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Día 13: En el mismo barco

Por Alejandra McKelligan. - Marzo 28, 2020
Día 13: En el mismo barco

Diario de Alejandra McKelligan: Mi transformación como legado del coronavirus

La de la farmacia te pone buena cara, te saluda y te pregunta cómo estás tú y tu familia. La miras y piensas, bueno al menos sale cada día, está trabajando y cobrando cada día su sueldo, yo adoro salir y no puedo, pero no te confundas que diariamente ella se expone y aguanta carros y carretas de gente estresada agotada por el miedo que le mete prisa por si “el bicho” lo pilla desprevenido y lo ataca. Ella está librando la misma batalla que tú y sigue adelante, deseando que este momento pase pronto.

Luego escuchas la misa del cura que con el altavoz nos retransmite sus mensajes esperanzadores y piensas, bueno al menos sigue intentando esperanzarnos con los mensajes de Dios y nos intenta apaciguar, pero no te confundas que él también libra su batalla, se siente profundamente sólo con toda la iglesia entera para él y deseando algún día poder ver a los feligreses presenciando su misa y dándonos la mano para hacerle himno a la paz.

A tu lado vive una mujer con más de 90 años, ella cada día salía con su marido a tomar el sol, a sacar a su perrita, a arreglar ropa en su máquina de coser al aire libre, ahora desde aquel día casi no le veo ni el pelo. Piensas en ella y te dices bueno ella está mayor y mejor que no salga para que no coja tampoco ni un resfriado, así seguro que se mantiene sana. No te confundas, ella ya no está cogiendo la vitamina del sol, echa de menos el aire en su cara y las visitas de sus vecinos que venían a saludarla y le daban dos besos. También está deseando que este momento pase pronto.

Miras en casa y ves a tu hijo que antes iba al colegio, tenía sus actividades extraescolares, corría detrás de su pelota, cogía la bici y soñaba que volaba en ella. Lo miras y piensas, bueno en casa está con su madre que le ayuda con los deberes, su vida así es más distendida sin obligaciones y rutinas estrictas. No te confundas, está perdiendo nivel en los estudios y el contacto con sus amigos y profesores y además está perdiendo condición física. Algún día volverá a ese parque que hoy estaba completamente cerrado con un candado y que parecía más solo que cualquier día por la noche.

Estamos en el mismo barco librando distintas batallas, unos más expuestos, otros menos, unos literalmente arriesgando su vida y poniendo en riesgo la de su familia, unos más solos que nunca en su vida, algunos acompañados, pero no con quien desearían estar. Algunas familias separadas y rotas en mil trozos de tristeza por no verse ni tocarse. Otros sin trabajo y sin ingresos, con la incertidumbre mas extrema.

Jamás la humanidad entera se había enfrentado a algo así de devastador, en donde cada uno con sus distintas circunstancias, pero, al fin y al cabo, en el mismo barco.

Hoy te mando un abrazo desde cubierta, ¿me ves?

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