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"No quería quedarme con mi cante dentro"

Por Javier Cano - Diciembre 06, 2019
"No quería quedarme con mi cante dentro"
Padre e hijo ensayan ante los cuadros de Hidalgo de Caviedes, momentos antes de presentar el disco. Foto: Javier Cano

En el diccionario jiennense del flamenco (que todavía no se ha escrito), buscar el nombre de José Rojo Moreno conduce inevitablemente a esa figura del toque cuyo talento campea ya en los carteles grandes del universo jondo. O al menos así era hasta hace pocos días, cuando la criatura le dio la alternativa al padre nada menos que en una plaza de primera, el Museo Provincial de Jaén. Allí, José Rojo Palau (Moral de Calatrava, Ciudad Real, 1948) empezó a ser el segundo gran moraleño que brilla en el mar de olivos después de que otro maestro, pero de cantería (Alonso Barba), recogiera el testigo de Vandelvira al frente de las obras de la Catedral, hace una espuerta de años. Aficionado de postín, el maduro debutante puede presumir ahora de otro hijo, Mi cante y el tiempo, el disco con el que ha entrado por derecho propio en el gran libro del cante de aquí.

—¿Qué hace un ciudadrealeño del Campo de Calatrava cantando flamenco, y además en Jaén?

—Cuarenta y siete años llevo ya aquí, desde antes de casarme.

—Esa historia promete. ¿Cómo se convirtió en jiennense para los restos?

—Yo estaba en una empresa de encargado, con unas máquinas, y estuvimos aquí trabajando; me gustó tanto Jaén... Mi mujer tenía negocio en su pueblo, de bordados, le vimos buena cara a Jaén y nos establecimos aquí. Me adapté rápido, lo que le pasa a la gente joven: yo digo que para ser buen albañil no hace falta estar de peón veinte años [sonríe]. 

—¿Ya le daba al cante en aquella época?

—Hasta que pisé Jaén, de jovencillo, me gustaba cantar, el flamenco, pero el que yo conocía en esa época, allí en mi pueblo, era el de las compañías de teatro que iban: Rafael Farina, Antonio Molina, Valderrama, la Niña de la Puebla... Ese es el flamenco que yo conocía. 

—Y en Jaén descubrió un mundo nuevo, otros aires...

—Una vez aquí, del 75 al 80, empezaron los festivales aquellos fuertes, como el de Pegalajar, el de Jaén, de muchos sitios... Todavía hay en muchos lugares, pero ya no son como aquellos, con cantaores como Lebrijano, Chiquetete, todas esas figuras que había por entonces. No quiere decir que ahora no las haya, claro que las hay.

—Nuevas figuras, cantaores desconocidos para usted. 

—Me acuerdo cuando empezó José Mercé, aunque ya llevaba algún tiempo cantando; de Chiquetete, de José de la Tomasa... Todos esos cantaores a mí me encantaban. Por entonces, con seis u ocho añillos, mi hijo José empezó ya con la guitarra, porque para cantar no tenía muchas facultades. Yo había sido aficionado a la guitarra, en mi casa siempre había una; a mis padres, en vez de otra cosa, les pedía una guitarra, y tarareaba yo. Me acuerdo de aquellas rumbas de Peret y de todo aquello de cuando yo era jovencillo. 

—Ha tardado tiempo en echarse para adelante y atreverse a grabar, ¿no?

—Me acostumbré a ir con José a llevarlo a todos lados con la guitarra y entonces, aunque me seguía gustando mucho el flamenco, no me dedicaba a cantar. Fue ya últimamente, a finales de los 90; decía yo: "¿Me voy a quedar con esto dentro?, yo quiero mostrar que he sido buen aficionado". Quería hacer algo. De esos festivales, esos concursos a los que he ido ya desde el 95 al 2000 tenía grabaciones que me habían hecho en camarilla, pero José me dijo que si quería hacer hacer algo en condiciones tenía que grabar un disco bien. Nos pusimos manos a la obra y, con la dirección de él, hemos hecho este CD.

—¿Está satisfecho con el resultado? ¿Ha merecido la pena esperar tanto?

—Estoy muy contento, la verdad es que sí. Es como la mujer que quiere ser madre; pues yo por fin he parido.

—Además con un pan bajo el brazo, un extra de solidaridad.

—Toda la recaudación de la presentación [el pasado 29 de noviembre] fue para Aspace; se llevaron allí bastantes unidades. El disco no se ha hecho para venderse, para cobrarlo a nadie; vimos la posibilidad de colaborar con esta asociación y con mucho gusto lo hemos hecho. Se vendieron bastantes unidades y todo ha sido para ellos.

—Ha cumplido un sueño, ha ayudado a gente que lo necesita... Y todo con el flamenco como herramienta. ¿Venera usted este arte, verdad?

—Le tengo mucho respeto al flamenco, porque como todas las actividades que son profundas, no es fácil. Tiene su esfuerzo, su mérito. No es decir "toca algo o canta algo", eso es como si a un deportista, por las buenas, que lleva un año o tres o diez sin correr, le dices que mañana es la Carrera de San Antón y que corra. Eso tiene su proceso, su preparación, su quererse dedicar, en fin...

Foto: Javier Cano
Foto: Javier Cano

Mi cante y el tiempo: un título sugerente, desde luego. ¿Cómo es José Rojo como aficionado y como cantaor, se posiciona en la vanguardia o apuesta por la tradición? 

—Estoy en la línea de siempre, tal vez sea por mi voz, que se adapta más a eso. Yo respeto todos los cantes, pero totalmente, incluso los que no sean flamencos. Hay gente que canta bien aunque no sean flamencos, como Raphael u otros artistas.

—Y sus referentes, ¿dónde hay que buscarlos?

—A mí, los cantaores que más me han calado son los de voz laína, como Marchena, Valderrama, Morente, Porrina de Badajoz, Curro de Utrera. Luego, yo sé que son igual de grandes los cantes más serios, como puede ser el de Meneses, el de Mairena, el de Terremoto..., esos cantes los respeto igual, lo que pasa es que yo tengo el tipo de voz, el timbre, más laíno, más parecido a los que he dicho antes.

—Ese timbre al que, a veces, se le ha cuestionado.

—Yo creo que es una equivocación encuadernar cualquier estilo. Por ejemplo, hoy, una figura flamenca buena, de copla y de todo, es Miguel Poveda, un tío que es otro Valderrama, otro cantaor de esos que hacen todo, que si canta por derecho te pone el vello de punta. Yo respeto todo, pero me llegan más esos cantes. A lo mejor los puristas hablan de la siguiriya del tío no sé qué... Yo los respeto, pero cuando a mí me cala una cosa, cuando me llega...

 Numeroso público arropó al cantaor en la presentación del disco en el museo. Fotografía: Javier Cano
Numeroso público arropó al cantaor en la presentación del disco en el museo. Fotografía: Javier Cano

—¿Habrá nuevo disco de José Rojo en un futuro no lejano, o con una tarde le basta para cortarse la coleta?

—No creo, no. Tenía mucha ilusión por hacer esto y gracias a Dios ha salido redondito, ha salido bien, me he quedado satisfecho.

—Arropado por muchos rostros reconocibles del flamenco de aquí sí que estuvo en la presentación.

—Sí, sí, muy arropado, y yo muy agradecido por toda la gente que vi que me quería. Además se hizo en un marco muy bonito, el que fue allí es porque quería verme.

—¿Han cambiado las tornas? ¿Ahora es el hijo al que se le cae la baba con el padre? 

—Hombre, Jose está también satisfecho. Él tenía su preocupación, porque esto no era una cosa que yo estuviera acostumbrado a hacer todos los días, y quería ver, por si había algún problema. Pero no, ha salido contento.

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