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CONCILIAR EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Por Esperanza Calzado - Octubre 31, 2020
CONCILIAR EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Conciliar en tiempos de Covid-19 puede ser una trampa que para salvarla requiere un triple salto mortal. Hay quienes llevan el concepto inoculado en sangre desde hace años, otros son novatos. Hacerlo en tiempos de pandemia es una oportunidad con aspectos que pulir

—Cariño, ¿puedes tocar el tambor allí? Estoy hablando por teléfono. 

—Sí, mi vida, sí, ya veo que has pintado la mesa. Ahora cuando termines de pintarla la limpiamos. 

Conciliar o, lo que es lo mismo, intentar llegar a todo sin dejarse la piel por el camino, es una de esas palabras que la Covid-19 ha puesto de moda. 'Pandemia', 'cuarentena', 'confinar', 'resiliencia', 'epidemia', 'virus', 'triaje' o 'cuidar' son algunos de los términos más buscados en el Diccionario de la Lengua Española desde que comenzó el primero de los Estados de Alarma. La pandemia ha llevado al hogar del ciudadano muchos cambios y, entre ellos, intentar buscar fórmulas para que el trabajo, la vida familiar y la personal no choquen entre sí como trenes descarrilados.

La conciliación se ha convertido en un nuevo desafío en 2020, un año en el que el teletrabajo se extiende a la velocidad que el virus. La 'nueva normalidad' no sólo radica en conocer términos como FFP2 – FFP3, EPI o hidroxicloroquina, sino en enfrentarse a un nuevo estilo de vida al que, todo sea dicho, las mujeres que trabajan dentro y fuera de casa ya están más que acostumbradas. El problema añadido es cuando ese empleo se traslada al hogar para evitar la expansión de un virus que marcará, para siempre, la historia del planeta. 

En tiempos de pandemia, la mujer sigue llevándose la peor parte. Asume principalmente las cargas familiares frente a los hombres, y los sectores con mayor presencia de trabajadoras son precisamente los que más se están viendo perjudicados por la crisis económica que ha causado el Covid-19. Según la Organización Internacional del Trabajo, el virus está golpeando especialmente a ámbitos como el alojamiento y la restauración; las actividades inmobiliarias, comerciales y administrativas, la fabricación y el comercio. Precisamente, el 41% del empleo femenino está concentrado en esos sectores, frente al 35% del masculino, por lo que las mujeres se están viendo seriamente perjudicadas. Igualmente, ellas afrontan mayores dificultades para poner en marcha sus propios negocios. Pese a que un 50,7% de la población total está representada por mujeres, apenas suponen un 34% de los autónomos andaluces.

Noelia Muñoz es periodista. Vive en Linares y su rostro, o más bien su voz, están ligados desde hace años a RNE. Mujer que trabaja dentro y fuera de casa, este 2020 le ha llevado a cambiar su vida, a adaptarla a las circunstancias, debido al teletrabajo. Aunque pueda resultar paradójico, es en esta segunda oleada de la Covid-19 cuando aunar todos los factores se pone más cuesta arriba.

—En la primera parte de la pandemia, me turnaba con Rafa Quintana y dos días a la semana iba a la emisora. 

Durante los meses duros del confinamiento, ella pudo esquivar esa sensación de ahogo que muchos tuvieron gracias a esas 48 horas y a las dos terrazas de su casa, que dieron la vida a su familia. 

—Nos redujeron la programación y empezamos con el teletrabajo. Pero la parte más dura comenzó cuando mi compañero se marchó de vacaciones y me quedo sola.

La periodista tiene una hija de tres años, que exige y demanda la atención propia de un menor de esa edad; y otro de 12, que ya es más autosuficiente. Ellos son testigos de cómo la mesa del comedor de su casa se ha convertido en un estudio radiofónico invadido por equipos que tienen que estar cargando constantemente y una marabunta de cables que la protagonista de estas líneas ni quiere ni se plantea quitar con tal de no volverlo a montar al día siguiente. 

—Mi casa tiene tres dormitorios, el mío y el de mis hijos, por lo que no tengo espacio para una oficina. La radio se ha apoderado del salón.

Mientras lo cuenta, hace unos minutos que ha terminado de conectarse a una rueda de prensa telemática y los cortes de voz están en preparación para remitirlos a los técnicos. Todo ello mientras, de fondo, la pequeña le informa, con ilusión, que ha pintado la mesa mientras decoraba un huevo con rotulador amarillo. Su casa es su trabajo, de tal manera que a sus labores diarias se le suman labores que antes no realizaba y uno de los mayores hándicap del teletrabajo, la imposibilidad de desconectar. Todo ello, sumado al estrés y la presión anímica que supone ser periodista en tiempos de pandemia, algo de lo que pocos o nadie habla. 

La peor parte de estos meses de conciliación y teletrabajo ha sido, sin duda, la educativa. La cantidad de deberes que tenía que hacer con sus hijos, algunos con materiales o recursos casi imposibles de conseguir en confinamiento. El verse desbordada con aplicaciones o con maestros que no diferenciaban entre un lunes o un domingo por la tarde.

—Mi hijo no pudo hacer un examen que convocaron de un día para otro porque directamente no se enteró. Lo comunicaron por la plataforma un domingo por la tarde y, evidentemente, no estábamos conectados para enterarnos.

Al final todo sale y conciliar vida laboral y familiar para ella es posible aunque sacrificando la vida personal. Aprovecha el hueco en que su hija recibe clases de ballet para ir al gimnasio, pero no sabe si mañana, la semana que viene o el próximo mes lo podrá mantener. ¿Un consejo? Paciencia.

—Hay que separar el grano de la paja y centrarte en lo importante. No olvidarse de respirar y pensar que tus hijos no tienen la culpa de tus preocupaciones o de tu estrés por llegar a todo. Muchas veces ellos son los que acaban pagándolo con una mala cara o una mala respuesta y no es justo. 

Y mientras recomienda paciencia y conversa por teléfono con Lacontradejaén camina por el pasillo mientras la pequeña Elena arrastra un cofre que su hermano, a esas horas en el colegio, le advirtió que no hiciera.

 Noelia Muñoz, en su casa, en Linares.
Noelia Muñoz, en su casa, en Linares.

"La conciliación ha sido el principal reto de muchas familias en la anterior ola y hemos llegado tarde; veníamos de una situación de precariedad en políticas públicas y los presupuestos pretenden ser una enmienda o al menos plantar una semilla". Lo reconocía esta misma semana la ministra de Igualdad, Irene Montero, en una entrevista en RNE preguntada sobre las dificultades que se pueden encontrar las familias en Navidad, cuando se acaben las clases, al poder dejar a sus hijos con los abuelos. Reconoció que hay familias que tendrán que hacer "malabares". 

Sabe bien a lo que se refiere Montero Juan de Dios García, responsable de Proyectos de Cinde. Es autónomo, forma parte de una cooperativa y es de esos que tienen la 'suerte' de ser su propio jefe, junto al resto de sus socios, por lo que muchos podrían llegar a pensar que conciliar es su segundo nombre.

—Antes contábamos más con los abuelos, pero ahora queremos protegerlos un poco y por eso se nos ha complicado tanto la vida. Es importante, porque antes decíamos “vamos a casa de los abuelos” y ya estaba hecha la conciliación. Ya no es posible.

Es cierto que, a diferencia de Noelia Muñoz, el hecho de tener su propia empresa le permite un margen de flexibilidad con los horarios. Su mujer trabaja con unas jornadas algo más estrictas, pero también su empresa ha sabido amoldarse a los tiempos y darle facilidades. Pero ambos han tenido que adaptar mucho sus horarios por no poder contar con sus abuelos y por no disponer del servicio de ludoteca.

—Sí disponemos de aula matinal, pero no de ludoteca para después de clase, por lo que cada mediodía hay que recogerlos, sí o sí, a las dos menos cinco. No es como antes que teníamos un margen de una hora hasta las tres para ir a por ellos.

Esas horas del mediodía son críticas para un matrimonio con dos hijos, uno de dos y el otro de cuatro años. Si bien es una familia con la palabra conciliación inoculada por vena, reconoce que el Estado de Alarma, el confinamiento, la desescalada y, ahora, la segunda ola ha rizado el rizo todavía más. 

Como le pasa a Noelia, Juan de Dios se ríe cuando escucha a su hijo de fondo mientras realiza esta entrevista. Esa misma situación, y algunas más esperpénticas, le han ocurrido durante todos estos meses en los que el despacho y atender a los clientes se ha fusionado con el cuidado de los menores, principalmente las tardes que su mujer, con jornada reducida, tiene que trabajar. Enseguida le viene a uno a la cabeza la imagen del divertido video del profesor Robert Kelly, interrumpido por sus hijos mientras era entrevistado por la BBC

—Esa se queda corta con todo lo que me ha pasado a mí. Pero la gente es comprensiva, se ríe y siempre está dispuesta a ayudarte. 

¿Y la vida personal? Porque mucho se habla de conciliar el trabajo con la familia pero se deja de lado el autocuidado. Para este jiennense el tiempo para sí mismo es escaso, apenas dos horas a la semana. Son las que dedica a tocar la guitarra, cuando las mil y una tareas de una familia de cuatro miembros dejan tiempo. ¿Un consejo para novatos? Tener las expectativas bajas.

—El problema es cuando te planteas que al cabo del día vas a hacer diez cosas y cuando acaba la jornada ves que has logrado realizar dos y media. No hay que descuidar el trabajo, pero tampoco la familia. Es una cuestión de supervivencia, de ir día a día y de comprensión entre todos. 

 Juan de Dios García, en las oficianas de Cinde Consultores. Foto: Esperanza Calzado.
Juan de Dios García, en las oficianas de Cinde Consultores. Foto: Esperanza Calzado.

Para Víctor Teclemayerempresario de A&F Consultores afincado en Linares y especializado en el ámbito dental, las palabras teletrabajo y conciliación no son nuevas, para nada, forman parte de su vida desde hace años. De los tres protagonistas de este reportaje, quizá sea el más veterano. Su despacho está en su casa, fusionado con la sala de juegos de su hijo que pronto será la de la pequeña que está a punto de nacer.

—Nosotros no tenemos familiares cercanos que nos puedan ayudar y, como dice el refrán, a la fuerza ahorcan y, al final, se sale adelante.

Hace cuatro años creó su propia empresa con dos propósitos, el desarrollo profesional anhelado y, sobre todo, tener dispobilidad para poder estar con su hijo, que por entonces apenas tenía dos meses. Y advierte, teletrabajar no significa trabajar menos. Su pareja tiene un horario más regular, menos flexible, por lo que el suyo es más modulable. Pero el secreto de una buena conciliación, para esta familia, es la organización porque las responsabilidades laborales hacen que este carolinense afincado en Linares tenga que viajar de forma recurrente. 

—Las nuevas tecnologías te ayudan mucho. 

Ambos comparte agenda para saber, en todo momento, donde esta uno y el otro, qué compromisos tiene y planificar el tiempo de manera que ir a poner la vacuna al pequeño no se solape con una reunión telemática o física. 

—Cuando estoy fuera de casa, ella sabe en todo momento donde me encuentro.

Pero no sólo eso, hay parte de la agenda profesional en la que también se incluye a su socio o a sus trabajadores, o las parejas. Un engranaje perfecto para que todo funcione. Las aplicaciones son herramientas de gran utilidad para facilitar el día a día y hacer más óptima la conciliación. Pasa, por ejemplo, con la lista de la compra, que ambos tienen en la app en la que cada uno introduce las necesidades que va detectando.

A Víctor Teclemayer sí le da tiempo a conciliar, además, su vida personal porque tiene claro que no concibe un ocio personal si no es con su hijo.

—Disfrutamos con él en el parque o en el bar donde ponen las tapas que le gustan.

Pero en esta complicada vida, todavía encuentran un hueco para sus cuidados personales o tomar un café con amigos. ¿Un consejo? Llevar tiempo conciliando ayuda, está claro. El más veterano de este reportaje lo tiene claro: trabajo en equipo y generosidad entre todos los miembros de la familia.

 Víctor Teclemayer comparte oficina con la sala de juegos de su hijo. Foto: Esperanza Calzado.
Víctor Teclemayer comparte oficina con la sala de juegos de su hijo. Foto: Esperanza Calzado.

La plataforma Malasmadres ha entregado a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, las 280.000 firmas recogidas en su campaña por la falta de conciliación en pandemia. La organización denuncia que "la mala gestión de la conciliación hace que esté cubierta por los abuelos". Piden medidas como conocer la baja laboral cuando los hijos estén en cuarentena preventiva o ayudas económicas a los cuidados para las madres y padres que trabajan fuera del hogar.

En el caso de Andalucía, contará con nueve líneas de ayudas para facilitar la igualdad real y evitar que las mujeres abandonen el mercado laboral. Líneas de hasta 8.800 euros para facilitar el teletrabajo. Para contribuir a paliar esta situación, se aprobó el pasado 9 de octubre una orden que cubre un amplio abanico de posibilidades, desde el teletrabajo, el cuidado de menores y de personas dependientes, hasta la promoción de actividades lúdicas.

Una de las más novedosas consistirá en un incentivo de 8.000 euros, que se eleva a 8.800 en el caso de que sea mujer la beneficiaria, para fomentar la contratación de trabajadores con un mínimo de un 30% de su jornada acogida al trabajo a distancia. También se recogen por primera vez medidas de conciliación dirigidas específicamente a los autónomos, para que puedan contratar trabajadores que los sustituyan en sus negocios si tienen que atender al cuidado de menores de 3 años o para afrontar periodos de descanso por nacimiento o en los supuestos de riesgo por embarazo, con ayudas de hasta 7.200 euros.

Incentivos para que las empresas apliquen planes de igualdad, ayudas para organizar actividades lúdicas para menores en horario extraescolar o campañas de difusión de igualdad de género son otras medidas que completan una orden que, por primera vez, reúne todas las ayudas dirigidas a favorecer la conciliación y la igualdad en el trabajo.

¿Será suficiente? Seguro que no. La conciliación tiene muchos retos por delante. 

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