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"Es una pena que la artesanía del cuero se esté perdiendo"

Por Javier Cano - Enero 03, 2020
"Es una pena que la artesanía del cuero se esté perdiendo"

La artesana jiennense Juana Isabel Berrios acumula reconocimientos a su labor artística al tiempo que llama la atención sobre la posible desaparición de una práctica milenaria

Cordobán, tafilete, guadamecil... Palabras de clara reminiscencia árabe, de esas que cualquier enamorado de la lengua elegiría entre las más hermosas del diccionario.

Son las mismas que Juana Isabel Berrios Sánchez (Jaén, 1958) pronuncia cada día con la naturalidad de quien lleva toda una vida conviviendo con ellas, pero que nada más salir de su boca maravillan hasta al más pintado no solo por su sonora belleza, sino por lo que esconden tras cada una de sus sílabas.

Con ellas y con otras tan singulares como fileteador, buril, matacantos, trazador y un montón más se pronuncia cotidianamente esta artesana del cuero "de la familia de los Berrios del Puente Jontoya" (aclara) que, con sus manos, convierte un trozo de piel en verdadera obra de arte a fuerza de maestría. 

Si será buena en lo suyo, que hasta cuelga una de sus piezas en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Jaén, en el edificio de los Baños Árabes. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, sentencia un refrán.

"Esto es una afición, un hobby", confiesa, pero oírla hablar del cuero deja claro que es mucho más que eso: una pasión. "Mi marido es militar, lo trasladaron a Córdoba y allí me fui; entré en la Escuela de Artes y Oficios para aprender pintura, pero no había plaza y me metieron en Cuero", recuerda.

 

Salió con el Grado Medio en una disciplina de la que siguió aprendiendo al lado de quien considera "el mejor mundialmente", el profesor José Rodríguez Escobar. De esa fuente bebió durante años en la Ciudad de la Mezquita para convertirse, ella misma, en toda una maestra de este arte que cuenta por decenas los premios obtenidos: "Tengo mis dos casas, la de Córdoba y la de Jaén, llenas de trofeos y copas", afirma. Y eso que no se ha dedicado profesionalmente".

Lamenta, eso sí, que "esta artesanía, que es un arte milenario, un arte mayor, se está perdiendo": "La gente no valora lo suficiente las horas y el trabajo que lleva cada pieza, y solo comprar una piel, ya sea de badana o de baquetilla, cuesta entre cincuenta y noventa euros", apostilla. Esos materiales, unido al coste de las herramientas específicas para labrar el cuero, hacen (en sus palabras) que cada vez queden menos artesanos que trabajen la piel:

"Muchos jeques árabes siguen pidiendo trabajos para decorar sus casas, incluso la nobleza española los ha pedido en muchas ocasiones", aclara. Y añade:

"Es una pena, porque esto lo enseñaron los árabes, que lo trajeron en el siglo VIII, tomó auge con los mozárabes y empezó a venderse mundialmente en siglos posteriores, hasta que decayó un poco en el XVIII", ilustra Berrios. La artesana entiende que "los políticos y los organismos oficiales no hacen lo suficiente" para que la labor sobre cuero se promocione y pueda mantenerse: "Cuando se inaugura una exposición si van, pero solo el primer día, para hacerse la foto; luego, si te he visto no me acuerdo". 

Juana Isabel Berrios cambiará Córdoba por su tierra natal, Jaén, muy pronto: "Mi marido ya está en la reserva, y además tengo aquí a mi familia". La sangre tira, eso ha pasado siempre, y a la artesana le encantaría poder compartir sus conocimientos con gente que, como ella, supiera valorar esta práctica: "Si la Escuela de Arte o alguna asociación u organismo me piden que enseñe, estaré encantada", concluye.

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