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"El corazón de Jaén está en ruina inminente"

Por Esperanza Calzado - Mayo 20, 2018

Con un lápiz en la mano se concentra mejor. Hace trazos en una de las hojas de un cuaderno del que nunca se separa. Esconde alguno de los bocetos, pero también de sus ideas. Conoce la ciudad desde sus entrañas. Como arquitecto técnico, como trabajador municipal o como jefe de Bomberos. Pero sobre todo, la conoce porque se la 'patea', porque la quiere, y porque le duele hasta el punto de emocionarse cuando comprueba el estado en el que se encuentra el casco histórico. Rebelde por definición, José Miguel de la Torre Peinado (Martos, 1951) se jubiló como funcionario pero decidió volver a dedicarse en cuerpo y alma a la profesión. Es presidente del Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Aparejadores y Arquitectos Técnicos y del Colegio de Jaén. Este mediodía seguramente estará en Las Lagunillas, donde se juega el primer partido de la liguilla de ascenso a División de Honor B del Jaén Rugby. Pero antes, juega el "tercer tiempo" con Lacontradejaén. Hablamos de la ciudad, de la profesión y de su lado más personal.

—¿Qué podemos hacer para salvar al casco histórico?

—Ese es mi corazoncito... (se emociona). Creo que alguna vez me has oído decir que cuando entré al Ayuntamiento de Jaén, el 19 de febrero de 1979, al día siguiente me pusieron sobre la mesa 59 expedientes de ruina. ¿Cuántos habría hoy? A lo largo de los años he conocido todo el casco histórico, lo he callejeado calle por calle viendo los problemas. He vivido con el primer programa de rehabilitación preferente de la Junta de Andalucía. Lo pateé con las diferentes solicitudes que había para rehabilitar viviendas al mismo tiempo que iba acompañado por una asistente social del Ayuntamiento. Conocí a su gente...

(En este momento, paramos la entrevista unos segundos ya que la emoción impide hablar al entrevistado).

El problema del casco histórico son sus habitantes.

—Eso es duro de decir.

—Es duro. Hay que recuperar la juventud en el casco histórico. Hay que pelear por frenar la despoblación. Afecta a Jaén pero en el casco histórico es abrumador. Hay que recuperar la vida y eso es difícil.

—¿Se siente impotente?

—Sí. Me siento impotente porque el problema es que tenemos ideas y queremos transmitirlas. Pero no tenemos ni dónde ni cómo. ¿Por qué? ¿Qué intereses hay? ¿Qué problemas existen en sentarse en una mesa y hablar? No queremos nada para nosotros, queremos algo para Jaén. Estamos en una lucha extraña que creo que con el diálogo y la sensatez esto tenía que salir hacia delante.

Hubo un momento en el que viendo el gran número de expedientes de ruina de la calle Las Cumbres, antiguamente, la calle Cruz Verde, planteé una rehabilitación integral de esa vía. Como esa, hoy hay cien. Solo hay que darse una vuelta por la calle Almendros Alguilar y de la Magdalena hacia arriba, hacia la Carretera de la Circunvalación, y ver cómo se encuentra el parque de viviendas. Hay una gran cantidad de viviendas vacías que en algunos sitios se pretende especular, se han derribado o se pretenden que se caigan para intentar edificar otra cosa nueva. Hay que buscar soluciones integrales, de actuación.

 Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado
Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado

—¿Por ejemplo? Se escuchan buenas intenciones pero no soluciones concretas.

—Porque hay que sentarse y trabajar. Es tan fácil como eso. Vemos una manzana, nos sentamos y vemos cómo lo solucionamos. Y trabajamos entre todos y no hay ningún problema. Lo primero es mantener lo que se pueda y lo que no, decidir cómo actuamos. Se dice que se está elaborando un nuevo PEPRI (Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Casco Histórico). Primero, no es verdad. Y, segundo, tenemos ya uno, vamos a cumplirlo. ¿Hacemos un PEPRI para que sea un plan normativo? Pues vamos a cumplirlo todos, los particulares y el Ayuntamiento, el primero el Ayuntamiento. El de 1996 no lo está cumpliendo con sus actuaciones de pavimentación, por ejemplo. Si el PEPRI dice de qué materiales tienen que ser las calles, pues no inventemos nada.

Yo lo que creo es que en lugar de hacer un plan normativo, lo que se debe es elaborar planes proyectos. Significa diseño, presupuesto y plazo de ejecución.

—¿Qué piensa cuando ve a los vecinos en la calle? Fue jefe de Bomberos, debió ver situaciones muy complicadas.

—Conozco la situación, sí. Soy el primero que sale a la calle. A lo mejor ahora, por representar a un colectivo, se puedan entender que si salgo a la calle lo hace el colectivo. Eso me retrae. Pero por naturaleza soy rebelde y así me han conocido en el Ayuntamiento, rebelde ante las injusticias y ante las situaciones que creo que no son de recibo. La rebeldía es importante.

—¿Entonces está de acuerdo?

—Es que el problema de esta ciudad o de esta provincia es que le cuesta trabajo poner encima de la mesa el reconocimiento de su autoestima. Nos conformamos con todo.

—¿Qué le pasa a Jaén?

—Tiene una mentalidad agraria, totalmente respetable. Pero es una mentalidad de invertir poco, de arrimar poco el hombro porque ya vendrá la lluvia. Aquí no necesitamos que venga la lluvia, sino rebelarnos, pedir y exigir. Hace poco alguien ponía de manifiesto qué dinero es el que paga el contribuyente de Jaén y cuánto se reinvierte. Hay un déficit importante. No entiendo que se reconozca que hay una deuda histórica con Jaén, de la administración central y de la autonómica.

LA INGENIERÍA DE LA EDIFICACIÓN

—¿De pequeño ya quería ser arquitecto técnico? ¿Ya sabía qué era un aparejador?

—No. Primero no sabía lo que era un arquitecto técnico, que en aquella época eran aparejadores. Una tía mía, hermana de mi madre, que vivía con nosotros, me preguntaba qué iba a ser de mayor y recuerdo que contestaba ingeniero. Se reía y me preguntaba si yo sabía qué era un ingeniero. Mi respuesta era: el que le dice a la gente cómo hay que hacer las cosas. Eso era lo que yo quería ser de mayor. El término aparejador lo empecé a conocer como consecuencia de que un vecino era el aparejador municipal de Martos y a partir de ahí empecé a conocer la profesión.

—¿No estará de acuerdo con los que dicen que los aparejadores son los arquitectos frustrados?

—No (se ríe), independientemente de que yo pueda ser un arquitecto frustrado. Empecé a estudiar Arquitectura allá por el curso 69/70. Pero, más que estudiar mucho, había que tener mucho aguante económico y por suerte o por desgracia, mis padres no tenían ese respaldo económico. Así que tuve que dejarlo y pensar en ser arquitecto técnico. Y no me desagradó la idea, sobre todo cuando he conocido la profesión por dentro.

—¿Cómo ha cambiado en todo este tiempo? ¿La crisis ha marcado?

—La profesión ha cambiado mucho y por muchas razones. Por la crisis también, pero fundamentalmente por el progreso en el proceso edificatorio. Realmente, tiene tantas cosas dentro para ejecutar un edificio, hacerlo bien, de calidad y conseguir la seguridad y confort de las personas que se deben tener muchísimos conocimientos. La polémica que ha surgido con el nombre de la titulación académica creo que hay que llevarla más allá. No íbamos por mal camino cuando se elaboró el Libro Blanco para la implantación del Plan Bolonia en nuestra titulación. Fue entonces cuando se decidió por todo el colectivo el que se denominara Ingeniería de la Edificación. Y no íbamos por mal camino porque es una verdadera ingeniería. El problema no está tanto en cómo se llama sino en que la profesión regulada, que es la arquitectura técnica, debería cambiar su denominación.

—¿Pero es un problema de nombres o de atribuciones y competencias?

—Yo entiendo que es un problema de nombres. Aunque hay que diferenciar las atribuciones profesionales, que están marcadas en la ley con ligeros problemas de interpretación que con buena voluntad se pueden solucionar, de las competencias. No es lo mismo atribuciones que competencias. Hoy en día, las que adquirimos en la escuelas son bastante mayores que las que yo adquirí cuando estudié. Hoy en día, en las escuelas, la implantanción del Plan Bolonia ha traído mayores competencias, más créditos y muchos más conocimientos. Además, tenemos la posibilidad de la formación postgrado con la que se puede llegar a una especialización adecuada.

—¿Un arquitecto técnico con la titulación española puede ejercer en cualquier parte del mundo? ¿Hay oportunidad laboral fuera para los jóvenes?

—No hay problema alguno. Lo curioso es que donde tenemos el mayor tipo de problemas es precisamente en España. Las profesiones en el resto de los países de Europa se ejercen de forma diferente y no es igual en un país que en otro. Se habla más de la acreditación profesional y en muchos países europeos se nos reconoce sin problema alguno. Además, se nos está asociando directamente con el ingeniero de edificación, llámese como se llame en cada uno de los países.

—Como presidente del Consejo Andaluz de Colegios de Aparejadores y Arquitectos Técnicos viaja por toda Andalucía y ha podido conversar con estudiantes. ¿Qué inquietudes le trasladan?

—Los estudiantes de nuestras dos escuelas, Granada y Sevilla, tienen una sensación extraña porque el título académico parece que es diferente de la profesión. ¿Qué pasa? ¿Cómo llego a ejercer una profesión con esta titulación? Pero yo les respondo con un ejemplo muy claro: el título de grado en Derecho da lugar a la profesión de juez, abogado o fiscal. La titulación aquí, se llame como se llame, aunque nos encantaría que se llamara Grado de la Ingeniería de la Edificación, te habilita para el ejercicio de la profesión regulada de arquitecto técnico. No hay que tener miedo, sino trasladarle la idea que estamos del orden de 20.000 titulados en España y creo que va llegando la hora de que afrontemos el reto de la denominación de la profesión regulada.

—¿Es uno de sus objetivos como presidente del Consejo?

—Sí, y así lo he transmitido al Consejo General y espero que tengamos la oportunidad de luchar por ese asunto. No es nada raro en cuanto que en el resto de países de Europa así se nos reconoce.

—¿Qué otras metas se marca?

—Cuando decidí presentarme a la presidencia lo hice con un programa, que lo es sin menoscabo de las competencias del pleno del Consejo Andaluz, que es el órgano que marca las directrices. Son muchos años los que llevo en los diferentes estamentos colegiales y creo que hay muchas cosas que arreglar. Entre ellas, que el colectivo conozca al Consejo Andaluz y qué es lo que hace. Por eso, hemos intentado pelear y así lo estamos haciendo por la integración de la comunicación en la gestión diaria del Consejo. Para que el colectivo de 10.000 profesionales colegiados de Andalucía piense que efectivamente sirva para algo. Y otra de las cuestiones es que ese "algo" se note.

—¿A qué se refiere?

—Es fundamental que el Consejo Andaluz sea muy cercano a la Junta. Debemos mantener relación con las diferentes consejerías como es Empleo, Economía y Conocimiento, Fomento y Vivienda o Justicia, que es de la que reglamentariamente dependemos los colegios profesionales. Creo que esa cercanía es imprescindible. También con la Agencia Andaluza de la Energía con la que tenemos que estar trabajando diariamente para mejorar la sostenibilidad de la construcción.

—Fieles defensores de la sostenibilidad...

—Sí. Los que llevamos años en el sector hemos vivido el progreso durante años. Hemos visto los cambios de la normativa a aplicar a las diferentes construcciones, la implantación progresiva de aislamientos térmicos, de materiales que den confort diferente a la vivienda, de instalaciones respetuosas con el medio ambiente y pensando en el ahorro energético. Pero tenemos que pensar en el parque inmobiliario existente, en esas viviendas que se construyeron en los años 60 sin unas mínimas condiciones de aislamiento y de ahorro energético. Hay que rehabilitarlas y somos conscientes de que nuestra labor está ahí y que tenemos que avanzar cada día más en aportar soluciones adicionales.

ANALIZANDO LA SITUACIÓN DE JAÉN

—¿Eso quiere decir que usted sí se va a montar en el tranvía cuando se ponga en marcha?

—(Ríe). Sí, sin duda. Creo que es una asignatura pendiente y que esta ciudad tenía que apostar por el transporte público. No sé por qué pero aquí siempre se ha pensado que para ir a comprar el paquete de tabaco al estanco había que ir en coche, cuando lo ideal era ir paseando, mucho más saludable. Jaén necesita un transporte público eficaz y sostenible.

—¿Castillo no es eficaz?

—Yo tengo mis reservas en ese sentido. El problema de Castillo no es que no sea eficaz sino que la relación entre el Ayuntamiento y Castillo debería ser diferente y pensar más en la ciudad.

—En sus diferentes cargos ha viajado mucho por España. ¿Qué le dicen cuando comenta que es de Jaén?

—Hay una frase que tengo que reconocer que odio. En los diferentes sitios donde he tenido la oportunidad de estar, cuando digo que soy de Jaén la frase histórica que me responden es: yo una vez pasé por Jaén. Para, les contesto yo, para que te vas a alegrar después. Esa es la sensación, de que es una ciudad de paso y que casi nos lo están quitando. No tenemos infraestructuras ferroviarias. Y de Jaén capital ni hablamos. Recuerdo una viñeta de Juan Carlos Contreras que pintaba el mapa ferroviario de España y simulaba un bocado en Andalucía oriental, apartando Málaga, claro. El trato que nos están teniendo es bestial.

—Lo mismo esos políticos también dicen que un día pasaron por Jaén...

—Ni eso. Hay que venir más a Jaén.

—Hay una infraestructura que no se tiene tanto en cuenta pero que es importante. Me refiero a la eléctrica.

—El tema es importante. Comentaba hace unos días que más que se traigan inversiones que lo que provocan sea el gasto de los ciudadanos, lo que hay que hacer es traer inversiones que produzcan ingresos para los vecinos. Puse como ejemplo el motor económico que significa Valeo en Martos. Viví el proceso de construcción de la primera fábrica de faros, posteriormente se amplió y cuando veo el número de empleos directos e indirectos que genera pienso que necesitamos en Jaén motores económicos como ese. ¿Cómo se consigue? Con suelo industrial a 100 o 120 euros el metro no lo vamos a conseguir de ninguna de las maneras. Necesitamos que se ceda el terreno. Pero cuando venga a implantarse una industria medianamente pesada y no tenga un suministro eléctrico con suficiente potencia para implantarse... Es lo que se está demandando por Granada, Almería y Jaén.

—¿Cómo ve a Jaén dentro de diez años?

—Muy mal, porque no tenemos motor económico y porque no se está pensando en cómo recuperar esta ciudad, sobre todo su casco histórico. Está perdido. Juan Manuel Molina Damiani decía que Jaén es un poema en ruinas, yo digo más: el casco histórico está en ruina inminente. Nos va a durar muy poco y es el corazón de la ciudad. Hay que recuperarlo y sanarlo si queremos que siga viviendo.

EL LADO MÁS PERSONAL

—¿Cómo lleva la jubilación?

—Me jubilé como funcionario pero la verdad es que afortunadamente me encuentro bien y con ánimo. Se me presentó la posibilidad de volver a presentarme a la presidencia y tengo la vitalidad suficiente para poder seguir trabajando por la profesión. Encantado.

—¿De todos los puestos y trabajos por los que ha pasado, cuál es el que más le ha marcado?

—¿Positivamente?

—Tanto para bien como para mal.

—Positivamente la presidencia del Colegio de Jaén, sin duda. Negativamente, mi paso por el Consejo General. Yo me agarro a lo positivo. Conocí a muchos compañeros de toda España. Tengo unas magníficas relaciones con muchos, sé que se me estima en muchos sitios de España pero yo creía que allí se podía hacer más. Me quedé con la espinita de que las cosas que puse encima de la mesa se quedaron allí. Creo que esta profesión podía haber avanzado más.

—¿Es un pintor frustrado?

—Siempre he querido pintar y no es una cuestión nueva en mi familia. Bastantes miembros de mi familia, tanto paterna como materna, lo hemos desarrollado. Quisiera pintar más, pero con las obligaciones del Colegio y el Consejo no pinto lo que quisiera. Desde agosto del año pasado no he cogido un pincel seriamente.

—¿Autodidacta?

—Soy autodidacta pero hubo un momento difícil de mi vida, que me sirvió de terapia. Cuando me encontraba mal cogía los pinceles y me desahogaba pintando. Era una forma de curar el dolor que sentía en ese momento. Gracias a esa terapia, alguien me recomendó que fuese a la Universidad Popular y la profesora de acuarelas es mi actual mujer. Dice que soy el peor alumno que ha tenido (ríe). Comprendo que lo diga; no porque pinte muy mal, sino porque no le hago caso. En mi familia somos muy tercos, nos obsesionamos con una idea... pero luego reflexiono y empleo los consejos que me da.

—¿Qué te satisface más, una obra terminada o tu trabajo expuesto al público?

—No es equiparable la satisfacción de ver una obra terminada. Algunas las tengo escondidas porque no estoy satisfecho del resultado. Pero soy incapaz de romper un papel, aunque mi mujer me dice que no tenga miedo, que no pasa nada. Pero lo de la exposición y la proposición de Diario Jaén para publicar mis láminas fue un atrevimiento pero estoy eternamente agradecido. Además, me dio la oportunidad de descubrir parte de nuestro patrimonio que no conocía. Ahora estoy empeñado en otro tema pero ya lo diré en su momento, cuando lo tenga terminado.

Lo cierto es que nunca había pensado en la posibilidad de exponer. Yo pintaba, enmarcaba y regalaba. Mi amigo invisible siempre se llevaba una pintura.

—¿Y el rugby?

—Fui entrenador del equipo de rugby de Jaén y quiero destacar que el grupo de gente que conformaba el equipo es el mejor grupo humano que yo he conocido en mi vida. La labor que hacen hoy en día con el rugby en Jaén es un ejemplo a seguir. Los valores que se transmiten son incomparables y van a durar para toda la vida. A mí me duele mucho, como a casi todos, el que haya practicado muchos deportes, ver qué esta pasando con el fútbol. Es tremendo lo que está pasando en el entorno del fútbol. De mi época de estudiante recuerdo la película de La Naranja Mecánica, la violencia que se profetizaba creía que la teníamos superada. Es alucinante. ¿Qué le pasa a nuestra sociedad? ¿Está enferma? ¿No somos capaces de transmitir valores positivos como los del rugby? Me vuelvo loco cuando veo lo que hacen con los críos de seis y siete años en el campo de Las Lagunillas. Ver cómo se integran los críos, cómo juegan, cómo se divierten, cómo aprenden a respetar al árbitro... El rugby es un deporte de animales practicado por caballeros. Eso se traduce en que yo me peleo en el campo por el balón y cuando termino el partido, que ha sido duro, me voy a beber cerveza con ellos en el tercer tiempo.

—¿Qué es el tercer tiempo?

—Compartir una cerveza con los compañeros del equipo contrario.

—¿Ya no juega?

—No, pero todos los días tengo la tentación de incorporarme al equipo de veteranos, que lo pasan muy bien el equipo de veteranos del Jaén Rugby.

—¿Pero el tercer tiempo sí?

—En cuanto tenga oportunidad. Este domingo es una ocasión ideal, en Las Lagunillas, a la una de la tarde. Se juega el primer partido de la liguilla de ascenso a División de Honor B.

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