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Los contenedores de la discordia en 'Reja de la Capilla'

Por Fran Cano - Junio 09, 2017
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Los contenedores de la discordia en 'Reja de la Capilla'
Los contenedores propician problemas de convivencia en la calle Reja de la Capilla.

Elena Fernández, propietaria de un bar en la calle Reja de la Capilla, pide cambiar de sitio los contenedores por “convivencia” y por respeto a los negocios

“Me mortifican”. Habla Elena Fernández, dueña de un bar en la calle Reja de la Capilla. La hostelera alude a dos contenedores ubicados muy cerca de un local puesto en alquiler. Tanto éste como los embalajes lucen rodeados de basura. Un caos que afecta a cuatro establecimientos próximos y que tendría, a juicio de Fernández, una solución: trasladar esos dos contendieres a un descampado en la calle Capitán Aranda Baja. “La basura es un foco de infección en una zona donde juegan muchos niños”, advierte.

IMPACTO EN LA TERRAZAS

Fernández abrió su negocio hace casi tres años, en agosto. Entonces ya advirtió que la calle estaba “en decadencia”. El problema es que el deterioro ha ido a más, y queda reflejado en la situación del local cerrado, que no para de acumular bolsas de desechos. Los contenedores, desbordados desde las seis de la tarde, desaparecen a las doce de la noche, de manera que los hosteleros de la zona que sacan los restos del día después de la medianoche tienen que ir hasta la calle Teodorocho Calvache.

La licencia de terraza de Fernández le da cobertura legal para poner mesas cerca de los dos embalajes. Las consecuencias, en términos comerciales, se intuyen, en especial a partir del verano. “Es insoportable el olor”, dice, y señala que la ley de accesibilidad impide que los contenedores dificulten el tránsito en una calle —Reja de la Capilla– peatonal.

SIN PUNTO LIMPIO EN SAN ILDEFONSO

En San Ildefonso no hay punto limpio. Los hosteleros y un propietario con una cochera se ven obligados a mover puntualmente y en diferente horario los contenedores, cada cual por sus motivos. Eso genera discusiones entre vecinos que ven cómo cambian el sitio de los embalajes; terminan por ser un dolor de cabeza para todos.

“He registrado escritos varias veces en el Ayuntamiento. El último fue hace un año. Y ahora volveré a insistir”, concluye Fernández.

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