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"La solidaridad te hace tanto bien que al final es un acto egoísta"

Por Esperanza Calzado - Septiembre 02, 2018

Llega diez minutos antes a nuestra cita. Nos espera hablando por teléfono a las puertas de la Cafetería Colombia 50 de Bernabé Soriano. Cuesta creer que con una agenda tan apretada tenga tiempo para todo, pero es un hombre muy organizado. Tanto, que saca diez minutos para dejar a la puntualidad británica a la altura del betún. "Os voy a contar una cosa que no mucha gente sabe". Nos confiesa uno de sus secretos en una entrevista que dura una hora, pero que bien podría alargarse hasta el anochecer. Porque hay tantas cosas que no se saben de él. Es Cristóbal Fábrega Ruiz (Melilla, 1961). Fiscal, voluntario, activista, escritor, profesor universitario... La lista no se acaba, igual que las ganas de departir con un conversador con una mente prodigiosa y unos valores firmes. Justicia, migración, aborto, solidaridad, educación. No tiene pelos en la lengua, no se casa con nadie y defiende sus ideas con las mejores herramientas, el conocimiento y el saber. 

—Es de Melilla, su familia paterna y materna es de Tabernas (Almería), pueblo conocido por los poblados del Oeste. ¿Cómo llegó a Jaén?

—Mi padre era militar, estaba destinado en Viator, en lo que entonces era el Centro Instructor de Reclutas, y cuando ascendió a Comandante tuvo opciones de moverse. Iba a tirar de toda la familia y eligió Jaén porque mi madre tenía una hermana y un cuñado, que eran profesores de la Universidad, Víctor Garrido y Lourdes Ruiz, que vivían aquí. Era una forma de venirnos con la familia. 

—¿Qué edad tenía?

—Llegué a Jaén con 17 años y muy pronto me marché a estudiar a Granada. Volví a prepararme las oposiciones y cuando las aprobé primero estuve en Madrid, luego en Bilbao y finalmente regresé a Jaén, donde he hecho toda mi carrera hasta ahora. 

—¿Qué quería ser de pequeño?

—Quería ser muchas cosas. Cuando era muy, muy pequeño quería ser cura y jugaba con los altares de la época. Pero eso se me pasó pronto. Siempre he tenido mucha afición por la historia y la literatura, lo que me llevó a plantearme estudiar Filología y ser profesor. Pero mi padre empezó a estudiar Derecho en la UNED. En casa éramos muchos y estudiábamos en la mesa del comedor, yo mi Bachillerato, mi padre su carrera y mis hermanos sus cosas. Me llamaron la atención esos libros y me enamoré del Derecho. Muy pronto decidí que quería el derecho vivo, los tribunales de justicia. Mi padre dejó el ejército, pasó a ser abogado pero me decía que yo para eso no servía por dos motivos fundamentales: porque no me casaba con nadie y quien me conoce sabe que no se equivocaba; y segundo porque yo necesitaba un sueldo fijo todos los meses para poder dedicarme a otras historias. Y me quedé en las oposiciones de jueces y fiscales y saqué las dos.

 Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.
Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.

—¿Por qué fiscal?

—Primero, porque tiene un alto componente de protector de derechos fundamentales. Además, toca la rama del Derecho que más me gusta. En aquel momento me gustaba mucho el penal, como a todos los estudiantes, pero en mi caso ha terminado pasando a un segundo plano porque es muy duro y he tenido experiencias muy duras a lo largo de mi carrera. Familia, protección de derechos fundamentales... todo eso me gustaba. También había un elemento egoísta, porque en mi época los fiscales íbamos todos a capitales de provincia y los jueces a pueblos. Finalmente, me decanté por fiscales por algo que a mucha gente no le gusta pero que a mí me parece de una grandeza tremenda: el trabajo en equipo. Hay gente que es de trabajar sola, yo no. Creo que trabajar en equipo no se paga nunca. Todo eso, unido a que mi padre era un enamorado de la carrera fiscal hizo que me decidiera. Además, a mí me gusta mucho hablar y juez que habla, no es un buen juez. 

—¿Especialización?

—Yo hago muchas cosas, más de las que la gente cree. La especialización es nueva en el Ministerio Fiscal y en las Fiscalías pequeñas y medianas como Jaén es complicada. Aquí, con algún matiz, sólo existe en menores y violencia doméstica. El resto compartimos. En mi caso, llevo protección de personas con discapacidad de toda la provincia de Jaén. En la capital me encargo de registro civil, consumo, familia, concursal o mercantil, protección de derechos fundamentales en el campo civil, derecho al honor, extranjería e inmigración, y hago juicios penales al igual que mis compañeros. Con esto quiere decir que la especialización es muy relativa. Otros compañeros llevan juzgado de instrucción, penal y, a lo mejor, una parte de siniestralidad laboral, medio ambiente, etcétera.

—Su ámbito de trabajo le permite ver, a ciencia cierta, cómo está la sociedad jiennense.

—Sí, en parte sí.

—¿Cómo está? ¿La gente lo está pasando realmente mal?

—Hubo una época con muchísimos concursos y empresas que desaparecían, que reflejaban la crisis. En el ámbito económico también se vio mucho la crisis a través de las modificaciones de medidas matrimoniales. Muchas personas tenían pensiones, en su momento, altísimas pero que no pudieron hacer frente porque perdieron el empleo o nos les pagaban la nómina. Se produjo un fenómeno muy importante y complicado de entender desde el punto social y es que profesionales que habían trabajado para la administración pública, ganando mucho dinero, de repente no sólo perdieron el trabajo sino que no cobraban. Eran personas con mucho dinero pero que no existía. Ahora, lo que está pasando es, desde el punto de vista de lo que yo veo, que cada vez hay menos concursos pero muchas modificaciones de medidas. Quizás eso puede tener una lectura: las empresas están empezando a remontar pero el ciudadano de a pie sigue estando en una situación complicada.  

Las empresas están empezando a remontar pero el ciudadano de a pie sigue estando en una situación complicada  

—Y ustedes, ¿cómo están?

—Jaén no es un sitio especialmente conflictivo. Es una ciudad y provincia tranquilas, que permiten hacer muchas cosas y trabajar muy bien. Siempre nos podemos quejar. Cada vez se nos complica más, en el ámbito de la Fiscalía, el trabajo por leyes que no están suficientemente meditadas. Pienso en la famosa ley que establecía el plazo de seis meses para la instrucción, pienso en la informática y la búsqueda del papel cero. No se puede poner un Seat 600 con 40 años y 600.000 kilómetros a correr en un circuito de Fórmula uno, porque se te deshace. Y, a veces, uno tiene la impresión de que eso es así. Los medios informáticos están para facilitarte el trabajo, no para complicártelo. Y en Jaén, que no ha llegado la justicia digital, muchas veces lo que hace es complicarnos la realización del trabajo. Lo que antes hacíamos entre 30 y 50 segundos, ahora tardamos más de tres cuartos de hora. Esperemos que el nuevo Ministerio lo solucione. Lo que pasa es que no se oye a la gente y ese es el mal de los políticos de este país. A veces piden muchos informes pero no los lee nadie.

 
 

—¿Qué le parece la designación de sus nuevas jefas?

—La fiscal general del Estado es íntima amiga mía, con lo cual... Y Lola Delgado también es amiga mía, de mi asociación. Tienen muy poco margen de maniobra pero han cambiado muchas cosas. Me siento a gusto. No sabemos hasta dónde podrán llegar pero me siento a gusto. 

—¿Cree que verá la Ciudad de la Justicia alguna vez?

—No. Radicalmente no (ríe). 

—¿Le gustaría llegar a verla?

—Nosotros nos jubilamos a los 72 años, me queda todavía tiempo. 

—¿Una sala de un tribunal o un aula de universidad?

—Un aula de universidad. Salí de la Universidad de Jaén cuando llegó la crisis. Hace poco me ofrecieron volver, pero la enseñanza reglada tiene también sus problemas. He estado 22 años, he sacado mucho pero sigo dando clases en máster, casi nunca las cobro, le doy clases a los compañeros, doy charlas de derechos humanos... He estado dando clase en la Escuela Judicial, en el Centro de Estudios Jurídicos... Para que veas cómo funciona la Fiscalía, cuando llegó Eduardo Torres-Dulce con el primer Gobierno de Mariano Rajoy teníamos un proyecto en la formación inicial de fiscales maravilloso y fui uno de los "represaliados" junto con mi compañero Manuel Miranda, que falleció el día 28. Fuimos represaliados, Manolo no lo ha podido ver pero yo ahora he sido nombrado de nuevo coordinador del Área Civil durante tres promociones. Quiero decir que estoy dando continuamente clases y, por lo tanto, no echo de menos la Universidad de Jaén.

—¿Es un profesor frustrado?

—Yo me hubiera dedicado a la Universidad y no a la Fiscalía si hubiese tenido mecanismos de acceso que no fueran lo que llaman "la carrera docente". Yo soy muy independiente. Puedo reverenciar a una persona que crea que se lo merece, pero otra que no... me da igual el cargo que tenga. 

Puedo decir que hago voluntariado cuando estoy en la Fiscalía y cuando estoy fuera

—¿Ser tan independiente y no casarse con nadie le ha traído muchos problemas?

—No me ha traído problemas, pero me tiene donde me tiene. No hay nadie más independiente que el que está donde quiere estar y no tiene más ambiciones. Estoy en Jaén, trabajo, creo que lo hago bien, me permite controlarlo y después me dedico a lo que realmente me gusta, que es viajar, dar conferencias por todo el mundo, escribir, realizar mis actividades de voluntariado... Es lo que vale la pena en esta vida. Además, en la Fiscalía me castigaron con una materia que no quería nadie, que eran las personas con discapacidad y, sin embargo, me dieron un regalo maravilloso y puedo decir que hago voluntariado cuando estoy en la Fiscalía y cuando estoy fuera. 

 Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.
Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.

—Vamos a hablar de voluntariado. ¿Sería capaz de decirme de seguido y casi sin dudar todas las organizaciones con las que colabora? 

—¿Cómo voluntario o cómo socio?

—Vamos a probar con ambas.

—Socio puede ser que se me olvide alguna. Soy coordinador del grupo de Jaén de Amnistía Internacional desde hace tres años aunque hace 30 que entré en la organización. Quizás esa sea mi actividad más emblemática. Soy voluntario en el área de formación de Jaén Acoge y de Cáritas en el proyecto Cándela de acompañamiento de mujeres en contexto de prostitución. También participo en Rajab que trabaja con inmigración, de Intered, que se dedica a la formación de las mujeres. Porque partimos de la base de que la mejor forma de cambiar el mundo es dar formación a las mujeres. Coordino la Red Jaén Ciudad Abierta y, además, soy de Acnur, Aldeas Infantiles SOS, Médicos Sin Fronteras, Asociación Española contra el Cáncer, Unicef y unas cuantas más (ríe).

—¿Tiene tiempo y dinero para todas?

—El dinero depende de lo que te plantees. Hay una costumbre en la Iglesia que es el diezmo, dar la décima parte de lo que ganas para el templo o para cosas sociales. Yo no llego al diezmo, con lo cual hay dinero. Creo que cualquiera tendría dinero. El que gana mil euros le cuesta más trabajo, indudablemente. Sacar 100 euros de 1.000 es difícil. Pero se puede hacer si se tiene claro lo que se quiere. El tiempo es más complicado. 

—Entonces no le queda mucho tiempo al día, entiendo.

—Soy muy organizado y tremendamente metódico en el trabajo. He aprendido a aprovechar las cosas. Eso me permite ganar mucho tiempo. Además, tengo una ventaja que me vino de fábrica. No me hicieron guapo ni con un cuerpo de vértigo, pero me dieron una memoria prodigiosa. Eso facilita mucho todo lo que se hace. 

—¿Jaén es solidaria?

—¿España es solidaria? ¿El mundo es solidario? Al final estamos siempre los mismos en los mismos sitios, como pasa en el mundo cultural de Jaén. Siempre encuentras a las mismas personas en todas las actividades. Si todos nos juntáramos e hiciéramos lo mismo, que es imposible porque cada uno tiene su carisma, las cosas podrían ser muy efectivas. Metidos en solidaridad puede haber en Jaén entre 800 y 900 personas en distintos sitios. En una ciudad como Jaén eso es una minoría. Pero si te vas a España es igual. Es cierto que ahora muchos trabajamos en red, lo que nos permite, como es mi caso, tener contacto con gente que están en otros lugares del mundo haciendo lo mismo que yo hago aquí en organizaciones diferentes. ¿Por qué voy a recoger el Premio de Helena Maleno? Porque llevamos mucho tiempo colaborando juntos. No soy socio de Caminando Fronteras. Yo la conocí mucho antes gracias a ese trabajo en red. Además, la juventud comprometida ha hecho una evolución desde el planteamiento político al solidario y social.

En el fondo, la solidaridad es un planteamiento político porque este mundo no nos gusta y hay que cambiarlo. 

—¿Cómo le hacen sentir las imágenes constantes de televisión de llegada de migrantes?

—Me duele mucho. Pero lo que más me duele son los prejuicios que se transmiten de boca en boca y los medios de comunicación tenéis vuestra responsabilidad muy importante y los políticos también. Hay que tener en cuenta que una minoría ínfima de inmigrantes irregulares entra por la frontera sur. No llega al 5%. La mayoría lo hacen por avión, por autobús desde otros países de Europa. ¿Por qué sistemáticamente nos lanzan la frontera sur y el problema del Mediterráneo? Cuando nosotros recibimos un inmigrante estamos devolviendo lo que históricamente y hoy le estamos quitando. Si tuviéramos un comercio justo, si estuviéramos actuando en justicia con estos países, esta gente no saldría de allí. 

—¿Pero muchos huyen de la guerra?

—Nosotros estamos fomentando el conflicto bélico vendiendo armas. Queremos que no vengan pero estamos provocándolo. ¿Cuál es la solución? Acabemos con el conflicto bélico. Después hay algo que la gente no sabe y hay que decirlo: está demostrado hasta la saciedad que los inmigrantes aportan a nuestro país más de lo que reciben. Dicen que nos roban puestos de trabajo, es mentira. 

 Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.
Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.

—¿Y la sanidad?

—Son más jóvenes y, por lo tanto, tienen menos enfermedades, menos patologías. Si son regulares están pagando las mismas cuotas que tú y que yo y la tienen porque la están pagando. Si son irregulares, normalmente no van por miedo a que los detecten. Hasta hace tres días han estado sin poder acceder a gran parte de la sanidad. Todo es un bulo. 

—¿Ve con buenos ojos entonces la última medida del Ministerio de Sanidad?

—Nos opusimos cuando aprobaron los recortes en Sanidad y esta medida esperemos que dure el próximo Gobierno.

—El Gobierno de Pedro Sánchez ha hecho varios gestos como el bautizado "pacto del Aquarius". 

—Es que no habría que hacer este tipo de gestos. Se tiene que ver cada caso individualmente. Entre las personas del Aquarius puede que hubiera solicitantes de asilo y nosotros estamos comprometidos con el asilo. Habrá personas que son refugiados y estamos comprometidos, por tratados internacionales, con ello; no Pedro Sánchez, sino toda la estructura de la Unión Europea y todos los gobiernos que ha tenido España. Si hay otros que no están en esas condiciones y que pueden ser devueltos a sus países se les va a abrir un expediente de expulsión y se les va a devolver. Y los que se queden aquí, cuanto antes los regularicemos mejor, porque si no creamos una bolsa de personas irregulares que son objeto de explotación. Voy a poner el ejemplo de Justin Trudeau, primer ministro de Canadá. Una persona liberal, de derechas. Canadá es uno de los países que más refugiados ha acogido sin el más mínimo reparo. Recientemente ha tenido un conflicto gravísimo con Arabia Saudí porque ha dicho que mientras no respete los derechos humanos se han acabado las relaciones económicas de todo tipo. Arabia Saudí le retó y Justin Trudeau le contestó que los derechos humanos no son negociables. Eso es lo que yo quiero que hagan Pedro Sánchez y Merkel.

Los derechos humanos no son negociables. El día que nos demos cuenta de eso, el mundo empezará a cambiar. 

—¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie?

—Yo siempre cuento una cosa. Eduardo Galeano dijo aquello de que mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo. El fundador de Amnistía Internacional, Peter Benenson, escribió algo parecido en el artículo que dio lugar al movimiento. Decía que mucha gente trabajando por lo mismo consigue cosas. Yo soy culillo de mal aliento, si no consigo las cosas me cuesta trabajo. Llevo 30 años en Amnistía Internacional, y es porque mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas salva vidas, saca a personas de la cárcel, consiguen juicios justos, que no se acabe con los ecosistemas... ¿Qué se puede hacer? A veces se trata de escribir un correo electrónico a un Gobierno todas las semanas. No hay más. Firmar un documento, estar comprometido. Si ya luego haces más y eres capaz de "entrar al barro" para ayudar a inmigrantes o mujeres que ejercen la prostitución, por ejemplo, sin cuestionar por qué están ahí ni por qué viven así, ya has hecho algo más. No se trata de ser Teresa de Calcuta ni de ser Vicente Ferrer. Se trata de ser consciente y no mirar para otro lado. 

—¿Hay gente que ha olvidado que nosotros somos un país de emigrantes?

—Somos, hemos sido y seguimos siendo. Se le ha olvidado, sí. Los que hemos vivido eso y somos de pueblos pequeños sabemos que tuvimos cayucos que han ido desde Canarias hasta Venezuela. Hemos tenido nuestras pateras, nuestras entradas ilegales en países, nuestra explotación. 

—¿La inmigración nos puede ayudar a mejorar la natalidad?

—Lo está haciendo. ¿Quién va a pagar las pensiones al final? Nosotros nos tenemos que poner las pilas, sí, pero hemos entrado en un sistema en el que tener hijos o muchos hijos es un problema. Dicen que es porque las mujeres se han introducido en el mercado de trabajo. Ese no es problema, la solución viene por mecanismos de compensación, dando servicios públicos de apoyo o de guardería. 

—Ser mujer, empresaria o trabajadora y madre es misión imposible. 

—La conciliación de la vida familiar y laboral es un mito y te hablo de los ámbitos que conozco, la Fiscalía y la Universidad. Hay un detalle mío que no mucha gente conoce. Yo participé en la fundación de la primera asociación feminista que hubo en Jaén. Se llamaba Unión Democrática de Mujeres 8 de Marzo. Pero yo estoy cargado de micromachismos y, si me apuras, de macromachismos. Porque hemos sido educados en un entorno determinado. Al final, nuestro abandono del machismo ha sido que hemos "ayudado" a nuestras compañeras pero hemos dejado de lado a nuestros hijos, que son los que han roto. Ellos ya no hacen nada porque entienden que lo tienen que hacer los padres. La idea es que todas las personas que viven en el hogar tienen que participar. Y tengo que decirlo, los temas de igualdad en la educación están en su más rotundo fracaso, digan lo que digan. La prueba está en los resultados. Se fomenta la persecución penal en la violencia de género entre los adolescentes, que es lo menos eficaz y cada vez hay más violencia entre los adolescentes, más consumo de prostitución, más diferencia de género... Algo está fallando.

Los temas de igualdad en la educación están en su más rotundo fracaso, digan lo que digan.

 Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.
Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.

—¿Cuando habla de educación se refiere solo a la escuela o también al hogar?

—Sistema educativo y la educación en general. Esto es el uno por el otro y la casa sin barrer. ¿Quién da la educación sexual?, por ejemplo. Los padres tienen pudor y en la escuela se pasa por encima y muchas veces las asociaciones de padres rechazan que un profesor entre un poco más para hablar de sexo no coital, preservativos o de homosexualidad, por ejemplo. ¿Cómo en una sociedad libre tenemos cada vez más embarazos no deseados? En mis tiempos no se podía comprar preservativos, pero ahora...

—¿A favor o en contra del aborto?

—Creo que debe haber una Ley de Aborto porque garantiza que se haga en condiciones de salud, que no haya hijos no deseados, una libertad de elección... A nadie se le obliga a nada y una ley garantiza muchas cosas. La que existe actualmente me parece que es razonable. 

—¿Le molesta el calificativo de buenista?

—Me hace gracia. Mi padre decía que cuando de uno sólo pueden decir que es bueno, entonces malo. Una persona comprometida y con carácter siempre tiene personas que no lo pueden tragar. Cuando hablan de buenismo me hace mucha gracia. A mí me puede señalar con el dedo aquel que está haciendo cosas por los demás, me da igual el campo en el que sea. Si no te importan los inmigrantes, hay muchos españoles que están durmiendo en la calle. Que se atienda a los poblados chabolistas españoles. Pero es que hay gente que ni eso.

—¿Hay postureo en la solidaridad?

—La solidaridad te hace tanto bien que al final es un acto egoísta. ¿Sabes lo bien que se siente uno cuando da? Eso no lo sabe nadie más que el que está metido en esta vorágine. 

—¿Alguna vez se ha sentido tan frustrado que ha querido dejarlo? 

—Nunca. No, porque vale la pena. Decía Pedro Casaldáliga que quiere irse con el corazón lleno de nombres y yo quiero eso.

—¿Tiene alguna espina clavada?

—Sí.

—¿Dónde se ve dentro de 20 años?

—Me gustaría jubilarme pronto, en un estado físico razonable, con mi mente en funcionamiento y a ser posible con una compañera que fuera capaz de seguir mis pasos, que no es nada fácil. Me veo dedicándome a viajar, a visitar a los amigos que tengo en todo el mundo, decirle te quiero a todas esas personas, dedicarme a escribir y con las actividades solidarias. 

 Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.
Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.

 

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