruz con casi dos siglos 'a la espalda'
El Abuelo, con la cruz plateada que dejó de usar en 2003. Foto: Cofradía de Nuestro Padre Jesús.

El madero que durante décadas llevó El Abuelo en la Catedral y que ahora preside el Camarín de Jesús fue realizado en 1971 con base en una pieza de 1830 

Que la riqueza patrimonial, artística e histórica del ajuar de Nuestro Padre Jesús es indudable parece una perogrullada, y que de él destaca sobremanera la pieza que durante décadas formó parte de la iconografía nazarena y a partir de 2009 preside el Camarín desde las alturas, también. 

Una perogrullada, sí, pero son muchos los jiennenses que, pese a verla todos los días nada más entrar a la vieja iglesia conventual frente a los Cantones, desconocen la de historia que acumula este hermoso madero, valiosísimo por otra parte a cuenta de los materiales que lo conforman.

Se trata de la cruz de diario que, en 1971, se labró para dignificar la veneración cotidiana de El Abuelo en la Catedral, adonde llegó la imagen un año antes procedente de La Merced y con carácter provisional (así lo certifican las actas que conserva la cofradía en su archivo); provisional, pero terminó convertida en su altar durante casi cuarenta años. El hombre propone y Dios dispone, que asegura el refrán. 

Un soberbio leño de maderas nobles y remates plateados que, en 2021, cumple sus bodas de oro cerca del Señor de los Descalzos a la vez que carga 'a su espalda' casi dos siglos de historia. Paradójico pero cierto. 

El proyecto surgió allá por el verano de 1970, cuando el no menos histórico fabricano perpetuo de la hermandad, Antonio Delgado Anguita, llamó la atención de sus compañeros de junta de gobierno sobre el estado de "la cruz de Nuestro Padre Jesús de 1830, que conviene arreglarla", en sus propias palabras, recogidas en las actas de la cofradía.

La solicitud de Delgado caló en los directivos y, con Ramón Calatayud Sierra como hermano mayor, se decidió pedir presupuesto a la reputada firma lucentina Casa Angulo a fin de culminar la vieja cruz con unos "remates de alpaca plateada", que importaron la cantidad de 146.750 pesetas de la época: un fortunón, vaya que sí. 

Previamente, "el maestro carpintero don Manuel Quesada García, con domicilio en la calle Vergara de esta capital", restauró la maltrecha pieza que ciento cuarenta años antes había labrado su colega Juan Molina Aranda. Lo dicho, cargada de historia. 

Para arrimar fondos, significadas familias jiennenses (la casa de Blanco Hermoso, los Pozo, los García Ortiz y los Siles de los Ríos, entre otros, según se detalla en las sabrosas actas de comienzos de los 70) se echaron para adelante con suculentas donaciones que, unidas a las limosnas de cofrades y devotos de Jaén, lograron reunir la cantidad estipulada. 

Tras el seguimiento de los trabajos y hasta el desplazamiento de una comisión a Lucena para comprobar los avances en el trabajo, la cruz llegó a Jaén a primeros de marzo del 71 y pocos días después, el 17 de ese mes, fue bendecida solemnemente por el recordado canónigo Juan Montijano Chica y colocada en el hombro derecho de El Abuelo hasta convertirse en elemento insustituible en la memoria sentimental de los jiennenses durante más de treinta años.

 El pintor Pedro Rodríguez de la Torre retrató a Jesús en 1884 con la cruz que llevaba entonces, en la que está el origen de la que hoy preside el Camarín.
El pintor Pedro Rodríguez de la Torre retrató a Jesús en 1884 con la cruz que llevaba entonces, en la que está el origen de la que hoy preside el Camarín.

CURIOSIDADES      

Pero, ¿por qué dejó Jesús de cargar una maravilla como esta? La respuesta está en una de las 'revisiones' a las que, con frecuencia, se somete a la imagen por parte de la cofradía para velar por la conservación de El Abuelo y que luzca como luce cada día por más siglos que le frunzan el ceño.

Sí, corría 2003 cuando los 'médicos' recomendaron aliviarle peso, y la hermandad siguió la 'receta' a rajatabla. Se le 'libró' del escudo de la ciudad que conmemora su protección en el cólera de 1834, se le confeccionaron túnicas livianas y, desde entonces (a excepción de las ocasiones en las que lleva uno de sus crucines), el Señor de Jaén soporta 'solo' los doce kilos que pesa el leño salido del taller del tosiriano José Miguel Tirao Carpio. 

Volviendo a la cruz de diario, la que muchos jiennenses recuerdan todavía indisolublemente unida a la talla, le pasa lo que a la que le regaló la marquesa de Blanco Hermoso en 1879 (esa joya de palosanto y apliques dorados que hace inconfundible al Nazareno por más metros que separen los ojos de su perfil), esto es: que además de su función estética, es una suerte de folio privilegiado para plasmar sobre ella sentires y datos.

Así, esta de 1971 cuenta con una serie de inscripciones imposibles de descifrar con la mirada, máxime desde que su ubicación en el antiguo templo carmelita de la Carrera de Jesús la separa del suelo con una altura de vértigo. Para eso está Lacontradejaén, que con la inmensa lupa de su vocación informativa acerca hoy a sus lectores lo que, normalmente, solo está al alcance de los pájaros que se asoman a los ventanales del testero (las moscas, tan machadianas ellas, no suben tan alto, pobres...).

En el travesaño o patibulum del madero figuran unos versos del que fuera gobernador civil de Jaén José Ruiz de Gordoa, que rezan: "No pases sin que alto hagas, / buen giennense. Mírame, / considera bien mis llagas / y verás que mal me pagas / la sangre que derramé".

Para el centro del stipes (es decir, la parte más larga de la cruz), la hermandad reservó una inscripción que celebra el patrocinio popular de la cruz: "Costeada por los fieles de N. P. Jesús. Año 1971", aclara.

En la otra cara del mismo lugar, el privilegio de dejar unas palabras para la posteridad le correspondió al poeta local Rafael Palomino, a la sazón secretario de la cofradía; versos entresacados de un romance que dicen así: "Un Jesús lleno de heridas / que van curando los rezos, / un Jesús nuestro de veras, / ¡el Jesús de los jaeneros!". 

Cuando cualquiera que entre al Camarín tenga el gesto gótico de alzar los ojos y buscar ese precioso leño, podrá leerlos sin verlos y, de paso, apreciar la historia y el valor de una cruz que, por más alta que esté, nunca será tanto como los años que pasó en los hombros de El Abuelo.  

 La cincuentenaria cruz corona el presbiterio de la iglesia de San José. Foto: Beatriz Rivilla
La cincuentenaria cruz corona el presbiterio de la iglesia de San José. Foto: Beatriz Rivilla

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