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De la hostelería a la ONCE

Por Fran Cano - Agosto 11, 2018
De la hostelería a la ONCE
La vendedora Alhelí Villén, en su zona de trabajo.

Alhelí Villén, vendedora de la ONCE en la Avenida de Arjona, recupera el trato con el cliente que tuvo antes de verse obligada a dejar la hostelería

Era el rostro más sonriente de quienes acudieron a la presentación de la memoria de la ONCE el pasado miércoles. Alhelí Villén (1981, Jaén) está feliz de formar parte de la organización de ciegos. Ser vendedora le ha permitido recuperar el trato con la gente. Así ha vuelto a esa atmósfera tan familiar de la hostelería, el trabajo que tuvo desde los 15 años hasta hace apenas dos cursos.

Villén sabía lo que iba a pasar. Es decir, que el problema visual degenarativo que padece, y que es hereditario, la apartaría de la barra del bar y de la cocina. Su abuela materna, Josefa Ramírez, fue una mujer que perdió la vista y se vio con movilidad muy reducida. Trabajó también en la ONCE. "Lo hizo en aquella época cuando se vendían los cupones con solo tres cifras", recuerda la nieta en conversación con Lacontradejaén.

El hermano de ella es Gabriel Villén, vendedor en activo que opera en la calle San Clemente de la capital. Él fue el primero en decirle que tenía que asumir que su etapa hostelera no podía continuar. "Sí, es cierto que me lo dijo. Y ya llegó un momento en que tuve que dejarlo", señala Alhelí Villén.

 Alhelí Villén, Francisco Cabrera, Cristóbal Martínez, Rosario Sedano y María del Carmen Álvarez.
Alhelí Villén, Francisco Cabrera, Cristóbal Martínez, Rosario Sedano y María del Carmen Álvarez.

"EL GRUPO SOCIAL LA ONCE ME HA AYUDADO MUCHO"

La treinteañera se afiló a la ONCE a comienzo del año pasado. Desde diciembre de 2007 es un activo en la Avenida de Arjona, donde invoca a la suerte para dar dinero a los jiennenses. Es normal verla en la farmacia ubicada antes de la iglesia de San Félix. Ya ha dado algunos premios del 'rasca' nada desdeñables, de más de 1.000 euros.

Villén está encantada con el trabajo, aun cuando agosto es un mes "flojo", tal y como le advierten compañeros y dueños de establecimientos. Ella disfruta en la calle, ahora con un nuevo chaleco que expone los productos de la organización. "Aparte de darnos visibilidad, es útil para que la gente vea el cupón diario", describe.

En su particular balance, remarca que ha vuelto a recuperar ese trato del día a día que tanto la arropaba antes: "Todo es muy cercano, y me igual pasar frío o calor. Me gusta la familiaridad", razona. La ONCE, como ya intuía ella por más que quiso postergarlo, le ha dado una oportunidad: un suelo digno, vacaciones. "El grupo social me ayudó incluso antes de ser vendedora", dice. El horizonte no puede ser otro que dar un premio "gordo". Por qué no.

 

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