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CUÁNTO VALE UN PEINE: RUMBO A LA MECA DEL INJERTO CAPILAR

CUÁNTO VALE UN PEINE: RUMBO A LA MECA DEL INJERTO CAPILAR

Por Fran Cano - Julio 14, 2018

La moda del trasplante de cabello no para de crecer en España, con hasta 10.000 operaciones por año; implantados jiennenses narran sus experiencias con el injerto capilar

La alopecia siempre estuvo ahí para los hombres. Es común ver a un varón calvo incluso en las esferas del deporte de élite y del espectáculo, tan ligadas al culto de la imagen. Nunca como ahora hay recursos para lograr que el cuero cabelludo despoblado vuelva a ser una zona con pelo. La moda de la cirugía capilar apunta a Turquía, la meca del injerto. Si bien no hay datos oficiales, unos 10.000 españoles viajan cada año a Estambul para ponerse pelo a precio low cost, según apunta la Cadena Ser. Los paquetes, que suelen incluir la operación, el viaje y el alojamiento, fluctúan entre los 1.000 y los 3.000 euros, tres veces menos del coste en las clínicas de España.

"TENGO CLIENTES QUE HAN VIVIDO UN CAMBIO DE IMAGEN ESPECTACULAR"

Miguel Trapero (40 años) es el dueño de Miguelvis Barber Shop, peluquería de La Carolina abierta desde hace un lustro. Trapero es testigo del boom del trasplante capilar en Turquía. Tiene cerca de una treintena de clientes que se han operado en Estambul a través de las conocidas ofertas de precio asumible. Esas que están golpe de clic en las redes sociales y que se repiten una y otra vez en el algoritmo de Facebook si un internauta ha buscado alguna clínica.

Uno de los precios comunes es el de 4.500 unidades por unos 2.000 euros —con el resto de servicios incluidos. "En Houston costaba 20.000 euros hace no tantos años", cuenta Trapero a este periódico por conversación telefónica.

Aparte del atractivo económico, ¿por qué Turquía? "En los cursos de formación nos comentan que es el único país en el que hay garantía total de que el pelo trasplantado nunca se cae", señala. "Han dado con la fórmula", añade.

El carolinense ejemplifica el caso de un cliente suyo treinteañero que tenía alopecia "agresiva" en la frente y en la coronilla. Primero optó por operarse en América. El resultado fue que el nuevo pelo murió a los cuatro meses. Se cayó. Hace un año lo intentó de nuevo, pero esta vez en Turquía. "Ahora está muy contento", precisa. "He sido y soy testigo de cambios de imagen espectaculares", afirma.

"LO HICE POR MI HIJO; VOLVEMOS A TURQUÍA ESTE AÑO"

Vicente Ramírez, de 61 años, es uno de los clientes de Trapero. Se hizo el primer trasplante hace casi un año. Todo empezó con la fotografía que le había mandado un amigo. Era un retrato. Ramírez se quedó mirando la imagen en el móvil de su colega e intuía que había algo raro. El pelo. "Se había hecho un trasplante en Turquía", cuenta en declaraciones a este periódico.

Ramírez dijo adiós a su cabello antes de la treintena. Incluso llegó a usar peluquín. Lo tenía asumido, pero aquella foto en el móvil abrió la puerta a un regreso del pelo. A través de su exmujer y madre de su hijo, supo que éste último, con alopecia también antes de los treinta años, estaba interesado en el injerto capilar. "Al principio se lo conté y me esbozó una sonrisa. La cosa quedo ahí", recuerda. Hasta que ambos dieron el paso: juntos, padre e hijo, partieron hacia Turquía después de contratar dos paquetes por valor de 2.850 euros por persona —incluye desde los viajes hasta el traductor. Los Ramírez precisaban tapar tanto la parte frontal como la coronilla.

Ya en la clínica tuvieron la oportunidad de intercambiar impresiones con otros pacientes que se habían operado la noche anterior. "Todos nos decían que no duele, y es verdad hasta cierto punto", concede. El momento de la anestesia sí lo recuerda fatigoso, aun cuando son décimas de segundo.

 El antes y el después de Vicente Ramírez.
El antes y el después de Vicente Ramírez.

Los vídeos que difunden en la Red las personas recién operadas son rostros felices. "Es la alegría de saber que tendrás pelo de nuevo", interpreta Ramírez, satisfecho con su resultado. Hoy puede lucir un tupé impensable hace menos de un año.

Su operación se completó en una jornada tras siete horas, con descanso para la comida. No sintió dolor al día siguiente y prefirió evitar el calmante. "Soy de los que aguantan, y la verdad que no sentí nada", apunta. Sí precisó de una doble almohada para dormir sin molestias en la cabeza, que sigue vendada el día de la observación.

Él y su hijo regresarán a la clínica turca después del verano para repoblar la coronilla ahora que la parte donante ya tiene de nuevo suficiente cantidad de pelo. "¿Miedo? Es como ir al dentista para colocarte una pieza que te falta. Lo que sí es importante es tener buenas referencias de la clínica", subraya. "El miedo es absurdo. Y lo mejor es que te quitas diez o quince años de encima", remata.

 Vicente Ramírez y su hijo, tras la operación.
Vicente Ramírez y su hijo, tras la operación.

"RECOPILÉ INFORMACIÓN EN INTERNET Y ME DECIDÍ ESTE AÑO"

"Va bien, de momento sigo con el proceso sin contratiempos". Habla Guillermo Tirado —carolinense ingeniero de 33 años— cuatro meses después de su operación capilar en Estambul. Él fue con la intención de taparse las entradas y anticiparse a una posible alopecia más intensa. "No tenía un gran complejo. Pero si puedes mejorar de imagen, ¿por qué no hacerlo?", reflexiona en declaraciones a Lacontradejaén.

Su praxis se basó en recopilar datos a través de internet. Siguió a un youtuber durante un año, comprobó el resultado y apostó por la intervención en Turquía. La cirugía le ha costado 2.500 euros —por unas 3.000 unidades— en el marco de un paquete que no incluye los pasajes de avión.

Antes de viajar, tuvo un primer feedback de la empresa a través del envío de fotografías sobre su estado en ese momento. Posteriormente, en la clínica, le hicieron una valoración para diseñar de mutuo acuerdo la estrategia. "El día de la operación te hacen un análisis de cómo será, más o menos, el resultado", apunta.

Tirado aprovechó los traductores para preguntar las dudas que tenía entonces: cuánto tarda el pelo en crecer; cuáles son los posibles efectos adversos en la operación y en el postoperatorio; si sería necesaria una segunda cirugía. "En mi caso, como se trata de las entradas, me dijeron que hasta dentro de cinco o seis años no haría falta, en función de cómo avance la alopecia", explica.

 Antes y después de la operación de Guillermo Tirado.
Antes y después de la operación de Guillermo Tirado.

El carolinense vivió con tranquilidad la previa y el momento de la operación, que duró en torno a siete horas. "Mi único problema es que cogí la gripe dos días antes. Solo duele la anestesia", dice, tal y como indica Ramírez.

Dos factores propiciaron que Tirado apostase por el injerto: tenía una zona donante con cabello denso y grueso, y el atractivo del precio en tierras turcas. "Mi familia tenía el miedo normal de irte a un país que hace dos años vivió un golpe de Estado. Pero los tranquilicé con datos", subraya.

El ingeniero se operó un jueves y volvió al trabajo al lunes siguiente. La oficina es un lugar sin peligros para alguien recién operado, a diferencia de los casos de ganaderos o agricultores, por citar algunos ejemplos de exposición más peligrosa. "El tono enrojecido dura entre cuatro y cinco meses, y en el primero pierdes las conchas. Es un proceso lento y cansino, pero yo estoy contento", valora.

OPCIONES EN LAS TÉCNICAS Y LOS RIESGOS

Las técnicas han avanzado en cirugía capilar. La más extendida y menos lesiva es la denominada FUE, consistente en implantar folículo por folículo desde la zona donante hasta la que está sin pelo. "Es con una aguja, como si te hicieran un tatuaje", apunta Trapero. Los efectos tras la cirugía se resumen en un cuero cabelludo enrojecido, con cientos de pequeñas heridas que a la postre no dejan cicatriz. La higiene es esencial en los primeros meses, cuando el pelo implantado se cae para dar paso al nuevo.

Las operaciones, que pueden durar hasta dos días, varían en función de cada persona. Lo normal es que la primera consulta sea gratuita y determine si el interesado tiene suficiente cabello en la zona donante para que la cirugía dé resultado.

Lo normal también es que haya un intercambio fluido de información con el especialista para que éste fije las posibilidades reales de cambio que hay. Es decir, cuánto pelo y cuánta densidad es posible lograr después de la operación.

Los resultados casi definitivos se avistan a partir del año del implante, si bien es otra cuestión individual. "Tengo clientes que a los seis meses ya les había crecido mucho el pelo, y otros cuyo proceso es más lento", confirma Trapero.

Lo normal y deseable no siempre se cumple.
En Turquía hay más de 250 clínicas que ofertan el servicio. La oferta y demanda de los bajos precios ha puesto también de relieve que existen clínicas piratas. La Sociedad Española de Cirugía Plástica alerta de la cantidad de profesionales que trabajan sin licencia y de la falta de garantías porque hay casos en los que el implante lo realizan enfermeras en lugar de cirujanos.

 Las zonas de transplante y donante.
Las zonas de transplante y donante.

El Ministerio de Sanidad de España ya ha denunciado intrusismo "por complicaciones" en algunas cirugías. También ha alertado del riesgo que supone poner implantes en lugares que no lo necesitan. Los perjuicios pasan por devastar la zona donante y lucir resultados poco naturales. "A la gente que yo conozco, y que les corto el pelo, les ha ido muy bien", resuelve el peluquero. "Y me ha llegado información de que pronto habrá dos clínicas turcas en España, dado el tirón que tienen aquí", desliza.

Miguel Trapero luce un tupé muy característico de su negocio. "Si me quedara calvo, contactaba con una clínica de Turquía esta misma noche", dice más en serio que en broma.

JAVIER PÉREZ, PELUQUERO: "YO NO ME LO HARÍA"

Es martes 10 de julio de 2018. Javier Pérez acaba de atender a dos chicas en su peluquería, Visual Peluqueros, ubicada en Alcalá. Castillero de 38 años, ha ejercido la profesión en Brasil y en la Sierra Sur desde hace década y media.

El injerto capilar se ha convertido en una tema de conversación recurrente entre los colegas del gremio, admite Pérez. ¿Qué haría él si un joven con poco cabello le pide consejo sobre el trasplante?

—Que se acepte y se rape la cabeza —dice consultado por este medio—. Aunque le cueste al principio, a la larga le irá mejor que proyectar expectativas que igual no se cumplen —añade.

El peluquero admite que aun con los avances tecnológicos la cirugía capilar le genera recelos; entiende que en el futuro habrá métodos todavía menos lesivos que la técnica FUE.

Pérez ha tenido tres clientes que en su día pasaron por el quirófano para tratar la alopecia. Tres casos, tres resultados: uno perdió pelo a los dos años de la intervención; otro quedó satisfecho y un tercero acabó muy descontento, totalmente arrepentido.

Hablamos de este último caso.

Cuenta Pérez que fue hace años, cuando la técnica predominante era la más invasiva: la extracción de una banda de pelo a través de bisturí —las cicatrices son inevitables— para ubicarla en las zonas receptoras.

Después de la intervención, el cliente requirió los servicios del peluquero jiennense. Necesitó un trato especial.

—Tenía que atenderlo fuera de mi horario de trabajo para que no lo viera nadie. Yo usaba peines de usar y tirar, porque debía ser muy exhaustivo con la higiene. Y él no podía raparse por los lados: ahí estaba la cicatriz de la intervención.

El gerente de Visual Peluqueros recomienda a los interesados que apuesten por las clínicas españolas. Le parece "más seguro" que viajar a Turquía. Otra cosa es el dinero.

—Si te lo quieres hacer, a mí no me parece una frivolidad gastar 2.000 ó 3.000 euros.

Javier Pérez luce mechas rosas en una cabellera bien poblada. ¿Pediría cita para ir al quirófano si se quedase calvo?

—No. Yo no me lo haría.

 Javier Pérez, de Visual Peluqueros.
Javier Pérez, de Visual Peluqueros.

EL FACTOR PSICOLÓGICO: ¿MÁS QUE UNA OPERACIÓN ESTÉTICA?

Los peluqueros consultados por este diario coinciden en que hay un factor psicológico común en quienes apuestan por el injerto capilar. "Yo conozco casos de gente que se deprime por la caída del pelo y que ahora están encantados con su nuevo aspecto", apunta Trapero. ¿Se puede hablar de depresión por algo que no deja de ser una cuestión estética?

Raquel Salido es psicóloga y gerente del Centro Sanitario Evolución Destinado a la Rehabilitación de Adicciones y Superación Personal, ubicado en Jabalcuz. Cuenta a este periódico que es "normal" que una persona acuda al psicólogo por algo como la pérdida de pelo en la misma medida en que chicas jóvenes lo hacen por la cuestión de los pechos.

"Yo no hablaría de depresión en el asunto del cabello", comienza la especialista jiennense. "Sí es algo que te puede limitar, que puede implicar tristeza extrema y que impide ser feliz", abunda, y apunta hacia ideas como "el bajón anímico" y "la falta de autoestima" para distanciarlas de la depresión.

Salido es partidaria de aprovechar los recursos disponibles. Ella no se opondría al trasplante de cabello si un paciente le pidiese opinión. "Si está psicológica y emocionalmente estable, no le quitaría la idea", afirma. Y matiza: "Hay que discernir esto del trastorno somatomorfo, que propicia que las personas no aceptan su cuerpo. Y también hay que alertar de la excesiva dependencia de la cirugía", contrapone.

Los operados que exhiben en vídeos y fotografías su cambio físico se muestran más felices y seguros, fortalecidos por el resultado. ¿Eso quiere decir que hay algo más que la estética en juego? "No veo un significado más profundo. Solo es una operación estética. Pero vivimos en una sociedad que prima la imagen: hay jóvenes que cuidan más sus abdominales que el interior", razona. "Es más importante educar desde el inicio y cultivar el yo. Los defectos que tenemos son comunes: nos salen arrugas y se nos cae el pelo", agrega.

El consejo de la profesional también es aceptarse. "No somos cánones de belleza. Pero si no te aceptas y hay recursos disponibles, claro que los puedes utilizar", remarca.

LOS YOUTUBERS DEL CABELLO

Quien dude en si ponerse o no pelo encontrará un sinfín de vídeos y experiencias compartidas en internet que tal vez ayuden a tomar una decisión, como en el caso de Guillermo Tirado. Todo está en Youtube.

Por ejemplo, Alfredo Puente, de 51 años, cuenta cómo le fue con 3.300 folículos implantados —unos 10.000 pelos— en una clínica de Estambul. Puente comparte un vídeo que abarca todo el proceso descrito anteriormente: desde el momento en que pregunta las dudas vía traductor al cirujano hasta cuando le hacen las marcas de rotulador en la cabeza que sirven de guía antes de operar, ya rapado. También comparte las impresiones medio año más tarde.

Los consejos de Michael es una cuenta de Youtube con más de 110.000 seguidores. El peluquero que la gestiona ya ha compartido sus experiencias tras dos injertos capilares, uno en España y otra en Turquía, así como un tercer trasplante para tener más barba.

"El injerto capilar ha cambiado mi vida", asegura en un vídeo, si bien admite que no es la solución para todo el mundo. Cuenta que de momento las experiencias positivas de los seguidores que le escriben para preguntarle dudas superan a las negativas. "Cuando sea al revés dejaré de hacer estos vídeos", asevera.

En la caja de comentarios de uno de sus vídeos está el testimonio, breve y contundente, de un chico sin pelo. «Yo soy calvo desde los 19 años, y la verdad es que me da igual. Me afeito la cabeza y estoy super contento. Las cosas hay que tomarlas y cogerlas como vienen. No hace falta coger depresión por no tener pelo. Eso son tonterías. Hay cosas más importantes en la vida que el pelo».

Gustavo Merlo, cocinero de 45 años que frecuenta la Sierra Sur de Jaén, comparte con este diario un resumen de su experiencia interior y exterior con la alopecia: "Hace diez años, cuando decidí rasurarme completamente la cabeza, mucha gente hacía las clásicas bromas: '¡Se te vinieron los años encima! ¡Ya estás viejo'", recuerda. "Diez años más tarde, la misma gente asegura que para mí no pasan los años. Al parecer, afeitarse implica identificarnos con la iconografía de los grandes calvos de la Historia para quienes no pasan los años, llámense Julio César o Andre Agassi", resuelve.

Para quien tenga el bolsillo predispuesto, decir sí o no al injerto solo es una decisión personal. Cada cual decide cuánto vale un peine.

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