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¿Es posible adoptar conductas ante lo poco probable e incluso ante lo improbable?

Por Diego Hurtado - Agosto 29, 2020
¿Es posible adoptar conductas ante lo poco probable e incluso ante lo improbable?

Probablemente, resulte difícil que en algún momento nos paremos a pensar en qué conductas adoptar si llega a sucedernos algo que, estadísticamente, sea poco probable por no decir improbable. Evidentemente, no entra dentro de nuestros cálculos de probabilidad y dejemos de lado esa preocupación para centrarnos en otras posibilidades que, sin duda, son más ciertas y, de algún modo, forman parte de nuestro quehacer cotidiano.

No obstante, no estaría de más que, al igual que se recomienda hacer un cursillo de primeros auxilios para responder de manera elemental ante cualquier suceso, ciertamente “poco probable e incluso improbable", pero que, indudablemente, puede acaecer, para nuestros gobernantes y dirigentes políticos de ámbito nacional e internacional, sería aconsejable que estuviesen preparados para “por si acaso” llega un suceso de consecuencias y efectos devastadores para la población.

Con la llegada de las consecuencias y efectos que el COVID 19 ha generado a todos los niveles, principalmente sociales y económicos, cabe pararse a pensar si habría sido posible minimizar o evitar en alguna medida los mismos sin detenernos, de momento, en buscar culpas y culpables entre quienes tienen responsabilidades de gobierno y de toma de decisiones políticas y económicas, tanto de carácter nacional como internacional.

Esto viene a colación porque parece evidente que el COVID 19, aún teniendo en cuenta alguna que otra predicción hecha por determinadas personalidades, parece evidente que ha llegado por sorpresa, que era casi imposible predecirlo y que es de elevada envergadura su impacto económico, social y político. También parece obvio que la pandemia originada estaría dentro de lo que se conoce como “predictibilidad retrospectiva”, puesto que después del suceso se dan evidencias claras de que se podrían haber evitado sus efectos en gran medida y, por doquier, surgen teorías que así lo explican, como, por ejemplo, sucedió con la quiebra de Lehman Brothers y el “11S”.

La lectura de El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, de Nassim Nicholas Taleb, provoca la necesidad de plantearse serias dudas y, sus consecuentes reflexiones, sobre esa citada predictibilidad que podría constituir una poderosa arma o recurso que nos permitiera estar preparados para lo “poco probable e incluso ante lo improbable”.

En las reuniones de trabajo y coordinación que periódicamente mantenemos los socios de SECOT Jaén, es habitual que salga este tema y de hecho constituye uno de los elementos que forma parte de nuestro asesoramiento a los emprendedores y emprendedoras que acuden a nosotros, pues entendemos que debería constituir una norma siempre presente en toda estrategia de gestión empresarial para reducir al máximo los efectos producidos por el acaecimiento de un suceso poco probable pero que, sin duda alguna, podría llegar a ocurrir.

La teoría del “cisne negro”, publicada en 2007, se vio plenamente confirmada y refrendada con los acontecimientos acaecidos meses después y que van de Lehman Brothers a la crisis del euro, de Wikileaks a Snowden, del Brexit a Donald Trump...y, centrándonos en España, el 15-M, el rescate bancario, el 1-O, etc. Estaba la predicción de algo poco probable o improbable, pero, evidentemente, a pesar de contar con ella, como viene siendo costumbre, se ignoró un recurso de tal valor e importancia para actuar a tiempo y “nos quedamos a verlas venir” y no aplicar una adecuada y eficaz gestión del riesgo que ha de basarse no solo en una visión retrospectiva y sí, bastante más, en una visión prospectiva, echando mano de herramientas tales como: Big Data, Inteligencia artificial, Analítica predictiva, etc.

¿Es factible evitar los efectos y consecuencias de algo que es “poco probable o incluso improbable”?. Evidentemente no, pero sí paliar o disminuir el nivel de los mismos si se dispone de una respuesta suficientemente válida, efectiva y previamente testada y ensayada por técnicos y expertos verdaderamente preparados y aptos. Parece oportuno recoger el comentario o respuesta que un veterano empresario ofreció a la pregunta que le planteó un hijo suyo encargado de la gestión contable y administrativa de la empresa y con un afán encomiable por reducir gastos: “Sería conveniente reducir la partida de primas de seguros porque supone un montante considerable dentro de los gastos generales de la empresa y, prácticamente, tienen una utilidad muy improbable”. La respuesta del progenitor fue ésta: “Hijo, coincido contigo en que los seguros están para atender hechos muy improbables, pero, sin duda, lo mejor es que, efectivamente no lleguen a servir ni a utilizarse y que, aparentemente, sea un gasto improductivo, pero ¿y la tranquilidad que para las personas y para la empresa representa el saber que si eso “improbable” sucede, nos pille preparados y alivie las consecuencias que llegaría a producir?”.

Volviendo a la teoría de Taleb, ¿qué es entonces un “cisne negro?. Lo define de la siguiente manera: “un hecho fortuito que satisface estas tres propiedades: gran repercusión, probabilidades imposibles de calcular y efecto sorpresa. En primer lugar, su incidencia produce un efecto desproporcionadamente grande. En segundo lugar, tiene una pequeña probabilidad pero imposible de calcular en base a la información disponible antes de ser percibido el hecho. En tercer lugar, una propiedad nociva del “cisne negro” es su efecto sorpresa: en un momento dado de la observación no hay ningún elemento convincente que indique que el evento vaya a ser más probable”. ¿Nos suena esto a algo que ahora mismo estamos viviendo y sufriendo?. ¿Cuáles son los errores que, en base a esta teoría, pueden advertirse en las conductas y estrategias adoptadas a nivel mundial en el caso del COVID 19?. Citemos solo un par de ellos que ciertos seguidores de Taleb defienden “a capa y espada”.

Distorsión retrospectiva. Es una teoría o estrategia que muchos economistas e historiadores predican con entusiasmo y convicción y para explicar las causas de una crisis económica o una guerra mundial, pero son incapaces de anticiparla: los humanos somos muy buenos a la hora de predecir los sucesos de modo retroactivo, o como decimos por estos lares…”a toro pasado...”.. Para Taleb, esta distorsión consiste en una conducta que nos lleva a sobreestimar el valor de las explicaciones racionales de los datos a la vez que subestimamos la importancia de la aleatoriedad inexplicable en los datos. Taleb suele repetir que existe una base genética y filosófica para entender lo mal preparados que estamos los humanos cuando nos enfrentamos a la incertidumbre y la aleatoriedad y que, sin embargo, es algo que podría corregirse si aplicamos una lógica y racional estrategia de previsión.

Ilusoria sensación de seguridad. No tiene para nada en cuenta la aparición ocasional de cisnes negros que pueden dejar arruinados a más de uno. Para Taleb esta “falacia de la regresión estadística” que consiste en creer que la probabilidad de futuros eventos es predecible examinando acontecimientos de eventos pasados está muy arraigada entre los actores económicos, que tampoco entienden que la aleatoriedad estructurada que encontramos en los juegos de azar (teoría de probabilidades clásica) no se parece a la aleatoriedad que encontramos en la vida real (“falacia lúdica”).

Texto de SECOT Jaén

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