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El regreso del herrero a La Mota

Por Fran Cano - Agosto 02, 2019
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El regreso del herrero a La Mota
El herrero, en el campamento militar.

La Fiesta Medieval reúne a centenares de personas en la Fortaleza de La Mota: recreaciones, teatro y música abren una cita disponible hasta el domingo

Hay que subir la cuesta empedrada del camino hacia la Fortaleza de La Mota de Alcalá. Esa cuesta tiene el tránsito de las grandes noches. Pasan las 22:00 horas del jueves 1 de agosto, y la Fiesta Medieval ya está poblada de centenares de personas.

El encanto de La Fortaleza nocturna hace reparar en detalles como que la ciudad desde arriba es un mosaico de luces apretadas. En la parte más alta comienza el viaje, y los primeros que reciben a los visitantes son una pareja.

—Soy la más guapa del medievo —se presenta, modestia aparte, ella, morena y de ropa oscura. Él, de barba y pelo largo, también parece encantado de haberse conocido. Son simpáticos. Portan cada uno un tridente y hablan —hablan con ganas— con cualquiera que pase por su lado. Están en el punto donde se cruzan los que llegan y los que se van.

Los primeros puestos son tanto de comida como de jabones artesanales. Una vez los dejas atrás impacta el vuelo de un azor en las inmediaciones del campamento militar. Ahí están el resto de aves. Una señora que se fija en ellas, todas en fila, se pregunta si tendrán hambre.

 Las aves rapaces.
Las aves rapaces.

Dentro de La Alcazaba el protagonista es el herrero. Demuestra que sabe lo que hace: primero el fuego baña el arma que segundos después pule a golpes. Uno se acuerda de aquel herrero que hizo el arma perfecta para Arya Stark. Enfrente están guerreros que custodian el resto de armas. Sobresalen las espadas y los escudos de diferente tamaño.

Dos hombres tocan las gaitas y se mezclan entre la gente que ya está eligiendo menú entre los puestos. La ruptura con la Edad Media está justificada: kebabs, patatas asadas, pizza y dulces, entre un abanico importante de productos. Nadie va a pasar hambre estos días. Hay habilitadas filas de mesas en horizontal y la gente come de pie. El teatro comienza con una historia de cuernos. El narrador, de carne y hueso, aprovecha los interludios de los actores para explicar la infidelidad con el lenguaje de hoy.

Fuera de escena, un chico se atreve a ponerse de collar una serpiente enorme. Lo hace y no pierde la sonrisa mientras lo fotografían. Mujeres mayores que pasan al lado no están precisamente riendo de alegría. La serpiente impone.

La Fiesta Medieval continúa y hoy mañana. Hay tiempo para que padres e hijos disfruten con las escenas que se suceden en La Fortaleza. Hay tiempo para saludar al herrero. Ha regresado para demostrar las bondades del oficio.

Fotografías: Fran Cano.

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