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"De alguna manera soy una ladrona de momentos, de flashes"

Por Javier Cano - Noviembre 22, 2021
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"De alguna manera soy una ladrona de momentos, de flashes"
Desirée Amaro.

Coach, madre, presidenta de la Asociación Provincial de Coros y Danzas Lola Torres y escritora. Todo eso lleva adelante Desiree Amaro (Jaén, 1974), que el próximo jueves 25 de noviembre presentará su nuevo libro en los Baños Árabes, a partir  las siete de la tarde. Nicotina Blues se llama esta nueva criatura literaria en la que la autora jiennense trata de las pasiones y su capacidad adictiva, a lo Descartes pero en modo siglo XXI.

—Por jiennense o por jaenera, cualquiera sabe, pero ha elegido usted una fecha con solera para presentar su libro, el día de la patrona. ¿Aposta o pura casualidad, Desiree?

—No, no, es pura casualidad.

—Lo que no parece casual es la carga musical que tendrá esa presentación, en la que se acompañará de Emilio Ramos y Rafa Hidalgo (Los Arrabaleros) y de Inma Ramírez. No en vano, sugiere usted a los lectores una lista de canciones vinculadas, de alguna manera, con las páginas de este libro.

—Existe una serie de disparadores para las emociones, como puede ser un olor, una imagen, una canción... A todos nos pasa que escuchamos una canción y de repente se nos viene una parte de nuestra historia, de nuestra vida, a la memoria. Incluso a veces encontramos una canción capaz de ponerle melodía a una situación que hemos vivido, y me parecía que esta conexión era muy importante.

—¿Qué novedades encontrarán sus lectores en Nicotina Blues con respecto a sus trabajos anteriores?

—Mantengo el formato de los relatos cortos, pero la novedad con respecto a mis libros anteriores es que parto de la base de que en toda historia hay dos versiones, y he introducido dos voces, cuando normalmente siempre escribo con una. En este caso, cada capítulo tiene una voz femenina o masculina, excepto el último, que es un 'totum revolutum'. 

—¿De qué hablan esos personajes, cuál es el hilo conductor de la obra?

—Los personajes van reflexionando y contando, desde su punto de vista, la misma historia que sucede entre ellos. 

—Historias en las que el lector se puede sentir reflejado...

—Seguramente sí, porque una de las cosas de las que me he dado cuenta es de que trabajo con adictos [ríe], me da igual que sea al fútbol, al amor, al desamor, al dolor, al miedo... Al final, parece que evolucionamos mucho social y tecnológicamente pero lo que nos sigue moviendo a todos son las emociones, que son básicas y no han cambiado. Da igual cómo las envolvamos, lo que nos mueve al final es la rabia, el placer, el miedo... De eso habla este libro, de cómo el poso de las emociones es lo que condiciona lo que terminan haciendo los personajes. 

—Pero Desiree, ¿hay alguien en este mundo que pueda presumir de no tener adicción alguna, física o emocional? 

—Efectivamente, es un lugar común. Las emociones son adictivas, muy adictivas; muchas veces pensamos que echamos a una persona de menos, o una situación, pero lo que echamos de menos realmente es lo que nos hacía sentir. 

—Y la pandemia, ¿qué papel ha jugado en la escritura de este libro, si es que ha jugado alguno?

—No, sinceramente. El libro estaba prácticamente terminado antes del verano de la pandemia, lo que me cambió un poco fueron los ritmos: me encanta ponerle fotos a los libros y no tenía, así que en pandemia maduré el proyecto de fotografías. Como no encontraba lo que quería, enganché en el proyecto a la fotógrafa Pilar Vega, que las ha hecho ad hoc para el libro; fotos muy potentes, con un tono de blues maravilloso. 

—Va ya por su tercer libro, parece que esto de escribir y publicar se está convirtiendo también en una adicción para usted. ¿Trabaja ya en un nuevo proyecto?

—[Ríe] No soy de las personas que me siento a escibir, escribo cuando algo me provoca curiosidad. Voy escribiendo y, en realidad, cuando empieza o acaba el libro no lo decido yo. Mis libros se van haciendo en el tiempo. De repente encuentro algo que me conecta todo lo que he ido escribiendo, entonces recopilo, le doy forma. Respecto al futuro, no sé, probablemente. Escribir es, para mí, una compulsión, lo hago cuando siento que tengo la necesidad de captar algo, igual que pasa con la fotografía. Estoy rodeada todo el día de gente contándome historias; soy, de alguna manera, una ladrona de momentos, de flashes que luego envolvemos con la literattura, con matices de belleza. 

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